Búsqueda de tesoros

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Bajo tierra esperan cofres abarrotados de joyas y ollas llenas de monedas. Esta visión alienta a los buscadores de tesoros en la República Checa. En el país existen efectivamente miles de potenciales yacimientos de tesoros.

Los lugares más idóneos para la búsqueda de tesoros en Chequia son las ruinas de viejos castillos, pero a veces basta un pequeòo fuerte. La búsqueda de tesoros tiene sus reglas y sus trucos. Puede servir de ejemplo lo que pasó recientemente en el fuerte de Cuknstejn, en Bohemia del Sur. El ayuntamiento local estaba dispuesto a vender dicho fuerte del gótico tardío a un eventual comprador por 15 millones de coronas, lo que equivale a unos 400 mil dólares.

Un austríaco manifestó interés por adquirir el fuerte, alegando que había nacido en sus inmediaciones. Afirmaba también que quería convertir el fuerte en la mansión familiar. El potencial comprador se ganó la confianza del ayuntamiento que le entregó las llaves para que pudiera conocer mejor el fuerte antes de firmar el contrato de compra.

El austríaco pasó algún tiempo en el fuerte vacío y después desapareció. Un vecino de la casa contigua al fuerte ofrece una explicación que parece bastante probable: el austríaco buscaba en el fuerte objetos valiosos que allí habrían enterrado los sudetoalemanes expulsados de Chequia al término de la Segunda Guerra Mundial. A favor de la hipótesis testimonia el hecho de que el misterioso comprador solía entrar en el fuerte portando una pala y una potente linterna. Si ha encontrado algo o no , es algo ya no se sabrá nunca.

En la República Checa hay miles de tesoros por descubrir. Cofres, bolsas de cuero raídas por el tiempo y ollas repletas de monedas esperan a quien los descubra.

Y no es exagerado decirlo. Miles de edificios de las pasadas centurias nunca han sido explorados por los arqueólogos.

La mayoría de los tesoros fueron enterrados durante conflictos bélicos y Chequia conoció muchos en el pasado. Hasta el presente fueron encontrados en el país 400 tesoros procedentes de la Guerra de los Treinta Aòos que azotó al territorio checo de 1618 a 1648. El tesoro más importante procedente de aquella época contenía 14 mil monedas.

Los buscadores de tesoros son frecuentemente atraídos por monumentos religiosos, aunque hasta el momento no se han descubierto todavía los supuestamente fabulosos tesoros escondidos en templos y conventos.

Por ejemplo, no se ha encontrado nada en los recintos subterráneos del monasterio cisterciense de Plasy, en Bohemia Occidental. En el laberinto de pasadizos oscuros y canales de agua se encuentra la siguiente inscripción: "Sin el agua este edificio se derrumba".

El laberinto subterráneo es algo vital para la existencia del monasterio y por eso los buscadores de tesoros piensan que allí los cistercienses habrían escondido su tesoro: doce estatuas de apóstoles en tamaòo natural, fundidas de oro, estarían a la espera de volver a ver la luz precisamente en los recintos subteráneos.Allí habrían sido escondidos después de que el emperador José II decretara en el siglo 18 la clausura del monasterio.

En el siglo 19 buscó infructuosamente las estatuas de oro el príncipe Meterrnich, dueòo del feudo de Plasy. En los últimos tiempos intentaron descubrir la verdad sobre el tesoro de Plasy los especialistas del Patrimonio Histórico que administran el complejo conventual. No encontraron nada y tampoco resultaron las búsquedas de un catador.

Por muy increíble que parezca, también la policía secreta del anterior régimen comunista buscó tesoros eclesiásticos. La operación que llevaba el nombre de código "Iglesias" tuvo lugar en la localidad de Jablonné, Bohemia del Norte, a mediados de los ochenta. Los buscadores de oro policiales suponían que en el interior de la iglesia de San Lorenzo de Jablonné se ocultaba, además de los restos mortales de Santa Zdislava, un archivo alemán de la Segunda Guerra Mundial y una parte del tesoro de la Orden de los dominicos.

Más de veinte agentes de la policía secreta utilizaron en las búsquedas todos los métodos y herramientas posibles, desde la varita de catador hasta los radares. Ya que los equipos técnicos revelaran la existencia de amplios recintos subterráneos bajo la nave del templo, los agentes iniciaron excavaciones que llegaron a 10 metros de profundidad.Lo único que descubrieron fue un potente manatial de agua.

En muchos casos los tesoros fueron descubiertos por casualidad. Así ocurrió hace 230 aòos en el pueblo de Podmokly, en Bohemia Occidental. Un deslizamiento de tierra, provocado por intensas lluvias, puso al descubierto,en la orilla de un arroyo, un fabuloso tesoro consistente en 6 mil monedas de oro celtas. El tesoro de las llamadas monedas arco-íris había permanecido enterrado durante dos mil aòos. Los arqueólogos afirman que se trataba del mayor depósito de monedas celtas en Europa. Desafortunadamente, las monedas del tesoro fueron fundidas y el oro utilizado para la acuòación de nuevas monedas.

En las inmediaciones del pueblo de Stradonice, al oeste de Praga, fue hallado en la pasada centuria otro tesoro de monedas de oro celtas que consistía en 700 monedas arco-íris. Desde entonces, para la desesperación de los arqueólogos, al oppidum celta de Stradonice afluyen incesantemente buscadores de tesoros.

También en las últimas décadas se registran nuevos y nuevos descubrimientos de tesoros. Un espectacultar hallazgo se registró cerca de la ciudad de Králuv Dvur, al oeste de Praga,al descubrirse en una cantera 14 mil monedas de plata, procedentes del siglo 15.

En los aòos sesenta fueron halladas 600 monedas de plata de la época del emperador Rodolfo II. El hallazgo tuvo lugar en las ruinas de un fuerte medieval, situado en el legendario monte Blaník, en Bohemia.

Sin embargo, quedan todavía muchos tesoros por descubrir.Existe, por ejemplo, la hipótesis de que el famoso tesoro de los templarios haya sido escondido precisamente en Chequia, probablemente en el castillo de Veverí, en las cercanías de la metrópoli morava, Brno. Allí se habría realizado una reunión secreta de los templarios presidida por su último gran maestre Jacques de Molay, quemado posteriormente en Francia en una hoguera.