Un cuento chino: el argentino que sedujo a una checa de novia con un eslovaco

Mariano Calabró

Si fuera una telenovela resultaría poco creíble, pero pasó en la vida real: un argentino que vivía en un pueblito de China se enamoró de una checa a la que su novio eslovaco fue a visitar y, sin embargo, logró seducirla. Se casaron, tuvieron dos hijos y hoy viven en Praga felices los cuatro.

Probablemente, esa famosa canción de su célebre tío -actor y humorista- Juan Carlos Calabró escuchaba en su mente Mariano cuando se tuvo la confianza de llevar a cabo la proeza que cambiaría para siempre el rumbo de su vida. Pero para llegar a ese punto hay que remontarse al año 2008, cuando tras recibirse de ingeniero industrial, decidió mudarse al lugar donde sentía que realmente estaba lo que hacía mover al mundo. Sin embargo, como casi por arte de magia le ofrecieron un trabajo en una fábrica, no terminó en Pekín ni Shanghái, sino en Wuhu que, al menos en el contexto chino, es un pequeño pueblo de dos millones de personas que, en ese momento, no contaba con tren rápido y, por lo tanto, estaba muy aislado.

En Beijing | Foto: Archivo personal de Mariano Calabró

“Cuando yo llegué ahí por primera vez el autobús que me llevaba a Wuhu no tenía números occidentales sino chinos que son diferentes, entonces tenía que preguntarle a la gente: ‘¿ese es el número ocho?’ Porque en esa época no teníamos Google Maps, imaginate perderte en el medio de China sin Google Maps, era muy arriesgado todo eso: había que pedirle a la única persona que estuviera por ahí y hablara un poco inglés que te ayude porque no había muchos chinos que lo hablaran”.

De hecho, explica Mariano que su mayor miedo era terminar en otra ciudad, pero enseguida conoció a un montón de colegas extranjeros, sobre todo alemanes e ingleses, que lo invitaron a tomar cervezas y con los que conectó muy rápido.

Amor a primer asado

Siempre rodeado de gente, nunca se sentía tan solo como para arrepentirse de la decisión que había tomado. Además, como vivía justo enfrente de la universidad comenzó también a estudiar chino y, por supuesto, cada vez que llegaba al pueblo un extranjero, él era uno de los primeros en enterarse.

Desierto de Gobi | Foto: Archivo personal de Mariano Calabró

“Yo vivía con un argentino y un chileno en una casa grande con un patio gigante. Y me dicen: ‘bueno, hoy viene gente de la universidad’. Ni siquiera me dijeron que eran chicas: yo no tenía idea de que venían mujeres, pensé que venían los chicos de siempre al asado porque hacían asado todo el tiempo. Entonces yo estaba muy de entre casa, con barba y una remera rota. Fui a buscar un poquitito de comida para volver a meterme en el cuarto y, de repente, cuando voy a salir, veo a la que ahora es mi mujer. Digo: ¡No, es muy linda! Yo creo que solamente se fijó en mí porque estábamos en China, donde no había muchas opciones para elegir: una cuestión de oferta y demanda. Entonces, antes de que me viese así, salí disparado, me afeité, me bañé, todo. Salí y básicamente la conocí ahí, en la terraza de mi casa. En ese momento, además, ella estaba saliendo con un chico eslovaco que para colmo vino a visitarla”.

Con su esposa checa en Vietnam  | Foto: Archivo personal de Mariano Calabró

Su mujer, que combinaba las carreras de economía y traducción, se había postulado para hacer un curso de chino y cuenta Mariano que cuando ella se enteró de que las autoridades no habían respetado ninguna de las opciones que ella había pedido y la enviaban a un pueblito llamado Wuhu se sintió muy mal y leyó un posteo en un blog que la tranquilizó bastante. Como no se fijó bien el nombre, siempre pensó que lo había escrito una mujer y hablando con él en ese mismo asado descubrieron que en realidad se trataba de un texto que había escrito el propio Mariano. Eso, en su opinión, lo ayudó también a que ella se terminara fijando en él. Pero aunque era obvio que algo pasaba entre ellos, aún quedaba algo muy importante por resolver.

