Jakub Valníček, el Aquaman checo: cruzó a nado el estrecho de Gibraltar y el de la Mancha, el Río de la Plata y nadó junto al glaciar Perito Moreno

Jakub Valníček

Jakub Valníček se mete en el agua desde pequeño, pero recién a los 40 descubrió su verdadera pasión: la natación de hielo y de largas distancias. Tan largas que incluyen el Canal de la Mancha, considerado “el Everest de la natación”, y tan frías como las que rodean al imponente glaciar Perito Moreno, en El Calafate, Argentina. Y estas son solo algunas de sus hazañas. ¿Cómo lo hace? Nos lo cuenta en esta entrevista, que da un poco de hipotermia.

Memorial de Gaston | Foto: archivo personal

Jakub Valníček es una de esas personas que te hacen querer lograr al menos una parte de lo que él ya consiguió. Por eso, os advertimos tener cuidado al leer este artículo, puede ser que después queráis nadar 10 km en agua medio fría.

Jakub se dedica a la natación desde pequeño, pero el descubrimiento de su afición vital le llegó a sus 40 años. Ya no le bastaban las piscinas para entrenar y empezó entrar a aguas frías, a veces rompiendo el hielo. Años después, extendió su dominio de las aguas al lanzarse a nadar en largas distancias. Pronto se volvió un profesional. En julio de este año, junto a su equipo cruzó a nado el estrecho de Gibraltar, hazaña de la que nos habla a continuación.

“Llevábamos unos ocho años esperando esa travesía de Gibraltar. Estábamos inscritos en una asociación que se llama ACNEG (Asociación para el Cruce a Nado del Estrecho de Gibraltar), en el municipio de Tarifa, España. Teníamos muchas ganas de hacerlo, por todo lo que tuvimos que esperar. Cuando llegamos al punto de partida, estábamos encantados con las condiciones. El agua estaba caliente para nosotros, entre unos 16°C a 19°C. Además, hacía sol, era un tiempo ideal: no había olas en el mar ni corrientes fuertes”.

Sin embargo, lo que parecía ideal, en realidad, estaba lejos de serlo. En esta travesía, son fundamentales dos tipos de viento: el Levante, que sopla desde el mar Mediterráneo hacia el Atlántico; y el Poniente, que sopla de forma inversa y es el que da las condiciones favorables para el nado y la navegación. Cuando aparece el viento Levante, nunca se nada. Y fue precisamente este viento el que sopló durante la mayor parte de la estadía de Valníček y su equipo en Tarifa. Los checos llegaron a pensar que regresaría a casa sin haber logrado su sueño. La espera se había convertido en la parte más dura de toda la experiencia. Pero, al final, las aguas se abrieron.

Jakub Valníček en agua | Foto: archivo personal

“Dos veces nos invitó la representante Laura de ACNEG a atravesar el estrecho. Así que llegamos preparados, con la crema puesta, con el bañador puesto, con la comida preparada y todo lo demás, y luego ella venía y decía: ‘Hoy no’. Estábamos muy decepcionados. Eso se repitió dos veces, el viernes y el lunes. Al final, el día antes de irnos, el martes alrededor de las 17 horas, finalmente aparecieron las buenas condiciones. Lo hemos cruzado muy bien, la travesía fue lo más fácil de todo el evento. Lo peor fue la frustración de que no podíamos nadar y que teníamos que respetar las condiciones del tiempo, el mar y el viento”.

¿Cómo se nada la travesía del Canal de la Mancha?

Jakub nadando | Foto: archivo personal

Antes del estrecho de Gibraltar, en 2020, Valníček ya realizó una travesía conocida por todo el mundo, el Canal de la Mancha con una distancia de 34 kilómetros. Sin embargo, debido a la fuerza de las corrientes del mar, los nadadores suelen terminar nadando muchos más kilómetros, entre 40 y 50. Jakub logró completar el trayecto con un tiempo de 14 horas 14 minutos y más de 50 kilómetros.

