El colombiano que revela el pasado oculto de las plantas en Průhonice y echa raíces en Praga

Cuidando la huerta

Especialista en genética de plantas, Simón Villanueva rastrea variantes ancestrales en uno de los parques más bellos del mundo para mejorar los cultivos en tiempos de plagas y crisis climática. Su trabajo lo llevó a vivir en Praga, donde descubrió algunas diferencias culturales como la naturalidad ante la desnudez, y un entorno que considera ideal para formar una familia.

Un paseo entre las flores | Foto: archivo personal de Simón Villanueva

A contramano de muchos trabajadores, Simón Villanueva no quiere saber nada del home office. Y tiene un gran motivo: su lugar de trabajo es el Instituto de Botánica de Průhonice, al sur de Praga. Además de disfrutar de su vocación, este investigador colombiano nacido en Medellín se siente un privilegiado por cumplir horario en uno de los parques más grandes y hermosos del mundo.

“Bueno, realmente es así porque el parque es perfectamente accesible para todos los empleados, entonces sí que somos conscientes de su belleza. Incluso, en mi día a día, si quisiera relajarme, podría dar una vuelta por el parque: está el castillo como tal, que es precioso, y luego hay otra división que es donde yo estoy, más atrás, como un espacio más enfocado en la investigación, pero sí: está el parque Jardín Botánico, que es patrimonio creo que de la UNESCO y tiene una de las más grandes colecciones de rododendros del mundo y, cuando florece en mayo, el parque se llena como de algodones de azúcar, prácticamente, y es precioso, y justo ahí es el pico de visitantes, vienen incluso turistas: uno ve los buses que se detienen frente a la entrada principal del castillo solo a ver y la verdad que el parque se vuelve inefable, incluso”.

Panorámica del castillo de Průhonice | Foto: archivo personal de Simón Villanueva

La memoria verde

Lo que también es difícil de explicar, aunque por otra razones, es en qué consiste exactamente su tarea en el laboratorio de biología molecular y bioinformática.

Plantas y flores en Průhonice | Foto: archivo personal de Simón Villanueva

“Yo analizo datos biológicos, datos genéticos que nosotros llamamos genomas, o sea, todo el contenido genético, en mi caso, de las plantas. Entonces, por ejemplo, en salud clínica, cuando un doctor te manda a hacer un análisis te dice que tienes cierta predisposición a, por ejemplo, la hipertensión o a desarrollar un cáncer. Ese tipo de análisis lo hacemos personas como yo y, en mi caso, en el Instituto de Botánica trabajamos con plantas y, más puntualmente, con la evolución de plantas. Entonces, es un poco mirar su historia evolutiva, cómo se diferencian e hibridizan las plantas”.

Uno de los parques más hermoso de toda Chequia | Foto: archivo personal de Simón Villanueva

La pequeña salvedad que rompe la analogía es que, según explica Simón, desde el punto de vista genético, las plantas son una locura. Es decir, tienen un contenido genético mucho más complejo que el de las personas.

Flores y tranquilidad en Průhonice | Foto: archivo personal de Simón Villanueva

“De pronto, has escuchado que tienes dos pares de cromosomas: un par de mamá y otro par que te dio papá. Entonces, cada uno te aportó una copia y tienes dos. Por lo tanto, los humanos, en general, somos diploides. Las plantas, en cambio, tienen unas dinámicas mucho más complejas: pueden ser triploides, tetraploides, hexaploides, octaploides, dodecaploides, etcétera, etcétera. O sea, muchos de los cultivos que nosotros consumimos de frutas y verduras, suelen ser poliploides, es decir, como tienen más contenido genético, sus células son más grandes. Y eso se traduce, usualmente, en frutos más grandes. Entonces, por ejemplo, el trigo es hexaploide, el banano es triploide, la papa, el arroz son tetraploides. Y una técnica que han usado los granjeros al ir seleccionando variedades cada vez más productivas fue aumentar la ploidía a través de cruces. Y, por selección artificial, han surgido linajes de altas ploidías”.

