De la imprenta a la inteligencia artificial: enseñanzas de los gramáticos del Renacimiento

Diego Moldes en el Instituto Cervantes de Praga

En 1492, Antonio de Nebrija publicó la primera gramática del castellano; pocas décadas después los checos Beneš Optát, Petr Gzel y Václav Philomates realizaron un esfuerzo similar con la lengua checa. ¿Qué significaba entonces fijar las reglas de un idioma y qué similitudes conectan aquel período renacentista con la actualidad? Conversamos sobre estos temas con Diego Moldes, especialista en Antonio de Nebrija.

El Instituto Cervantes de Praga organizó en la Biblioteca Municipal de la capital checa una conferencia singular dentro del ciclo Diálogos con la Historia, dedicada a los orígenes de la lingüística moderna en dos tradiciones aparentemente lejanas pero sorprendentemente paralelas: la española y la checa.

Publicaciones dedicadas a Antonio de Nebrija | Foto: Dominika Bernáthová,  Radio Prague International

El objeto de la atención eran dos obras fundamentales: la Gramática de la lengua castellana de Antonio de Nebrija, publicada en 1492, y La Ortographia, de Beneš Optát, Petr Gzel y Václav Philomathes, publicada en 1533, y ampliada más tarde por Jan Blahoslav en 1571.

La charla reunió a especialistas de ambos países, el escritor, ensayista y crítico e historiador del cine Diego Moldes, y Ondřej Koupil, del Instituto de la Lengua Checa de la Academia de Ciencias, para analizar no solo las motivaciones que llevaron a establecer por escrito las reglas de ambas lenguas, sino también la recepción de sus textos en la sociedad de su tiempo y la huella que han dejado en la cultura contemporánea.

Nebrija, un prototipo del Instituto Cervantes

Radio Praga Internacional conversó con Diego Moldes, autor de la obra Antonio de Nebrija y su origen judeoconverso, sobre esta figura ilustre que, tras sus estudios en Italia, introdujo el Renacimiento en la Península Ibérica, hecho que se vio favorecido por la coincidencia con la invención de la imprenta.

Diego Moldes y Ondřej Koupil en la Biblioteca Municipal de Praga | Foto: Instituto Cervantes de Praga

“Es la primera gramática de una lengua vernácula, una lengua moderna, en el siglo XV. Nebrija la crea precisamente para enseñar español. Es decir, el propio Nebrija no solo era una protoacademia, porque no existían las academias de la lengua en esa época, sino que fue una especie de proto-Instituto Cervantes, porque cuando creó la gramática, quería que la conociesen los no hispanohablantes para que aprendiesen español. Cuando en la Navidad de 1487 presentó esto en Salamanca a la reina Isabel de Castilla, junto con Cristóbal Colón –esto es poco conocido–, la reina le preguntó para qué escribió una gramática, si los castellanos no estaban aprendiendo castellano, porque ya sabían hablarlo. Entonces, él explicó que quería que aprendiesen castellano los no hispanohablantes. Fue un visionario, un precedente de los institutos del idioma de todo el mundo”.

De la Biblia a la primera gramática checa

En un periodo histórico muy cercano, también en Tierras Checas surgió la necesidad de fijar por escrito las reglas del idioma. Apenas cuarenta años después de la publicación de Nebrija, Beneš Optát y sus colaboradores presentaron la primera gramática de la lengua checa. Optát quería traducir al checo la nueva versión de Erasmo del Nuevo Testamento y decidir qué forma de checo elegir para su proyecto. Así surgió un sistema ortográfico a partir de una recopilación de antiguas traducciones del Nuevo Testamento, adaptado como gramática escrita para alumnos.

“Yo no diría que es una gramática en sentido estricto del idioma checo, sino que son como una especie de anotaciones del checo, pero eso es mejor que lo cuente un especialista. Creo que lo que tenían en común eran las fuentes, es decir, la Biblia. La Biblia está escrita en hebreo y en arameo el Antiguo Testamento, y en griego, el Nuevo Testamento. Y luego se hace la Biblia en latín, que es una introducción de la Biblia hebrea y griega. Lo que se empezó a hacer, sobre todo precisamente por impulso de Nebrija en Alcalá de Henares, fue la primera Biblia cuatrilingüe, en hebreo, arameo, griego y latín. Es el primer libro impreso en el mundo en cuatro idiomas, en Alcalá de Henares, a principios del siglo XVI. Y ese hito es lo que llevó, como decía antes la unión del Renacimiento con la imprenta, a que en todos los países europeos las autoridades eclesiásticas y académicas, que eran lo mismo en esa época, se interesasen por ir creando gramáticas de la lengua en diferentes idiomas. En el libro Nebrija vive, 500 años después, de José Gómez Asencio, que en paz descanse, incluso él explica cómo la gramática de Nebrija se adelanta a todas las demás gramáticas de todo el mundo en Europa y en América”, señala Moldes.

Diego Moldes resaltó que resulta difícil precisar el grado de influencia entre las primeras gramáticas europeas, ya que no contamos con todas las fuentes necesarias.

