Gustavo Santaolalla en Praga: anécdotas y lecciones de un maestro que ha convertido el éxito en su rutina
Gustavo Santaolalla visitó Praga en el marco del Composers Summit 2026 y nos dejó un diálogo increíble. Desde cómo se impuso en los Oscar al “viejo bucanero” de John Williams, compositor de la música de Star Wars y otras cientas de piezas icónicas, hasta sus consejos para tocar el ronroco. Además, la fórmula que a él le ha dado resultado para convertirse en uno de los artistas más consagrados de Argentina.
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En caso de que desistan de escuchar también este consejo, no me quedará otro remedio que intentar contarles a continuación, en un texto mucho menos efectivo, por qué la palabra “increíble” se queda corta cuando intenta abarcar la historia de Gustavo Santaolalla.
Composers Summit 2026
En primer lugar, tenemos que mencionar que tuvimos la posibilidad de hablar con él en Praga, gracias a que fue invitado, como figura central, al Composers Summit 2026, es decir, la Cumbre de los Compositores 2026. Este es el evento más importante de Europa, y tal vez del mundo, que reúne a los compositores de música de películas y videojuegos más prestigiosos. Durante cinco días, los mejores del mundo en este ámbito dan charlas, talleres y conciertos en diversos espacios de la capital checa. Para Santaolalla, las actividades son: una masterclass para estudiantes junto a otro ganador del Oscar, Mychael Danna, una entrevista con Tracy McKnight, y nada menos que el cierre del programa, con un concierto espectacular, con la música de las películas que lo han llevado a la gloria, y además acompañado por la Orquesta Nacional Sinfónica Checa, con cita en el teatro de Karlín, este martes 28 de abril a las 19:30. Allí sonarán también las cuerdas de la guitarra que lo llevaron a obtener su primer Oscar. Sí, no tiene solo uno, sino dos premios Oscar, y además los ha ganado en años consecutivos, algo que lograron solo cinco personas en toda la historia. Pero viajemos a 2006, cuando su nombre aparecía entre los nominados a Mejor banda sonora en estos premios, los más importantes de la industria del cine. Entre los otros candidatos se encontraba un tal John Williams.
Su primer Oscar
Para quienes no lo sepan, John Williams es el compositor de las bandas sonoras de: Star Wars, Tiburón, Jurassic Park, Indiana Jones, Harry Potter, Home Alone (Solo en casa, en España; Mi pobre Angelito, en América Latina), La lista de Schindler, Atrápame si puedes; y la lista sigue hasta casi el infinito. Son esos temas que todos conocemos. Que con un par de notas alcanza para identificarlos. Bien, este señor, en 2006, tenía dos nominaciones. Es decir, entre los nominados estaban él, que aparecía dos veces, Santaolalla, Alberto Iglesias y Dario Marianelli. Para colmo, John Williams venía arrasando en todas las premiaciones previas a los Oscar, gracias a la música que compuso para la película Memorias de una Geisha.
A este monstruo se enfrentaba el músico argentino. En una anécdota magistral, el artista recuerda cómo fue ese momento, que pasó de la derrota anímica a la ilusión, en medio de un destrato de su competidor estadounidense, y que culminó con la gloria absoluta.
“Hay una cosa allá que se llama The Awards Season. Consiste en que, en cierto momento del año, empiezan todas estas premiaciones: los Critics Choice Awards, los Directors Guild Awards, los People’s Choice Awards y muchas más.
Después vienen los BAFTA, que son como los Oscar británicos; luego los Golden Globe, y culmina todo con los Oscar, que es la última gran premiación. Ahí se termina la temporada.
Entonces, la película Brokeback Mountain había tenido un impacto fuertísimo ese año, en todo sentido. De hecho, todavía hoy existe la controversia de cómo no ganó el premio a Mejor Película. Y, por supuesto, fue por el tema que trataba. Era una película que durante diez años nadie quería hacer.
Además, tenía algo muy particular: era una película dirigida por un chino, con música compuesta por un argentino, fotografía de un mexicano y cuyo actor principal era australiano.
Como la película —y especialmente la música— cumplía un rol muy importante, yo venía del año anterior de ganar mi primer premio importante de la carrera: el BAFTA por The Motorcycle Diaries (Diarios de motocicleta). Yo ni siquiera pensaba ir, porque estaba nominado junto a Howard Shore y otros compositores. Imaginate: Diarios de motocicleta era apenas mi segunda película.
Pero me insistieron: ‘Vení, que acá gustó mucho la película’. Así que fuimos con mi señora. Y cuando estábamos entrando al teatro, estaba sonando la música de Diarios de motocicleta. Bueno, ganó Mejor Película y yo gané Mejor Música.