“Nos gustábamos pero en dos semanas venía de visita el novio de ella a China”.

Mariano Calabró

“Nos gustábamos pero venía el novio en dos semanas. Entonces, no se sabía bien cómo encarar la situación y me acuerdo de que mis amigos se burlaban de mí porque su novio eslovaco era super alto: se reían todo el tiempo mientras me decían: ‘ahh, pero es altísimo, no te preocupes, nosotros te defendemos, pero que no te agarre solo porque es altísimo’. Y me acuerdo de que un día estábamos comiendo todos y de repente pasa mi mujer con el novio por al lado en esos mercaditos de China que hay para comer sopa en una misma calle y ella ni me saluda y mis amigos no podían parar de reírse: ‘ahh, pero ni te saludó, se va a ir con la pareja’”.

La prueba de los suegros

Los amigos, sin embargo, se equivocaban. Es cierto que con su novio eslovaco Alena recorrió buena parte de China, pero el día que lo acompañó al aeropuerto para concluir la visita le dijo que lamentablemente también quería concluir el vínculo, así que Mariano tenía ahora el campo libre.

En Jiuhua Shan,  una de las cuatro montañas budistas sagradas de China  | Foto: Archivo personal de Mariano Calabró

“Pero su idea era quedarse un cuatrimestre nada más. Entonces estiramos un cuatrimestre más y a todo esto sus padres checos empezaron a preguntarse qué estaba pasando: ‘te fuiste por un cuatrimestre y te quedas un segundo cuatrimestre’. Entonces vino la madre básicamente a conocerme y ella hablaba solo checo. Además, cuando termina ese primer cuatrimestre, a ella ya la habían aceptado en todas las universidades checas para hacer el máster de economía, pero yo le digo: ‘mirá, las universidades checas son buenas, pero más conocida globalmente es la Universidad de Pekín’. Y la Universidad de Pekín tiene una sede en Shenzhen que salía unos 10.000 dólares al año. Le propuse intentar conseguir una beca, se presentó y ganó la beca total, no tuvimos que pagar nada y así la convencí para quedarse y hacer el máster en economía allá dos años, que nos quedamos juntos en Shenzhen. Y por eso es que fue la madre allá a ver qué estaba pasando, con el padre diciendo: ‘traela de vuelta, ¿eh? La traes de vuelta. ¿Qué es esto?’ Y cuando le expliqué a la madre, de alguna forma, no sé ni cómo, dado que yo no hablaba checo, todo esto, ella volvió a decirle al marido: ‘bueno, tienen un buen plan, parece que no está mal la idea’. Casi se viene después el padre”.

Con Alena en Jiuhua Shan | Foto: Archivo personal de Mariano Calabró

Asegura Mariano que en el momento que conoció y comenzó a salir con la que hoy es su mujer no sabía absolutamente nada de Chequia, así que cualquier cosa que ella le contara resultaba para él una novedad. Pero entre todas esas informaciones, hay algo que Mariano no deja de reprocharle con una sonrisa permanente.

“Fue una estafa: todo lo que es lácteos allá en China es súper caro, y según mi experiencia los checos son increíblemente ahorrativos. Entonces, yo siempre quería comprar quesos, leche. Y ella me decía que no, pero que no me preocupe porque cuando estemos en Chequia voy a encontrar todo súper barato. Después vine acá y los precios se dispararon. Por ahí soy yo: donde estoy yo se disparan los precios y se vuelve todo caro”.

La ciudad más hermosa del mundo

Más allá de ese reproche y algunas inclemencias del clima, Mariano le está muy agradecido a su mujer por hacerle conocer el país en el que vive desde el año 2017.

