Cien años de Fidelidad: el tortuoso amor de Castro con Praga

Fidel Castro en Praga (1972)

En un curioso recorrido que va desde la fascinación hasta la indiferencia, la relación de Fidel Castro con los checos tuvo como gran mojón una visita fundamental en 1972 en la que recibió un doctorado honoris causa, jugó al ping pong, cazó animales y arrancó sonrisas por doquier con sus discursos. En el centenario exacto de su nacimiento, el historiador Michal Zourek y nuestra compañera Ivana Vonderková nos ayudan a descrifrar un vínculo tan complejo como cambiante que amagó con el amor y acabó en el espanto.

“La gente en Checoslovaquia percibía a Cuba como una variante más alegre y salvaje del socialismo”.

Michal Zourek

Una de las profesoras que más contribuyó a consolidar la enseñanza del español en Chequia comenzó a interesarse en ese idioma gracias a la increíble complicidad con la que Fidel Castro trataba a su traductora al checo en un discurso en la ciudad de Kladno transmitido por televisión. La anécdota la cuenta con cierta timidez, como si hubiera algo reprochable o no del todo correcto entre ese gran estímulo y todo lo que hoy representa su figura, condensando así, en cierta forma, la tortuosa y tan cambiante relación entre Castro y Checoslovaquia.

En el día exacto del centenario de su nacimiento, en Radio Praga Internacional convocamos al historiador Michal Zourek, autor de numerosas investigaciones y libros sobre la guerra fría, para que nos explique los pormenores de esa tumultuosa relación que, tal como él mismo cuenta, comenzó, durante el período comunista, con cierta fascinación que despertaría no solo un récord de estudiantes de español a comienzos de los años 60, sino también un interés inédito por la música, la cultura y la literatura latinoamericanas hasta convertirse en casi todo lo contrario.

Michal Zourek | Foto: Natalí López

“La gente en Checoslovaquia percibía a Cuba como una variante más alegre y salvaje del socialismo. La imagen actual es fundamentalmente distinta porque, hoy en día, Castro es percibido críticamente en la memoria checa. No como un héroe revolucionario romántico, sino como un dictador autoritario que oprimió a su propio pueblo, que fue un aliado clave del régimen dictatorial comunista que gobernó Checoslovaquia hasta el año 1989”.

Qué lástima, pero adiós

“La República Checa pasó de ser uno de los principales socios militares y económicos de Cuba a convertirse en uno de los críticos más fuertes del régimen de Castro en los foros internacionales”.

Michal Zourek

Agrega Zourek que esa implacable visión actual está, por supuesto, influida por la crítica situación de la Cuba contemporánea y no tan contemporánea. En cualquier caso, considera Michal Zourek que, en los países poscomunistas de Europa del Este, la percepción de Castro y de Cuba es aún más negativa que en naciones como España o Italia.

“El caso checo es aún más específico porque tras la Revolución de Terciopelo de 1989, la política exterior checa, encabezada por Václav Havel, hizo de la defensa de los derechos humanos y de las liberaciones su principal bandera. La República Checa pasó de ser uno de los principales socios militares y económicos de Cuba a convertirse en uno de los críticos más fuertes del régimen de Castro en los foros internacionales. Así que, durante largos años, Chequia promovió resoluciones que condenaban las violaciones de los derechos humanos y apoyó activamente a los disidentes cubanos a través de proyectos de, por ejemplo, People in Need”.

Fidel Castro et Che Guvera en La Habana | Foto: Museo Che Guevara  (Centro de Estudios Che Guevara en La Habana,  Cuba)/Wikimedia Commons,  public domain

En otras palabras, considera Zourek que el centenario de Fidel Castro evoca hoy en los checos el espejo de su propio pasado totalitario y, como buen historiador, sintetiza que Fidel Castro pasó de ser un “compañero carismático“ al símbolo de un sistema tan indefendible como condenado a desaparecer. Y aunque en los últimos años, Chequia y Cuba han mostrado algunos tibios intentos por retomar cierta cooperación económica y comercial, en el año 2001 se produjo un antes y un después en su relación.

