“Me emocioné en la Sinagoga Vieja-Nueva de Praga por el extraordinario poema de Borges sobre el Gólem”

Luis Gusmán

Entre su admiración por Franz Kafka, cuyos diarios guiaron sus visitas a Praga, y su relación personal con Jorge Luis Borges, el escritor y psicoanalista argentino Luis Gusmán ha realizado una antología de relatos clásicos ambientados en la mágica capital checa que alcanzó gran éxito y ayudó a difundir la fama de la ciudad, al reunir nombres tan célebres como Jan Neruda, Rilke, Apollinaire, Meyrink y, por supuesto, el propio Kafka.

Cuadro de Kafka realizado por el artista uruguayo Sábat | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

El escritor y psicoanalista argentino Luis Gusmán, nacido en 1944 y autor de obras ya clásicas como El frasquito, En el corazón de junio y Villa, es uno de los narradores más importantes de su generación, a tal punto que cuando el año pasado cumplió ochenta años recibió numerosos homenajes y celebraciones por parte de colegas y periodistas. En entrevista exclusiva con Radio Praga Internacional, este gran amante de los libros contó que, debido a la literatura, siempre había querido conocer dos sitios en todo el mundo: Dublín por James Joyce y Praga por Franz Kafka. A la actual capital checa, de hecho, viajó unas cinco veces: la primera en el año 1979 y la última, nada menos que con su hija, en el año 2003.

Un joven Luis Gusmán con Jorge Luis Borges | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

Nunca me voy a olvidar, y siempre le digo a la gente que viaja, de agarrar la calle Nerudova hacia arriba y luego de cruzar el puente. Siempre hacía todo guiado por los diarios de Kafka; y este cuadro tan especial me lo regaló el ilustrador uruguayo Hermenegildo Sábat; y a mí Kafka siempre me atravesó y lo primero que quería conocer era Praga. Es más, recuerdo que una vez un taxista me dijo que fuera a Budapest que era mucho más divertido, y le dije: ‘no, no, yo quiero ir a Praga’. Y fui en la época más dura, la época en la que estaba el gobierno comunista, era verdaderamente duro, pero, bueno, no me importaba; y recuerdo que golpeaba la puerta de la casa de Kafka todo el tiempo y del otro lado me decían: No Kafka, no Kafka, no Kafka. Y no había nada”.

Kafka como guía de turismo

Tumba del rabino | Foto: Petr Lukeš,  Radio Prague International

Cuenta Luis Gusmán que la diferencia entre esa primera visita y las posteriores fue enorme porque en sus últimos viajes ya hasta había varios bares que llevaban orgullosos el nombre de Kafka y Milena. Es decir que la ciudad empezaba a entender todo lo que representaba en el mundo ese personaje con el que, unas décadas antes, no quería saber nada.

“Fui a la tumba del Rabí Löw y me hicieron pasar a la Sinagoga Vieja-Nueva, y me pusieron la quipá, y en un momento me emocioné tanto que… el Gólem, ¿no? Borges tiene ese poema tan extraordinario sobre el Gólem que reúne todo. Digo, el Gólem, Kafka, para mí era un mundo literario que leía desde siempre. Yo, al lado de la cama, tengo siempre las obras de Borges, Faulkner y los diarios de Kafka”.

Interior de la Sinagoga Vieja-Nueva  | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

Además de considerar que su literatura es totalmente anticipatoria y de convertirlo muy pronto en uno de sus grandes guías en muchos sentidos, Franz Kafka aparece como un tema recurrente en la obra de Luis Gusmán. Especialmente en Kafkas (Edhasa, 2014), un ensayo en el que analiza minuciosamente la figura y la obra del escritor praguense, sin dejar ningún sentido afuera de su investigación.

El golem y el rabino | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

“Yo estaba escribiendo sobre el problema del olor y el olfato en la literatura, y lo que es rarísimo es que Gregor Samsa, el protagonista de La Metamorfosis, ve y escucha, pero se come una manzana podrida, hay basura y él nunca huele. Entonces, digo, ‘qué raro’. ¿Es alegórico? ¿La alegoría no tiene olor? Porque no huele. Sí ve y escucha todo el tiempo. Y la hermana llega a decir, en el cuento, ‘hoy le gustó la comida’. Y cuando muere, el cadáver no tiene olor. Entonces, claramente, es una alegoría, ¿no?”

