Lo que los checos jamás preguntan: el choque cultural que desconcierta a los trabajadores colombianos

La embajadora checa en Colombia Lenka Pokorná

A punto de cerrar su primer año en Bogotá, la embajadora Lenka Pokorná comparte una mirada franca sobre la relación entre Chequia y Colombia: desde un sorprendente episodio de cooperación militar en los años treinta hasta los vínculos económicos actuales, pasando por choques culturales reveladores y el impacto de la situación en Venezuela, en el marco de una región donde todo cambia a velocidad vertiginosa.

“En los años treinta, uno de nuestros generales fue enviado por el presidente Masaryk, a petición del entonces presidente de Colombia, para ayudar con la consolidación del ejército colombiano”.

Tras una carrera que la llevó a países como Argelia y Senegal, Lenka Pokorná, actual embajadora checa en Bogotá, reconoce que su experiencia enseñando checo en los años noventa en el Instituto Francés moldeó notablemente su quehacer diplomático. En su opinión ambas prácticas comparten una fuerte teatralidad. En estos días está por levantarse el telón de su segundo año en Colombia, en un contexto de transformaciones aceleradas, especialmente visibles en América Latina.

Lenka Pokorná en Argelia | Foto: Ministerio de RR.EE. Checo

“Bueno, yo asumí el cargo en la embajada en Bogotá el año pasado, en el mes de octubre. Fui allí de manera que pudiera llegar a tiempo para la cumbre entre la Unión Europea y los países latinoamericanos. Así que todo eso lo completamos, salió muy bien, pero al mismo tiempo llegué en el último año del gobierno de izquierda, que en Colombia gobernó por primera vez en la historia durante cuatro años. Y debo decir que en Colombia, por supuesto, existe una relación muy positiva hacia nosotros. Entre nosotros no hay ningún problema, ninguna cuestión sin resolver, nada de ese tipo. Y, al contrario, tenemos allí algo que se sabe poco y es una tradición militar de cooperación muy interesante que se remonta a los años treinta. Porque uno de nuestros generales, que originalmente era miembro de las legiones, fue enviado por el presidente Masaryk a petición del entonces presidente de Colombia para ayudar con la reorganización, la reestructuración y, digamos, la consolidación del ejército colombiano. Así que tenemos una cooperación especial”.

¿Hay algún problema?

Con ese inesperado antecedente, menciona Pokorná que una de las cooperaciones actuales más destacadas entre ambos países es la construcción de una central hidroeléctrica al norte de Medellín que está llevando a cabo la empresa checa EnergoPro.

“El representante local de la empresa es un colombiano que estudió en Austria y luego decidió que era mejor trabajar con los checos, así que fue contratado por EnergoPro. Y allí se ve algo muy interesante cuando hablamos de las distintas culturas: en Colombia, cuando uno empieza a hablar con alguien, le pregunta cómo está la esposa, los hijos, todos. Pero sus empleados colombianos, cuando se comunican con la empresa checa EnergoPro, ven que los checos no hacen eso. Entonces suelen preguntar si pasó algo, si hay algún problema, porque los checos no preguntan por la familia. Él siempre les explica, entonces, que para los checos eso es trabajo, y que trabajo y vida privada no se mezclan.”

Bogotá | Foto ilustrativa: Jose David Parra,  CC BY-SA 2.0

Aunque a diferencia de otros países de latinomérica, la comunidad checa en Colombia quizás no es tan grande, la embajadora destaca su importancia y la fluidez del vínculo entre ambos países.

“Lo que más me entusiasmó fue que, cuando estuvimos en la oficina consular en la ciudad de Cali, que es la tercera ciudad más grande de Colombia, en el suroeste, recibí como regalo de la gobernadora una bolsita, una cartera hecha por la gente local, por los habitantes de allí que estaba decorada con muchas cuentas, por ejemplo tenía un colibrí, que es un animal típico de Colombia. Y venía con una etiqueta que decía que la habían hecho los artesanos locales, pero que las cuentas eran de la República Checa. Así que, si los oyentes desean algún bordado hecho con cuentas checas, tienen que ir a buscarlo a Colombia.”

Volver a Venezuela

A pesar de que en los últimos años el contacto con ese país vecino de Colombia había disminuido notablemente, Pokorná recuerda que Chequia aún conserva en Venezuela el edificio de su antigua embajada, que se deterioró tras años de inactividad. Hoy solo puede utilizarse para estancias ocasionales y requiere una profunda reconstrucción. Algo similar podría decirse de las relaciones diplomáticas.