“Las transformaciones en la actitud de Castro hacia nuestro país quedan muy bien ilustradas por esos acontecimientos de principios de milenio. Me refiero a la detención de Iván Pilip y Jan Bubeník en enero de 2001, quienes viajaron a la isla con el objetivo de apoyar a los disidentes cubanos y fueron arrestados. Un papel fundamental jugó en su liberación Petr Pithart, quien por ese entonces era el presidente del Senado checo y negoció con Fidel Castro durante largas horas, se dice que estuvieron hablando incluso unas seis horas, y gran parte de la conversación estuvo dedicada a Václav Havel, por quien Castro estaba claramente fascinado. Por un lado, Castro despreciaba profundamente a Havel por su política pro-estadounidense, pero por el otro lado le fascinaba Havel como rival intelectual a quien no lograba comprender, sobre todo por su peculiar trayectoria vital que lo llevó a convertirse de disidente a presidente: Castro lo percibía como el símbolo de la traición por la cual Checoslovaquia se había vendido en 1989 a Occidente”.

Es la historia de un amor

“Castro hablaba con gran pasión, sin apuntes y con un gran temperamento latinoamericano que contrastaba con los discursos grises, aburridos y leídos de los funcionarios comunistas checoslovacos”.

Michal Zourek

No obstante, antes de que con la caída del comunismo, las relaciones se deterioraran entre incidentes diplomáticos, tensiones políticas y una histórica deuda que Cuba intentó saldar con ron y medicamentos, Fidel Castro tuvo su propia primavera de Praga, apenas cuatro años después que la original. Como regalo de bienvenida, recibió dos besos de Gustáv Husák, una escopeta y un ejemplar de Reportaje al pie de la horca de Julius Fučík, el libro checo más traducido de la historia.

'Reportaje al pie de la horca' de Julius Fučík,  foto: SNDK

Aclara Zourek que de las tres visitas que Fidel Castro hizo a Checoslovaquia en 1972, 1973 y 1986, la más importante e icónica fue justamente la primera que se extendió durante toda una semana y formó parte de una gira por los países comunistas y africanos. Añade el investigador que, en ese entonces, Castro seguía siendo una estrella internacional, aunque la simpatía de la que aún gozaba era mucho menor que la que había tenido a principios de la década del 60.

Por otro lado, para el gobierno checoslovaco liderado por Gustáv Husák, esa visita representó una inmejorable oportunidad propagandística para mostrar que, incluso después de la represión de la primavera de Praga, el régimen contaba con importantes aliados internacionales. También retoma Zourek lo que decíamos al principio: para muchos ciudadanos checos, la visita de Castro fue una experiencia muy fuerte que quedó grabada en su memoria durante mucho, mucho tiempo.

Foto: Radio Prague International

“Como se sabe, Castro hablaba con gran pasión, sin apuntes, con una entrega enorme de temperamento latinoamericano que contrastaba con los discursos grises, aburridos y leídos de los funcionarios comunistas checoslovacos. Castro, además de Praga, también visitó Kladno, bastión del movimiento obrero, y los autos Tatra en Eslovaquia. Es interesante que, según los testigos, jugó al tenis de mesa a medianoche con el personal del servicio de hotel desprovisto de camiseta de la cintura para arriba y también que cazó dos rebecos en los Tatras. Por su parte la Universidad Carolina de Praga le otorgó el doctorado honoris causa en Derecho y también recibió la máxima condecoración estatal: la orden del León Blanco”.

Fidel Castro y Gustáv Husák en Praga  (1972) | Foto: Karel Mevald,  ČTK

Alta Fidelidad

Libro de Michal Zourek en checo,  foto: Juan Pablo Bertazza

Además de haber sido el primer país socialista con el que se establecieron relaciones diplomáticas y comerciales, añade Zourek que Checoslovaquia no tuvo relaciones estrechas con ningún otro país del sur global durante la guerra fría. En realidad, tras la revolución cubana de 1959, Checoslovaquia y Cuba desarrollaron una relación excepcionalmente estrecha, marcada por la cooperación política, económica y también secreta.

