¡Es un afano, suspéndanlo! La histórica goleada 6-1 de Checoslovaquia a Argentina contada por el hombre que más mundiales vio en su vida
Existe un lazo muy curioso entre Chequia y Argentina: la histórica goleada por 6-1 que la selección checoslovaca le propinó al actual campeón del mundo en Suecia 58. Aquel histórico partido contó además con un espectador de lujo, el legendario comentarista argentino Enrique Macaya Márquez que fue premiado por la FIFA por haber cubierto 17 mundiales en forma consecutiva, comenzando, justamente, por esa primera experiencia que, en Argentina, se la conoce nada menos que como el desastre de Suecia.
Del histórico partido que Checoslovaquia le ganó 6 a 1 a Argentina en Suecia 1958 ya no quedan sobrevivientes. Existe, sin embargo, una autoridad indiscutida para hablar de aquel partido que significó la peor goleada sufrida por Argentina en la historia de los mundiales, a tal punto que se la conoce como el desatre de Suecia. Esa persona es el legendario comentarista argentino Enrique Macaya Márquez, quien detenta el récord de ser el periodista con más mundiales cubiertos en forma consecutiva, lo cual motivó nada menos que la entrega de un premio por parte de la FIFA en 2022. Es que incluyendo el mundial de Catar, Macaya Márquez llegó a cubrir en forma ininterrumpida nada menos que diecisiete mundiales, siendo el primero, justamente, el de Suecia ’58, que él mismo califica como un hecho accidental y una verdadera sorpresa ya que la radio para la que él trabajaba le avisó a último momento que iría.
“Al día siguiente teníamos los pasajes. Y, bueno, se dio un viaje que yo no tenía ni pensado, ni calculado, ni tenía experiencia en hacerlo. Era un avión DC-7 que paraba en todos lados. Un viaje larguísimo, pero para mí era emocionante, una experiencia nueva. Así arrancó la cosa. Yo parecía la selección Argentina, después me iba a dar cuenta de eso. Y digo que parecía la selección argentina por lo improvisado y por lo pronto que quería tomar decisiones”.
Con solo veintitrés años de edad, el debut de Macaya Márquez en mundiales se pareció bastante a una odisea. El primer obstáculo fue que un representante deportivo los iba a pasar a buscar a él y a su compañero a Hamburgo, pero una vez a bordo se dieron en cuenta de que el avión se dirigía, en realidad, a Frankfurt. Revela que a raíz de eso tuvo que aprender un alemán básico en el mismo vuelo para poder sacar los pasajes en tren a Hamburgo. Desde ahí fueron a Dinamarca y luego hasta Malmö, donde concentraba la selección Argentina. Cuenta Macaya que el predio estaba en tan malas condiciones que los brasileños lo habían desechado antes.
Crónica de una goleada anunciada
“Los checoslovacos mezclaban el estilo europeo con algunas características técnicas de los sudamericanos”.
Enrique Macaya Márquez
A casi 67 años de ese primer mundial que tuvo que ir a cubrir, dice Macaya que hoy puede recordarlo con una sonrisa, pero confirma que fue todo muy difícil. La confianza de la selección argentina era enorme porque venía de ganar el campeonato sudamericano el año anterior. Sin embargo, recuerda Macaya que en esa copa habían brillado, por ejemplo, Humberto Maschio, Antonio Angelillo y Enrique Omar Sívori, conocidos como el tridente de 'Los Carasucias', que no participaron en el mundial de Suecia 1958 porque acababan de ser transferidos a clubes italianos. En consecuencia, su lugar fue reemplazado por jóvenes del ‘ámbito local’. De todos modos, el verdadero problema de ese equipo era, según Macaya, la falta de trabajo.
“Había un desprecio por el conocimiento. No había gente que entendiera bien de qué se trataba un evento futbolístico de esa naturaleza porque se subestimaba todo. Yo trabajaba con Miguel Ángel Merlo, que era un periodista que escribía también en un diario y él llevó una traducción de la revista France Football al lugar de entrenamiento y lo sacaron corriendo. ¿Cómo? ¿Para qué? La traducción de France Football era sobre cómo jugaban los alemanes, que era el primer rival de los tres que iba a tener que enfrentar Argentina”.
