Ministro de Interior checo ha declarado la guerra a los neonazis

Stanislav Gross

Agentes secretos, cámaras ocultas y aparatos de intercepción "éstas son las nuevas armas que el ministro de Interior checo, Stanislav Gross, tiene previsto usar en la lucha contra los grupos neonazis. Su concepto de "nueva interpretación de la legislación", aprobada por el Gobierno, permite a la policía emplear contra los cabezas rapadas las modernas tecnologías de investigación que hasta ahora sólo se habían permitido emplear en casos de actos criminales de suma gravedad.

El informe del ministro Gross constata que las normativas actuales bastan para luchar contra el extremismo, pero que lo único que hace falta es aplicarlas sistemáticamente. El Gobierno checo ha dado luz verde al Ministerio de Interior y a la policía en la aplicación de todas las medidas que sean necesarias en la lucha contra los movimientos extremistas.

El uso de la técnica facilitará a la policía reunir mayor número de pruebas contra los neonazis. Se prevé que los órganos estatales tengan también la posibilidad de impedir la entrada al país a los extremistas extranjeros, destacó Gross, agregando que para este fin fomentaría el incremento de las competencias de la policía de inmigración y extranjería. Los extranjeros que suelen participar en las reuniones neonazis serían incluidos en los registros de personas no deseadas.

Gross prevé además aprovechar al máximo "todas las posibilidades de la legislación vigente" para impedir que los neonazis se beneficien de la venta y distribución de discos con temática racista. Es que en los últimos tiempos se ha podido comprobar que muchas de las actividades extremistas no persiguen tanto fines ideológicos, sino financieros, explicó el ministro.

Según el nuevo concepto, la policía podrá intervenir incluso en actividades de carácter privado, tales como conciertos de grupos neonazis. El Ministerio de Interior tratará también de aprovechar la legislación para prohibir algunas agrupaciones extremistas.

El pasado fin de semana distintas comunidades judías de la República Checa y la Iglesia Católica criticaron al Gobierno y a la policía por ser demasiado benevolentes con las crecientes manifestaciones extremistas en el país.