Richard Šípek, el detective de bibliotecas que reconstruye mundos perdidos
El director del Departamento de Manuscritos y Bibliotecas del Museo Nacional se dedica a rastrear colecciones dispersas por todo el país y Europa para reconstruir la vida intelectual de la nobleza checa: científicos, médicos, eruditos y pastores que nos ofrecen una ventana al pasado a través de los sueños, nacimientos y miedos que anotaban en los márgenes de sus libros.
Además de contar con notables atractivos como un modelo de calamar gigante de 17 metros, el único dinosaurio descubierto en territorio checo y un corredor subterráneo que conecta el edificio histórico con el nuevo mediante una exposición interactiva sobre la historia de la Plaza de Wenceslao, el Museo Nacional de Praga alberga también un menos conocido departamento de manuscritos que, Proust mediante, se dedica a ir en busca de las bibliotecas perdidas, tal como nos cuenta su director, Richard Šípek.
“La Biblioteca del Museo Nacional administra una colección de manuscritos que cuenta con unos seis mil volúmenes. Se trata de la colección fundamental del departamento, formada y desarrollada desde la propia fundación del Museo Nacional en 1818 gracias a las donaciones de patriotas checos, pero también de ciudadanos comunes. Además de esta colección básica, la biblioteca gestiona otros fondos manuscritos, como la Biblioteca Nostitz o la Biblioteca de los Kinský, procedentes de los palacios de esas familias en Praga. En cuanto a su importancia para la historia checa, tenemos una serie de manuscritos que influyeron de manera significativa en el desarrollo cultural e histórico del país: desde diversas traducciones de la Biblia hasta otras obras historiográficos como la Crónica de Cosmas o la Crónica de Václav Hájek de Libočany”.
Agrega Šípek que la Biblioteca Nacional posee uno de los manuscritos más antiguos de la Crónica de Cosmas, el llamado Manuscrito de Budyšín, que obtuvieron en el año 1956, como obsequio estatal de la República Democrática Alemana. Agrega que, antes de la Revolución de Terciopelo, existía un intercambio cultural recíproco entre los países del bloque oriental.
Reconstruir bibliotecas para deconstruir la historia
En ese departamento de la Biblioteca Nacional se dedican al estudio de las anotaciones de propiedad en los libros y a la reconstrucción de bibliotecas checas dispersas en el país e incluso también en el extranjero. Ese trabajo lo hacen en colaboración con otras instituciones como la Biblioteca Nacional y el Instituto Nacional de Monumentos que administra una gran cantidad de bibliotecas de castillos y palacios. Pero también la Biblioteca del Museo Nacional tiene un departamento de bibliotecas palaciegas, que se encarga de un número considerable de estos fondos históricos.
“En lo que respecta a la reconstrucción de bibliotecas como tal, partimos naturalmente de las anotaciones de propiedad, es decir, de lo que las personas escribían en sus libros y de las distintas formas en que marcaban su posesión: ya fueran simples notas en las portadas, los llamados supralibros (marcas estampadas en la cubierta frontal) o incluso las dedicatorias, cuando los libros se regalaban entre amigos. Creo que este es, de hecho, un tipo de registro de procedencia que ha perdurado hasta hoy. Poco a poco están desapareciendo los exlibris gráficos, esas pequeñas y encantadoras etiquetas que la gente solía pegar en las guardas de sus libros. En cuanto a la reconstrucción de bibliotecas, se trata de una actividad que exige mucho tiempo. Podemos basarnos en inventarios de herencias, cuando los tenemos disponibles, y a partir de ellos buscar en fondos bibliotecarios concretos los libros que figuran en esas listas. O bien, proceder al revés: recorrer los fondos de las bibliotecas y buscar estas anotaciones, sellos o exlibris pegados, e intentar localizar fragmentos dispersos de esas bibliotecas no solo en Chequia, sino también en el extranjero”.
El horóscopo de los científicos
Actualmente, el equipo tiene en marcha un proyecto que se concentra en bibliotecas dispersas de científicos y eruditos, y también en la literatura científica presente en bibliotecas de personas no especializadas. Por supuesto, desde finales de la Edad Media hasta la actualidad, el alcance del concepto “científico” ha ido variado mucho: sobre todo porque, en los inicios de la ciencia moderna, se incluía en ese campo a la alquimia y la astrología, y, de hecho, en ese entonces, muchos astrónomos elaboraban también horóscopos. El objetivo que persiguen es, entonces, averiguar qué coleccionaban esas personas, cómo se relacionaban con sus libros y de qué forma leían los textos. En ese sentido, lo que detectaron fue que muchos de los libros conservan la huella escrita de distintas reflexiones y debates a partir de anotaciones marginales que discuten, coinciden o discrepan con el autor de turno, aunque también encontraron comentarios más íntimos.