Subrayó, sin embargo, un aspecto esencial: hasta el siglo XVIII la lengua de la cultura era el latín. Por ello, las gramáticas de las lenguas vernáculas servían para que, desde la propia lengua materna, el estudiante pudiera acceder al latín, la verdadera lengua de la ciencia, la literatura y la educación.

La obra que definió la pronunciación del español

La gramática de Nebrija no solo fija la lengua en el sentido de las normas gramaticales de correcta expresión, explica Diego Moldes.

“Por ejemplo, fijó una cosa que es muy original, la unión entre los grafemas, es decir, las letras y los fonemas. De tal modo que en español, desde Nebrija en adelante, se pronuncia cada letra con un sonido. Es decir, tú dices patata y solo se puede decir patata. No hay otra forma de pronunciarlo. Y tú sabes que el inglés u otras lenguas, en función de cómo están colocadas las sílabas, se pronuncian de una forma u otra. En español, por ejemplo, las vocales fónicas coinciden con los grafemas a, e, i, o, u. Son las cinco vocales y no hay más. Hay otras lenguas que tienen ocho, diez, doce o quince fonemas distintos para diferentes vocales. Y en el caso del español, pues es más sencillo de aprender y fijar. Eso también es importante porque permitió una simplificación también de la forma de pronunciarlas las palabras”.

Diálogos con la historia en la Biblioteca Municipal de Praga | Foto: Instituto Cervantes de Praga

Por su parte, la obra de Beneš Optát y sus colaboradores se basa en la comparación de varias traducciones checas de la Biblia, donde los autores detectaron una gran falta de uniformidad. Propusieron por ello un sistema unificado de escritura, aunque sin considerarlo una solución definitiva.

Entre sus innovaciones destacan la marcación de la longitud vocálica con una tilde, el uso de un carón o también llamado anticircunflejo, que es ese “ganchito” o “pajarito” típico del alfabeto checo para señalar las consonantes blandas, la eliminación de la mayoría de las antiguas combinaciones de letras y ciertas reglas específicas para la escritura de las vocales largas, los diptongos y la consonante j.

Imaginemos ahora a Antonio de Nebrija y Jan Blahoslav, quien amplió la obra de Optát, cara a cara: ¿de qué hablarían?

“Yo creo que se pondrían de acuerdo en muchas cosas porque la formación sería muy parecida. El concepto de la nación no estaba tan asentado y te formases en una escuela parroquial o en una universidad cristiana en el Reino de Bohemia, en Bolonia o en Castilla, en el fondo la formación era la misma. Si hubiesen coincidido, yo creo que la actitud de Jan Blahoslav sería de respeto y admiración hacia Nebrija, porque al ser de una generación o dos anteriores, sería su abuelo o incluso bisabuelo para los cánones de la época, pues sería la relación entre un maestro y un discípulo”.

“Lo que la imprenta fue para Nebrija, la IA lo es para nosotros”

Así como Nebrija y sus contemporáneos vivieron la revolución de la imprenta, las generaciones actuales están inmersas en una revolución digital. El aprendizaje es similar: la inteligencia artificial y los modelos de lenguaje están creando nuevas formas de conocimiento que transforman nuestra civilización, reflexiona Diego Moldes.

“En el fondo no son inteligencias artificiales, son modelos profundos del lenguaje, es decir, son lenguas codificadas por unas máquinas que consiguen procesar la información lingüística de forma más profunda y acelerada que los humanos. Ese proceso de cambio está afectando a toda la sociedad, la digitalización, y por supuesto a la educación y a la cultura, en el fondo es parecido a lo que vivieron ellos. Las generaciones de humanistas de los siglos XV y XVI nacieron en un mundo donde la cultura escrita era solo para una minoría, porque muy poca gente sabía leer y escribir, y sin embargo, cuando ellos mueren, cuando van pasando las generaciones, desde Guttenberg hasta finales del XVI, la revolución científica que vino después, en el caso de Praga, por ejemplo, con Kepler, o Galileo en el caso de Italia, todas estas generaciones heredaron esa transformación de un mundo medieval a un mundo moderno basado en la cultura impresa, que es la cultura del libro. Ellos se adaptaron. Es decir, a lo mejor ahora los vemos a ellos, a estos gramáticos, como personas antiguas, de un mundo ya desaparecido, pero si lo piensas desde el punto de vista de su tiempo, ellos eran unos modernos. Eran la vanguardia. Y ahora mismo, probablemente, la gente que se está dedicando a la programación, a la inteligencia artificial, todos estos ingenieros del lenguaje, en el fondo están en sitios parecidos a los que estaban ellos entonces, que eran la vanguardia tecnológica y cultural de la época”.

Nebrija y Optát fijaron las lenguas de su tiempo, y hoy la inteligencia artificial redefine nuestro acceso al conocimiento. Al igual que la imprenta en el Renacimiento, los modelos de lenguaje nos sitúan a la vanguardia de una nueva revolución cultural.