“Si un extraterrestre apareciera en Praga, lo miraríamos un segundo y luego volveríamos a fijarnos en el precio del pan”

Un experto checo en ufología, Vladimír Šiška

El ufólogo checo Vladimír Šiška, fundador de la asociación Záře y creador de una de las bases de datos de avistamientos más completas del país, sostiene que el fenómeno OVNI revela más sobre nuestras propias obsesiones que sobre los propios visitantes del espacio. Con una perspectiva tan escéptica como creativa y llena de humor, repasa aquí el caso más intrigante registrado en el actual territorio checo y los rasgos distintivos que adquirió la ufología en la mágica ciudad de Praga.

Vladimír Šiška es un ufólogo checo que durante años dirigió Záře, una histórica asociación dedicada a investigar fenómenos misteriosos. Él mismo la describe como un grupo de aficionados: cada integrante tiene su trabajo, su familia y se acerca al tema por pura curiosidad. Al principio se dedicaron a recopilar reportes de ovnis y pronto llegaron a una conclusión llamativa: los avistamientos son más frecuentes en las grandes ciudades, donde hay más gente, y en verano se desplazan hacia las zonas de recreo. Él y sus amigos mantienen una tradición: se reúnen el primer jueves de cada mes en el bar U Váhy de Smíchov.

“Es para que mis colegas, que también son olvidadizos como yo, lo recuerden porque los miércoles suenan las sirenas, ya sabe, siempre las prueban. Entonces yo les digo: ‘cuando prueban las sirenas, al día siguiente vamos al bar’.

Su pasión por la ufología nació gracias a los libros de dos autores: Julio Verne y Ludvík Souček, un autor checo de ciencia ficción, al que tuvo el gusto de conocer en persona. Vladimír sostiene que ciencia ficción y ufología suelen hacer buenas migas, aunque tampoco deberían confundirse.

Un error periodístico

A propósito de confusiones, Vladimír explica que la palabra UFO surgió en los años cincuenta, en el marco del Proyecto Blue Book de la Fuerza Aérea estadounidense. Su jefe, Edward J. Ruppelt, la popularizó casi tan rápido como la pronunció. Antes de eso, recuerda Vladimír, se hablaba más bien de “platillos voladores”, un término que, pese a seguir vigente en casi todas las lenguas, nació curiosamente por error.

“En 1948 el piloto y empresario estadounidense Kenneth Arnold observó —y es una observación famosa— desde su avión, cerca de unas montañas, nueve objetos que no se parecían en absoluto a platillos. Arnold pensó que esos objetos con forma de media luna eran aviones soviéticos o algún tipo de aeronave militar en pruebas. No usó en ningún momento la idea de lo extraterrestres ni nada parecido; eso vino mucho después. Aterrizó, se lo contó a sus amigos, a la seguridad del aeropuerto, incluso creo que a las autoridades y, entonces, se le abalanzaron los periodistas para que los describiera. Y cuando intentó explicar cómo se movían, dijo: ‘se balancean como cuando uno hace rebotar un plato sobre el agua’. No tenía nada que ver con la forma, no eran platillos, pero los periodistas escribieron ‘platillos voladores’ y quedó instalado para siempre”.

El ufólogo escéptico

En una ciudad con tanta fama de magia y leyendas que brotan por cada rincón, dice Vladimír que la ufología puede llegar a resultar un poco decepcionante ya que, si bien en la capital checa se reportaron varias observaciones de ovnis, él mismo revela que la gran mayoría de ellas no alcanza el estatus de “caso interesante”.

El avistamiento de ovnis por Kenneth Arnold | Foto: Tulsa Daily World,  public domain

“En total, en estos 30 años investigando ovnis, hemos registrado más de 4000 casos de observaciones de ovnis en la República Checa. Pero a diferencia de otros supuestos ‘misteriólogos’ nosotros los evaluamos, consultamos a especialistas y les preguntamos qué podría ser. Y cuando uno se comporta de manera seria, los expertos colaboran con gusto. No es verdad que los científicos sean escépticos por sistema, ellos también quieren saber. Y después de esa investigación clasificamos cada uno de esos casos en las tres siguientes categorías. A) Logramos explicarlo: es un objeto identificado. B) No conseguimos reunir suficiente información. Lamentablemente, eso sucede en más de la mitad de los casos; y C) Incluso teniendo suficiente información, no logramos explicar lo que sucedió. Esos casos, que son los más interesantes, representan solo el 3,5%”.

