La ley checa y su deuda pendiente con los femicidios

El femicidio es el asesinato de una mujer por el hecho de ser mujer. Por lo general, se presenta como el hecho final de una violencia prolongada por parte de su pareja. La ley checa no reconoce este tipo específico de homicidio y las autoridades policiales y judiciales tampoco llevan estadísticas al respecto. Radio Praga Internacional habló con Jitka Poláková, directora de proFem, una de las principales ONG del país que ayudan a las víctimas de violencia doméstica sobre los beneficios que una mayor visibilidad en este ámbito podría brindar en temas de prevención y protección.

“Femicidio” es un término más consolidado en el mundo hispanohablante que en el panorama checo. Varios países latinoamericanos han adoptado legislaciones que reconocen la violencia machista de manera explícita en los últimos veinte años. Mientras que es cierto que se trata de un problema mucho más marcado en Latinoamérica que en Europa Central, también Chequia podría beneficiarse de un sistema legal más ajustado a este tipo de delito que, de acuerdo con Jitka Poláková, directora de la ONG proFem, supone la forma más grave de la violencia de género.

"De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, el 35% de todos los homicidios son cometidos por parejas, ya sea actuales o anteriores".

“Muy a menudo, el femicidio está motivado por relaciones personales, especialmente de pareja, y los agresores son, en la mayoría de los casos, hombres. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, el 35% de todos los homicidios son cometidos por parejas, ya sea actuales o anteriores. Con frecuencia se trata de violencia doméstica de larga duración”.

En cuanto a la ley checa, no solo no existe el femicidio como tipificación, sino que no se le da suficiente importancia a la relación que existe entre el perpetrador y la víctima, explica Poláková.

Jitka Poláková | Foto: Zuzana Jarolímková,  iROZHLAS.cz

“Por desgracia, la ley aquí no piensa en eso en absoluto. Si tomo un simple seguimiento de datos, hoy en día es prácticamente imposible descubrir si se trata de un feminicidio o no, porque las estadísticas policiales solo incluyen la información de que hubo algún tipo de relación. Y eso a pesar de que las autoridades policiales claramente cuentan con esa información y no sería un problema obtenerla. Lo hemos criticado repetidamente. Porque necesitaríamos marcar de alguna manera los femicidios para poder analizar lo amplio que es el problema en Chequia”.

En su opinión, el femicidio es un delito que sería muy fácil de monitorear, lo que falta son datos, estadísticas. Poláková explica que el reconocimiento del femicidio en el marco legal no solo arrojaría más luz sobre el tema, sino que también ayudaría a cambiar la manera en la que estos casos son tratados por las autoridades judiciales.

“La violencia de género es un tema muy candente en la República Checa, porque se suele pretender que no tiene nada que ver con el género, que se trata de actos aislados. Muchas veces, el veredicto indica que se trata de una serie de agresiones individuales, no de violencia doméstica. Es lo que ha dictado por ejemplo el Tribunal Constitucional en algunos casos recientes, sabemos de siete u ocho casos de este tipo. Para una mejor prevención, para crear políticas, es clave que esto cambie”.

A pesar de la falta de estadísticas oficiales, las ONG que trabajan con las víctimas de violencia doméstica sí tienen una idea de cuántas mueren a mano de sus parejas, actuales o anteriores, gracias a un monitoreo de los medios. Curiosamente, esto es algo que anteriormente no era necesario, cuenta Poláková.

“La violencia de género es un tema muy candente en la República Checa, porque se suele pretender que no tiene nada que ver con el género, que se trata de actos aislados".

“Es sumamente interesante que, por ejemplo, bajo el comunismo, esta información estuviera disponible, que se le diera seguimiento. Pero con el tiempo, estos datos desaparecieron y no solo en casos de asesinatos, sino también en cuanto a suicidios, por ejemplo. Es decir, cuando una mujer es maltratada durante mucho tiempo y se quita la vida, debido a la situación desesperada en la que se encuentra. Conviene que monitoreemos estos datos. La organización ROSA, que también ayuda a víctimas de violencia doméstica, hace su propio seguimiento a través de los medios de comunicación, donde rastrea los casos de mujeres asesinadas cada año. Y, según las estadísticas que tiene, habría unos 30 asesinatos de mujeres al año. Se trata de una cifra crucial, aunque personalmente creo que en realidad es más alta”.

Poláková no sabe explicar por qué las autoridades dejaron de recoger estos datos, pero asegura que recuperar las estadísticas realmente no supondría mucho esfuerzo extra. Y que la falta de voluntad es difícil de entender.

El femicidio: ¿un crimen de odio?

Lo que la ley checa sí reconoce son los crímenes de odio, es decir crímenes motivados generalmente por prejuicios respecto a características inherentes de las personas como su raza, nacionalidad, orientación sexual o identidad de género. Y mientras que podría parecer que la categoría del género podría aplicarse en el caso de los femicidios, la directora de proFem explica que, en realidad, no es una buena idea.

Foto: Archivo de ČRo

"La violencia de género es en realidad una manifestación del patriarcado estructural que tiene sus raíces en la desigualdad y en estereotipos como los roles de género. Así que creo que es necesario plantear la cuestión de la desigualdad entre los hombres y las mujeres en la sociedad, porque, de lo contrario, no se podrá eliminar la violencia de género. Así que creo que en este caso estaríamos reduciendo la violencia de género a un motivo de odio en lugar de abordar la dimensión social y de poder. En general, el género en el delito debería ser al menos un factor agravante”.