En el partido debut, Argentina pierde con Alemania por 3 a 1. Luego quedaría eliminada, en el último lugar del grupo, tras ganar con Irlanda del Norte y volver a perder, en este caso por escándalo, en el último encuentro frente a Checoslovaquia. Lo curioso es que pese a haberle propinado a la selección argentina esa tremenda goleada que también es la mayor en la historia de su participación en copas del mundo, la selección checoslovaca tampoco pudo pasar de ronda tras perder 2-1 en un partido desempate frente a Irlanda del Norte. No obstante, había dejado con su fútbol una imagen totalmente distinta.
“A mi me quedaron grabados algunos nombres como Ladislav Novák, Milan Dvořák, Ján Popluhár y Josef Masopust que era muy conocido, pero era un tiempo en el que nosotros no sabíamos que existían no solo las selecciones sino tampoco los países, y aquellos dirigentes que tenían la obligación de conocer más también estaban alejados de todo eso. Y cuando nosotros vamos a jugar ese partido, a mí que me entusiasmaba tanto el fútbol, veía una diferencia total entre ambos equipos”.
Estilo europeo con técnica sudamericana
Recuerda Macaya que en ese mundial de Suecia ‘58 que terminaría ganando la selección de Pelé y Garrincha aparece el 4-2-4 creado, justamente, por los brasileños, quienes inventaban así la figura del cuarto zaguero. A pesar de la cercanía geográfica asegura Macaya que en Argentina no había ningún conocimiento de esas innovaciones tácticas, mientras que los rivales, en el otro extremo del mundo, sí parecían estar mucho más interiorizados en ese aspecto.
“Fue un robo, ese partido fue un robo, uno lo veía en la cancha y se daba cuenta”.
Enrique Macaya Márquez
“En Centroeuropa, que de eso se trata, se jugaba muy bien; los equipos húngaros, por ejemplo, con Ferenc Puskás y demás eran muy famosos y los checos heredaron toda esa cultura futbolística y jugaban también con rapidez, con velocidad, tenían la mezcla del estilo europeo con algunas características técnicas que teníamos los sudamericanos. En consecuencia, yo me puse a ver el partido y a comentarlo, y veía cómo esos jugadores que, en su momento, habían subestimado a aquel periodista diciendo que ellos jugaban ya de determinada manera, veían pasar la pelota, no podían sacarle la pelota a los adversarios, que tenían una absoluta y total definición, una gran claridad y un fútbol que incluso hoy en día sería moderno”.
En otras palabras, la falta de conocimiento y también de roce con clubes de otros países, sumado al desprecio por intentar conocer un poco cómo jugaban los rivales significó un coctail fatal que el equipo checoslovaco supo capitalizar muy bien, aquel 15 de junio de 1958, con una mezcla de técnica y capacidad física. Y aunque a veces los resultados tan abultados pueden ser un poco mentirosos respecto al trámite del juego, este no parece ser el caso teniendo en cuenta que Checoslovaquia dominó desde el principio, hizo el primer gol a los 8 minutos del primer tiempo y se fue al descanso ganando ya 3-0. En la segunda parte, Argentina descontó con un gol de penal convertido al minuto 65, pero Checoslovaquia sentenció el juego sin piedad al convertir tres tantos más.
“No, fue un robo, ese partido fue un robo, uno lo veía en la cancha y se daba cuenta. Y a mí me alarmó porque yo me di cuenta enseguida de lo que pasaba en cuanto a la diferencia que había de fuerza, de capacidad y de técnica. Y los jugadores argentinos sorprendidos, sorprendidos por todo: no tenían información, no sabían cómo jugaban los adversarios, no tenían la menor idea de qué tipo de competencia estaban desarrollando y se trataba de un equipo formado, prácticamente, a último momento”.
Agrega Macaya que si bien habían llegado a Argentina varias comunidades centroeuropeas, el común de la gente no sabía nada de ellas. Él, por ejemplo, creció en la parte sur del barrio porteño de Flores, cerca de la casa de Alfredo Di Stéfano, ese gran futbolista conocido como 'la saeta rubia' que se convirtió en una de las grandes leyendas del fútbol de todos los tiempos y en un verdadero ícono del Real Madrid. Macaya jugaba al fútbol con él en la calle y también tiene otro recuerdo futbolístico muy grabado de aquella época.
