“¿Cómo puede estar un país en el que, de 30 millones, ya han huido 9 millones de personas?”
Este sábado en Brno, el escritor venezolano Juan Carlos Méndez Guédez inaugura su participación en el Festival Literario Centroeuropeo, Mes de la Lectura de Autor, con una obra atravesada por los viajes, el exilio y la memoria. En esta entrevista, el autor de El libro de Esther y Los maletines reflexiona sobre la diáspora venezolana, su amor por Madrid, la ciudad que eligió como hogar hace tres décadas, y su curiosa obsesión literaria: las bañaderas.
El escritor venezolano Juan Carlos Méndez Guédez inaugura, este sábado en Brno, su participación en el Festival Literario Centroeuropeo, Mes de la Lectura de Autor, un evento nacido en el año 2000 que, sin perder su raíz morava, ha extendido su alcance a otras ciudades del mundo.
Además de su presencia en el festival, uno de sus cuentos forma parte de Kruely (editorial Argo), una reciente antología de relatos en español traducidos al checo. Muy en sintonía con el espíritu del festival, Méndez Guédez explora en su obra temas como la migración y el exilio, los cuales él mismo encarna ya que vive, desde hace tres décadas, en Madrid, donde se desempeña como especialista literario en el Instituto Cervantes.
Entre sus novelas más celebradas destaca Los maletines, la historia de Donizetti, un hombre que, entre precariedad y corrupción, transporta misteriosos maletines mientras trama un golpe capaz de transformar su destino y el de su familia. Según el autor, el libro le ha dado muchas alegrías: fue traducido a varios idiomas y ofrece una mirada muy original sobre el siempre seductor universo de los viajes y los aeropuertos.
“Es una novela que nace bajo el hechizo, el espíritu, la electricidad que me ha dado un autor que quiero mucho y es Osvaldo Soriano. Quería hacer una novela que tuviera cosas de espionaje, que fuera novela, pero que a su vez tuviera algo de esos subgéneros que me gustan, como el subgénero del espionaje. Y pensando en la maravilla que hacía con ese tipo de materiales Osvaldo Soriano, ese fue el espíritu que tuve, adaptándolo, claro, a lo que es mi lenguaje y mis situaciones. Yo sigo muy vinculado con Caracas, hace muchísimos años que no vivo allí, casi 30. Pero sigo muy vinculado, para mí la ciudad está muy presente. Para mí la ciudad es una respiración, es una continuidad. Yo amo, amo profundamente Madrid, pero bueno, Caracas es una ciudad que está allí donde viví 28 años, tengo sus ritmos, tengo la forma de imaginar cómo son sus transformaciones. Tengo sus historias cotidianas y averiguo, investigo mucho. Entonces para mí era una novela que tenía esa respiración convulsa y violenta de esa ciudad que se siente casi como un personaje más. Finalmente yo creo que cualquiera de las grandes ciudades en las que nos podemos desplazar termina adquiriendo una presencia, una calidad casi de personaje. Y eso fue un poco lo que traté de vincular. Caracas es una ciudad a la que sigo amorosísimamente vinculado, independientemente de las cosas terribles y dolorosas y espantosas que pueden suceder allí. Y eso es algo que nunca me van a poder arrebatar”.
Como un extraterrestre en Caracas
Juan Carlos Méndez Guédez asegura que, en aquella novela, Soriano realmente le tendió un cable. Lo que más admira de la obra del escritor argentino son sus personajes profundamente humanos y contradictorios, capaces de llevar lo narrado al borde de la poesía. Hasta el año pasado Juan Carlos tenía en Caracas a su madre, por lo que siempre ha intentado mantener una conexión con esa ciudad que, cada vez, encuentra más terrible, más difícil de entender, y en la que suele sentirse como un extraterrestre, debido a que las cuestiones cotidianas se van transformando de manera drástica, aunque asegura que, sin lugar a dudas, lo que nos termina atando a una ciudad son los afectos. Por otra parte, considera que cuando alguien se pone a pensar mucho en una ciudad, eso significa que se está empezando a alejar de ella y eso es también lo que siente, inexorablemente, con respecto a su país.
