A 40 años del mayor terremoto de la historia moderna de Chequia
En diciembre de 1985, poco antes de la Navidad, el oeste de la entonces Checoslovaquia vivió el terremoto más fuerte registrado en la historia moderna del país, con epicentro cerca de Nový Kostel y una magnitud de 4,6 grados en la escala de Richter.
Cuando se piensa en terremotos, la mente suele viajar a Japón o a California, no al corazón de Europa. Sin embargo, el 21 de diciembre de 1985, el oeste de la entonces Checoslovaquia recordó de forma abrupta que la actividad sísmica no conoce fronteras. A las 11:16 de la mañana, un fuerte temblor sacudió la región fronteriza con Alemania y pasó a la historia como el terremoto más potente de la Chequia moderna.
Aunque la República Checa no se encuentra en el límite de grandes placas tectónicas, su corteza terrestre no es completamente estable. La presión interna puede acumularse y liberarse de forma ocasional. La zona más activa desde el punto de vista sísmico es la cuenca de Cheb, en el oeste de Bohemia, donde se registran los llamados enjambres sísmicos, series de pequeños temblores que pueden prolongarse durante semanas.
El terremoto de diciembre de 1985
El epicentro del sismo se situó cerca de la localidad de Nový Kostel, a unos ocho kilómetros de profundidad. La magnitud alcanzó los 4,6 grados en la escala de Richter, una cifra modesta en términos globales, pero excepcional para el territorio checo. En un radio de 20 kilómetros se agrietaron muros, se desprendió yeso, cayeron tejas y colapsaron varias chimeneas.
El temblor también alteró el entorno natural. En algunos pozos desapareció el agua, mientras que los manantiales minerales de Františkovy Lázně modificaron su caudal. El impacto psicológico fue notable. Muchos vecinos abandonaron temporalmente sus hogares para refugiarse en casas de familiares y otros optaron por dormir en tiendas de campaña, pese a las heladas propias del mes de diciembre.
Un fenómeno excepcional, pero no imposible
En los días posteriores se registraron nuevos temblores, aunque ninguno alcanzó la intensidad del principal. Según los expertos, el máximo estimado para el territorio checo ronda los 5,5 grados en la escala de Richter. Los estudios geológicos incluso sugieren que, en los últimos 20.000 años, la región pudo experimentar sismos de hasta 6,5 grados.
Cuarenta años después, el terremoto de 1985 permanece como un recordatorio de que incluso en el centro de Europa la tierra puede estremecerse y alterar, en cuestión de segundos, la vida cotidiana de miles de personas.
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