La insoportable complejidad de las plantas

Simón Villanueva señalando las flores | Foto: archivo personal de Simón Villanueva

Volviendo a la comparación con las personas, explica Simón que secuenciar el genoma en humanos es relativamente sencillo porque tenemos dos copias de cada cromosoma. En cambio, el trigo comercial, por ejemplo, al ser hexaploide, posee tres subgenomas distintos, resultado de la hibridación entre varias especies ancestrales de trigo. Eso significa que, en lugar de dos copias de cada cromosoma, tiene seis, lo que hace que su secuenciación y análisis sean mucho más complejos.

“Toda esa complejidad, al menos en el análisis evolutivo de los datos, ha significado que la gente se de cuenta y diga: ‘Uh, yo con esto no me meto porque no me quiero complicar la vida’. No ha habido una forma asequible de analizar datos de plantas tan complejas como el trigo, por ejemplo. Entonces, nosotros estamos diseñando un programa que trata de recuperar cada una de las distintas copias, las diferencias. Y, por lo menos, ofrecer una solución a ese análisis más complejo para que otros investigadores puedan perder el miedo y adentrarse en el análisis de esos datos. Porque, realmente, la mayoría de plantas son poliploides”.

Vista del parque de Průhonice | Foto: archivo personal de Simón Villanueva

El objetivo más concreto de todo ese trabajo, explica Simón, es reconstruir la historia evolutiva de las plantas para poder mejorar y adaptar los cultivos, especialmente en tiempos de cambio climático. En el caso del arroz, por ejemplo, la mejor forma de combatir una nueva peste es buscar una variante ancestral, “un arroz abuelito”, como dice él, ‘un tatarabuelo del arroz moderno’ que ya posea una resistencia natural a esa amenaza.

La llave de hablar checo

Aunque Simón trabaja hoy en el campo de la botánica, su formación original es en ingeniería de procesos. Con el tiempo se fue especializando en bioinformática y genómica de plantas, un área en la que no siempre es sencillo encontrar trabajo. Por eso el puesto en el que actualmente se desempeña (y sin hacer homeoffice) fue lo que lo movió a mudarse a Praga, en abril de 2022, aun cuando nunca antes había estado en Chequia.

La belleza de las flores en Průhonice | Foto: archivo personal de Simón Villanueva

“La ciudad es hermosa, yo estoy realmente muy feliz, me siento muy cómodo en Praga. Me cuesta el checo, estoy aprendiendo poco a poco, lentamente. Lo cierto es que podría dedicarme más porque unas clases de una vez a la semana y un poco de Duolingo no es suficiente, pero, bueno, digamos que mi futuro cercano lo veo por aquí, entonces tendremos tiempo para seguir con eso. Pero, en ese sentido, me pareció importante empezar desde temprano, por lo menos. Desde el primer verano me inscribí a las clases y creo que fue una buena decisión. Todavía no le he perdido la vergüenza y siento que me falta mucho vocabulario, yo puedo formular una primera oración para pedir algo, pero luego me responden, me devuelven la pelota y viene el pánico. Entonces hay que destrabar un poco los siguientes pasos, construir un poco de confianza y más vocabulario, y yo creoque hablando y con práctica irá mejor”.

Un investigador colombiano en Průhonice | Foto: archivo personal de Simón Villanueva

Y a pesar de ir más despacio de lo que quisiera, Simón tiene el aprendizaje del checo como una cuenta pendiente porque, si bien se da cuenta de que la vida en Praga es posible sin ni siquiera intentarlo, él es consciente de que hablar checo resulta indispensable para integrarse a la sociedad.

Castillo en Průhonice | Foto: archivo personal de Simón Villanueva

“Uno nota, y muchos también me lo han dicho, que las personas cambian cuando tú les hablas en checo, en su idioma, casi que brillan un poco más. Porque los checos son muy formales y, desde ese punto de vista, son amables. Pero tampoco es Latinoamérica: en Latinoamérica nosotros somos increíblemente cercanos. Entonces desde ese punto de vista, pues, es distinto. Afortunadamente, no llega al punto de, no sé, Alemania: no son tan distantes como los alemanes”.

El tabú de la desnudez

Y, más allá de las obvias diferencias climáticas respecto a Colombia, Simón no percibió un choque cultural muy grande, aunque sí le llaman la atención algunas diferencias sociales muy concretas, pero a la vez no tan evidentes.