Mariano Calabró | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

“Ella es de Pilsen, pero estudió en Praga y después la familia se mudó a Praga, así que ahora todos viven acá. Siempre me habló muy bien de República Checa y las veces que vinimos, obviamente, siempre me trajo en verano. Y Praga es hermosa: yo creo que es la ciudad más linda del mundo, de todas las que conocí hasta ahora es la más linda. Porque no solamente es hermosa, sino que aparte es chica, entonces podés tener acceso a todo muy rápido. Yo agarro, vivo ahí cerca de Vyšehrad, agarro la bicicleta y en dos segundos estás en la bicicenda y ya estás en zonas más descampadas con árboles, eso de que podés ir a buscar hongos al bosque o las moras”.

Hoy, Mariano sigue desarrollando su profesión de consultor, brindando servicios de ingeniería acerca de cómo fabricar distintos productos sobre todo para distintas empresas de China, por lo que, en realidad, podría vivir casi en cualquier otro lugar del mundo.

“Estratégicamente, Praga está muy bien ubicada porque podés manejar todos los horarios de fábricas a nivel global. Toda Europa tiene esta ventaja, pero acá específicamente durante la mañana manejo China, aunque igual los chinos trabajan todo el día y me responden incluso a las cuatro de la mañana. Pero durante la mañana puedo hacer China, durante la tarde Estados Unidos y durante todo el día Europa. Entonces no hay muchos lugares donde podés hacer eso”.

El peor Covid 

Debido a su trabajo, Mariano viaja con frecuencia a China, el país donde comenzó su telenovela, aunque durante uno de esos viajes ocurrió algo más bien parecido a una distopía de terror.

Foto ilustrativa: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

“Me acuerdo que yo estaba en Beijing cuando ya habían cerrado Wuhan. Y yo la llamo a mi mujer y le digo acá pasa algo grave. Nunca escuché en mi vida que un gobierno cerrara una ciudad, parecía sacado de una película de zombies. Y los chinos no son de hablar mucho, no son de contar lo que están haciendo, entonces si eso se sabe es porque es grave la situación. Y en Beijing estaba todo el mundo tosiendo a morir, mucho. Y si bien en China son bastante cerrados, por lo que me cuentan fue muy fuerte allá el impacto del COVID porque se trató de la primera cepa”.

Él tiene la sensación de que se contagió en Beijing porque si bien en ese primer momento ni existían los test, al volver a Praga tenía tos y mucho cansancio, así que decidió aislarse en el living para no contagiar a su familia.

Calabromas

Aunque asegura que él la pasó muy bien en China y no tiene nada que reprocharle a esa sociedad, suele decirse que ningún extranjero puede sobrevivir más de diez años ahí por las enormes diferencias culturales. En primer lugar, la cantidad de gente puede volverse agobiante. Y, de hecho, recuerda que al momento mismo de llegar a la aduana en Chequia pensó que el aeropuerto estaba cerrado porque casi no había que hacer ninguna fila. Otra gran diferencia, en su opinón, es que los chinos están totalmente enfocados en ganar plata. Y, a propósito de dinero, su esposa también le reprocha a Mariano haberla estafado en algo.

“Como mi tío tiene una estatua en el centro de Buenos Aires, mi mujer pensó que yo era de la realeza argentina más o menos”.

Mariano Calabró

“Así como yo digo que mi mujer me estafó con los precios que hay acá en Praga y trayéndome acá solo en verano para que vea y me enamore del país antes de venir, ella dice que yo la estafé con el tema de mi familia, porque en un momento le parecía que yo venía de la realeza argentina. Básicamente, cuando le conté que mi tío tiene una estatua en el centro de Buenos Aires. Y hemos ido a la inauguración de la estatua, donde estaba el presidente de la república. Yo he ido al programa de mi tío y conocí, por él a dos presidentes el país: a Macri y De la Rúa. Entonces, claro, mi mujer pensó que yo era más o menos de la realeza argentina, y cuando supo que, de todos mis amigos, yo era el más pobretón de todos, empezó a decir que la estafé”.

Con sus respectivas estafas a mano, Mariano y su mujer viven juntos en Praga con la familia que armaron y son muchas las veces que recuerdan aquella mítica unión en la lejana China que costó nada menos que una separación checo-eslovaca.