El Palacio Černín,  sede del Ministerio de Relaciones Exteriores en Praga | Foto: Kateřina Ayzpurvit,  Radio Prague International

“Venezuela es, naturalmente, un país importante para nosotros y nuestro objetivo es volver. Ya hubo una visita del director general y de colegas del Ministerio de Asuntos Exteriores para evaluar la situación, y ahora estamos considerando cuáles deberían ser los primeros pasos. Yo debería solicitar el agrément y luego actuar allí como embajadora. En la embajada tengo un colega que se ocupa específicamente de Venezuela y de otras islas, porque en total tenemos acreditados once países. Y es muy importante para nosotros, porque por ejemplo en el pasado suministramos aviones allí. Ahora, desde la embajada en Bogotá, nos hemos puesto en contacto con el embajador venezolano en Colombia que, casualmente, es un ex ministro de Defensa. El interés por esos aviones sigue existiendo y ahora depende de la empresa checa Omnipol si esa continuidad puede concretarse o no.”

Dentro de ese contexto de cambio no exento de incertidumbre, la embajadora desea poner el foco también en la situación de los refugiados venezolanos.

“En Colombia hay unos dos millones de refugiados venezolanos, así que para ellos también todo esto es una cuestión importante; no sé si querrán regresar. En la República Checa también tenemos unos cien refugiados de Venezuela, en su mayoría descendientes de checos que vivieron allí hace muchos años. La mayoría ya no hablaba checo, pero se les ofreció esta posibilidad cuando el régimen llegó al poder.”

¿Cierra la embajada de Colombia en Chequia?

En cuanto a la situación política de Colombia, cuyo nuevo gobierno marcó un cambio ideológico rotundo, revela la embajadora que recibieron con mucho asombro la noticia del supuesto cierre de la embajada colombiana en Chequia.

Interior del Palacio Černín,  sede del Ministerio de Relaciones Exteriores en Praga  | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

“Sí, él lo dijo, y yo presenté una objeción por escrito al nuevo ministro de Asuntos Exteriores. Creo que fue justamente por eso que me llamó y dijo que lo discutiremos todo y lo aclararemos, porque nadie nos informó de nada: simplemente apareció en los medios la noticia de que, de repente, se cerrarían tres embajadas europeas, aunque antes, en la reunión de los embajadores de la Unión Europea, había asistido el vicepresidente, que es una figura muy importante en Colombia, y dijo que la Unión Europea seguiría siendo una prioridad para Colombia, porque la Unión Europea es el mayor inversor en Colombia. No son los Estados Unidos, sino la Unión Europea. Así que, después de asegurarnos que la Unión Europea es muy importante para la política exterior del nuevo gobierno, anunciaron que cerrarían tres embajadas en Europa: Praga, Budapest y Bucarest en Rumanía. No sé qué pasará, espero que ahora a mi regreso podamos aclararlo con el ministro, porque esa embajada no gestiona solo la República Checa, también cubre Eslovaquia”.

En todo caso, asegura que el cierre de la embajada colombiana en Chequia, que además había sido reabierta el año pasado, sería realmente una lástima, teniendo en cuenta que ambos países mantienen colaboraciones más que interesantes.

“Hasta ahora, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Colombia financiaba ciertos proyectos sociales que me parecen excelentes. Siempre invitaban a niños de las regiones más pobres de Colombia, niños que participaban en cursos de música en sus escuelas, y los llevaban a la República Checa: pagaban todo y los enviaban aquí, en cooperación con el Conservatorio de Praga. El Conservatorio de Praga lo valoró muchísimo; dijeron que no querían que se cancelara, que querían continuar porque les había encantado. Pero ahora, con la llegada del nuevo gobierno, no sé si el proyecto seguirá. El objetivo de la parte colombiana es que esos niños, que vienen de regiones muy, muy difíciles y peligrosas en todos los sentidos, puedan ir a otro lugar y ver cómo funciona el mundo fuera de allí, lo cual me parece una idea magnífica. Así que nos gustaría seguir colaborando en eso”.

Añade la embajadora que Colombia mantiene ese proyecto con muchas otras naciones y para cada país eligieron un tema específico. En el caso de Chequia se inclinaron por la música, lo cual ella considera un gran acierto como se evidencia, por ejemplo, cada vez que los niños de una escuela colombiana y los de una escuela checa ofrecen en conjunto un concierto.

“La diferencia cultural con la que, por ejemplo, yo tengo más dificultad para acostumbrarme es que los colombianos se levantan muy temprano, tenemos reuiones a las 8, algo que yo nunca había visto”.

