Las olas de calor: un desafío creciente para las ciudades checas
Mientras la primera ola de calor del verano 2025 azota la República Checa, los periodistas de la Radio Checa entrevistaron a las capitales de todas las regiones para conocer las medidas que están tomando, tanto para este verano como para los próximos años, ante unas temperaturas cada vez más altas y peligrosas.
España: ¿modelo a seguir?
Cada verano, países como España enfrentan olas de calor extremas que afectan gravemente la salud pública. Ciudades como Madrid y Barcelona cuentan con planes de acción claros y estructurados para mitigar el impacto de estas temperaturas elevadas. Madrid, por ejemplo, activa un plan anual de prevención durante cuatro meses, comunicándose especialmente con grupos vulnerables como el de los mayores, mientras que Barcelona instala refugios con aire acondicionado y sombreado para que la mayoría de su población tenga acceso fácil a lugares frescos.
Estos protocolos han demostrado ser vitales para reducir las consecuencias negativas del calor extremo. En la República Checa, sin embargo, las ciudades aún están en proceso de desarrollar estrategias similares, aunque la frecuencia y la intensidad de las olas de calor están aumentando rápidamente. Según datos del Instituto Meteorológico Checo, el número de días con temperaturas superiores a 30 °C en Praga se ha duplicado en las últimas cuatro décadas, alcanzando casi 40 días en el verano pasado. Esta tendencia incrementa riesgos de salud como la deshidratación y el empeoramiento de enfermedades crónicas, afectando sobre todo a personas mayores, niños y personas sin hogar.
¿Qué ralentiza el proceso?
Los desafíos que ralentizan una estrategia cohesiva los describe Katarína Svitková, investigadora asociada del equipo Europa Verde de EUROPEUM, centrado en la preparación urbana. “Adaptarse es técnica y financieramente exigente, requiere mucho tiempo, y por eso a menudo se realiza ‘por proyectos’ en áreas seleccionadas. Ni con la mejor voluntad es posible adaptar rápidamente una ciudad entera de forma efectiva. Por eso también son importantes las medidas inmediatas para manejar el calor extremo, al que las ciudades ya se enfrentan ahora. Este verano no será la excepción.”, opina la experta.
Entre estas soluciones rápidas Svitková menciona, por ejemplo, la instalación de toldos para sombrear calles expuestas y parques infantiles, el riego de calles, la instalación de fuentes y otras prácticas que muchas ciudades ya están implementando. También destaca la importancia de la comunicación pública sobre los riesgos de las olas de calor y la publicación de listados de lugares frescos o con sombra. “Se puede aprovechar la infraestructura existente sin necesidad de crear nueva”, explica.
¿Qué dicen las ciudades?
Praga es la ciudad checa que más avanzado tiene su plan para afrontar las olas de calor. En un plan de tres fases, la capital trabaja actualmente en un mapa interactivo que identificará “oasis de frescura” como fuentes, zonas con nebulizadores y parques accesibles a toda la población. Además, planea abrir espacios públicos climatizados para personas vulnerables, incluyendo aquellas sin acceso a aire acondicionado en sus hogares. En última instancia, la ciudad trabaja en un protocolo de crisis, que, al igual que si hubiera peligro de inundación, sigue pasos específicos a los que adherirse. Más allá del protocolo, la ciudad está experimentando también con especies exóticas de árboles, que en un futuro próximo deberían sustituir a aquellos árboles que no aguantan las nuevas temperaturas que arrasan el país en las últimas décadas.
Brno, aunque no cuenta con un plan específico para olas de calor, está tomando medidas operativas como la instalación de nebulizadores y fuentes públicas para mitigar el calor en espacios urbanos. También está implementando el sombreado en parques infantiles y utiliza la comunicación a través de redes sociales para alertar a la población sobre los riesgos asociados a las altas temperaturas. Estas acciones, aunque puntuales, demuestran un creciente reconocimiento de la necesidad de adaptación ante el cambio climático.
Ostrava, la tercera ciudad más grande del país y con una fuerte presencia industrial, también está empezando a integrar medidas de adaptación climática sin un protocolo general. Recientemente ha aumentado las zonas verdes y ha empezado a utilizar el agua de lluvia a su favor, recogiéndola y enfriando las calles con ella.
Por último, Plzeň, conocida por su industria cervecera, tampoco cuenta con un plan específico para las olas de calor, pero cuando las temperaturas superan los 30 °C, despliega vehículos que riegan las calles hasta las 18 horas. La ciudad también mitiga el calor mediante la plantación de árboles y el mantenimiento de estanques o fuentes. Además, promueve la hidratación en eventos culturales y deportivos, ofreciendo agua con limón y menta gratis a través de barras móviles y personal con mochilas de agua que distribuye vasos entre los asistentes. Medidas inmediatas similares las están tomando muchas de las ciudades de República Checa, mostrando así que, si bien no existe de momento un protocolo general con pasos establecidos a los que ceñirse a nivel nacional, el país está progresivamente tomando conciencia del impacto del cambio climático y trabaja en distintas medidas para proteger a sus ciudadanos frente a un clima cada vez más agobiante.
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