En Cuba, por ejemplo, trabajaron cientos de especialistas checoslovacos que tuvieron que enfrentarse a la realidad de un país en desarrollo: factores como el caos y la ineficiencia solían aparecer entre sus quejas, como así también la sensación de que el país salía perjudicado por apoyar a Cuba, lo cual mostraba, explica Zourek, los límites del internacionalismo comunista.

Libro de Michal Zourek en español,  foto: Juan Pablo Bertazza

Esas dudas por subvencionar a un país que no ofrecía más que “naranjas de mala calidad”, según el investigador checo comenzó a incrementarse, sobre todo, en la década del ochenta cuando surgió el lema: Živíme Kubu, sušíme hubu (“Alimentamos a Cuba y nos morimos de hambre”).

Algo similar ocurrió también a la inversa: a finales de los años setenta, en el marco de esa estrecha cooperación socialista, más de veinte mil jóvenes cubanos llegaron a Checoslovaquia para trabajar en fábricas y empresas estatales.

La novela de Abel Posse sobre la estadía secreta de Guevara en Praga

El programa, concebido como una oportunidad de formación laboral terminó convirtiéndose en una fuente de mano de obra barata para la industria checoslovaca. Sin preparación lingüística y enfrentados a un clima, una disciplina y unas condiciones de vida muy distintas a las de su país, muchos de estos trabajadores vivieron un fuerte choque cultural, marcado por tensiones sociales y hasta algunos episodios de discriminación. Aun así, generó la descendencia de varias parejas mixtas y una memoria compartida entre dos países hoy casi irreconciliables.

Por supuesto, tras 1989, el programa se desmanteló y casi todos los cubanos regresaron a la isla, cerrando una experiencia que marcó a toda una generación a tal punto que, según afirma Zourek, incluso hoy resulta sencillo encontrar en la isla a algunas personas que residieron en Checoslovaquia y hasta dominan un checo básico.

El triángulo de Praga

Che Guevara en Praga | Foto: Tajné akce STB: Akce Manuel/Česká televize

Aunque en condiciones bastante distintas, otro que pasó por Praga fue el Che Guevara. Zourek aclara que, en realidad, visitó Checoslovaquia en varias ocasiones como alto representante del gobierno cubano, aunque asegura que la más destacada fue su estancia en la primavera de 1966, cuando se recuperaba de la fallida operación en el Congo. En esa ocasión, explica Zourek, Guevara pasó unos tres meses en una casa en Ládví, cerca de Praga, y es probable que, tal como deja entrever en su novela Los cuadernos de Praga (1998) el autor argentino Abel Posse, en ese contexto decidiera que su próxima misión sería en Bolivia, en tanto base futura de la revolución continental.

Che Guevara en La Habana | Foto: Museo Che Guevara  (Centro de Estudios Che Guevara en La Habana,  Cuba/Wikimedia Commons,  public domain

Aunque aquella visita fue tomando con el tiempo ribetes casi místicos, Zourek asegura que Castro estaba totalmente al tanto de ese viaje, aún cuando la relación entre ambos no pasaba el mejor momento por diferencias de formación, personalidad y visión política, ya que mientras Zourek define a Castro como un pragmático, asegura que el Che era, en cambio, un idealista.

Michal Zourek | Foto: Natali Lopez

“Así que, en este contexto, la salida de Guevara de Cuba en 1965 resultó, hasta cierto punto, conveniente para ambas partes. El Che comenzó a convertirse en una suerte de carga política para Fidel. No obstante, sus relaciones siguieron siendo amistosas. Y, por supuesto, mantuvo el contacto con él. Así que el mito de que el Che viajó a Praga sin el conocimiento de Fidel Castro es falso. Fue precisamente el servicio secreto cubano el que proporcionó al Che Guevara un pasaporte falso, le garantizó el refugio en Checoslovaquia, organizó sus comunicaciones con Cuba. Así que quien no sabía nada de dicha estancia era la inteligencia checoslovaca, la STB, ya que la permanencia se realizó siempre bajo la dirección cubana. Eso significa que la inteligencia cubana gozaba, en Checoslovaquia, de una gran autonomía y no hacía participar a la parte checoslovaca de sus operaciones”.

