Huella checa en el Artemis II: sensores hechos en Praga miden la radiación cósmica en viaje a la Luna

El equipo de la misión Artemis II

Todo el mundo tiene los ojos puestos en la misión espacial Artemis II, con destino a la Luna. Pues bien, dicha hazaña científica también tiene sello checo, ya que sensores fabricados en Praga son utilizados para medir la radiación espacial y garantizar la seguridad de la tripulación.

“Tres, dos, uno. Encendido. Despegue. La tripulación del Artemis II ahora viaja con destino a la Luna”.

Se trata del primer viaje a la Luna desde 1972. Más de 50 años han pasado. Ida y vuelta aunque sin alunizar, para preparar futuras expediciones que sí lo harán. Entre medio se ha batido el récord de distancia con la Tierra en un viaje espacial, lo que sucedió el lunes. 400 mil kilómetros. Ya cruzaron también el lado oscuro de la Luna.

Foto de la misión Artemis II.  A la izquierda se encuentra la cara oculta de la Luna,  que no podemos ver desde la Tierra.  | Foto: NASA

Y hay tecnología checa involucrada, por supuesto que sí, no podía faltar. La huella checa en la misión espacial Artemis II es muy importante. “Nuestros sensores en la nave Orion miden la radiación del clima espacial”, afirma el físico Jan Jakůbek, fundador y uno de los jefes de la empresa Advacam, que ha suministrado a la misión Artemis II con seis chips sensores que forman parte del corazón de HERA, el Hybrid Electronic Radiation Assessor, el sistema de monitoreo que protege y avisa a los cuatro ocupantes de la nave Orion de niveles peligrosos de radiación cósmica.

Jan Jakůbek | Foto: Vojtěch Štantejský,  iROZHLAS.cz

En conversación con Radiožurnal, Jan Jakůbek explica en qué consiste el aporte checo a la misión Artemis II.

“Nuestros sensores se utilizan para monitorizar lo que se conoce como meteorología espacial. Se trata de radiación ionizante, que tiene muchos componentes diferentes. Algunos son menos peligrosos, otros más. Es fundamental distinguir la cantidad de cada componente y determinar correctamente el nivel de peligro para los astronautas y los sistemas electrónicos a bordo. Originalmente, empezamos a suministrar nuestro propio sistema a la NASA, porque necesitaban integrarlo en sus sistemas, colocarlo en su caja electrónica y lo llamaron HERA”.

Cómo funciona el sistema HERA de protección contra la radiación es un poco más complicado de explicar, pero Jan Jakůbek lo intenta.

“En pocas palabras, nuestros detectores son en realidad cámaras, y cada partícula deja una huella en la cámara. Basándonos en la forma y la intensidad de esa huella, podemos determinar qué tipo de partícula es, de dónde proviene y cuán peligrosa podría ser tanto para los equipos electrónicos como para la tripulación. Anteriormente, los detectores utilizados no podían distinguir con tanta claridad los componentes individuales, por lo que no podían determinar correctamente la peligrosidad de la radiación. Ahora sí podemos. Y además podemos determinar la dirección de la radiación y, por lo tanto, indicar cómo deben protegerse la tripulación y la propia nave espacial. Por ejemplo, se pueden girar los motores hacia adelante para protegerse de la radiación peligrosa”.

Además, Jan Jakůbek sostiene que la información dosimétrica que proporcionan sus sensores es tan detallada que aún no han sido utilizados completamente.

“La información es tan detallada que la NASA aún no ha aprovechado todo su potencial. Hasta ahora, habíamos suministrado nuestros sensores tanto a la NASA como a la Agencia Espacial Europea, pero ubicados únicamente en órbita terrestre, y no nos habíamos aventurado fuera del campo magnético terrestre. Esta es la primera vez que determinamos la composición del clima espacial, o mejor dicho, la composición de la radiación fuera de la Tierra y cerca de la Luna”.

La relación entre la empresa Advacam y la NASA se remonta a hace más de quince años, pero como informó Jan Jakůbek, esta es la primera vez que los sensores salen de la órbita terrestre.

Toda la misión del Artemis II debería durar 10 días en total. La nave ya ha pasado el ecuador de la misma, ya dejaron atrás el peligroso y mítico lado oscuro de la Luna. El despegue fue el 1 de abril y el aterrizaje está programado para el 10 de abril próximo. Y para protegerlos de la radiación cuentan con la siempre fiable tecnología checa.

Autores: Vladimír Kroc , Gonzalo Núñez | Fuente: Radiožurnál
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