Este palacio checo alberga 1252 especies de fucsias y se cree que fue un regalo de amor, pero esconde una oscura historia y leyendas increíbles
En el corazón de la región de Zlín, al sureste de la República Checa, se esconde entre colinas y viñedos el palacio Buchlovice, un pequeño trozo de Italia que enamora a sus visitantes con una romántica historia de amor, un valor político importante y una exposición de fucsias con más de 1200 especies.
En Moravia del Sur, a solos seis kilómetros de distancia entre sí, se encuentran dos joyas destacadas de la historia del país. Se trata del bello castillo de Buchlov y del elegante palacio de Buchlovice que visitamos este fin de semana con motivo de la noche de los castillos, una oportunidad única en el año que permite disfrutar de este tipo de monumentos en un escenario idílico, aprovechando un hecho no menor: Chequia es uno de los países con más presencia de castillos en toda Europa.
Hoy en día, el palacio de Buchlovice es conocido sobre todo por su conexión con la Primera Guerra Mundial y por su anual exposición de fucsias (ambos temas que abordaremos más adelante), pero la historia del palacio empieza mucho antes, con una promesa de amor de Jan Dětřich Petřvaldský hacia su mujer Anežka Eleonora. El administrador del palacio, Jan Binder, nos describe la historia.
La historia de Buchlovice
“El palacio de Buchlovice está vinculado al castillo de Buchlov, que es donde originalmente vivía la familia Petřvald, y cuya historia empieza a mediados del siglo XIV. Más tarde, Jan Dětřich Petřvaldský se casó con una mujer de una familia italiana, Anežka Eleonora, a quien, según se dice, le resultaba frío el castillo de Buchlov. Por eso buscaron un clima más acogedor y decidieron construir una residencia de verano aquí, en Buchlovice. Jan Dětřich compró al párroco el antiguo jardín parroquial y comenzó a construir aquí una villa italiana para vivir”.
Por este motivo, se piensa que el inicio de la construcción del palacio a principios del siglo XVIII estuvo estrechamente relacionado con una promesa de amor de Jan Dětřich Petřvaldský y su deseo de construir una residencia agradable y cálida para su esposa. Es también por eso que desde el inicio hubo un cierto énfasis en los jardines que rodean el palacio.
“En ese momento, los jardines no eran tan grandes como lo son hoy, con sus 19 hectáreas. Inicialmente, solo existía un jardín formal de estilo italiano, justo al lado del palacio, y con el paso de los siglos se fueron comprando más terrenos, hasta que el jardín alcanzó el tamaño actual”.
La residencia en estilo barroco y los jardines italianos de Buchlovice sin duda suenan como el regalo perfecto para cualquier mujer de la época. Sin embargo, algunas historias son demasiado bonitas para ser ciertas. Binder señala que, a pesar de que el relato es reconfortante e invita a soñar, es posible que hubiera otras motivaciones por parte de Petřvaldský al momento de mandar a construir el palacio.
¿Un regalo de amor o una bonita historia?
“Se trata más bien una leyenda o historia popular, porque en realidad Anežka Eleonora ni siquiera vivió para ver el castillo terminado. Murió antes de que se concluyera, por lo que nunca llegó a vivir aquí. Fue más bien una idea simbólica. En aquella época estaba de moda, inspirada desde Viena, construir residencias de verano en jardines a las afueras de las ciudades. Es posible que Jan Dětřich, que era un propietario progresista, quisiera tener una villa italiana de este tipo, donde pudiera recibir a sus visitas, realizar celebraciones y demás. Así que creo que la idea era tener un pabellón de caza italiano en medio de los jardines. Pero quedó asociada a su esposa y a la historia de un regalo de amor”.
Mucho más adelante, otro hecho histórico-político llama la atención de los visitantes del palacio. Para ello debemos viajar a inicios del siglo XX, cuando tiene lugar la Reunión de Buchlovice, uno de los antecedentes que desencadenarían la Primera Guerra Mundial.
La reunión que influenció la Primera Guerra Mundial
“Aquí tuvo lugar la llamada reunión de Buchlovice, donde se encontró el ministro de Relaciones Exteriores austrohúngaro Alois Lexa von Aehrenthal con su homólogo ruso Aleksandr Izvolski, y negociaron la anexión de Bosnia y Herzegovina al Imperio austrohúngaro. Se llegó a un acuerdo entre estas dos potencias bajo la condición de que se permitiera el libre paso de los buques de guerra rusos por el Estrecho de los Dardanelos. Sin embargo, el tratado entre ambas potencias nunca se llegó a firmar y, a pesar de ello, el ejército austrohúngaro ocupó Bosnia y Herzegovina por la fuerza. Esto fue celebrado como un triunfo por el Imperio austrohúngaro, encabezado por el entonces ministro de Asuntos Exteriores Leopold II de Berchtold, mientras que Rusia se retiró, sintiéndose marginada. Esta situación fue una de las razones que, más adelante, contribuyó al estallido de la Primera Guerra Mundial”.
