Hace 25 años ocurrió la mayor quiebra bancaria en la historia de Chequia

Cola de gente ante el Banco Postal y de Inversiones (IPB) el 16 de junio de 2000.

El colapso de la tercera mayor entidad financiera del país, la Investiční a Poštovní banka, culminó en junio del año 2000 con intervención policial, pérdidas millonarias y consecuencias judiciales que se arrastraron durante años.

Foto: Česká televize

En junio del año 2000, largas filas de personas se formaron frente a las sucursales de la Investiční a Poštovní banka (IPB). La incertidumbre, alimentada por rumores de una posible quiebra, llevó a miles de clientes a retirar apresuradamente sus ahorros. En cuestión de días, la situación se volvió insostenible: la IPB, entonces la tercera mayor entidad financiera de Chequia, colapsó estrepitosamente. Así comenzó el mayor quiebre bancario de la historia del país.

El origen del desastre se remonta a los años noventa, cuando tras la Revolución de Terciopelo, el sistema bancario checo vivió un crecimiento acelerado, pero también caótico. Se concedieron préstamos sin suficientes controles y la IPB invirtió en empresas privatizadas que luego no pudieron devolver sus deudas. En 1998, la entrada del banco japonés Nomura como inversor estratégico parecía prometer estabilidad, pero trajo consigo operaciones financieras cuestionables. Una de ellas fue el polémico proyecto “České pivo”, vinculado a la transferencia de la cervecera Plzeňský Prazdroj.

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El pánico de los clientes y la retirada masiva de fondos en junio de 2000 provocaron una crisis de liquidez que dejó al banco al borde del abismo. El 16 de junio, el Estado tomó cartas en el asunto: impuso una administración forzosa sobre la entidad y envió a fuerzas de la Policía a su sede central para asegurar el control. En cuestión de días, la IPB fue absorbida por ČSOB, que la compró por la suma simbólica de una corona checa. Sin embargo, el Estado tuvo que hacerse cargo de los colosales agujeros financieros de la entidad.

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El coste total de la operación superó los 150 mil millones de coronas, una carga que recayó directamente sobre los contribuyentes checos. Además, siguieron años de litigios judiciales con Nomura y otros antiguos responsables, que incluyeron procedimientos de arbitraje internacional. Aunque Chequia terminó pagando a Nomura más de 3,6 mil millones de coronas como compensación, muchos consideraron que fue precisamente la mala gestión de dicho inversor lo que precipitó el colapso.

La caída de la IPB se convirtió en un símbolo de los excesos y errores de la transición económica de la década de los noventa: una época de crecimiento vertiginoso, regulación laxa y decisiones políticas controvertidas que marcaron profundamente el desarrollo del sistema financiero checo. Sus secuelas se sintieron durante muchos años después.

Autor: Klára Stejskalová | Recursos: ČTK , iRozhlas
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