“Los estudiantes hispanohablantes siempre me sorprenden: son capaces de hablar checo en solo unas semanas”
Nacida en Loštice, la ciudad donde se elaboran los célebres tvarůžky que ella adora y recomienda probar, Štěpánka Nárovcová —creadora de la cuenta Czech.unlocked— sostiene que los hispanohablantes tienen una sorprendente facilidad para el checo, especialmente en la pronunciación. En sus clases aprovecha semejanzas inesperadas entre ambos idiomas, como la doble negación y los verbos pronominales, para allanarles el camino desde el primer día y permitirles avanzar con una confianza que, según afirma, no ve en ningún otro grupo de estudiantes.
En un momento crucial de su vida, Štěpánka Nárovcová —la profesora de checo detrás de la cuenta Czech.unlocked— decidió dejar la comodidad de su casa para vivir una experiencia en España. Se fue con un nivel A2 de español conseguido a fuerza de La casa de papel y Duolingo, y regresó con un sólido B1 que ya le permitía expresarse con fluidez.
“Fui de Erasmus a Pamplona, España, y allí aprendí. Quería aprenderlo de una forma natural, así que fui allí de Erasmus y me apunté a dos cursos de español y también busqué amigos españoles. Y creo que la mayoría, o sea, el español que aprendí fue con ellos, más con ellos que en los cursos”.
Una profe de checo especialista en hispanohablantes
Luego, mientras realizaba sus estudios en la Facultad de Educación de Brno, se apuntó a varios cursos de español y volvió dos años después a España, más precisamente a Cortes de Navarra, un pueblo también cercano a Pamplona, donde enseñó inglés en un instituto. Especializada en estudiantes españoles y latinoamericanos asegura Štěpánka que, si bien algunos manuales aconsejan la inmersión total en el idioma, ella le saca provecho a su dominio del castellano a la hora de enseñar checo.
“Si les ayudo con su checo, les ayudo también un poco con su vida, con su vida aquí en Chequia para sentirse más cómodos y más en casa”.
“Sí, intento hablar checo en mis clases desde el principio, pero a veces ayuda bastante darles ejemplos o comparar. Así que allí sí hablamos un poquito en español, pero hay estudiantes que prefieren, por ejemplo, tomar clases en inglés para mejorar su inglés mientras aprenden checo, lo cual es bastante interesante”.
En la actualidad, Štěpánka tiene varios grupos a cargo, aunque también les enseña a parejas. Ella recuerda que la idea de ofrecer clases de checo se le ocurrió gracias a su desempeño como voluntaria en el llamado Erasmus Buddy Program, donde asistía a los estudiantes extranjeros que llegaban a la ciudad de Brno.
“Los acompañaba a ir al médico, a la policía, a veces, y tal. Y lo mismo empecé a hacer también con mis amigos que no hablaban checo. Pero luego me di cuenta de que lo mejor que podía hacer por ellos era ayudarles a mejorar su checo. Así que empecé a hacerlo y luego los seguía acompañando al médico y tal, pero ahora solo a manera de apoyo”.
Así como suele decirse que no hay que regalar el pescado sino enseñar a pescar, Štěpánka descubrió el impacto que tenía en sus amigos ayudarles a mejorar aunque fuera un poco su nivel de checo. Desde entonces, y hasta hoy, anima a todos los extranjeros a dar el salto y no perderse el placer de dominar aunque sea una parte del idioma.
“O sea, si les ayudo con su checo, les ayudo también un poco con su vida, con su vida aquí en Chequia para sentirse más cómodos y más en casa. Así que ya no les acompañaba como traductora, sino más como apoyo”.
Un checo listo para usar
Consciente de lo difícil que puede resultar la gramática checa, Štěpánka organiza sus clases con mucha dedicación y de un modo muy personalizado. Su metodología evita los manuales tradicionales y prioriza, en cambio, las frases cotidianas: el checo vivo y real que los estudiantes pueden usar inmediatamente después de terminar la lección. Y eso mismo, asegura, les da una excelente motivación para seguir aprendiendo al comprobar que su esfuerzo realmente rinde.
