Una científica interestelar checa con alma española
Aprender español por su cuenta no solo le abrió a Lucie Kolesniková las puertas de Valladolid, sino que también la catapultó hacia una notable investigación científica: rastrear moléculas en el espacio interestelar.
Aunque tomó clases en distintos centros de idiomas y en un curso que ofrecía su doctorado, la científica checa Lucie Kolesniková tiene el mérito de haber aprendido español de forma autodidacta. Como en el secundario solo ofrecían inglés y alemán, y el español le encantaba, decidió empezar sola. Y al hacer un poco de memoria, hasta cree recordar que el primer contacto que tuvo con el idioma fue gracias a las canciones de Ricky Martin.
“Sí, me acuerdo perfectamente porque siempre me gustó cómo suena y me parece un idioma precioso. Así que primero empecé a estudiar por mi cuenta con un libro y llegué, no sé, al quinto capítulo y luego sí decidí ir a una escuela de idiomas en Praga. Y, pues, surgió la oportunidad de ir a España y ahí fue donde aprendí”.
Física y Química
Además de esa atracción por el español, cuenta Lucie que ya en la escuela primaria le interesaban mucho asignaturas como Física, Química y Biología. Desde muy chica tuvo en claro que se dedicaría a la ciencia, pero no sabía exactamente a qué disciplina. Por otro lado, también le gustaba observar las estrellas, el cielo y los planetas, pero al final se decidió por la Química, debido a las posibilidades de trabajo que ofrecen, por ejemplo, las empresas farmacéuticas. De todos modos, se quedó trabajando en la Universidad de Química y Tecnología de Praga (VŠCHT Praha), la misma casa de estudios donde realizó la carrera de grado, la maestría y el doctorado, especializándose en un tema muy específico.
“Sí, yo me dedico a la espectroscopía, en particular a la espectroscopía de rotación. Y me dediqué a estudiar con esta técnica moléculas estables, pero también inestables, por ejemplo radicales, que son moléculas muy reactivas que pueden sobrevivir unos segundos o menos de un segundo”.
Explica Lucie que su trabajo consiste en obtener información sobre la estructura de esas moléculas en fase gas que van rotando y también averiguar cómo pueden reaccionar entre ellas. Una vez caracterizada esa molécula en el laboratorio, se puede identificar después su presencia en distintos ambientes como la atmósfera o el medio interestelar.
Interestelar
Debido a que esas moléculas tan reactivas no pueden comprarse en una empresa química, hay que prepararlas. Es decir, existen en la atmósfera, en el medio interestelar, pero se necesitan unos métodos muy específicos para poder generar esos compuestos en el laboratorio. Aunque a lo largo de los años su tema de estudio no cambió tanto, aclara Lucie que se fue especializando cada vez más en moléculas presentes en el medio interestelar, ese lugar tan misterioso como distante que la atrae desde muy chica y que hoy visita con frecuencia gracias a unos telescopios especiales.
“Sí, sí, sí. A mí me gustaba mucho esto porque, como yo desde siempre tenía como afición, el universo, la observación y todo eso, cuando descubrí que la espectroscopía de rotación se utiliza precisamente para detectar moléculas en el medio interestelar, pues me quedé súper contenta de poder conectar un trabajo con mi afición. Me pareció maravilloso”.
Por supuesto, el hecho de que su trabajo la apasione no quiere decir para nada que sea sencillo: y es que para dar con las moléculas que se encuentran en ese tan fascinante ámbito interestelar, hay varios pasos que Lucie tiene que llevar minuciosamente a cabo.
“En el medio interestelar o en las nubes moleculares hay muchos tipos de moléculas y muchas de ellas se desconocen. Y, claro, para identificar una molécula en el medio interestelar a distancia, utilizando un telescopio, primero se necesitan datos de laboratorio para saber en qué frecuencias la molécula absorbe o emite. Digamos, hay que medir su espectro, que es su huella dactilar. Y luego, cuando caracterizamos la molécula en el laboratorio, nuestros datos se comparan con los de un telescopio. Y si hay señales en las mismas frecuencias, luego se puede decir que la molécula que medimos anteriormente en el laboratorio está en el medio interestelar. Pero siempre es una colaboración, es una colaboración entre los científicos que trabajan en los laboratorios, que hacen un experimento, y los astrofísicos que utilizan los telescopios o radiotelescopios para medir las señales a distancia”.
¡Eureka!
Gracias a sus investigaciones Lucie ha descubierto ya varias moléculas junto a su esquipo y asegura que cada una se celebra como un gol en el último minuto de un encuentro decisivo.
“Sí, la primera molécula fue una que contenía azufre y es un compuesto que huele muy mal: se llama etilmercaptano y cuando compras este compuesto de una compañía química, pues viene un bote pequeño que está dentro de otro bote, y aún si tienes cinco botes notas que huele a algo. Huele fatal”.
En el marco de ese oloroso caso, los astrofísicos compararon los datos del laboratorio con la información que ellos tenían de una nebulosa en la constelación de Orión. Así fue como encontraron las mismas señales que Lucie había medido, lo cual les permitió confirmar el hallazgo y concluir que Orión huele casi tan mal como el metro de Praga.