Al año siguiente llegó Brokeback Mountain. Estaba nominada en todos los premios de la temporada. Pero la competencia más fuerte era John Williams con Memoirs of a Geisha.
Entonces iba a todas las ceremonias y siempre era igual: ‘And the winner is… John Williams’. Otra vez John Williams, otra vez John Williams. Era así.
Yo siempre contaba, y era verdad, que la música de la película la hice antes de que se filmara nada. Había compuesto y grabado todo antes del rodaje, y eso lo mencionaba en los reportajes.
Cuando se acercan los Oscar, me nominan también para los BAFTA y otros premios. Voy a los BAFTA y pierdo otra vez con ‘Memoirs of a Geisha’. Siempre ganaba él.
Entonces el manager de John Williams empezó a moverse para tratar de sacarme de la carrera por el Oscar. ¿Por qué? Porque había una ventana de tiempo en la que la música debía haber sido grabada para poder calificar. Si la habías grabado antes de esa fecha, no entrabas.
Como yo decía que la música la había hecho antes —que era cierto—, quisieron usar eso en mi contra. Lo que pasó fue que yo primero había grabado la guitarra, y después grabé las cuerdas. La fecha oficial del score terminó siendo la de las cuerdas, y esa sí entraba dentro de la ventana reglamentaria.
A mí me llamó la atención, porque venía ganando siempre. Pero John era un viejo bucanero. Se la veía venir. Pensó: ‘Mejor lo sacamos del medio’.
La verdad es que yo nunca hice nada por un premio en mi vida, ni por plata. La plata me sirvió para educar a mis hijos, para comprar mejores instrumentos y para muchas cosas, por supuesto. Y sería necio decir que no celebro cuando recibo un reconocimiento por mi trabajo. Pero nunca hice nada persiguiendo eso.
Ahora, este premio era distinto. Siempre digo: están todos los premios del mundo del entretenimiento… y después están los Oscar. Es otra cosa. Es el Everest.
Esa semana yo caminaba por mi casa diciendo: ‘And the winner is John Williams’. Para mentalizarme y no hacerme ilusiones. Para no sufrir ese momento en que enfocan tu cara y anuncian al ganador.
Hasta que llegó el viernes y me dije: ‘No podés ir así. Esto es como pelear con Cassius Clay. Llegaste a esta pelea, a la final de la Copa del Mundo. No podés ir derrotado. Tenés que ir a ganar. Si ganás, ganás. Y si perdés, perdés. Pero así no’.
Entonces pasó algo muy interesante. Los Oscar siempre son los domingos, y el sábado anterior hacen una reunión de la rama musical de la Academia con los nominados, en la casa de un miembro histórico. Siempre es en la misma casa.
Van compositores, gente de la industria… y vino John Williams. Lo trajo Itzhak Perlman, el violinista, como para impresionar a todos. Estábamos los otros nominados: entre ellos Alberto Iglesias, gran amigo mío, que compone para Pedro Almodóvar.
La verdad es que John Williams no tuvo una actitud muy amable con nosotros. En un momento nos sacaron una foto juntos, porque ambos éramos de BMI (representante de los derechos de interpretación pública).
Yo le dije: ‘Maestro, para mí es un honor conocerlo. Lo admiro muchísimo’.
No me respondió una sola palabra.
Y ahí sentí todavía más fuerza para ir a la ceremonia.
Además, es muy gracioso porque te mandan un DVD con el protocolo de lo que va a pasar. En ese video aparece Tom Hanks felicitándote por la nominación y explicándote todo: cómo subir al escenario, que si suben dos hable uno solo, que no te pases de tiempo porque te ponen la musiquita, todo eso.
Yo me estudié todo.
Y me acuerdo que, antes de que empezara la ceremonia, me fui hasta adelante de todo. No sé si alguna vez te pasó de estar sentado en una audiencia y de pronto tener que subir al escenario. Cuando subís, se da vuelta toda la perspectiva. Todo cambia.
Entonces fui, lo medí. Me paré ahí adelante, miré el lugar y dije: ‘Okay… vamos’.
Tomé esa actitud de pensar: lo puedo ganar.
Y bueno, cuando dijeron mi nombre, subí y di el discurso completo. Se me quedó un nombre sin mencionar, pero dije todo lo que quería decir.
Se lo dediqué también a mi madre, a la Argentina, hablé de la película… y fue hermoso”.
Segundo Oscar: Game over.
Luego del éxito de Brokeback Mountain en 2006, llegó el segundo Oscar por Babel en 2007. Solo cinco personas en toda la historia han logrado este premio en años consecutivos. Ni siquiera John Williams se encuentra en esa lista. Sobre este hito, Santaolalla confiesa que adoptó una actitud maradoniana para “meter el gol como fuera”.