“Cuando uno examina la biblioteca de un erudito puede determinar con bastante precisión a qué profesión se dedicaba solo a partir de sus libros”.
“Por ejemplo, hay muchas efemérides, pero en el antiguo sentido; es decir, una serie de tablas que indican las posiciones de los cuerpos celestes para cada día. Por lo general, se elaboraban con décadas de antelación y servían tanto para la elaboración de horóscopos como para el seguimiento general del movimiento de los planetas. Estas efemérides a menudo funcionaban también como diarios para registrar acontecimientos importantes, no solo hechos relevantes en general, sino también sucesos significativos para la persona que los utilizaba. Es decir, muy a menudo contienen anotaciones sobre el nacimiento de hijos, fallecimientos en la familia y cuando se trataba de un nacimiento, los datos eran extremadamente precisos: no solo aparece la fecha, sino también la hora y el minuto exactos, para que ese registro pudiera utilizarse más tarde para elaborar un horóscopo. Esto era algo enormemente importante”.
Šípek muestra como ejemplo de eso un libro perteneciente a Heinrich Munzinger, médico personal de los duques bávaros, en el que anotaba el estado de salud y tratamientos de los miembros de esa estirpe, pero también notas personales sobre su propia familia, como por ejemplo el nacimiento de sus hijos. En uno de esos horóscopos, Munzinger elaboró de hecho un plan detallado de la futura vida de su niño en el que predice que será sacerdote y, aun así, escribe Munzinger, no le irá mal en asuntos del amor, sin explicar qué significa exactamente eso. No obstante, su hijo nunca llegó a cumplir ese destino porque, lamentablemente, murió con solo tres meses.
Dime qué lees y te diré quién eres
Explica Šípek que el estudio de bibliotecas antiguas permite asomarse a la mente de lectores de hace siglos gracias, justamente, a sus comentarios y anotaciones que, de hecho, suelen ser mucho más personales que los textos impresos, porque no estaban destinadas a otros ni sometidas a autocensura. En ese sentido, él considera esas marcas como una auténtica sonda en la mentalidad de la época y, de hecho, asegura que ahondar en el inventario de una biblioteca permite reunir mucha información personal sobre su propietario.
“Cuando uno examina la biblioteca de un erudito puede determinar con bastante precisión a qué profesión se dedicaba solo a partir de sus libros. Ni siquiera es necesario tener los ejemplares físicos: basta con un inventario de bienes o un listado de títulos, y ya es posible identificar, con un grado razonable de probabilidad, la profesión del propietario. Sin embargo, igual que nosotros hoy, estas personas no coleccionaban solo literatura profesional, sino que también reunían libros que trataban cuestiones generales de la vida cotidiana. Así, además de literatura médica, se podían encontrar obras sobre horticultura, es decir, sobre la creación de jardines o el cultivo de cereales. También había literatura veterinaria, especialmente en alemán, donde estos libros se llamaban Pferdarznei, es decir, manuales sobre el cuidado y tratamiento de caballos. Era una literatura de enorme importancia porque hay que recordar que el caballo era el principal medio de transporte de la época”.
Por supuesto también solía haber en esas bibliotecas obras de ficción, libros libros dedicados a la lingüística, y al latín y al griego, lo cual se debía, según explica Šípek a que, entre las habilidades básicas de los eruditos de la temprana Edad Moderna, estaba la capacidad de escribir poemas tanto en latín como en griego.
OK Computer
Es interesante que si bien el libro impreso sigue siendo una tecnología muy presente en la vida actual, en otras épocas tenía quizás más usos que se fueron perdiendo con el desarrollo de las nuevas tecnologías. De hecho podría pensarse que, en ciertos momentos de la historia, los libros tenían usos similares a los de las actuales computadoras.
“Los eruditos de la temprana Edad Moderna utilizaban los libros mucho más como herramienta de trabajo: escribían en ellos, subrayaban, hacían marcas. En realidad, las huellas que dejaron son mucho más numerosas y se puede decir que, cuanto más retrocedemos en el tiempo, más abundantes son esas huellas. Es decir, los libros más comentados, anotados y repletos de marcas son los de finales del siglo XV y del siglo XVI”.
La letra con sangre entra
“Dentro de uno de los libros había una bala y hasta hoy no podemos explicar cómo llegó allí”.
