La vendimia y la historia del vino en la República Checa

Фото: Вацлав Сигмунд

En la República Checa tiene lugar actualmente la época de la vendimia. A diferencia de las demás bebidas alcohólicas, en los últimos años el consumo del vino en este país ha registrado un aumento del seis por ciento anual, lo que, por ende, se refleja en el incremento de la venta del mosto.

El año pasado, por ejemplo, el consumo de vino per cápita en la República Checa fue de 16 litros. A pesar de que muchos ciudadanos prefieren comprar vinos de mesa importados, por su bajo coste, los verdaderos conocedores de esta bebida prefieren la calidad, como Josef Kubík, catador de vinos, de Praga.

"No soy aficionado a la cerveza, porque tengo un estómago y no un barril. No me gusta sentirme pesado, por lo que prefiero el vino. El vino de calidad superior, por supuesto y mejor el tinto que el blanco. Soy ya un poco mayor y estimo que el vino tinto ayuda a la creación de los eritrocitos en la sangre. Además, junto con ser sabroso, el buen vino tinto lo considero más tranquilo, lo que concuerda con mi carácter".

Josef Kubík niega tener una marca predilecta de vino, afirmando que son muchos los vinos que merecen ser apreciados.

"Difícilmente podría decir que tengo una sola marca de vino predilecta. Pero me gustan especialmente los vinos menos pesados y en la República Checa hay muchos vinos de esa característica, especialmente en la zona sur de Moravia. Son vinos de alta calidad a la vez que de un paladar muy especial".

El cultivo de la vid tiene en la República Checa una larga tradición. Las primeras viñas surgieron en Moravia, región que en la época del Imperio Romano estuvo ocupada por sus legiones.

En las Tierras Checas, a su vez, la historia de la viticultura comenzó a escribirse en el año 892. Según narran las leyendas populares, entonces el príncipe Borivoj festejaba el nacimiento de su hijo. El príncipe Svatopluk del imperio de la Gran Moravia, le regaló una barrica de vino que por aquél entonces era considerado una bebida inaudita. Los paganos checos sacrificaron un poco de esa bebida a una de sus diosas y, después de tres meses de sequía, comenzó a llover, lo que le aseguró al vino una inmensa popularidad.

En cada leyenda hay siempre un poco de realidad histórica y así fue también en el caso de los viñedos en las Tierras Checas. Al convertirse los habitantes de éstas al cristianismo, las viñas fueron ampliándose, debido a que el vino era también utilizado por la Iglesia Católica durante las misas.

Al desarrollo del cultivo de la vid contribuyó marcadamente el rey checo y emperador romano-germánico, Carlos IV, quien en 1358 dictó la ley sobre la fundación de viñas, que ordenaba fundar viñedos en toda zona apta para ese cultivo. Al fundador de una nueva viña se le condonaban los impuestos por un período de doce años, al tiempo que se prohibía importar vinos del exterior.

Según los cronistas, el rey le aconsejó entonces a sus amigos de la nobleza checa: "Dejad a las mujeres y sed partidarios del vino, porque mientras que la mujer con la edad pierde, el vino madura y mejora su calidad". En los años posteriores el vino se puso muy de moda y su consumo fue de 56 litros per cápita anuales.

A principios del siglo XVII el vino se cultivaba en las Tierras Checas en 15 mil hectáreas, aunque más tarde la viticultura checa registró cierta decadencia. Ello se debió a que se habían puesto de moda entonces otras bebidas alcohólicas como la cerveza o el aguardiente de patatas y a que se importaran también vinos más baratos de otras regiones europeas.

Actualmente el vino se cultiva en varias regiones de la República Checa. De mayor fama gozan los vinos moravos, de las zonas aledañas a las ciudades de Znojmo y Brno. En Bohemia las zonas vitivinícolas por excelencia son las que están junto a las ciudades de Melník y Roudnice, al norte de Praga, y Most, al noroeste de la capital checa.

Autores: Ivana Vonderková , Helena Karlasová
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