La arquitecta argentina que quiere hacer de Praga un hogar para todos

La arquitecta argentina Antonella Nicolari

Desde la emblemática Casa Danzante hasta la desconcertante distribución de las viviendas checas, Antonella Nicolari comparte en esta entrevista qué es lo que más la enamora de Praga, que le falta a la ciudad para terminar de asumirse como moderna y por qué es necesario pensar espacios que abracen también a quienes llegan de afuera.

Uno de los últimos proyectos en los que trabajó Antonella Nicolari antes de dejar Argentina fue, justamente, la refacción del aeropuerto internacional de Ezeiza. Después vivió un tiempo en Inglaterra y también en Italia, hasta que su novio, también argentino, recibió una buena oferta laboral en Praga, en el área de informática. Así fue como se mudaron a la capital checa sin haberla visitado antes. Al principio no pensaban quedarse demasiado, pero la belleza de la ciudad y la gente que fueron conociendo los llevaron a instalarse. Y aunque puede ejercer como arquitecta en Chequia, Antonella no puede firmar planos, una limitación que condiciona su trabajo. Aun así, no tardó en conseguir un puesto en un estudio checo de arquitectura, donde permaneció durante dos años.

Praga aérea | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

“Hacíamos un poco de todo, pero principalmente refacciones de edificios antiguos. Porque acá en Praga le dan mucha importancia al tema de las fachadas, el cuidado de las fachadas y todos los proyectos se aprueban por un instituto de Patrimonio. Y ellos deciden si las fachadas son correctas o no, cuáles son las cosas que se pueden o no modificar. Acá sí es muy, muy estricto, nada que ver con Buenos Aires, donde hay un código de planificación que uno debe respetar, pero no es tan estricto el tema de las fachadas históricas. En cambio acá sí. Eso yo lo aprendí acá, realmente”.

En concreto, Antonella se ocupaba de diseñar los interiores de esos edificios históricos que, por lo general, hoy funcionan como hoteles. Recuerda que, en ese trabajo, una de las principales dificultades pasaba por entender las distintas exigencias del código checo de edificación: las medidas mínimas de los pasillos, las alturas de los techos y puertas, las salidas de emergencia y los protocolos de incendio y de escape.

Hogares en 3D

En la actualidad, sin embargo, Antonella (anqstudio.com) se encuentra ya en otra etapa distinta, tras adaptar un poco su profesión a los requerimientos actuales.

“Lo que hago ahora es mucho trabajo en visualización arquitectónica. O sea, todo lo que es visualización 3D en los proyectos terminados. Les presto mis servicios a distintos estudios de arquitectura que, de repente, quieren hacer una propuesta de un edificio a un cliente y necesitan ver cómo va a quedar terminado tal y como ellos lo diseñaron. Así que hago eso: ofrezco eso a estudios de arquitectura, pero también a familias que desean comprar un terreno o una casa y no saben cómo puede llegar a quedar o qué tanto se puede llegar a aprovechar. Entonces, yo les hago el interiorismo y una propuesta de visualización, pero después quizás no necesitan ni siquiera la aprobación de planos porque es simplemente interior. Todo lo que sea interior no necesita firmar planos. Lo que sí requiere planos es obra nueva o una remodelación grande, donde se vaya a hacer una demolición”.

La arquitectura de Praga | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

¿Cómo vivir juntos?

Una pregunta clave que debe hacerse a la hora de llevar adelante su trabajo es quién se supone que va a vivir en ese sitio, lo cual, según ella misma cuenta, la lleva a reflexionar mucho sobre aspectos de la arquitectura checa que atañen, por supuesto, al plano social.

“Me ha pasado de conocer españoles que se mudaron acá o que se casaron con mujeres checas y, de repente, quieren otro estilo porque los patios se usan diferente: un español no usa un patio de la misma manera que un checo. Un español está todo el verano en el patio, un checo no lo usa tanto. Yo he conocido unas casas que tienen unos patios espantosos, como una piscina ahí muy chiquita y nada más, pero no ese concepto de una parrilla, un quincho, un lugar de reunión con amigos. Y yo creo que el checo es más de ir a la naturaleza y salir y hacer cosas, ¿no? Nosotros un poco sí, pero creo que tenemos mucha esa cultura de venir a casa, hacemos unos mates, comemos algo juntos, hacemos algo en la parrilla, esa cultura más amiguera de invitar a casa, me parece que se da más en el latino”.

Esas raras distribuciones de las viviendas checas

En cuanto a la arquitectura de Praga, Antonella siente mucha admiración por cómo conviven en perfecta armonía distintos estilos arquitectónicos, aunque también aporta una crítica que es, nunca mejor dicho, muy constructiva.

En la Villa Tugendhat | Foto: archivo personal de Antonella Nicolari

“Para mí todavía le falta un poquito de originalidad, yo creo que hoy hay ciudades como Milán u Oslo en las que ves intervenciones de arquitectura moderna mezcladas con lo antiguo, y a mí esa mixtura es la que realmente me fascina. Es como arquitectura moderna al uso de la gente de hoy en día porque... al entrar a una casa acá en República Checa... ¿está balanceada? Las transiciones de espacios son incorrectas: entrás a una casa y tenés la cocina, y después pasás al dormitorio, como que no es muy clara la transición de espacios desde que entras a tu casa. Me ha pasado en un montón de casas de amigas, que de repente tienen la cocina en el pasillo y unos órdenes espaciales súper extraños. Yo eso no lo había visto nunca, es la primera vez que lo veo”.

“Empezaría a tirar paredes, haría espacios más integrados, más de reunión: que no todo sea ‘cierro la puerta’ y me quedo ahí en mi mundo”.
Antonella Nicolari

En definitiva, su opinión en cuanto a la distribución de los hogares en Chequia es que suele haber espacios sobredimensionados y ambientes inexplicablemente pequeños.