Pocos, pero muy valiosos, agrega, justamente porque pasaron por un análisis riguroso. Aún así hace hincapié en que nunca lograron salirse del terreno hipotético porque, en el fondo, resulta imposible determinar cuánto de lo observado pertenece realmente a la realidad y no a la sugestión de la mente humana.

Cerca de la revolución

Lo cierto es que, según Vladimír, tras la Revolución de Terciopelo, la sociedad checa vivió una explosión repentina de interés por los ovnis: de no poder publicar ni fotocopiar materiales sin correr riesgos, se pasó de golpe a la acumulación de libros, revistas y VHS; un auténtico boom que, en ese inédito clima de libertad, hizo que Vladimír y sus secuaces decidieran crear el proyecto Záře, exactamente en 1992.

“Nos dimos cuenta de algo que realmente marcó nuestro punto de partida: mucha de la información que en ese entonces leíamos en las revistas no era relevante. Se trataba, como decimos nosotros, del típico ‘una señora dijo que…’, información de segunda o tercera mano. Y también nos dimos cuenta de que, incluso aquí, en nuestro país la gente decía haber observado ovnis y, de pronto, todos empezaban a recordar: ‘sí, aquella vez, yo vi algo que…’. En aquel tiempo todo se escribía en cartas porque no había Internet, y decidimos recopilar solo esos datos que sí eran de primera mano. Enseguida quisimos clasificarlos y evaluarlos de algún modo. Ya estaban apareciendo las primeras computadoras, así que creamos una base de datos y, desde el principio, teníamos claro nuestro lema: ‘no queremos creer, queremos saber’. Quizá nosotros mismos estábamos un poco más entusiasmados al principio porque había un gran entusiasmo que, con el tiempo, fue bajando. Hoy bromeamos diciendo que, si aterrizara un extraterrestre en medio de Praga, la gente lo miraría un momento y después volvería a preocuparse por si mañana el pan va a estar más caro. La gente hoy tiene otros intereses, no es algo que preocupe demasiado a la mayoría, sigue siendo un tema para un grupo específico de personas”.

Una explicación del silencio del universo

A pesar de que en estos temas siempre hay una gran ansiedad por el encuentro con otras civilizaciones, a Vladimír, en realidad, no lo entusiasma  demasiado la idea de que, de repente, un grupo de extrarrestres aparezca por las calles de Praga. En efecto, él sostiene que el hecho de que a esta altura no haya habido ningún contacto claro y, en cambio, sí un gran silencio en el universo puede explicarse por la llamada teoría del “bosque oscuro”: las civilizaciones se ocultan o se destruyen entre sí con el único objetivo de sobrevivir.

“Siempre quisimos mantenernos en ese límite entre el escepticismo y el entusiasmo”.

“Sé que a mucha gente no le gusta esta idea porque esperan a unos hermanos amables en el cosmos que, en mi opinión, serían peligrosísimos. Siempre se leen estas fantasías de que vendrán y nos ofrecerán una cura contra el cáncer, y nos enseñarán a producir energía barata sin destruir el medio ambiente, y no sé qué más…Yo pienso que eso nos haría muchísimo daño porque, de pronto, la ciencia sería inútil porque conseguiríamos todo de ellos. Incluso si realmente esos extraterrestres fueran buenos, el contacto con ellos nos destruiría porque todos pelearíamos por ganarnos su favor”.

Loco un poco

Demasiado escéptico para los ingenuos y muy fantasioso para los ultraracionales, él sostiene que en la Facultad de Ciencias Naturales descubrió un espacio donde científicos y astrobiólogos exploran ideas audaces, como por ejemplo la eventual autopsia de un extraterrestre, en esa frontera tan fértil como posible que él encuentra entre la ciencia y la especulación.

Un ufólogo escéptico  | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

“Siempre quisimos mantenernos en ese límite entre el escepticismo y el entusiasmo. Y siempre digo que es muy difícil sostener ese equilibrio porque, en general, quien se dedica a estos temas termina yendo hacia un lado o hacia el otro: o se vuelve un escéptico total que dice que todo es una tontería, o se convierte en un entusiasta que ya no quiere escuchar argumentos racionales y cree solo en lo que quiere creer. Es muy difícil mantenerse ahí, y lo que nos permitió hacerlo fue, justamente, nuestra decisión de ser una asociación seria y racional. Y, ojo, que algo parecido ocurre también entre los científicos: algunos son más escépticos, sí, pero otros son muy, muy abiertos. Una vez di una conferencia para astrónomos en el observatorio de Petřín sobre los OVNIs. Me invitaron y tuvimos una charla fantástica. Después, como el funicular ya no funcionaba, bajé caminando con uno de los astrónomos, que me había parecido bastante escéptico y, durante todo el camino, me estuvo explicando muy seriamente una teoría según la cual algunos OVNIs podrían provenir de los restos de seis dimensiones que, tras el Big Bang, quedaron sin plegarse del todo, y que podrían manifestarse como anomalías. Me lo explicó durante toda esa caminata. Y yo pensaba: ‘¿el loco soy yo o es él?’”