Kafka y el compromiso con la literatura

En un ensayo mucho más reciente llamado La decisión de escribir (17grises, 2024) en el que Luis Gusmán explora el momento exacto en que alguien “se hace escritor” retoma una de las frases que más lo cautivan de Franz Kafka: “El único consuelo sería: ocurre quieras o no quieras. Y lo que tú quieres solo proporciona una ayuda imperceptiblemente pequeña”.

El escritor argentino Luis Gusmán | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

“Kafka está tan comprometido con la escritura, que con esa frase se está refiriendo, al final del diario, a la muerte. ¿No? Pero es obvio que es literatura porque si vos lees la Carta al Padre es una cosa, pero si lees las cartas a los padres, que él le escribe cuando ya está con Dora Diamant, dice cosas como: ‘¿te acordás cuando íbamos a tomar cerveza, y vos me llevabas?’ Eso no es la Carta al Padre, que es otra cosa. Entonces, me parece que él se encuentra, se registra y hay un compromiso con la escritura y después el humor, el humor que tiene. Aparte no era un santo, con Max Brod se iban con todas las prostitutas que se les aparecía en el camino cuando se iban de viaje”.

Aunque en los últimos años el tema del humor en Kafka se ha vuelto casi un lugar común, como antes eran quizás las ideas en torno a lo opresivo y asfixiante de su obra, lo que destaca Luis Gusmán del humor del autor praguense es, en concreto, cómo lleva lo trágico a un registro casi cómico, lo cual le quita además toda solemnidad.

Presencia kafkeana | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

“Como que Kafka escribe más allá de él, en un punto. Y eso no quiere decir que no administra lo que escribe porque corrige cada cosa y yo tengo todo leído. Lo que más me impresiona es un libro sobre Kafka con diez fotos de él, donde está la verdadera metamorfosis a medida que lo va tomando la enfermedad, cómo le va cambiando la cara. Y era tan lindo, era muy lindo de joven y le va cambiando esa cara. Y esa cara la busqué por Praga, y al barrio que más quise ir es al de los alquimistas, digamos, porque yo sabía que ahí había vivido, más allá de la casa donde está la librería y todo eso. Me imaginaba ahí, viviendo con Ottla. En esa casa tan kafkeana, tan chiquita. Porque él se ocupaba mucho de eso: cuando va a la casa de Goethe, lo primero que se fija es en el escritorio. Entonces, ¿qué era el escritorio para él? Porque para los escritores es muy importante eso”.

En definitiva, lo que cree Luis Gusmán es que el compromiso como escritor de Franz Kafka va mucho más allá de cualquier ideología política.

El caminante de Praga

Antología de relatos de Praga | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

Toda esa experiencia acumulada en tantos viajes a Praga le sirvió también a Luis Gusmán para encargarse de llevar a cabo una antología de Relatos de Praga (Cántaro, 2007), que tuvo mucha repercusión en Argentina y hasta circuló también en otros países de América Latina. El volumen prologado y armado por el propio Luis Gusmán, que forma parte de una colección sobre distintas ciudades míticas del mundo, incluye entre esos grandes relatos ambientados en Praga textos de Jan Neruda, Rainer Maria Rilke, Gustav Meyrink, Egon Erwin Kisch, Gustav Janouch, el ya mítico El caminante de Praga de Guillaume Apollinaire y, como no podía ser de otra forma, un fragmento de los diarios de Kafka que, tal como él mismo reconoce, es por lejos lo que más le gusta de su obra.

“Recorrí la calle Nerudova como si fuera la Avenida Corrientes en Buenos Aires”.

Luis Gusmán

“Es una linda colección que hizo Salvador Marcelo Gargiulo. Estaba Praga, La Habana, París, yo hice también la de San Petersburgo. Entonces, a él se le ocurrió esa colección para la Editorial Cántaro en la que cada escritor elegía una ciudad y yo elegí Praga y San Petersburgo. Bueno, Dostoievski y Kafka. Entonces, los escritores y los libros me han hecho viajar mucho. Y lo que más recuerdo es lo del Rabí Löw por el poema de Borges y de cruzar el puente de un lugar a otro, me la pasaba cruzando el Moldava, agarraba la calle Nerudova y le metía para arriba, y luego volvía como si fuera la Avenida de Mayo o Corrientes en Buenos Aires. Era mi Corrientes”.