“Ahora estamos preparando un concierto del coro de Karlovy Vary; ellos participarán en el festival Música Sacra, y luego tendrán otro concierto en Medellín y más presentaciones en Bogotá. También me gustaría presentar allí la arquitectura checa y, de hecho, estamos preparando una exposición sobre los monumentos de la República Checa inscritos en la UNESCO, porque es algo absolutamente único: si uno considera lo pequeño que es el país, cuántos habitantes tiene y cuántos monumentos UNESCO tiene registrados, es realmente una cifra increíble en relación con la población. Así que intentamos actuar en todos los frentes: comercialmente, culturalmente… Las empresas checas viajan allí, hay interés. También tenemos una oficina de CzechTrade —que ahora se transformará en Czech Business—, así que contamos con esa cooperación intergubernamental para las empresas que quieren establecerse allí. Y, por supuesto, CzechTrade facilita todo.”

Obsesiones, diferencias y semejanzas culturales

Agrega Pokorná que Chequia se distingue no solo en Colombia, sino también en toda Latinoamérica, especialmente por el Niño Jesús de Praga, muy querido en la región, y por San Juan Nepomuceno, tan famoso en el país que incluso da nombre a un pueblo ubicado en el departamento de Bolívar, en la región Caribe.

El Niño Jesús de Praga | Foto: Ondřej Tomšů,  Radio Prague International

“Creo que las empresas checas deberían enfocarse mucho más en la región de América Latina, porque incluso culturalmente es una región muy cercana. Y mucha gente en nuestro país habla español; tenemos, por ejemplo, muchos geólogos que hablan español.”

No obstante, Pokorná menciona también la existencia de algunas diferencias culturales y, en concreto de una especial que puede llegar a sorprender bastante.

“La diferencia cultural con la que, por ejemplo, yo tengo más dificultad para acostumbrarme es que los colombianos se levantan muy temprano. Pero muy, muy temprano. Así que nuestras reuniones de embajadores europeos deben seguir el ritmo colombiano y empezamos a las 8, algo que yo nunca había visto. Eso significa que uno tiene que levantarse a las 6. Y para los niños en Colombia, que a menudo viajan distancias muy largas para llegar a la escuela, me parece realmente duro levantarse a las 5 de la mañana para estar a tiempo. Pero es porque amanece muy temprano y a las 6 de la tarde ya es de noche. Y así es durante todo el año: de hecho, hay un cambio de mínimo de 30 minutos, más o menos. Para un europeo, eso es una cuestión bastante complicada.”

Pero así como existen esas diferencias, también hay muchísimas semejanzas.

“Creo que el amor por los perros es algo que nos une mucho con Colombia. Los colombianos tienen muchísimos perros y allí hay servicios para todo. En Colombia, las ciudades o incluso los pueblos pequeños tienen la obligación de crear algo que yo llamaría un centro de día para personas mayores. Por la mañana pasa un autobús, recoge a las personas mayores y las lleva a ese centro. Quienes ya tienen algún problema como Alzhéimer tienen allí un programa especial, y por la tarde los llevan de vuelta a casa. Lo mismo ocurre en Bogotá con los perros. Si uno tiene… nosotros lo llamamos ‘guardería canina’, porque también adoptamos un perro de un refugio —una colega— y ahora todos cuidamos de él. Y también él va a la guardería: pasa allí todo el día y por la tarde te lo traen a casa. Lo mismo con los niños en las escuelas. Allí todo está organizado así: todos van a algún centro, a su propio ‘stacionář’, y están contentos”.

La embajadora habla con admiración de los colombianos, a los que define como personas muy abiertas, accesibles, educadas y corteses, aunque no comparte una impresión tan positiva sobre Bogotá, la ciudad donde vive.

“Creo que el amor por los perros es algo que nos une mucho con Colombia. Los colombianos tienen muchísimos perros y allí hay servicios para todo”.

“Bueno, Bogotá… Bogotá es una ciudad eLenka Pokornánorme. Debo decir que algo que me sorprendió no para bien es que tiene un ambiente muy malo, muy mala calidad del aire. Hay muchísimos autos. En la zona donde está la embajada y donde vivimos nosotros es un poco mejor, pero en otras partes… hay una especie de autopista por donde pasan camiones, esos camiones estadounidenses con el escape arriba, doble escape, así que toda la calle queda expuesta a eso. El medio ambiente allí es realmente complicado; cuando uno llega, lo siente, luego uno se acostumbra un poco. Y luego está otra cosa: alrededor de la ciudad hay muchos bosques y rutas, pero si uno quiere ir de excursión, incluso una caminata corta, tiene que registrarse. Todo el tiempo hay que registrarse en todas partes. Y, por supuesto, hay que estar allí temprano, no a las diez. Me sorprendió una reserva en particular: nos registramos, pusimos la hora, y luego nos dijeron que en un rato ya teníamos que volver, porque sábados y domingo cerraban a las once. Yo pregunté: ‘¿Por qué cierran a las once?’ Cierran porque a las once los animales tienen derecho a la tranquilidad. Se puede llegar desde las siete de la mañana, pero a las once uno tiene que irse, porque después es territorio de los animales y uno no tiene nada que hacer allí.”