Che Guevara,  1963 | Foto:  René Burri,  Magazine Look/Wikimedia Commons,  public domain

En opinión de Zourek, eso puede servir de ejemplo para entender que, desde una perspectiva histórica, las relaciones checoslovaco-cubanas constituyen un fascinante laboratorio de la mecánica de la Guerra Fría que fue bastante menos idílico de lo que muchos creen.

“Por el contrario, esas relaciones fueron extremadamente tensas en varios momentos y estuvieron marcadas por intereses pragmáticos y divergencias ideológicas. Es cierto que Checoslovaquia desempeñó un papel clave en la primera fase de consolidación del régimen castrista como suministrador de armas. Entonces, la cuestión es qué obtuvo realmente Checoslovaquia de esa ayuda a Cuba. Checoslovaquia sirvió como donante tecnológico militar mientras, que Fidel Castro maniobró hábilmente para extraer el máximo rendimiento de Checoslovaquia con el fin de mantener su propia posición de poder, así que también debido a ello Cuba es hoy el mayor deudor externo de la República Checa, aunque teniendo en cuenta el nivel de las relaciones después de 1989 y la situación económica de la isla esa deuda es prácticamente incobrable”.

Prendido a tu botella vacía

Ivana en su juventud en La Habana,  Cuba | Foto: archivo personal de Ivana Vonderková

Con esa misma habilidad y destreza que, en esa época, encandilaba a muchos checos lo recuerda nada menos que nuestra compañera Ivana Vonderková, quien llegó a conocerlo en persona.

“Entre 1971 y 1975 viví en Cuba con mis padres: mi papá era embajador de Checoslovaquia en la isla. Y una vez, cuando Checoslovaquia festejaba su día en octubre, entonces siempre se hacía una recepción donde invitaban a todos los diplomáticos de los países que estaban en Cuba, además de los dirigentes cubanos. Yo tenía como 15 años y a la recepción vino también Fidel Castro.

“Fidel me dio la mano y me dijo: ‘ah, eres joven, puedes quedarte aquí en Cuba y casarte con un cubano’. Y yo le respondí que no, que muchas gracias pero que me casaría con un checo”.

Ivana Vonderková

Y yo estaba junto a mis padres que recibían a los invitados. Entonces, me saludó, me dio la mano Fidel, y me dijo: ‘ah, eres joven, puedes quedarte aquí en Cuba y casarte con un cubano’. Y yo le respondí que no, que muchas gracias, que me casaría con un checo, pero que todavía soy muy joven para eso. Esos son mis recuerdos de Fidel. Y después, claro, mi padre se veía mucho con dirigentes cubanos y recibía frecuentemente regalos como frutas, ron cubano… y guardó durante muchos años una botella de ron cubano que le había regalado Fidel Castro y que tenía unos cincuenta años de antigüedad. Y ese ron lo hemos tomado unos 15 años después en la noche de fin de año con mis papás y unos amigos”.

Ivana Vonderková | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

Agrega Ivana que aún guarda en su casa la botella, aunque vacía porque el ron era exquisito. Lo cierto es que en el centenario exacto de su nacimiento y a casi diez años de su muerte, algunos diarios del mundo recordaron el último deseo de Fidel Castro que, tras una propuesta de su hermano Raúl, la Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba convirtió por unanimidad en ley a fines del año 2016: en rechazo a cualquier manifestación de culto a la personalidad, impedir el uso de su nombre para nombrar calles, plazas o cualquier otro espacio público como así también erigir estatuas o bustos conmemorativos. Aunque en la década del sesenta hubiera sonado bastante improbable, no hay ningún riesgo de que en la actual Chequia se transgreda esa normativa.