“Había cerca una especie de asilo y recuerdo que vino un grupo grande de croatas que se exiliaron ahí y jugaban en los potreros (terrenos baldíos) de la calle Dávila, donde ahora está todo edificado, y no se les podía ganar; y ese era el único dato, la única referencia que teníamos del fútbol centroeuropeo. Y además a nosotros no nos interesaba el conocimiento: cuando Argentina pierde con Alemania en el partido debut de la Copa del mundo mandaron a un dirigente a espiar a los siguientes adversarios, un dirigente que no tenía la menor idea de cómo se jugaba. Esa es, en resumen, la pequeña historia del debut de Macaya en el mundial, de la presentación de Argentina y del contacto directo con el fútbol del centro de Europa. Yo lo amplío todo, pese a la división de países que vino después porque han seguido siempre con la misma cultura”.
El señor de los mundiales
Reconocido por haber trabajado en diversos medios de comunicación y, sobre todo, por haber conducido el icónico programa Fútbol de primera desde su inicio en 1985 hasta su última emisión en 2009, desde aquel debut nada sencillo, Macaya Marquez no faltó a ninguna cita mundialista. De hecho, publicó un libro al respecto que se llama Mis mundiales. De Suecia 58 a Rusia 2018. Por supuesto tampoco faltó al mundial de Catar 22, donde de hecho recibió aquel premio de la FIFA por ser el periodista con más mundiales cubiertos en forma consecutiva. Sin embargo, pese a sentirse muy reconocido, él no deja de tener los pies en la tierra y, en su caso, ni siquiera es por falsa modestia.
“Pero esto es accidental ¿eh? Puede llegar a haber en parte un mérito que uno ha tenido como periodista, pero por otro lado la circunstancia, la casualidad: los mundiales se juegan cuando es invierno en Argentina y yo no estaba ni siquiera resfriado. Es decir, se dieron muchas cosas a favor, y bueno, a veces uno dice que es el destino porque no puede explicar determinadas cosas, y realmente acá hace pensar que sí, que lo fue”.
De todos esos mundiales no duda en decir que el que más lo marcó fue el de México 86, aunque en su caso lo emocional no deja de estar muy vinculado a lo profesional. Agrega que lo vivió de un modo muy intenso porque iba a todos los entrenamientos de la selección argentina, comandada en ese entonces por el doctor Carlos Salvador Bilardo. De ese modo, estaba muy al tanto de cómo quería jugar el equipo, qué era lo que buscaba el técnico y todo lo que podía darles la rutilante figura de un Diego Armando Maradona en absoluto estado de gracia.
Aprender de los errores
Lo interesante es que ese récord casi inalcanzable de 17 citas mundialistas de Enrique Macaya Márquez recorre un arco completo que va desde el fracaso argentino en Suecia 58 hasta la tercera copa mundial ganada por su selección mayor en Catar, un plantel liderado por Lionel Scaloni que, por primera vez en mucho tiempo, en lugar de depender tanto de individualidades, fortaleció la idea de equipo.
“Sí, es verdad, no lo había pensado. Es verdad, es muy importante. Y pasé de todo, también pasé por el purgatorio también; es decir que hice todo: el purgatorio, el cielo pero también el infierno. Así que tengo las tres estaciones”.
Con su más que autorizada voz en el tema, Enrique Macaya Márquez expresa su desacuerdo con la tendencia a organizar mundiales en varios países, argumentando que esto exige demasiado esfuerzo del público, que debe trasladarse en pocos días a lugares muy distantes. Sobre la eterna comparación entre Maradona y Messi, asegura que no hay motivo para elegir entre ambos, aunque aclara que siempre admiró a Alfredo Di Stéfano, un jugador completo que, en su opinión, fue el gran modelo de Johan Cruyff. Macaya destaca que, además del juego colectivo, la selección argentina ha logrado importantes avances en aspectos cruciales como la planificación, un progreso que, a su modo de ver, se debe también a los golpes sufridos, siendo el 'Desastre de Suecia' frente a Checoslovaquia uno de los más duros y recordados.
“No nos vamos a poder entender tan fácilmente porque yo, lamentablemente, no hablo otro idioma que no sea el español o por ahí el inglés, a duras penas. Pero quiero mandarles un saludo a Radio Praga, mandarles, realmente, un mensaje muy cordial: nuestro reconocimiento y nuestro agradecimiento porque, por más duro que sea deportivamente un resultado, creo que deja sus enseñanzas”.