Durante la gran cantidad de años que lleva trabajando en este tema, Richard Šípek vio muchos libros interesantes e historias llamativas, a tal punto que, en 2015, organizó junto a su colega Jana Kašparová una gran exposición en el Museo Checo de la Música. Se llamó Komu asi patřila? (¿A quién habrá pertenecido?) y una de las secciones estaba dedicada, precisamente, a una serie de libros que tuvieron un destino muy peculiar.
“Entre otras cosas, teníamos allí un libro con un orificio de bala. Es decir, dentro del libro había una bala. No sabemos cómo llegó allí, hasta hoy no hemos sido capaces de explicar qué ocurrió exactamente: si alguien practicaba tiro dentro de la biblioteca o si el destino del libro fue mucho más dramático, es difícil decirlo”.
La interpretación de los sueños
Entre otros curiosos hallazgos de las bibliotecas palaciegas, cuenta Šípek que sus colegas identificaron un horóscopo anónimo que perteneció nada menos que a Albrecht von Wallenstein, el célebre general de la Guerra de los Treinta Años cuyo nombre lleva hoy un famoso jardín de Malá Strana, gracias a una nota inicial que lo describía como “horóscopo para un comandante militar”, junto a una fecha de nacimiento que coincidía con la suya. Enseguida agrega que este mismo año él ha trabajado con la biblioteca dispersa de un pastor protestante del siglo XVI, cuyos volúmenes se conservan hoy en Malá Strana y en la Biblioteca Universitaria de Basilea.
“La Biblioteca Universitaria de Basilea conserva también lo que en un primer momento parecía ser su diario, aunque en realidad se trata de un Schreibkalender, es decir, un calendario que, en el siglo XVI, se utilizaba como lo que hoy sería una agenda. Uno de esos ‘diarios’ ha llegado hasta nosotros y, al leer las anotaciones de cada día, descubrí que no registraba hechos reales, sino sus sueños, descritos con gran detalle. Se trata de un texto sorprendentemente íntimo que revela las diversas similitudes que existen entre las personas del siglo XVI y las de hoy: temores como olvidar el sermón al subir al púlpito o que el libro se le cayera mientras predicaba. Pequeños episodios que hacen que este trabajo y esta investigación resulten tan atractivos”.
Historia secreta de los libros
Šípek asegura que nunca sintió su labor como monótona porque siempre ocurre algo nuevo y, contra lo que muchos creen, el trabajo de un bibliotecario dista mucho de limitarse a sentarse a leer. Él trabaja en este departamento desde el año 2001, cuando aún era estudiante, y bromea diciendo que ya es parte del inventario vivo del Museo Nacional. Considera además que su labor tiene una función social: para comprender la ciencia actual es imprescindible conocer cómo se leían, anotaban y utilizaban los libros en las bibliotecas científicas del pasado. Aun así, reconoce que tecnologías como la digitalización facilitan enormemente el acceso y el estudio de libros y colecciones. En este marco se inscribe el proyecto en el que ahora trabaja el Museo Nacional junto a otras instituciones: Raíces y frutos de la ciencia europea en las bibliotecas checas, que estudia cómo se adquirían, leían, anotaban y circulaban los libros científicos desde la Edad Media hasta la modernidad. El proyecto busca también ampliar recursos valiosos como Provenio (www.provenio.cz), la base de datos creada por este mismo equipo para registrar propietarios de libros con sus respectivos perfiles biográficos.
“Y aunque nuestro punto de partida fue la temprana Edad Moderna, los libros fueron pasando de un propietario a otro hasta llegar al presente, en ellos se conservaron comentarios y anotaciones de épocas posteriores, a menudo incluso del siglo XIX y XX. Por eso, finalmente, ampliamos nuestro enfoque profesional hasta la actualidad. Una de las bibliotecas más interesantes que obtuvimos fue la del profesor Jaroslav Rosendorfský, un romanista de Brno, que poseía numerosos libros con dedicatorias personales de autores italianos, españoles y franceses. Y esto ya pertenece a un período muy reciente, porque el profesor Rosendorfský falleció hace relativamente poco, cerca del año 2002”.
Entre esos valiosos libros en español hay, por ejemplo, obras de Miguel Delibes dedicadas con afecto a su propietario por el propio escritor, cuya estancia en Praga en 1968 marcaría profundamente su obra. Y, a propósito de influencias, Richard Šípek explica que sus propios gustos literarios fueron cambiando con el tiempo: empezó con los libros de aventuras de Karel May, siguió con las lecturas juveniles de Jaroslav Foglar y, ya en la adolescencia, descubrió El Señor de los Anillos de Tolkien y El nombre de la rosa de Eco, libros que, según revela, terminaron guiando su vocación.
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