Siguiendo esa línea, él se imagina que la vida extraterrestre podría basarse en químicas o físicas muy distintas a las humanas y, por lo tanto, un encuentro con ellos podría llegar a pasarnos totalmente desapercibido.

Foto ilustrativa: Pixabay,  Pixabay License

“Me imagino que, en el caso de que existieran, las civilizaciones extraterrestres colocarían aquí sondas camufladas capaces de observarnos, enviar informes a su planeta y funcionar como máquinas de tipo von Neumann, autorreparables y activas durante millones de años. De tanto en tanto, porque en todo el universo está la ley de Murphy, su camuflaje podría fallar y veríamos un OVNI, eso me parece plausible. Lo que no creo es esa idea de los extraterrestres viniendo en persona, eso no tiene sentido, sobre todo hoy que, con nuestra reciente experiencia con la inteligencia artificial, sabemos que es mucho más eficiente enviar máquinas que personas al espacio. Creo que la exploración humana del sistema solar llegará como mucho hasta Marte; más allá irán robots, que harán un mejor trabajo que nosotros”.

Orgullo sin prejuicios

“Me imagino que, en el caso de que existieran, las civilizaciones extraterrestres colocarían aquí sondas camufladas capaces de observarnos y enviar informes a su planeta”.

En la actualidad, Vladimír lleva escritos más de diez libros sobre ufología, pero por supuesto tuvo otras ocupaciones y, de hecho, afirma que trabajó como radiotelegrafista en el Ministerio del Interior. Según explica, la ufología es un pasatiempo del que no se puede vivir, aunque, si se la aborda en serio, la recompensa es grande porque ofrece muchas lecciones de campos tan diversos como la física, la astronomía, la sociología y la psicología. Por otro lado, asegura que la manera en que buscamos ovnis dice mucho sobre nosotros mismos.

“Es cierto que no soy el único ufólogo; hay más gente aquí que se ocupa de los ovnis, pero sí creo que el proyecto Záře es el que ha llegado más lejos. Sí, eso sí lo sostengo, y estoy orgulloso de ello”.

El equipo de Záře | Foto: archivo personal

Al cumplirse treinta años de su apertura, en 2022, la asociación Záře decidió cesar sus actividades. Cuenta Vladimír que redactaron un informe final, aún disponible en la web aunque, a pedido del público, como aquellas bandas de música que vuelven a reunirse después de un tiempo, tuvo lugar una reapertura aunque ahora bajo el nombre de Tým Záře y con otro director: el ingeniero informático de Ostrava Martin Chlebovský. Vladimír agrega que en la actualidad tienen también una colaboración muy estrecha con proyectos similares de países como Francia, Bélgica e Italia. Además, su colega entrenó un chatbot especializado, capaz de realizar en segundos el trabajo que antes les llevaba un día entero.

Información clasificada

Volviendo a ese selecto 3,5 % de casos atendibles, Vladimír asegura que el incidente OVNI más famoso ocurrido en territorio checo es El caso Vranov, que tuvo lugar el 12 de julio de 1987 en Moravia.

El caso Vranov  (1987) | Foto: Reprofoto "TOP Secret UFO Projects: Declassified" / VAC Vachler Art Company 2021

“En esa época, aún durante el comunismo, las fronteras se vigilaban muchísimo. Y en aquel entonces, los radiolocalizadores detectaron que, desde Austria, se acercaba a nuestra frontera un objeto. Por la altura de vuelo y la velocidad, estimaban que se trataba de un avión deportivo que se había desorientado porque, al llegar a la frontera, entró en nuestro territorio. Entonces hicieron volar a un helicóptero de combate Mi‑24 que tenían disponible en ese momento, con una tripulación de tres personas”.

Cuenta Vladimír que en su asociación pudieron hablar con dos de los pilotos, lo que les permitió acceder a una información fiable, al menos dentro de lo posible.

Un helicóptero Mi-24 sobre un tanque durante unas maniobras  (1988) | Foto ilustrativa: Jaroslav Sýbek,  ČTK

“¿Qué fue lo que ocurrió? Los iban guiando por radiolocalización desde la torre. El cielo estaba bastante nublado y ellos no lograban ver al objeto. Los seguían guiando, y la situación era bastante dramática: temían chocar con él en medio de una nube. Hasta que, de repente, lo vieron. Los pilotos dijeron: ‘Y de pronto, justo delante de nosotros, un cigarro’. Se trataba de un objeto cilíndrico de entre 10 y 15 metros”.