Leopold II de Berchtold fue el último en vivir en el palacio, que pasó a manos del Estado tan solo unos años después de su muerte. Aun así, marcó una fuerte huella no solo por el hecho político mencionado, sino también por la reconstrucción moderna del interior del palacio.
“Creo que el interior de nuestro palacio refleja el estilo de vida contemporáneo de su época, ya que no solo residió aquí la familia Petřvald, sino que, a partir del siglo XVIII, el castillo pasó a manos de la familia Berchtold. El último en vivir aquí fue el ministro de Relaciones Exteriores del Imperio austrohúngaro, Leopold II Berchtold, quien mandó reconstruir el castillo dándole la apariencia de una auténtica villa italiana, como las que se construían en las afueras de las ciudades. También lo mandó a remodelar para ofrecer el mayor confort posible, tanto para las visitas que recibía, ya fueran estadistas del Imperio austrohúngaro o amigos de la región, como para él mismo. Por eso, cada dormitorio cuenta con un baño moderno, con agua caliente que sale al girar el grifo, inodoros con cisterna y otros elementos que la convierten en una residencia moderna en todos los sentidos”.
Y aunque el interior del castillo hoy destaca con sus elementos contemporáneos, sus exteriores no se quedan atrás. Y es que en sus 19 hectáreas hoy podemos encontrar: un jardín inglés, un jardín italiano, establos, un refugio para animales domésticos y silvestres y una chocolatería. Además, en esta época del año, se puede ver también otro de los elementos más asociados al palacio de Buchlovice, su exposición anual de fucsias. La jardinera del predio, Lenka Kučíková, nos cuenta su historia.
La exposición de fucsias
“La exposición de fucsias en el castillo comenzó alrededor de 1984. Las primeras exposiciones se realizaban en las antiguas caballerizas, en la parte trasera del parque, y estuvieron allí hasta el año 2004. Desde 2004, la exposición se trasladó aquí, al invernadero del castillo, donde está ahora con su número completo de 1252 especies. Cuando la exposición estaba atrás, en las antiguas caballerizas, solía haber unas 652”.
La colección que se exhibe hoy y está compuesta por 1252 ejemplares cuenta con especies de distintas partes del mundo. Sin embargo, su base tiene un origen mucho más cercano: surge a partir de la disolución de una colección anterior en un jardín botánico en Průhonice, Praga, según cuenta Binder.
“En realidad, todo comenzó en el año 1970, cuando se empezó a disolver la colección que estaba en Průhonice, donde se realizaban algunas pruebas comparativas. La base provino del señor Mráz y del jardín botánico de Praga en Průhonice. Así que, desde 1970 se fue recopilando poco a poco, y las primeras exposiciones comenzaron alrededor del año 1982 o 1984”.
Actualmente, la exposición incluye plantas tanto de República checa como de Estados Unidos, Bélgica, y otros. Kučíková explica que, a pesar de contar con especies de muchos lugares distintos, el cuidado de estas plantas suele ser muy parecido y no demasiado problemático, si se cumplen algunas condiciones básicas.
“Cada variedad tiene sus propias características y particularidades, pero en general a las fucsias les gusta la semisombra y hay que fertilizarlas a menudo. Da igual si son de la República Checa o del extranjero. La planta se ha aclimatado, así que se puede cultivar en todo el mundo, siempre que tenga las condiciones adecuadas para su cultivo”.
Sobre sus preferencias personales, la jardinera revela que su especie favorita es una que no viajó desde demasiado lejos.
“Diría que mi favorita es nuestra variedad checa, Márinka. Pero en general, todas las fucsias son bonitas, cada una tiene su propio encanto. Algunas tienen flores dobles y grandes, otras tienen flores pequeñas, pero florecen más abundantemente. Creo que las fucsias son ese tipo de plantas que encantan a cualquiera”.
Y por si la historia del palacio o la exposición de fucsias no fueran suficientes, también existen leyendas que envuelven al palacio en un aura de misterio. Jan Binder comparte una de ellas con cierta ironía.
“Se cuenta una leyenda según la cual por aquí ronda el perro negro Cerbero, que supuestamente llevaba cartas de amor desde el castillo de Buchlov hasta el palacio, destinadas a la señora del lugar. Aunque, sinceramente, yo aún no lo he visto”.
Así, el palacio de Buchlovice es mucho más que un edificio antiguo; además de su gran valor histórico, donde se observa la evolución desde el Imperio austrohúngaro hasta la Chequia actual (pasando por dos guerras mundiales, el protectorado nazi y el comunismo), y su interés botánico, es hogar, al menos en el plano de las leyendas, de criaturas fantásticas. Y no hay sin duda mejor momento para verlas que durante la Noche de los Castillos, cuando los salones del palacio se iluminan con velas y lámparas, permitiendo a los visitantes recorrerlos libremente y sumergirse en la atmósfera única del lugar. Bajo la luz cambiante de las velas, los antiguos patrones de Buchlovice cobran vida en los cuadros y vuelven al presente a través de las historias que los recuerdan.
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