“Acá todo es como cajitas conectadas: una habitación con una puerta, un estudio con una puerta, un pasillo distribuidor, todo está como cerradito y en cajitas, todo muy armadito, muy Lego. Los interiores son un poco así. Ahora, si yo pienso en mi casa como un lugar de reunión, donde siempre hay amigos, ¿qué cambiaría? Empezaría a tirar paredes, haría espacios más integrados: cocinas y livings integrados, espacios más de reunión: que no todo sea ‘cierro la puerta’ y me quedo ahí en mi mundo, sino como algo más conectado, más integral”.

Loas a la Casa Danzante

Praga desde el balcón de su casa | Foto: archivo personal de Antonella Nicolari

La misma falta de integración percibe Antonella en la arquitectura contemporánea, a tal punto que afirma que Praga es una ciudad moderna a la que le cuesta asumir esa condición a nivel arquitectónico, salvo por lo que ella considera una serie de manotazos de ahogado como el futuro rascacielos Vrak (El naufragio), que contará con la escultura de un barco oxidado a cargo de David Černý. Antonella critica esa obra por pretender realizar algo moderno sin ninguna sensibilidad, cuando en su opinión debería agregar modernidad a lo que ya existe, algo que encuentra, por ejemplo, en otro emblemático edificio de Praga que, según cuenta ella, es tan famoso a nivel mundial que lo estudió en la carrera de arquitectura de la Universidad de Buenos Aires y fue, de hecho, el primer edificio que tuvo que dibujar a mano alzada: la Casa Danzante.

“Es algo que vino a romper poscomunismo con toda la monotonía de la ciudad. Tiene una intención que es artística. Con un arquitecto que, en ese momento era de vanguardia, que acá en República Checa no había ese tipo de arquitectos, un arquitecto ya famoso, que responde a la modernidad arquitectónica. La modernidad arquitectónica habla de esta ruptura con todo lo que es clásico, con el uso de los espacios de una forma más adaptada a la forma de los cuerpos, con el uso del espacio más relacionado con el vivir, con el habitar. Y ese edificio puntualmente viene a romper con una época de monotonía en una ciudad que ya había quedado antigua en esa época. Es un edificio crítico. Para mí hay que leerlo como un edificio crítico, no como un edificio caprichoso”.

Junto a la Casa Danzante el día que llegó a Praga | Foto: archivo personal de Antonella Nicolari

La Casa Danzante de Praga, que este año cumplió treinta años, fue realizada por dos arquitectos: el croata-checo Vlado Milunić y el canadiense-estadounidense Frank Gehry. No obstante, revela Antonella que existen serias sospechas de que realidad el edificio lo hizo sobre todo el checo, pero como el otro arquitecto era muy famoso le dio también su nombre. Y tanta admiración siente ella por ese edificio que asegura que lo primero que hizo al llegar a Praga fue bajarse del avión, dejar el equipaje y salir a ver en persona esa construcción que tantas veces había visto en imágenes. Otros lugares que le encantan son la Villa Tugendhat de Brno, la Nueva Escena del Teatro Nacional y el WPP Campus Prague en Bubenská 1 por la dimensión de sus espacios y la conexión con las terrazas.

Una arquitecta para extranjeros

Contenta con su actualidad en Praga, Antonella tiene en mente poder convertir todas esas críticas hacia la típica distribución de las casas checas en una iniciativa que perseguirá un enorme objetivo: lograr hacer sentir a los extranjeros como en casa.

“Mi sueño es que la gente se pueda apropiar del lugar en el que se muda, que se sienta cómoda y en casa viviendo en un lugar tan distinto como es República Checa”.
Antonella Nicolari

“Ya lo estoy haciendo un poco, pero me gustaría conseguir más gente extranjera buscando encontrar una vida en República Checa, que yo creo que desde el punto de vista arquitectónico lo veo un poco hostil, siento que hay que adaptar espacios a la gente que viene de afuera a vivir acá y yo lo veo con mi propia casa y el propio uso que le doy a mi casa: si yo tuviera la posibilidad económica, haría algo completamente diferente y me parece que cuando la gente se muda acá busca apropiarse del espacio. Uno viene a una cultura distinta, a un clima que nada que ver, un idioma que no entiende, digo para los que recién llegan. Yo creo que es muy importante que la arquitectura juegue un rol muy piola y muy lindo cuando la gente se muda de país en poder apropiarte del espacio, el espacio en el que vivís, el espacio en el que vas a trabajar, el espacio en el que vas a habitar. Yo encuentro en eso algo muy lindo que tiene que ver con sentirse cómodo en donde vivís. Imaginate: yo mido un metro sesenta y cada vez que paso por abajo una puerta de dos metros y pico, como que no te hace sentir en un lugar amigable y yo creo que esto es lo que me gusta hacer acá: me gusta pensar en espacio para gente que recién llega y que quiere habitar en República Checa trayendo un poco de sí y un poco adaptándose a lo que hay acá porque acá, de repente, el clima es distinto, eso es inevitable: claramente no voy a construir una casa mediterránea porque eso no funciona, pero sí está muy bueno que la gente se pueda apropiar del lugar en el que se muda, que se sienta cómoda y que se sienta en casa viviendo en un lugar tan distinto como realmente es República Checa, para mí eso es un sueño”.

Panorámica de Praga | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

Con ese sueño entre ceja y ceja, Antonella confiesa que, aunque no está del todo conforme con su vivienda actual, hubo un detalle que terminó por convencerla de alquilarla: desde el balcón puede ver, cada día, la hipnótica silueta de la Casa Danzante. Y eso, al menos por ahora, alcanza para hacerla sentir en casa.