Una enorme paradoja

Añade Vladimír que ese objeto era completamente liso y parecía cubierto por una lámina brillante, no mostraba señales de propulsión, ni motores, ni cabina. No dejaba ver ningún detalle en la superficie: tan solo un cilindro con los extremos redondeados, moviéndose de forma bastante agresiva e impredecible. De hecho, los registros de radar mostraban que el objeto aceleraba miles de kilómetros por hora en cuestión de segundos y luego volvía a desacelerar sin fases de transición ni señales de resistencia del aire. Todo eso ante la atónita mirada de esos tres pilotos que, en vano, intentaban acercarse para incluirlo en el visor porque el objeto siempre lograba alejarse. En medio de esa extraña persecución, llegaron hasta la presa de Vranov que, como era verano, estaba repleta de gente bañándose.

La central nuclear de Dukovany | Foto: Michaela Danelová,  Český rozhlas

“El controlador que los guiaba perdió la paciencia y les dio la orden de disparar contra el objeto, por suerte ellos no obedecieron porque tenían sentido común y no iban a disparar allí, sobre tanta gente, pero intentaron seguir persiguiéndolo, aunque el objeto siempre escapaba y hasta parecía que se estaba burlando de ellos. Los pilotos ni siquiera sabían dónde estaban cuando se dieron cuenta de que se estaban quedando sin combustible y tenían que regresar sí o sí. Y cuando descendieron un poco, se encontraron sobre la central nuclear de Dukovany. Según el radiolocalizador, el objeto seguía delante de ellos, ahora acelerando bastante. Entonces enviaron detrás de él dos aviones L‑39 Albatros, pero ya no lo vieron o no lograron alcanzarlo. El objeto hizo un giro y desapareció del radar. Toda la persecución duró unas tres horas, más o menos, bastante más de lo que podían permitirse.”

Finalmente, el helicóptero aterrizó casi sin combustible y dice Vladimír que, para evitar meterse en problemas, borraron la grabación del helicóptero porque ambas partes estaban en falta: los pilotos por no obedecer la orden, y los controladores por haber dado esa misma orden de disparar contra un objeto desconocido. Oficialmente, el incidente sobre la presa de Vranov nunca ocurrió: el ejército checoslovaco no publicó jamás ninguna información al respecto. Aun así, entre los soldados circularon rumores y, por ejemplo, en la comedia checa “Franta, el extraterrestre” hay una referencia a este episodio jamás comprobado que, no obstante, inspira en Vladimír cierta reflexión.

“El helicóptero hacía intentos desesperados para visualizar a ese objeto que cambiaba de dirección bruscamente; en un momento estaba en un lugar y, al instante siguiente, en otro. Revisamos toda la tecnología que existía en aquella época y no logramos explicarlo con nada: ninguna tecnología podía hacer permanecer a un vehículo tanto tiempo en el aire. Y luego, algo muy importante, que detectamos en colaboración con otros ufólogos: el objeto aparecía en el radar, lo cual significa que era algo material, pero al mismo tiempo hacía cosas que implicaban que no era material: cambiaba su régimen de vuelo como si no tuviera masa, como si no tuviera inercia. Es una paradoja enorme”.

Estos son mis avistamientos, si no le gustan tengo otros

Aunque ese es el caso que más lo intriga de todos, Vladimír reconoce que tampoco lo vivió en carne propia. Sin embargo, como cualquiera de esas personas cuyos testimonios él y sus colegas fueron recopilando, él revela que también tuvo su propio avistamiento.

Foto ilustrativa: Shutterstock

“Sí, he visto cosas increíbles. Imagínate: iba por la carretera aquí en Praga y, de pronto, veo en el cielo un objeto extraño flotando sobre un cruce. Y noto que cambia un poco de forma, se mueve de un lado a otro, justo sobre el cruce. Me detuve al costado, puse las luces intermitentes, me bajé y dije: ¿qué es eso? Nos quedamos mirándolo con mi esposa. Durante unos cinco minutos lo estuvimos observando sin tener idea de qué era y resultó ser una bolsita publicitaria de microtela inflada con aire caliente. Como en ese cruce había aire caliente, la bolsa flotaba. Una tontería, pero de verdad parecía… no había forma de adivinar qué era. Así que esos son mis ovnis.”