“La segunda vez que me nominaron, ahí sí fui con otra actitud. Fui decidido. Dije: ‘Aunque sea con la mano, lo tengo que meter’.
El primer año había ido con camisa blanca y corbata celeste. El segundo año me puse camisa blanca y moño celeste, otra vez con los colores argentinos.
Y además me puse unos calzoncillos con el número 10 de Maradona. Eran azules, como la camiseta alternativa de la Selección, y tenían el 10. Y dije: ‘Aunque sea con la mano lo meto’, por la famosa Mano de Dios.
Y me pasó algo increíble, totalmente espontáneo. Cuando dijeron mi nombre, me paré y me salió solo. Te juro que dije: ‘Game over’.
Como diciendo: se acabó. Se acabó también cierta competencia interna conmigo mismo, porque la más dura de todas las competencias es la que uno tiene con uno mismo.
También tenía que ver con sacarme ciertas dudas. Siempre te queda eso de preguntarte si realmente estás a la altura.
Me acuerdo, por ejemplo, la primera vez que me nominaron a un Latin Grammy, por el primer álbum de Café Tacvba, perdí.
Y en ese momento sentí que se me derrumbaba el mundo. Pensé que esa era mi gran oportunidad, que había llegado hasta ahí y que la había perdido.
Hoy tengo 19 Grammy: 17 Latin Grammy, 2 Grammy anglo y un Lifetime Achievement Award. La perspectiva cambia mucho con el tiempo.
Porque una vez alguien puede decir: ‘Bueno, tuvo suerte’. Un tipo con suerte.
Dos veces, bueno.
Tres veces… ya algo más tiene que haber, además de suerte.
Además, yo no soy de esa gente que vive metida en ese ambiente. No pertenezco al club de Hollywood, ni estoy moviéndome entre los pasillos de los Grammy para ver qué consigo.
Sí tengo buena relación con todo el mundo, claro. Pero no vivo dentro de ese submundo tratando de sacar ventaja. No es así.
Entonces, con lo del Oscar también pasó eso. Una vez alguien puede decir que fue un golpe de suerte. Aunque yo ya tenía el BAFTA, que no es poca cosa.
Pero dos veces ya te obliga a pensar otra cosa.
Y por eso dije ‘Game over’.
Después, pensándolo bien, entendí que todo significaba otra cosa: que había algo en lo que yo estaba haciendo que conectaba con mucha gente.
Eso, simplemente, es así”.
Por supuesto, Gustavo Santaolalla no ganó estos premios de la noche a la mañana. De hecho, su carrera es tan extensa y sus éxitos tan frecuentes que en ocasiones ha tenido que ocultar algunos de ellos porque a la gente no le parece poco creíble que a una misma persona le hubieran pasado tantas cosas. Pero créanme, si existe un artista que sabe de éxito, es Gustavo Santaolalla.
Una carrera más extensa que ir de Ushuaia a La Quiaca
Como breve resumen de su carrera, podemos mencionar que a los 16 años formó la banda de rock Arco Iris en Argentina, de donde tuvo que irse porque en los años 60-70 a las dictaduras que se sucedían en el país no les parecía buena idea que alguien anduviera con el pelo largo y tocando la guitarra. Les daba, digamos, ganas de matarlos. En un sentido tristemente literal.
Su música evolucionó en Los Ángeles, Estados Unidos, su nuevo destino y actual lugar de residencia. Desde entonces, no dejó de colaborar con artistas de renombre internacional. Se enamoró de su instrumento insignia: el ronroco. Viajó desde Ushuaia a La Quica, las ciudades más austral y más septentrional de Argentina, respectivamente, junto a su amigo León Gieco y compuso una canción que lleva el nombre de ese viaje. Tocada, por supuesto, con su inconfundible ronroco.
Productor de bandas y artistas monumentales
Además, fue productor de bandas y artistas como Jorge Drexler, Divididos, Molotov, Bersuit Vergarabat, Julieta Venegas, Juanes, La Vela Puerca, Árbol, Café Tacvba y muchos, muchos más. También creó el grupo Bajofondo.
Y, por supuesto, compuso canciones de películas. Por ejemplo, además de las ya mencionadas Brokeback Mountain y Babel, Diarios de motocicleta.