“Normalmente la clase empieza con un precalentamiento, que es una conversación: ¿Qué hiciste el finde? ¿Qué tal el tiempo? ¿Cómo estás hoy? Algo así. Y los estudiantes ven una pizarra interactiva donde tienen algunas frases de apoyo que pueden utilizar para aprender cosas nuevas. Y luego aprendemos vocabulario, frases sobre un tema concreto: ir al supermercado. O, por ejemplo, un estudiante me dice: pues la semana que viene, nos visita la familia de mi pareja checa. Vale, pues nos preparamos para eso. O sea, que el no tener libros nos permite más espacio para seguir las necesidades de los estudiantes. Por ejemplo, me comentan una anécdota del supermercado: que por no entender algo, esa persona terminó comprando sin querer un kilo de carne. Y a mí me pasó lo mismo con el salmón en España hace cuatro años porque no hablaba nada, así que los entiendo bien”.
Más presencia que una clase presencial
Explica Štěpánka que, si bien muchas de esas frases y contenidos aparecen también en los manuales, lo que ella intenta hacer es plantearlas enseguida y no atravesar meses enteros de gramática abstracta para enfrentarse a una frase real. Como docente, asegura que eso le permite ser más creativa y no limitar tanto la clase que, dicho sea de paso, siempre es online, una modalidad que, por supuesto, empezó a implementar durante la pandemia.
“Mis estudiantes favoritos son los hispanohablantes porque hay cosas similares que ellos pueden entender en un segundo y me encantan: la diferencia entre saber (vědět) y conocer (znát) o la doble negación que aparece en frases como Aquí no hay nadie (tady nikdo není)”.
“Me encanta preparar las clases en la pizarra interactiva porque eso hace que sean casi como clases presenciales: hay flashcards, los estudiantes mueven y escriben cosas, hay imágenes, hay textos, hay de todo. Así que también les preparo materiales en Canva o actividades online. Bueno, hay de todo. Entonces, al final me parece aún mejor que las clases presenciales porque abre todo un campo de posibilidades y realmente puedes acceder a todo. Porque en las clases presenciales, por ejemplo, la profesora viene con un juego y se lo lleva a su casa, pero un juego online lo pueden jugar los estudiantes en cualquier momento, en su casa, para repasar lo que quieren por su cuenta, es mejor”.
No tan distintos
Y si bien Štěpánka tiene también algunos alumnos estadounidenses y alemanes, aprovecha la oportunidad para hacer toda una declaración que sorprende por varios motivos y tiene que ver con que ella es capaz de encontrar más semejanzas que diferencias entre el checo y el castellano.
“Bueno, no sé si puedo decirlo, pero mis favoritos son los hispanohablantes porque hay cosas similares que me encantan: por ejemplo, la diferencia entre saber (vědět) y conocer (znát); la doble negación que aparece en frases como Aquí no hay nadie (tady nikdo není) que no existe en inglés; o los verbos reflexivos: yo me llamo... (jmenuju se...), etc. O sea, cosas que los hispanohablantes pueden entender en un segundo. No hay que explicar mucho, por ejemplo. Eso me encanta”.
Pero eso no es todo: Štěpánka redobla la apuesta y asegura que los hispanohablantes suelen tener mucha facilidad para aprender checo y eso lo nota, sobre todo, en la pronunciación.
“Los estudiantes hispanohablantes siempre me sorprenden con la pronunciación y cómo pueden hablar después de solo unas semanas. O sea, por ejemplo, después de cuatro semanas ya me están contando sobre su finde, sobre el tiempo…”
Trucos para sobrevivir a la falta de vocales
A su vez, ella tiene consejos fundamentales para que sus estudiantes no caigan rendidos ante la tan mentada ausencia de vocales checas.
“Por ejemplo, no hace falta pronunciar todas las consonantes: conozco muchos checos que dicen ‘Švrtek’ en vez de ‘Čtvrtek’. O luego también ‘Čtyři’, lo cambian a ‘Čtyri’. Así que hay técnicas para pronunciar de una forma más fácil. Y si mis estudiantes tienen problemas con algunas consonantes, les doy una alternativa que es bastante natural porque, por ejemplo, ‘Čtyri’ lo he escuchado más que ‘Čtyři’”.
Asegura Štěpánka que, si bien el checo escrito es mucho más estricto, en la forma oral se permiten bastantes más variantes de lo que suele creerse.
“Puedes elegir. O sea, siempre les digo a mis estudiantes: podéis pronunciarlo como os resulte cómodo. Por ejemplo, la palabra Jestli (si). Y sí, eso me encanta porque les hago descubrir que hay una opción más. Y lo mismo, por ejemplo, con las fechas: es ‘dvacátého třetího června’ (23 de junio), pero justo este fin de semana mi tío dijo: ‘dvacet tři červen’, y me quedé pensando que, a veces, los checos dicen las fechas en una forma básica”.
