De los azotes al agua helada: ¿hay diferencias entre las tradiciones pascuales de Chequia y Eslovaquia?

"Señorita, ¿me da permiso para azotarla?"

A pesar de tratarse de dos países tan hermanados, existen algunas diferencias en las formas en que checos y eslovacos celebran la Pascua, incluyendo la siempre polémica tradición de azotar a las mujeres con una vara de sauce trenzada (pomlázka). En esta entrevista, una eslovaca que vivió en Chequia y habla perfectamente español echa luz sobre estos interesantes contrastes. 

Pascua checa y eslovaca | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

Es difícil encontrar en todo el mundo otro caso de dos naciones tan hermanadas como lo son Chequia y Eslovaquia. Tras haber formado parte del mismo país desde 1918, se separaron pacíficamente en 1993 en lo que se conoce como el Divorcio de Terciopelo.

Desde entonces, y más allá de alguna turbulencia diplomática, vienen manteniendo una relación muy cercana en términos culturales, históricos y económicos. Y aun así pueden encontrarse algunas diferencias en la modalidades bajo las cuales checos y eslovacos celebran la Pascua. Incluyendo nada menos que la siempre polémica tradición de la pomlázka, una vara de sauce trenzada que se utiliza para azotar a las mujeres en el trasero, con el supuesto propósito de desearles buena salud durante todo el año.

“Ellos tienen solo los azotes con las varas trenzadas (pomlázka) y nosotros también los tenemos, pero acompañados, además, con lanzamiento de agua”.

Miroslava Lecsöová

Para poder entender un poco mejor los contrastes entre ambas tradiciones decidimos hablar con Miroslava Lecsöová, quien además de haber vivido en Chequia, dispone también de un interesante abanico cultural porque estudió filología hispánica y viajó a distintos países donde se habla ese idioma que, más importante aun, ella misma domina a la perfección.

Miroslava Lecsöová | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

“Yo creo que nosotros, los eslovacos, tenemos la tradición del lanzamiento de agua que los checos, por ejemplo, no tienen: ellos tienen solo los azotes con las varas trenzadas (pomlázka) y nosotros también los tenemos, pero acompañados, además, con un lanzamiento de agua que se les hace a las mujeres. Por ejemplo, los lunes de Pascua, un hombre puede llegar a una casa con esta vara trenzada y le da los azotes a la mujer diciéndole unas frases que inventa o que usaba su padre o bisabuelo o tatarabuelo y mientras lo hace, además, le tira agua”.

El flagelo de la pomlázka

“Nunca pude ni supe sonreir mientras me lanzaban agua: me dolía porque el agua está helada, no está caliente ni tibia, está helada, es muy fría”.

Miroslava Lecsöová

Agrega Miroslava que, como si eso fuera poco, también es muy común que esa acción no la lleve a cabo solo un hombre, sino un grupo, mientras la mujer, a los gritos, debe intentar mantener la sonrisa y, para colmo, darles a cambio a esos sujetos pequeños regalos como dulces, comida, y hasta huevos pintados.

“Aquí llego yo al punto que no me gusta: nunca pude ni supe sonreír mientras me lanzaban agua: me dolía porque el agua está helada, no está caliente ni tibia, está helada, es muy fría. Pues esta es una de las más grandes diferencias entre Chequia y Eslovaquia en cuanto a la Pascua”.

Pomlázka en una florería foto Juan Pablo Bertazza | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

Miroslava, desde su perspectiva feminista, expresa su desacuerdo con esta tradición. Le resulta problemático que las mujeres deban responder con sonrisas y regalos a los azotes, y cuestiona el propósito mismo de estos golpes, que parecen estar más orientados, en realidad, a satisfacer un deseo masculino: el de que las mujeres se mantengan jóvenes y bonitas. Además, critica el hecho de que, mientras los hombres disfrutan de la comida, son las mujeres quienes han dedicado su esfuerzo a prepararla.

Pomlázka | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

“Considero esta costumbre un vestigio arcaico que no me gusta que forme parte de las celebraciones modernas y, por otro lado, si lo veo desde un punto de vista cultural, es fascinante que esa tradición haya perdurado tanto, durante siglos, sobre todo en algunas regiones de Chequia y Eslovaquia, y si bien puede resultar muy pintoresco o bonito yo creo que al menos habría que ver cómo se hacía antes, y no forzar su utilización en el contexto de la cultura que tenemos hoy en el siglo XXI”.