El mega hit de The Last of Us
Sin embergo, sus éxitos no terminaron allí. Luego de ganar su segundo Oscar y pronunciar aquellas aquel “game over”, era esperable pensar que su carrera había alcanzado el punto más alto y su ambición, un límite. Pero viéndolo en retrospectiva, la verdad es que es hasta irónico que haya pronunciado justamente esas palabras: en 2013, Santaolalla sumó uno de esos mega hits (otro), uno de esos que suenan pocas veces en la carrera de un artista. Y se trató, precisamente, de un tema que vino de la mano... de un videojuego. Así que nada de game over.
The Last of us es un “jueguito”, como lo llama la gente de mi generación, con un historia tan atrapante y compleja que más tarde se convertiría en una serie de televisión (¿todavía le podemos decir televisión?). Por supuesto, la banda sonora de este video juego estuvo a cargo de Santaolalla, que se entusiasmó muchísimo con la experiencia, luego de haber rechazado contratos millonarios que le ofrecieron otros desarrolladores de videojuegos pero que no lo convencieron. Hoy, a millones de personas en todo el mundo, sobre todo jóvenes, se les pone la piel de gallina al escuchar este tema.
Su fórmula del éxito
Con semejante currículum, no podemos dejar pasar la oportunidad de preguntarle a este maestro de la música y de la vida, algún consejo para alcanzar el éxito.
“Primero: disciplina de trabajo. Es importantísima. Por eso siempre menciono una frase de Picasso que dice: ‘Espero que la inspiración me encuentre trabajando’.
Tenés que desarrollar una disciplina de trabajo. La inspiración está muy bien, claro. A veces me levanto a la mañana, agarro un instrumento y sale algo enseguida. Pero otras veces no. No sale, no sale… y quizás recién al día siguiente aparece. Pero lo importante es trabajar.
Segundo: buscar tu identidad. ¿Quién sos? ¿Qué es lo que vos traés a la mesa? ¿Cuál es tu sonido?
¿Qué tenés para decir? ¿Cuál es tu instrumento? ¿Cómo querés expresarte?
Tu identidad es encontrar quién vas a ser vos. No ser este, ni aquel, ni el otro: ser vos. Porque eso es lo único que realmente te va a distinguir.
Y esa identidad también se trabaja. Va cambiando, se va modulando, evoluciona. Pero siempre hay una esencia que estás construyendo.
Entonces, tenés la disciplina de trabajo y tenés la búsqueda de identidad. Y después, algo fundamental: mantenerte fiel a esa visión.
Porque siempre aparece mucha gente que dice: ‘Bueno, ahora voy a hacer esto porque está funcionando. Después hago otra cosa, y más adelante pruebo con aquello’.
Para mí eso es como tomar una salida equivocada en la autopista. Saliste donde no era, y después tenés que encontrar cómo volver a entrar. Mientras tanto, ya perdiste tiempo y llegás tarde a donde ibas.
Estoy convencido de que si tenés disciplina de trabajo, si encontrás y desarrollás tu identidad, si hacés algo que aporta algo distinto y original, y además te mantenés fiel a eso, tarde o temprano algo ocurre”.
Él dice que no sabe leer partituras ni escribirlas, que su forma de recordar la música es grabándola cuando se le ocurre cómo tocarla. Cuando era niño, una maestra de guitarra intentó enseñarle, pero su oído no se lo permitió. Es que no necesitaba leer las notas para tocar. Hablando con él y habiendo escuchado su música tantas horas, y habiendo visto tantas entrevistas que ha dado, me da la impresión de que Santaolalla se concentra en lo que es realmente especial y al resto simplemente no le da importancia. Por ejemplo, en un momento le preguntamos por la afinación de su instrumento insignia, el ronroco, y nos dio una explicación histórica del instrumento, pero dejó en claro que él no se ocupa de eso. El solo toca. Crea. Hace lo que nadie más puede y deja hacer al resto lo que es del resto.
Santaolalla, además, es una persona sensible que no tiene miedo de criticar a cualquier político de turno, en una era en la que eso significa ser odiado instantáneamente. Pero lo hace con respeto, y siempre en un tono de narrador de cuentos. Entre muchos “viste” también dice que le encanta Praga, ciudad a la que vino por primera vez hace casi dos décadas, para presentarse con su grupo Bajofondo en el festival Colors of Ostrava. Luego, en 2024, dio un concierto de ronroco en la Casa Municipal de Praga. Con su concierto con la Orquesta Nacional Sinfónica Checa, este martes en el teatro de Karlín, se cierra un ciclo de presentaciones para él. A esta altura, Santaolalla toca sus éxitos y el público no desea otra cosa. Pero cuidado. Con un gigante así, no hay fin del juego. Que no nos sorprenda verlo triunfando una vez más, con un nuevo hit o un nuevo premio imposible. Algunas personas, muy pocas en el mundo, hacen de lo imposible casi una rutina.