El éxito de una nueva ley sobre la violencia doméstica

El Parlamento checo aprobó el año pasado una nueva ley sobre la violencia doméstica. El mérito fue de NENA, una coalición que reúne a tres organizaciones que ofrecen asistencia y apoyo a las víctimas de la violencia doméstica y sexual: Acorus, proFem y Rosa. Según cuenta Poláková, la nueva legislación brinda muchos cambios para mejor.

“Quiero empezar diciendo que estoy muy contenta, porque esta ley ha supuesto un enorme esfuerzo para las organizaciones asociadas en la coalición NENA, y al principio no teníamos mucha fe en que esto sucediera. La ley entra en vigor el 1 de julio y es única en el sentido de que por primera vez define claramente la violencia doméstica en la legislación checa. Aparece en el Código Civil e incluye la violencia física, psicológica, sexual, económica y de control, la última siendo incluida por primera vez”.

Otra de las medidas que introduce la nueva ley, explica Poláková, es por ejemplo la prolongación del periodo de expulsión del agresor del hogar de 10 a 14 días, lo que es vital porque así las organizaciones tienen más tiempo para trabajar con las víctimas. Por otra parte, la nueva ley también exige a los tribunales que, a la hora de decidir sobre los hijos y la propiedad, tomen en consideración precisamente la violencia doméstica. La normativa prohíbe asimismo las mediaciones entre la víctima y el perpetrador, otro punto que la especialista considera esencial. En general, la directora afirma tener mucha fe en la nueva legislación.

“Esta ley no menciona el feminicidio, pero sí crea un marco para tener en cuenta esta cuestión y puede ayudar con la prevención, ya que brinda una protección más eficaz al tener en cuenta la violencia a largo plazo y el desequilibrio de poder. Así que creo que, aunque no sea explícito, debería tener un impacto positivo”.

La violencia de género no es un asunto privado

En el contexto de la violencia de género viene a la mente el Convenio del Consejo de Europa sobre la prevención y la lucha contra la violencia contra las mujeres y la violencia doméstica, conocido como el Convenio de Estambul. El Gobierno checo firmó el documento en mayo de 2016 y tras casi ocho años de vacilación y una polarización absoluta de la sociedad checa, el Parlamento se negó a ratificarlo en enero de 2024.

Poláková considera que se trató de una oportunidad para el Estado de declarar que considera la violencia de género como algo importante, una que decidió pasar por alto. Según explica la directora, el Convenio de Estambul ofrece un marco complejo que define cómo debería abordarse la prevención, la protección de las víctimas y la punición de los perpetradores si uno quiere hacerlo bien.

“En realidad, compromete a los Gobiernos a formar a policías, jueces, trabajadores sociales, a proporcionar servicios de crisis accesibles, como asilos o viviendas, por ejemplo, y también recopilar y analizar datos, que es algo que falla repetidamente. Contamos con algunas alternativas, no es que no tengamos nada, pero desde luego no son datos sistemáticos. El acuerdo se basa precisamente en la posición desigual de las mujeres en la sociedad y no la percibe como una serie de excesos individuales, y eso, para mí, es lo absolutamente clave dentro del Convenio de Estambul. Así que, en mi opinión, el Estado debería ratificarlo, sin duda, porque sería un paso práctico para abordar realmente la cuestión. Y también mandaría una señal de que no se trata de un asunto privado, sino de un problema social, público. En la República Checa, estamos cumpliendo algunas partes del convenio, pero su ratificación brindaría resultados mucho más sistemáticos. Un enfoque más sistemático y global”.

Concienciar a la población

Mientras que las organizaciones que ayudan a las víctimas de la violencia de género se pueden apoyar en la nueva ley mencionada, esta no lo ha resuelto todo. El sector se enfrenta a diferentes desafíos, sobre todo en temas de financiación, afirma Poláková.

“Lo que hace falta es, sin duda, un apoyo a los servicios especializados, porque no podemos admitir que tenemos este problema aquí y no hacer nada al respecto. En realidad, las ONG llevan mucho tiempo lidiando con una falta absoluta de financiación y con la imprevisibilidad de las finanzas. Un año sabemos que cubriremos el presupuesto, el siguiente no, así que creo que para la profesionalidad del sector sin ánimo de lucro y de esos servicios, sería de gran ayuda. Y luego es clave, por supuesto, la educación, la inversión en la prevención, la formación de los agentes de policía, los jueces e incluso los médicos, el personal sanitario, para que sepan cómo comportarse. Eso es algo que ayudaría. Y luego campañas dirigidas al público. El rechazo de la violencia como tal, la tolerancia cero, son sin duda pasos que deberíamos dar como sociedad”.

Las estadísticas son implacables. De acuerdo con datos recogidos por proFem, una de cada tres mujeres y uno de cada nueve hombres han sufrido violencia doméstica en Chequia, dejando, lamentablemente mucho por hacer a las organizaciones como proFem, que celebró su treinta aniversario en julio de 2024.

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