De ruptura total a reconciliación. Uno de los mayores bancos de Chequia ya no tiene tan claro lo de “irse” de Rusia
La entidad austriaca Raiffeisen Bank, con fuerte presencia en Chequia, vuelve a protagonizar la polémica y suspende sus planes de abandonar Rusia influenciada por el aparente acercamiento entre Washington y Moscú, una decisión que contrasta con el generalizado éxodo bancario de los últimos años y las fuertes presiones occidentales.
Han pasado ya más de tres años desde que la invasión rusa sobre Ucrania desató todo un terremoto a escala internacional con implicaciones para casi todos los ámbitos y sectores que desde occidente, en mayor o menor medida, comenzaron a “romper” sus lazos con Moscú.
Un claro ejemplo fue el bancario, donde la propia Chequia vivió episodios bien convulsos y cuyas entidades experimentaron grandes cambios y reestructuraciones. Sin ir más lejos, la filial checa del banco ruso Sberbank, que llegó a contar con 120.000 clientes y 25 sucursales en el país, colapsó y cerró sus puertas en toda Europa debido a las sanciones y la fuga masiva de depósitos. De igual forma, otros como Komerční banka o Moneta también movieron ficha al anunciar en su momento el cese o restricción de los pagos hacia Rusia o Bielorrusia.
Ahora, sin embargo, un contexto internacional radicalmente distinto y marcado por la comentadísima segunda etapa de Donald Trump al frente de la Casa Blanca parece ser capaz de cambiar esta hoja de ruta.
Y es que Raiffeisen Bank International (RBI), una de las mayores entidades dentro de Chequia y con sede en Austria, ha decidido suspender sus planes para “abandonar” Rusia y vender su filial en el país.
"El objetivo es evaluar la situación y ver si la posición de Estados Unidos puede cambiar", reportó la pasada semana el Financial Times, aludiendo a varias fuentes confidenciales cercanas al banco en un contexto de posible mejora en las relaciones entre Washington y Moscú.
Precisamente Raiffeisen Bank, que es el mayor banco occidental que todavía opera en Rusia tras el estallido del conflicto, ha estado bajo una intensa presión por parte de reguladores y gobiernos occidentales para abandonar sus operaciones en el país. Con todo, dicha salida se ha demostrado compleja y su último intento no solo fracasó, sino que también desencadenó una considerable multa para la entidad.
El año pasado, el RBI intentó un acuerdo con el oligarca ruso sancionado Oleg Deripaska para que adquiriera parte de la constructora austríaca Strabag a cambio de activos rusos del banco. Sin embargo, la sanción estadounidense a Deripaska provocó el rechazo de los reguladores occidentales malogrando así el acuerdo, que además requería la aprobación del Kremlin. Esto culminó con una multa de 2.000 millones de euros impuesta por un tribunal ruso a la filial del RBI y la congelación de sus acciones, bloqueando cualquier transferencia de propiedad.
A pesar de este revés, las mismas fuentes del Financial Times sugieren ahora que el RBI no estaría excesivamente preocupado y que incluso este ha cesado en sus esfuerzos de venta desde el pasado febrero, coincidiendo con este aparente deshielo en las relaciones entre Moscú y Washington, que parecen cada vez más dispuestos a reanudar su cooperación económica.
Para la entidad, de hecho, su filial rusa ha sido una importante fuente de ingresos, aportando unos 879 millones de euros (la mitad del total del grupo) en los tres primeros trimestres del año pasado y pagando unos 277 millones de euros en impuestos en Rusia. Sin embargo, la imposibilidad de “repatriar” estos beneficios su empresa matriz y la mencionada multa resultaron en una pérdida neta trimestral de más de 810 millones de euros a finales de 2024.
En clave checa, y según datos de los once primeros meses del pasado 2024,
Raiffeisen Bank creció un 26,3% interanual con unos beneficios de unos 205 millones de euros en el país.
La situación del banco, sin embargo, contrasta con la de otras entidades que han tomado medidas mucho más drásticas en este ámbito, algo que ya generó más de una polémica en los últimos meses. Por ejemplo, ya en marzo del pasado 2023, Ucrania incluso incluyó al RBI en su lista de "patrocinadores de la guerra internacionales" por continuar operando en territorio ruso y en las repúblicas separatistas del este, acusando a la entidad de ser un importante canal financiero para empresas rusas y de contribuir significativamente al presupuesto ruso a través de impuestos.