La misteriosa mano embalsamada | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

A pesar de no entender nada del idioma checo, Luis Gusmán se las ingenió también para poder visitar algo que no quería perderse por nada del mundo: la mano embalsamada de ladrón que se encuentra en uno de los muros de la Iglesia de Santiago Apóstol en plena Ciudad Vieja. El autor argentino afirma que no podía perderse ese fetiche, cuya leyenda se remonta a varios siglos atrás, cuando un ladrón intentó robar el collar de oro de una imagen de la Virgen María que estaba en el altar principal, pero no pudo llevar a cabo el delito porque, al verlo, la Virgen cobró vida y lo atrapó por el brazo, impidiéndole escapar. Tras descubrirlo y, a manera de advertencia contra futuros hurtos, los monjes decidieron cortar el brazo del ladrón que, desde entonces, permanece colgado en esa iglesia como uno de los amuletos más macabros y curiosos de Praga.

La lengua popular

Además de visitar tan a menudo al fantasma de Franz Kafka, Luis Gusmán tiene el privilegio de haber conocido y conversado varias veces con Jorge Luis Borges. Recuerda arrepentido que en el primer encuentro que tuvieron cometió la torpeza de compararle a Gombrowicz con Conrad (ambos escritores de origen polaco), lo cual hizo que Borges se pusiera muy nervioso porque consideraba al autor de El corazón de las tinieblas uno de los más grandes novelistas de la tradición moderna.

“Borges, al igual que Maradona, era la lengua hablando”.
Luis Gusmán

“Borges es la lengua hablando. A diferencia de Bioy Casares, que vos notabas que te iba a hacer un chiste, con Borges no te dabas cuenta. Una vez íbamos a hablar en una escuela y me preguntó si iba a haber mucha gente y luego si podía tomar algo porque podía llegar a ponerse nervioso le ofrecen tomar algo. Entonces, uno de los directivos le pregunta: ‘maestro, ¿quiere tomar vino tinto o blanco?’ Y él dice: ‘me da lo mismo, si soy ciego’.

Ese tipo de anécdotas que dan cuenta del insuperable ingenio oral de Jorge Luis Borges son tan numerosas que ya han creado algo así como un género en sí mismo.

Jorge Luis Borges | Foto: Eduardo Di Baia,  ČTK / AP

“Uno de los muchachos de la revista se quiso hacer el vivo y le dice: Borges, ¿usted fuma marihuana? Y él se lo queda mirando así y dice: ‘en Paseo Colón, ¿todavía se puede comprar ajenjo?’ Entonces, a diferencia de otros escritores como Fogwill o Bioy, que te iban a hacer el chiste, Borges era la lengua hablando. Es como Maradona, no tiene que ver con la cultura. Cuando Maradona hace el gol y dice que fue la mano de Dios. O luego cuando le preguntan si siente presión, y Maradona responde: ‘presión tienen los que van a trabajar a las seis de la mañana’. O ese señor de San Martín, que cuando muere Maradona, dice, ¿quién era Diego? El que le robaba el trabajo a Dios. Digo, esas cosas van más allá de si leíste más o menos libros”.

Borges y Kafka

Ensayo sobre escritores | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

Además de la famosa bienal Borges Kafka que, hasta la llegada del Covid, se organizaba alternatvamente en Praga y Buenos Aires, otra cuestión que une a ambos escritores es el cuento El milagro secreto de Jorge Luis Borges, cuyo protagonista Jaromir Hladík tiene mucho del propio Kafka. También es muy famoso el artículo “Las pesadillas y Franz Kafka” que Borges publicó en el año 1935 en el diario La Prensa. En ese texto que, de algún modo, inauguraba el impresionante recorrido de Kafka en Latinoamérica, Borges rechazaba la idea tan en boga de considerarlo “simbolista o alegorista” para pensarlo más como “padre de sueños desinteresados, de pesadillas sin otra razón que la de su encanto”.

“La relación entre Borges y Kafka la tomo, a través de una charla que di, en las coincidencias y diferencias de los dos entre el sueño y la pesadilla. También, como un articulador, es muy linda la frase de Joyce que dice que la historia es una pesadilla de la cual no podemos despertar, pero nada de eso tiene que ver con cómo tratan Borges ni Kafka la literatura que, a diferencia de Joyce apuntan a una literatura más fantástica, ¿no? Pero a mí me parece que si hay un texto de Kafka que articula la escritura es La colonia penitencaria que anticipa las inscripciones en los cuerpos de los campos. No hace falta, digamos, que el señor sea tan explícito”.

Es decir que, según Gusmán, ese compromiso literario atraviesa a Kafka desde el primer día hasta el último de su vida, y eso mismo nota también en Borges, del que recerda, de hecho, una frase muy reveladora en ese sentido: “el texto definitivo pertenece a la religión o al cansancio”.

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