“En el momento de la travesía, el día en el que debes hacer el esfuerzo físico, no significa absolutamente nada. Es la guinda del pastel, el punto cúlmine de todo este viaje, pero, como se suele decir, el camino también es el destino. Y esa preparación significa mucho más que la propia travesía en sí. Es el camino hacia ese día, que para algunos nadadores dura dos años, pero para otros dura toda la vida. Y la travesía en sí no es más que la culminación de esa bonita experiencia que supone la preparación, que implica nadar al menos 100 km al mes y entrenar duro”.

A probar los glaciares de Argentina

Jakub no solamente nada en las aguas que rodean el continente europeo. Por ejemplo, en Argentina estuvo dos veces. En 2014, un nadador argentino, llamado acertadamente Matías Ola, organizó un festival de natación de hielo. Por entonces, ese tipo de actividad no era nada conocido en Argentina. Jakub llegó a Buenos Aires, donde pasó un par de días nadando en aguas de Puerto Madero, un barrio muy moderno y lujoso. Sin embargo, esa primera parada no fue nada agradable para él.

Entre glaciares | Foto: archivo personal

“Pasamos allí dos días. Nadamos en un río que estaba muy sucio, lleno de residuos, desde barro hasta restos de plantas y no sé qué más. Ni siquiera quiero nombrarlo”.

También viajó a Mendoza y, por último, visitó también las aguas de El Calafate, en la provincia de Santa Cruz, donde nadó al lado del glaciar Perito Moreno. La experiencia le gustó tanto que hasta la repitió al año siguiente.

En ese segundo viaje, primero hizo la travesía del Río de Plata, que se nada desde Montevideo, Uruguay, hasta Buenos Aires, Argentina. La segunda parte de su visita pasó otra vez por El Calafate, donde organizaron una competición de natación de hielo en el lago Argentino, justo al lado de los glaciares.

“Fue una experiencia vital y deseo volver a ese sitio otra vez. Este año se han celebrado allí las competiciones de nuevo; tuvo lugar la Copa del Mundo de natación de hielo y participó una de nuestras nadadoras checas, Andrea Klimentová, a quien ayudé a cruzar el Canal de la Mancha en 2024. Creo que ganó 11 medallas de 12 disciplinas, y de las once, pienso que 8 medallas de oro, así que tuvo mucho éxito”.

Se sueña a lo grande

Valníček ya piensa en otros retos. Quiere convertirse en el poseedor de la Triple Corona de la natación, un reconocimiento internacional que otorga la Asociación Mundial de Aguas Abiertas a los nadadores que completan tres de las travesías de maratón más duras del mundo: el Canal de la Mancha, el Canal de Catalina y la Vuelta a la Isla de Manhattan.

Canal de La Mancha | Foto: archivo personal

Además, le gustaría viajar a África y nadar el Freedom Swim. Sin embargo, Jakub es consciente de que viajes así cuestan dinero y por eso si no logra todos estos sueños, no estará triste, ya que, dice, ha cumplido demasiados.

“Por supuesto, en algún rincón de la mente uno tiene la idea de cruzar los siete estrechos del mundo que se pueden atravesar, lo que se conoce como completar el Seven Ocean. Entre ellos están el Canal de la Mancha y el de Gibraltar, que ya tengo superados. El Canal del Norte, entre Escocia e Irlanda. El estrecho de Cook, entre las islas del norte y del sur de Nueva Zelanda. El estrecho de Tsugaru, en Japón; el canal de Kaivi, entre las islas de Honolulu y Kaivi; y el séptimo es precisamente el de Catalina. Así que eso es lo que, por supuesto, todos los nadadores tenemos en mente que nos gustaría lograr. Pero, como digo, en lo que respecta a la natación, ya he cumplido todo lo que deseaba”.