Problemas de entonación
Admirada, en todo caso, por la facilidad de los hispanohablantes para pronunciar el checo, dice Štěpánka que, por el contrario, una dificultad que suele encontrar con frecuencia radica en el plano de la entonación.
“Bueno, el checo pone el acento en la primera sílaba, pero en español puede ser en la segunda y tal. Así que eso suele pasar con palabras similares: por ejemplo, en checo decimos ‘muzika’, pero los hispanohablantes suelen exagerar ese acento en la primera sílaba cuando, en realidad, los checos no solemos poner el acento de una manera tan visible, tan fuerte. Otro ejemplo es que dicen ‘no’, pero en una manera española porque nosotros también usamos ‘no’, pero más para decir ‘sí’ o ‘vale’, algo así, y los hispanohablantes a veces lo utilizan al final de la frase. Se entiende, pero no es lo natural porque nosotros lo usamos al principio de la frase (‘no, to je dobrý’), pero no al final (‘to je dobrý, ¿no?’)”.
Dispuesta a pulir todo lo que haga falta para que los estudiantes suenen cada vez más “checos”, ella asegura, sin embargo, que los acentos en sí son maravillosos porque remiten, después de todo, a la personalidad y el origen de los hablantes. Štěpánka suele abrir cada dos o tres meses sus cursos, que duran unas diez semanas; y entre sus más nuevos proyectos menciona una posible colaboración para enseñar el idioma nada menos que a la comunidad checa de Texas, donde estuvo viviendo alrededor de un año.
Tvarůžek: un quesito bastante especial
Nacida en Loštice, la pequeña ciudad donde surgió nada menos que el famoso (y apestoso, para muchos) queso Tvarůžek, explica Štěpánka que ella misma trabajó varios veranos como repositora en esa emblemática fábrica.
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“Cuando tenía 16, 17, 18 años, pues siempre trabajaba allí durante el verano y comía el queso y, poco a poco, me empezó a gustar. No sé cómo pasó, porque, bueno, es un queso bastante especial, ¿no? Pero, bueno, es algo de allí, algo cultural, algo que le gusta a toda la gente de allí en la ciudad. Y casi toda la ciudad trabaja allí y están muy orgullosos de hacerlo; y la verdad que fue una experiencia bastante bonita”.
Aunque suelen recibir varias críticas por su olor horrible y su falta de gusto, ella aclara que es importante consumir el queso cuando está maduro porque en ese momento es cuando mejor sabe, y si se come un poco antes o un poco después ya no es lo mismo. Recomienda, entonces, mantenerlo fuera del refrigerador unos días y estar atento al momento en que se ponen más claritos, para recién ahí entrarles.
“También recomiendo probarlo frito, es una especialidad que puedes encontrar en todos los restaurantes en Loštice y me imagino que en Olomouc también. Incluso hay una gelatería que ofrece helado de tvarůžky, hay incluso un museo y cada año se hace una ruta de tvarůžky de 8, 15, 20 kilómetros. Y luego el premio después de toda esa caminata es un pan con tvarůžky”.
En cuanto al olor, Štěpánka reconoce que ya no lo sufre tanto, aunque no queda del todo claro si el motivo es que los fabricantes quisieron mejorarlo o simplemente es ella que se fue acostumbrando.
“Me acuerdo cuando era pequeña que toda la ciudad olía a tvarůžky, ahora menos, casi no lo puedo oler o me acostumbré, no sé, pero creo que es mejor. También me acuerdo que cuando mis padres comían el queso en la cocina, yo no podía estar, no podía estar, era fatal, pero ahora cuando lo comen, lo puedo oler, pero no está tan mal”.
Como no podía ser de otra forma, su gran pasión por esos quesitos la llevó a incluirlos como tema estelar de sus clases y hasta a recomendarlos a sus inocentes estudiantes.
“Me lo comentaron o se los enseñé yo porque hablamos del queso frito y les dije: bueno, hay otra opción. Y les gustó a algunos estudiantes franceses y también a algunos españoles, pero frito, frito. Fresco, no. ¡Creo que esa es la manera!”
Tanta buena onda tiene esta profesora con los hispanohablantes que ya empezaron a contactarla estudiantes desde el otro lado del Atlántico. Y como no siempre es sencillo sortear los obstáculos de la diferencia horaria, está pensando en preparar cursos online, con clases grabadas, y complementar ese formato con una modalidad híbrida que incluya encuentros ocasionales para supervisar el aprendizaje.