“Y luego con el segundo descubrimiento estuve aún más emocionada porque detectamos muchísimas señales de esa molécula. Era isocianato de metilo, que es una molécula que tiene un espectro muy complejo. Tiene muchísimas transiciones, muchísimas líneas, muchísimas señales. Y el espectro es realmente difícil de analizar, así que fue un trabajo en el que colaboró mucha gente: no solo de España, también de Francia, Polonia y Estados Unidos, y al final llegamos a detectar esta molécula en la misma nube, en Orión”.
"Es muy emocionante buscar moléculas que, quizás, participaron en el origen mismo de la vida”.
Lucie Kolesniková
Agrega Lucie que esa segunda molécula encontrada es tan tóxica que, durante un terrible accidente en India, generó numerosas muertes y, desde entonces, dejaron de vender el compuesto. En Orión, en concreto, se han detectado más de 70 moléculas hasta el momento, y seguramente existan muchas más, pero hay otras nubes donde se encontraron ya más de 200. Para plantearlo en términos más prácticos explica Lucie que esas investigaciones son muy importantes para entender la evolución química del medio interestelar.
“Sobre todo es interesante buscar moléculas que pudieran tener relación con el origen de la vida. Porque según algunas teorías hay moléculas prebióticas que son las que pudieron participar en reacciones que llegaron hasta moléculas más complejas, como el ADN. Y esas moléculas pudieron formarse en el medio interestelar y luego llegar a la Tierra a través, por ejemplo, de meteoritos y cometas. Entonces, se busca la relación entre la composición química del medio interestelar, como la fase gaseosa, y también lo que está en los cometas y meteoritos. Y esa es además la parte más emocionante: buscar esas moléculas que, quizás, participaron en el origen mismo de la vida”.
Mitad checa mitad española
Tal como demuestra su excelente dominio del idioma, Lucie se siente en gran parte española y, de hecho, un porcentaje considerable de su desarrollo científico se lo debe a una estancia posdoctoral que, en su momento, realizó en ese país.
“La idea fue ir a España u otro país, también pensé en Estados Unidos, pero al final no salió la estancia allí. Así que salió España, y la idea era ir para un año, y me enamoré de España, y me quedé siete años, casi siete años allí”.
"Me enamoré de España, y me quedé casi siete años allí".
Lucie Kolesniková
Cuando habla de ese momento tan iniciático de su vida a Lucie se le iluminan los ojos porque esa estadía le permitió contar hoy, tal como ella misma dice, con dos hogares. Esos casi siete años los pasó trabajando en Valladolid, una ciudad que la deslumbró aun cuando algunas veces escuchó decir que ahí la gente es quizás más cerrada que en otras partes de España.
“Me parece una ciudad muy cómoda para vivir porque no es muy grande, tiene unos trescientos mil habitantes y yo vivía bastante en el centro. Podía ir caminando al trabajo, no necesitaba transporte público. Así que eso me pareció una maravilla: tardaba veinticinco minutos caminando en llegar a trabajo. Y luego, al revés, al centro, tardaba unos diez minutos caminando. Fue espectacular”.
En cuanto al idioma, cuenta que desde el principio tuvo que esforzarse mucho y hacer uso de todos los conocimientos que tenía porque, al llegar, por ejemplo, descubrió que el personal del departamento administrativo no sabía bien inglés. Por otro lado, si bien las jornadas en el laboratorio con sus colegas empezaban en inglés, muchas veces terminaban todos hablando en español.
“Así que aprendí mucho con mis compañeros de trabajo, también con mis amigos en la calle, y luego también fui durante un año, gracias a que mi jefe me lo permitió, a una escuela de idiomas que estaba justo enfrente del laboratorio donde yo estaba trabajando, y ahí también aprendí algo. Pero cuando entré allí ya tenía el C1”.
Recuerda Lucie que, durante esos primeros años en España, aprovechaba hasta el tiempo de las vacaciones para avanzar con el español: si iba a Canarias, por ejemplo, a la mañana se encerraba en una escuela de idiomas y recién a la tarde se permitía disfrutar de la playa. De ese modo, llegó a conocer casi toda España: Madrid, Salamanca, Sevilla, Córdoba, Granada, Málaga, Cádiz, Cáceres, Gijón, Oviedo, Santander, Burgos, León, Zamora, Valencia, Alicante, Benidorm, Barcelona, pero incluso pequeños pueblos como Ronda. De todos esos sitios asegura que sus favoritos son Salamanca y Madrid, aunque la mayoría de sus amigos son, por supuesto, de Valladolid.
“Yo viajo sobre todo en verano a España porque aquí los estudiantes tienen vacaciones, entonces yo puedo ir a trabajar allí tranquilamente. Pero también voy por la Navidad o cuando hay algún festivo y tengo tiempo, pues voy allí. Y sí, yo tengo como dos casas, sí. Realmente lo puedo llamar así”.
Aunque reconoce que no es nada sencillo porque siempre hay más compromisos en uno de los dos sitios, asegura Lucie que no piensa renunciar a ese sueño que muchas personas en su situación comparten: el de poder llegar a vivir seis meses en Chequia y seis meses en España.








