¿Medicina de la Antártida? Científicos de Brno experimentan con bacterias del Continente Blanco

Stanislava Bezdíček Králová

Algunas sustancias extraídas de muestras del suelo antártico podrían, en el futuro, ser utilizadas para desarrollar nuevos antibióticos útiles tanto en la lucha contra diversas enfermedades como en la protección de cultivos agrícolas. Así lo plantean científicos de la ciudad checa de Brno.

Las bacterias murieron alrededor del disco con sustancias activas  | Foto: Michal Šafařík,  Český rozhlas

Un grupo de investigadores de la Universidad Mendel de Brno estudia el potencial de ciertas bacterias provenientes de la Antártida para la fabricación de antibióticos y otros fármacos que podrían emplearse, por ejemplo, en el tratamiento de inflamaciones. Estas bacterias también podrían convertirse en una herramienta eficaz contra diferentes tipos de hongos que afectan a las plantas.

Según este grupo de especialistas, está demostrado que, en las extremas condiciones del continente antártico, estos microorganismos compiten ferozmente por los escasos nutrientes disponibles, eliminando a otros microbios. Los científicos checos esperan aprovechar precisamente estas propiedades para aplicaciones médicas y agrícolas.

Stanislava Bezdíček Králová, de la Facultad de Agronomía de la Universidad Mendel, mostró a Radio Checa varias probetas extraídas de una nevera que contenían muestras de suelo y pequeños fragmentos de líquenes, y explicó en qué consisten las valiosas investigaciones que se encuentran llevando a cabo.

Las sustancias activas de la solución capturan el material,  que actúa como filtro. | Foto: Michal Šafařík,  Český rozhlas

“Aquí pueden ver cómo nos llegan las muestras desde la Antártida. Para nuestros fines, necesitamos material tanto de la capa superior del suelo como de entre 5 y 10 centímetros de profundidad. Este suelo se diferencia mucho del que tenemos en nuestro país, ya que contiene muchos menos nutrientes. Los únicos organismos que logran sobrevivir, además del líquen, son las bacterias. Para adaptarse a estas condiciones tan hostiles, las bacterias producen compuestos bioactivos que les permiten eliminar a otros microorganismos y así quedarse con los escasos nutrientes disponibles”.

Los investigadores creen que precisamente estas bacterias tan resistentes podrían ser de gran ayuda para médicos y agricultores en otras partes del mundo.

Petr Špaček, también de la Facultad de Agronomía, trabaja con microorganismos traídos desde el Continente Blanco. Durante el reportaje, el científico muestra una caja de Petri con una masa de color gris, una de las bacterias seleccionadas por el equipo por su capacidad para generar sustancias con alto potencial biotecnológico. No obstante, antes de poder analizar esas sustancias, asegura que es necesario hacer que las bacterias se reproduzcan.

Peter Špaček | Foto: Michal Šafařík,  Český rozhlas

“Para ello usamos medios nutritivos líquidos que vertemos en probetas más grandes. Con una aguja especial introducimos en el líquido una pequeña cantidad de bacterias antárticas, lo agitamos y lo dejamos cultivarse durante varios días. Luego añadimos más, acompañadas de medio líquido, hasta que las probetas alcanzan unos 500 mililitros en total”.

Una vez cultivadas, Stanislava Bezdíček Králová muestra un líquido que ya contiene las bacterias reproducidas. Luego lo reparte en probetas de 50 mililitros y las coloca en una centrifugadora.

“Al centrifugar estas muestras, las bacterias se depositan en el fondo de la probeta, mientras que en la parte superior queda una suspensión que contiene las sustancias producidas por las bacterias”.

El siguiente paso es filtrar este compuesto para separar las sustancias utilizables, que se mezclan con distintos disolventes. De cada combinación resulta una sustancia diferente, que posteriormente debe ser evaluada para comprobar si tiene la capacidad de eliminar bacterias dañinas.

Los científicos checos también están investigando si estos componentes activos tienen efectos contra hongos, virus, células cancerígenas o propiedades antiinflamatorias. Sin embargo, advierten que aún faltan varios años de pruebas antes de que se puedan aplicar estos hallazgos de manera práctica.

Autores: Michal Šafařík , Ivana Vonderková
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