Después de la competición | Foto: archivo personal

Valníček concedió esta entrevista a Radio Praga Internacional, justo un día antes de que se realizará la competición del Memorial de Gastón, el famoso lobo marino que murió por las devastadoras inundaciones de 2002. Cada año, nadadores recorren una parte de la ruta que hizo Gastón desde el Zoo de Praga hasta Alemania, para rendirle homenaje. La respuesta de Valníček a la pregunta de si iba a participar fue: “¡Claro que sí! ¡Pienso ganar en la disciplina con aletas!” ¿Y sabéis que? Unos días después le preguntamos sobre su resultado y nos mandó una foto del podio de los ganadores, donde se lo ve en el primer puesto.

Guía para convertirse en un gran nadador 

Pero todo esto sigue sin resolver una pregunta fundamental: ¿por qué haría alguien algo así? ¿Por qué alguien se arriesgaría voluntariamente a ahogarse o a contraer una neumonía?

“La natación de hielo significa superarse a uno mismo con la entrada al agua fría y, después, nadar como un kilómetro, que significa estar 15 o 20 minutos en el agua, que puede tener desde 0°C hasta 12°C. Eso significa una gran descarga de adrenalina, muchas endorfinas, y la gente se siente muy feliz después de participar en una disciplina así.

Orientación subacuática | Foto: archivo personal

La natación a largas distancias es algo completamente diferente. Ahí, la persona se tumba en el agua y nada, por ejemplo, diez kilómetros, que para mí significa tres horas y media. Durante ese tiempo, uno puede meditar, reflexionar sobre las cosas que le interesan; es muy estimulante nadar una distancia así. Al final, uno está cansado físicamente, pero descansado mentalmente”.

Para algunos de nosotros esto podría sonar interesante: tener la mente despejada parece algo estupendo en estos tiempos tan agobiantes. ¿Cómo se puede empezar, según uno de los mejores, en este ámbito?

“Diría que tenéis que volveros un poco locos. Se os tiene que ir la cabeza para entrar en un agua tan fría. Y a partir de ahí es solamente cuestión de tiempo que os absorba. No es una decisión ni un propósito. Es un camino natural de la persona. El cuerpo reacciona de esa manera al entrar en contacto con agua tan fría; y la meditación simplemente surge durante las largas rutas”.

De una afición desconocida a otra aún más desconocida

Jakub Valníček empezó con la natación con aletas y orientación subacuática cuando tenía 10 años, gracias a su padre, quien fue entrenador de la orientación subacuática.

“La orientación subacuática es un deporte muy desconocido, pero muy bonito y muy técnico. Se utilizan herramientas como la brújula, un aparato respiratorio de buceo, contador de metros, boya y monoaleta. Y con todo eso se puede nadar una competición estupenda en distintos lugares bonitos, así que supongo que ese fue, más o menos, el primer impulso que me llevó a acercarme al agua”.

La copa de Chequia  (2014) | Foto: archivo personal

A pesar de este contacto temprano con el agua, su verdadera pasión le llegó, aunque por el mismo medio, pasados los 40. Luego de descubrir los beneficios de sumergirse en el agua fría, emergió su sueño de nadar en el río Moldava un 26 de diciembre. Ese día, el día de San Esteban, todos los nadadores de agua fría del país se dan cita en Praga, frente al Teatro Nacional. Allí tiene lugar la competición más famosa y antigua del país en este ámbito: el Memorial de Alfred Nikodem. Después participar del encuentro y terminar en segundo puesto en la disciplina de 300 metros, llegó a conclusión que eso era lo que más le gustaba hacer en la vida. En 2014, cuando tenía 43 años, se anotó en alrededor de 15 competiciones y ganó la Copa de la República Checa de natación de hielo, hito tras el cual decidió dedicarse a esta disciplina al cien por cien. En los años siguientes, todos sus logros y hazañas salieron a flote.

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