¿Qué lengua se va a hablar en el cielo?

Juan Provecho

Esta vez invitamos al micrófono al sacerdote agustiniano Juan Provecho, de León, España, que vino hace unos siete años a la República Checa para ayudar a restablecer la vida agustiniana y darle un nuevo impulso a la comunidad cristiana en este país.

Juan Provecho
"Yo cuando llegué aquí no sabía decir ni buenos días, ni 'Dobrý den' como se dice aquí. Desde el principio me propuse, y era una de mis metas, aprender bien el checo, porque si trabajamos con gente joven y gente checa necesitamos comunicarnos con ellos en su propia lengua. Entonces hice dos años en una escuela de lenguas, luego estudié en la universidad y continúo todavía estudiando checo... Hace poco escuché un chiste, que preguntaban que ¿cuál iba a ser la lengua que se va a hablar en el cielo?, y respondían que el checo, porque vas a tener toda la eternidad para aprenderla y no la vamos a aprender, o sea que estaremos aprendiendo el checo hasta el final de nuestros días".

Ud. es un sacerdote de la orden agustiniana, ¿qué actividades desarrolla esa comunidad en la RCh? ¿Podría mencionar algunos proyectos en concreto?

"Nuestra actividad fundamental es, sobre todo, el trabajo en las parroquias y en las escuelas con gente joven. Intentamos crear comunidades y trabajar con niños y adolescentes para crear esa nueva generación de cristianos. Son, sobre todo, actividades de catequesis, campamentos con niños, actividades de promoción social y una vez que se crea una comunidad intentar que la misma tenga un compromiso con la gente. Damos clases de religión en las escuelas, preparamos actividades de tiempo libre para los niños de la escuela donde trabajamos, en la zona donde tenemos nuestra parroquia: en nuestra iglesia los niños tienen la posibilidad de aprender a tocar la guitarra, ofrecemos clases de español, de inglés, manejo de la computadora, en el monasterio hay unas salas donde pueden jugar al ping-pong, etc. Es un poco para que sientan los jóvenes checos que nosotros no estamos aquí solamente para hablar de religión o temas religiosos, sino para ofrecer una alternativa para su tiempo libre. Para que sepan que nuestra casa tiene las puertas abiertas donde pueden venir y es un lugar de encuentro donde siempre hay alguno de los agustinos que está presente para estar con ellos".

¿Cómo perciben los checos esas actividades? ¿Muestran interés?

"Existe interés, al principio cuando llegamos el interés era menor, porque la impresión era que habíamos venido unos extranjeros que de repente abrimos las puertas y que no sabemos decir nada en checo prácticamente, pero que sonreímos siempre, entonces la gente sospecha, '¿qué nos quieren ofrecer?'... Pero cuando ves que los checos se dan cuenta que estás aquí para ayudarles, que tienes interés por ellos, que te preocupas, que los quieres, cambian la postura y tienen interés en nuestras actividades"...

¿Cómo son los checos, según su opinión? ¿Cómo los caracterizaría?

"Para caracterizar a un checo yo tengo una frase que me dijo cuando llegué aquí uno de mis primeros conocidos checos que tuve. Cuando yo le decía: 'Mira, los checos son muy fríos y es imposible o difícil contactarme con ellos, parece que un día has conseguido algo y al día siguiente te encuentras con la misma persona y te parece que estás comenzando de nuevo, desde a cero'. Y él me dice: 'Juan, los checos somos de tal manera que es muy difícil tener un amigo checo, tienes que trabajarlo mucho, darle mucha confianza, tener mucha paciencia, pero cuando tienes un amigo checo tienes un amigo para toda la vida'. Y yo tengo esa experiencia que una vez que te ganas al checo, es un amigo fiel y es un amigo para siempre".

Si pudiera cambiar algo en este país, ¿qué sería? ¿Por dónde empezaría?

"Empezaría por cambiarme a mí mismo un poco y después cuando lo logre, podría cambiar algo más... Bueno, sobre todo, intentaría poner un poco más de sentido común y de amor en los políticos. Una pizquita de sentido común y de amor, para que no haya tanta corrupción como hay de más, creo que eso es importante".