“En un país de unos 30 millones de habitantes han huido 9 millones de personas, es la diáspora más grande del siglo XXI en términos porcentuales. ¿Cómo pueden estar las cosas en un lugar donde tanta gente huye, donde tanta gente escapa? Incluso algunos atravesando la selva, otros atravesando páramos, es decir, andando a pie. Y los que pueden, en aviones, en autobuses, en coches. Yo siento que cuando ya tú hablas de una diáspora tan brutal, creo que es necesario explicar otras cosas porque del lugar donde la gente está siendo feliz, no se marcha. De hecho, Venezuela fue un excelente lugar años atrás que recibía a personas de muchas partes del mundo: españoles, italianos, portugueses. Luego también cuando las terribles dictaduras del sur, argentinos, chilenos, uruguayos. Era un lugar donde la gente iba. La felicidad y la respuesta a cómo va un lugar la da eso”.
De todas formas y más allá de esa situación estructural que tanto lo frustra, considera que esa especie de división es algo que lo constituye desde muy chico, no solo a nivel literario sino también en el plano de su propia identidad.
“Yo nací en Barquisimeto, pero nos habíamos ido a Caracas mi madre y yo. Y en cierto momento tuve una sensación muy particular, que era el querer estar en dos lugares a la vez. Quería estar en Barquisimeto, donde estaba toda mi familia, pero luego también quería estar en Caracas. Siempre quería estar en el lugar en el que no estaba. Y esa tensión, yo creo que literariamente me resultó muy útil, muy interesante, porque descubrí que la escritura era el espacio donde podías estar en varios tiempos y en varios lugares a la vez. Y yo quisiera, por supuesto, muchas veces estar en Caracas, pero en la de los años 90, es decir, con veintitantos años, paseando feliz por allí, sin necesidad de dormir muchas horas. Y recorrer otra vez ciertos momentos de la vida allí en Caracas, ciertos momentos de música, de sonidos, de sabores, de situaciones. Pero al mismo tiempo estoy muy, muy feliz en Madrid, yo creo que este es mi lugar, el lugar escogido, el lugar en el que todo me resulta hermoso, accesible, práctico, bello. Y entonces siento que tengo una doble pertenencia, tanto a España como a Venezuela. Entonces mi relación con Madrid desde siempre fue de fascinación, de hechizamiento, de descubrir. Este es el lugar perfecto para mí en el sentido de que es una ciudad grande, me gustan las ciudades grandes, una ciudad cosmopolita, una ciudad donde ocurre todo y donde todo se consigue”.
Lo interesante, en su opinión, es que pese a ser una ciudad así de grande y cosmpolita, Madrid le sigue resultado también una ciudad muy humana y manejable, algo que también lo inspira a pensar nuevas historias. Incluso revela que contra esa tendencia a imaginar relatos desde la perspectiva de un latino que ha llegado a determinada edad a Madrid, ahora piensa que le gustaría escribir sobre un madrileño que nació y vivió toda su vida en la capital de España y de hecho ya tomó algunos apuntes al respecto porque está convencido de que lo maravilloso de la escritura es la posibilidad de ser quien no es.
El cazador solitario de bañaderas
Además de su presentación este sábado en Brno, Juan Carlos Méndez Guédez continuará su gira literaria con lecturas en Ostrava (lunes), Trenčín (martes) y Bratislava (miércoles), una agenda que, según confiesa, lo hace sentir un poco como una estrella de rock. Aunque en sus inicios los festivales y encuentros literarios le generaban nervios y ansiedad, con el tiempo comprendió que son parte integral del oficio. Hoy, sin perder de vista que lo esencial sigue siendo sentarse a escribir, aprendió a disfrutar cada vez más de esas experiencias.
“Es muy bonita la posibilidad que voy a tener ahora de conocer otras ciudades, incluyendo Brno, la ciudad de Milan Kundera, que es uno de mis novelistas de referencia”.
Juan Carlos Méndez Guédez
“Ha terminado por divertirme bastante en el sentido de que sueles conocer gente interesante, sueles regresarte con ideas, con historias que te han contado, sueles regresarte con nuevas lecturas posibles por la gente que ha tropezado y te ha ido recomendando libros. Paseas por ciudades a las que no habrías ido por tu cuenta, si no te hubiesen llevado. Le he terminado de tomar un gran gusto a los eventos, los aviones y la espera, que te permiten escribir de una forma bien particular y bien interesante. Entonces, me resulta como otro estímulo más para la escritura. Luego yo a veces bromeo y digo... a mí siempre me han gustado mucho las bañeras. Yo aprendí a leer con historietas del Pato Donald donde había una bañera y eso es algo que me impactó. Entonces, como muchas veces en estas invitaciones, en los hoteles donde me llevan tienen bañera, yo digo que me volví escritor para poder acceder a las bañeras de esos hoteles, que ese ha sido el sentido completo de mi vida. Así que me gusta pensar que soy un cazador de bañeras que va recorriendo el mundo para escuchar otras historias. Disfruto mucho los eventos, la verdad”.