Es decir, lo que peor ve Miroslava es que se utilice una práctica antigua en un contexto muy distinto como es el de las ciudades de hoy donde, indudablemente, se vive de un modo muy distinto.

Un fuerte significado espiritual

Por supuesto, las diferencias entre las celebraciones pascuales en Chequia y Eslovaquia no se limitan a las variantes y modalidades que adoptan esos azotes, también hay un contraste muy marcado en lo que respecta al plano religioso.

“En Eslovaquia las celebraciones de Pascua son, en general, más religiosas que en Chequia, ya que Eslovaquia es un país tradicionalmente católico y la Pascua tiene un fuerte significado espiritual. En cambio, en Chequia, donde la sociedad es una de las menos religiosas de Europa por cuestiones históricas, estas fiestas se perciben más bien como una tradición folklórica y social. Entonces, Eslovaquia quizás lo toma de un modo más espiritual que Chequia y, en efecto, yo conozco muchas personas que, hasta el día de hoy, van a la iglesia”.

Pomlázka | Foto:  Jihočeská centrála cestovního ruchu

En definitiva, de acuerdo a lo que postula Miroslava, aun tratándose de tradiciones muy parecidas, existen algunas variantes entre ambos países que no dejan de notarse. Como vimos anteriormente, una primera diferencia se advierte en esa polémica tradición de los azotes que, si bien existe también en Eslovaquia, no está quizás tan extendida como la costumbre de lanzar agua que, a juzgar por lo que cuenta Miroslava, tampoco es que resulte más agradable para las mujeres teniendo en cuenta su temperatura extrema. Ella aclara que esa costumbre se mantiene, sobre todo, en el este del país y en las zonas rurales.

Lo dulce y lo salado

Mazanec | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

Y además del plano religioso, una tercera diferencia radica también en el ámbito gastronómico: mientras en Chequia se destacan dulces como el mazanec (pan dulce que se prepara con almendras, pasas y ralladura de limón) y el judášek (un panecillo que se asemeja a una cuerda trenzada, representando la cuerda con la que Judas se ahorcó), en Eslovaquia los platos estrella de estas celebraciones suelen ser: carne ahumada, huevos y rábano picante, algo realmente infantable en el menú de Pascua de los eslovacos, como así también los dulces a base de amapola.

Corderitos | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

“Pero también tenemos una diferencia muy fuerte con respecto a las comidas típicas que se hacen también el lunes de Pascua: mientras en Eslovaquia se preparan más comidas saladas, en Chequia se hacen más comidas dulces. Por ejemplo en Eslovaquia tenemos la tradición de los corderitos de chocolate, que se compran en el supermercado, pero no tienen que ser corderitos, también pueden ser conejitos, pollitos, etc y se les regalan a los chicos por los azotes ‘bien hechos’, y lo que sí se hace es un corderito hecho de masa que es como un pastel muy diferente al corderito de chocolate de los checos, esta es también una diferencia que hay entre la Pascua en Eslovaquia y en Chequia”.

El cordero cubierto de chocolate | Foto: Filip Jandourek,  Český rozhlas

Cabe destacar que pese a no compartir en absoluto la tradición de la pomlázka, Miroslava disfrutó mucho su estadía en Chequia desde 2019 a 2022, concretamente en la ciudad de Olomouc. En la actualidad, trabaja como profesora de español en un instituto de la ciudad de Trnava. Y si bien cuando estuvo en Chequia tuvo que amoldarse a las condiciones de vida que imponía el Covid, lo cierto es que logró identificarse con muchos otros aspectos de la cultura local que, por supuesto, van más allá de azotar a las mujeres mientras se les desea prosperidad.

La Plaza Horní en la ciudad de Olomouc | Foto: Miloš Turek,  Radio Prague International

“La ciudad es muy bonita e histórica y a mí me encantó. El primer año fue más difícil porque no tenía amigos ni podia hablar con nadie, pero con el paso del tiempo, cuando fui encontrando amigos y personas que me caían bien... además de que he encontrado con muchos españoles, con muchos latinoamericanos, con los cuales he salido varias veces por la ciudad. Entonces yo puedo decir que en esos tres años que he vivido en Olomouc he visto algunas cosas culturales checas y la conozco porque es casi la misma que la nuestra, pero siempre cambia algo, así que me resulta muy fascinante e interesante vivir algo que es parecido, pero, a la vez, diferente”.

palabras clave:
audio

Relacionado