Castigaban con un consolador y afeitando cejas: los “Cazadores de Pedófilos” van a juicio
Un grupo de jóvenes autodenominado “Cazadores de Pedófilos” enfrenta un juicio por haber organizado ataques contra supuestos agresores sexuales de menores. Una de sus víctimas resultó ser miembro de la Policía checa.
El caso de los “Cazadores de Pedófilos”, un grupo de jóvenes dedicado a rastrear y castigar a posibles agresores de menores, ha vuelto a captar la atención mediática en Chequia, luego de que una de sus víctimas, un agente de la Policía, fuera acusado de abuso sexual en grado de tentativa. Actualmente, varios miembros de este movimiento que buscaba hacer “justicia por mano propia” enfrentan un juicio por su accionar con penas de hasta dos años y medio de prisión.
Primer caso
Los hechos ocurrieron en 2024, cuando dos jóvenes del grupo de los “cazadores” se hicieron pasar por una chica de catorce años llamada Tereza y concertaron una cita con un hombre de sesenta años. En lugar de la menor, al hombre lo esperaban en un bosque dos jóvenes vestidos con ropa de camuflaje y pañuelos cubriéndoles el rostro, que grabaron todo el encuentro.
El hombre afirmó inicialmente que estaba dando un paseo e intentó defenderse, pero, según la investigación que se desarrolló más adelante, los jóvenes comenzaron a golpearlo y lo llevaron fuera del camino, más adentro del bosque, donde continuaron la agresión. Más tarde se descubrió que el agredido era un policía del sur de Moravia. Desde 2024 el agente se encuentra suspendido y esta semana la Inspección General de las Fuerzas de Seguridad (GIBS) anunció que fue formalmente acusado de abuso sexual en grado de tentativa.
Segundo caso
El segundo incidente que se debate en el juicio tuvo lugar unos meses después en otro parque forestal de Praga. Participaron nuevamente los dos jóvenes del primer caso, pero esta vez se les unieron otros seis jóvenes, cinco de ellos menores.
Uno de ellos volvió a hacerse pasar en internet por una chica de catorce años y esta vez el “cebo” atrajo a un hombre de cuarenta y cinco años. También lo golpearon con los puños, le dieron patadas por todo el cuerpo y uno de ellos lo “abofeteó en la cabeza con un consolador de goma”, según describe la fiscal. Tras recibir uno de esos golpes, el hombre cayó al suelo y los jóvenes lo arrastraron y empujaron fuera del sendero hacia el bosque. Como declaró posteriormente uno de ellos, también utilizaron gas pimienta contra la víctima y le afeitaron las cejas.
En el tercer caso no tuvo que ver con la “caza de pedófilos”, sino con una venganza contra un traficante de drogas que supuestamente robó a una mujer, “amiga” del grupo.
Todos los incidentes fueron grabados por la banda y colgados públicamente en redes sociales, principalmente en Telegram, donde el grupo abrió una cuenta llamada Pedo Hunting Czechia.
Tribunal a puerta cerrada
Actualmente, 11 jóvenes están siendo juzgados por el tribunal de distrito de Praga 9 a puerta cerrada, ya que ocho de los acusados eran menores en el momento de los hechos. La fiscal propone para la mayoría de ellos penas condicionales de entre un año y treinta meses, y para uno solicita una pena acumulada de 15 meses de prisión.
El caso ha suscitado un debate en redes social sobre la involucración civil en temas que conciernen a la Justicia, y los peligros y consecuencias de actuar en “buena fe” al margen de la ley. Pavel Schweiner, antiguo agente de Policía y actual especialista en ciberseguridad del proyecto E-bezpečí, analizó el caso en una entrevista con la Radio Checa.
“Yo, ante todo, veo un gran peligro en esto. Aunque los ‘cazadores’ lograran desenmascarar a un supuesto depredador que ataca a menores, todo lo que hagan no puede utilizarse ante un tribunal. Ese es el primer y principal problema: no se trata de pruebas obtenidas conforme a la ley procesal. Es una provocación, y eso no puede emplearse en un eventual juicio, aunque se demostrara que el ‘cazador’ realmente atrapó a un depredador sexual. Entiendo, por supuesto, que a una parte de la sociedad este fenómeno no le resulta indiferente y quiere llamar la atención sobre él. Pero creo que existen vías mucho mejores para hacerlo”.
Por ello, Schweiner incita a cualquier usuario o testigo de un contacto online sospechoso a notificarlo a las autoridades o a alguno de los proyectos que se dedican a estos casos, y describe una situación modelo.
¿Qué hacer ante un contacto sospechoso?
“Si ocurre algo así, lo más importante es no borrar nunca la conversación ni bloquear al agresor en la red social. Puede parecer algo trivial o incluso dar vergüenza consultarlo con los padres, pero pueden escribir a nuestra asesoría o dirigirse directamente a la Policía. El origen del ataque suele estar en algo que uno podría pensar: ‘Es una tontería, no voy a enviarlo para no quedar como un tonto’. Pero muchas veces empieza precisamente así: parece una tontería, y ese es un patrón típico del comportamiento de los depredadores sexuales. Por lo tanto: no borrar la conversación, no bloquear, mantener una comunicación cortés como máximo uno o dos días, y abordar el asunto a través de nuestra asesoría o de otras instituciones o directamente con la Policía”.
Aunque la actividad de este grupo concreto de justicieros ha llevado a la destitución e investigación de un agente de policía checo, Schweiner advierte que actuar al margen de la ley a menudo resulta en actuar en su contra, ya que puede entorpecer el trabajo de las autoridades. A su vez, destaca la dificultad de siquiera reconocer a un pedófilo real.
“Si hablamos de los ‘cazadores de depredadores’ en general —no de los mencionados en la acusación concreta—, suelen ser personas que no son capaces de distinguir entre una comunicación inofensiva y una situación de peligro real, porque no tienen experiencia en ello. Estas personas no saben diferenciarlo y, por eso, con frecuencia se producen acusaciones infundadas hacia alguien, calificándolo de depredador sexual, desviado o pedófilo. Mucha gente busca contactos en internet y, por supuesto, no está bien que contacten con menores. Pero eso no significa necesariamente que lo hagan con la intención de obtener material íntimo. Ese es otro de los peligros: ni un niño ni un joven pueden valorar adecuadamente ese tipo de comunicación. E incluso podrían empezar a comportarse de manera similar. Y lo más importante: esto entorpece el trabajo de la Policía”.
Durante el juicio, los acusados admitieron su culpa y pidieron perdón, a la vez que un amigo suyo ofreció una breve declaración a los medios: “Los chicos admiten la culpa y, por supuesto, saben lo que hicieron y que está en contra de la ley. Pero creemos se hizo algo bueno o, al menos, ellos lo creen”, afirmó. Según el joven, la Policía es “inactiva” en casos similares y por eso a veces es necesario “hacer justicia por propia mano”. Según su opinión, “los cazadores” cuentan con “el apoyo y respaldo de toda Chequia, Eslovaquia y el mundo”.