De hecho, cuenta Juan Carlos Méndez Guédez que tiene un libro llamado Recuerda que te espero, que salió en Venezuela, sobre un hombre que se la pasa sumergido en una bañadera, contándole a una periodista una serie de viajes importantes. Y él entiende que esa fue la forma de salir al reencuentro de la felicidad que le dio aquella primera bañadera a la que había podido acceder gracias a una revista. De hecho, considera que en ese momento tuvo lugar una especie de acto mágico que lo ayudó a entender que las palabras podían llegar a codificar no solo un misterio sino también un mensaje.
El segundo himno más bello del mundo
Aunque de Chequia solo conocía, hasta el momento, la ciudad de Praga, donde estuvo un par de veces de vacaciones, revela Juan Carlos Méndez Guédez que viajó también cuando se inauguró el Instituto Cervantes de Praga ya que él, en ese momento, ya estaba trabajando en el de Madrid y le pidieron que fuera a colaborar con el equipo que estaba abriendo aquella sede.
“Es una de las ciudades más bellas del mundo; Praga, en concreto, me parece que es una ciudad que quita el aliento. Y algún cuento ubicado en Praga tengo, ahora mismo no recuerdo porque un escritor va olvidando las cosas que escribe, pero tengo algún cuento escrito sobre esa ciudad fascinante, aunque no tiene ningún mérito escribir sobre Praga porque es algo que han hecho grandes escritores, pues es una ciudad que está para ser escrita. Y es muy bonita la posibilidad que voy a tener ahora de conocer otras ciudades, incluyendo Brno, la ciudad de Milan Kundera, que es uno de mis novelistas de referencia.
En cuanto a la mirada europea sobre los latinoamericanos, afirma que no es algo que padezca en carne propia. Sin embargo, percibe que todavía persiste una fuerte asociación con el realismo mágico, lo exótico y la alegría, especialmente por su origen caribeño. Reconoce, además, que cuando vivía en Venezuela y llegaban inmigrantes españoles, él tampoco tenía un conocimiento profundo sobre ellos: los imaginaba como “gallegos que bailaban sevillanas”. En ese sentido, considera que en España muchas veces no hay una visión matizada de lo latinoamericano, sino que se lo percibe como un bloque homogéneo, sin demasiadas particularidades. No obstante, insiste en que no es algo que le cause angustia. De hecho, ha aprendido a convivir con esa mirada, también desde el plano literario, y lo interpreta como uno de los motivos por los que considera tan enriquecedor vivir, al menos por un tiempo, en otro territorio.
“Ser extranjero te convierte en alguien que descubre que hay muchos segundos himnos más bellos del mundo, no solo el tuyo”.
Juan Carlos Méndez Guédez
"Sí, totalmente, pero sobre todo hay mejores maneras de ser extranjero que otras: la gente que huye de una dictadura que está a punto de asesinarlo es una razón muy dolorosa y muy distinta al que lo decide voluntariamente, como hizo Bryce Echenique al quedarse en Europa 40 años. Pero el hecho de ser extranjero me parece muy enriquecedor en el sentido de que todas las cosas que tú dabas por ciertas, que dabas por verdaderas y te legitimaban, pues comienzan a ser puestas en cuestionamiento. Y eso incluso te hace mirar tu vida y tu historia personal y tu historia colectiva de otra forma. Yo recuerdo a un amigo colombiano que me contó en una ocasión que ellos de pequeños les decían que el segundo himno más bello del mundo, después de la Marsellesa, era el de Colombia. Y entonces yo le dije: ‘pero qué curioso, es lo que me decían a mí en Venezuela, que el segundo himno más bello del mundo era el de Venezuela después de la Marsellesa’. Nos reímos los dos y él dijo, bueno, finalmente ese concurso nunca se realizó. Y creo que viajar, ser extranjero, te convierte en alguien que descubre que hay muchos segundos himnos más bellos del mundo, que no solo es el tuyo. Y creo que es una experiencia que te cura del nacionalismo, que te cura de la xenofobia y, sobre todo, que te hace mejor persona”.