Simón Villanueva | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague Int./Wikimedia Commons

“No sé, por ejemplo, el tabú con la desnudez. En Colombia hay mucho, aquí hay muy poco. Yo, cada miércoles, voy a la piscina porque practico hockey subacuático y cuando nos estamos cambiando, todo el mundo se quita la ropa y todos nos vemos todo y hay cero pudor. Tal es así que las duchas están hechas sin ninguna barrera; o sea, tú ves a todo el mundo. En Colombia, en cambio, las duchas y los urinales suelen tener barreras para bloquear la vista. Y, más allá de contextos particulares donde hay casi una necesidad de vestirse juntos, como puede ser el teatro, la desnudez en Colombia es algo bastante tabú”.

La nostalgia del inmigrante

“La nostalgia del inmigrante es que uno nunca se va: parte del corazón siempre va a estar en el país de origen”.

Simón Villanueva

A pesar de estar muy feliz en Praga, donde probablemente empiece a cursar también un doctorado sobre la epipangenómica de las manzanas, y de tener incluso a su hermano viviendo relativamente cerca, en Barcelona, aún hay una razón de peso que hace dudar a Simón de instalarse definitivamente en Chequia.

“La nostalgia del inmigrante es que uno nunca se va: parte del corazón siempre va a estar en el país de origen. Entonces, claro, hay mucho sentimiento todavía. Y se extrañan muchas cosas: mi mamá está allí y, bueno, ya también es mayor. Yo, por ejemplom me vería estableciéndome en Praga, en República Checa, a largo plazo, pero una cosa que me hace pensar es mi mamá en Colombia, un poco más sola. Y eso es un escenario en el que, en cinco años, tengo que afrontar como para tomar la decisión… de si, al final, me vuelvo para estar más cerca o me quedo aquí. Y trato de ir cada año o cada dos años; o si no, pues, que ella nos pueda visitar”.

Simón Villanueva disfrutando un paseo en su bello lugar de trabajo | Foto: archivo personal de Simón Villanueva

La cultura profamiliar de Praga

A favor de Chequia juega un factor que cautivó a Simón desde que llegó a Praga. No tiene que ver con la belleza arquitectónica ni con la eficiencia del transporte público, sino con un contraste cultural que descubrió, también, gracias a su experiencia como profesor universitario en Colombia: allí, cerca de ocho de cada diez estudiantes aseguraban no querer ser padres, un fenómeno reciente que lo sorprendió.

“Siento que en Praga formar una familia y tener hijos es algo todavía importante en la vida de la gente”.

Simón Villanueva

“Mientras que yo aquí siento que formar una familia, tener hijos es algo todavía importante en la vida de la gente, inconscientemente, así como en Colombia no se cuestiona que hay que ir a la universidad porque es el paso natural, yo siento que aquí casi que el paso natural es tener una familia. Y el ambiente lo refuerza: uno sale y ve familias, padres y madres con carritos en los parques, niños jugando, se ve mucho ese ambiente y cultura muy profamiliar. Mientras que en Colombia, curiosamente, porque hasta hace muy poco, la generación de nuestros abuelos tenía unas familias enormes de seis, ocho, diez hermanos y hermanas, una gran fertilidad. Pero, recientemente, eso cambió y estamos viviendo un colapso demográfico en todo el mundo, pero en Colombia es increíblemente estrepitoso. Se ve en las estadísticas ahora y yo lo sentí durante mi práctica profesional cuando estuve ahí, en contacto con los jóvenes. Digamos que, en ese sentido, yo que sí quisiera tener una familia en el futuro, me pongo a pensar dónde me gustaría más formar una familia”.

Aunque ahora mismo Simón no está en pareja, hasta el año pasado estuvo de novio con una checa. Cuenta que, al principio, ella no quería tener hijos, pero con el tiempo fue cambiando de idea. Y aunque después se separaron por otros motivos, a él lo reconforta pensar que hoy su ex está dispuesta a formar una familia, como si en esa decisión tan personal quedara cifrada, de algún modo, la trascendencia de aquel vínculo entre ellos.

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