Chequia podría abandonar el Tratado de Prohibición de Minas antipersona por la amenaza rusa

Siguiendo el camino de Finlandia, Polonia o las repúblicas bálticas, Chequia se plantea retirarse del Tratado de Prohibición de Minas antipersona, coincidiendo con las violaciones de los espacios aéreos de Polonia y Rumanía con drones de combate por parte de Rusia.

Los 19 drones rusos que violaron el espacio aéreo polaco la semana pasada encendieron más de una alarma. Los analistas lo consideran una de las muchas provocaciones a las que Moscú tiene acostumbrados a sus vecinos y una especie de sonda con la que probar cómo reaccionan los países de la OTAN. Seguramente, no es casual que días después en Rumanía se viviera una situación similar.

Si fue realmente un test de Moscú al funcionamiento de la frontera oriental de la OTAN, no resultó muy esperanzador comprobar que solo cuatro de los 19 drones fueron derribados.

Chequia reaccionó rápidamente con tres helicópteros que ya se encuentran en Polonia para ayudar a combatir este tipo de ataques aéreos a poca altura. La ministra de Defensa, Jana Černochová, además, anunció el envío de 150 soldados checos para ayudar en esa frontera de Polonia que comparte tanto con el enclave ruso de Kaliningrado como con Bielorrusia, desde donde partieron los drones.

El temor a las intenciones del Kremlin llevaron también al primer ministro, Petr Fiala (ODS, coalición Spolu), a reflexionar sobre el Tratado de Ottawa sobre la prohibición de minas antipersona, del que Chequia forma parte junto a casi 160 países. Estados vecinos de Rusia como Finlandia, Polonia, Estonia, Letonia y Lituania ya han anunciado su intención de abandonarlo entre las muchas medidas que están tomando para proteger sus fronteras de una eventual invasión rusa como las que ya han sufrido todos ellos en distintos momentos del siglo XX.

Jan Jireš | Foto: René Volfík,  iROZHLAS.cz

El analista Jan Jireš, experto en seguridad de la Universidad CEVRO de Praga, defendió la salida de Chequia del Tratado en entrevista con la Radio Checa.

“Estoy convencido de que Chequia debería hacerlo. Me alegro de que el primer ministro lo haya dicho públicamente. A las convenciones de la década de 1990 se llegó en una situación de seguridad y un mundo completamente diferentes. En aquel entonces, los debates estaban dominados principalmente por consideraciones humanitarias. La eficacia militar o la necesidad de capacidades de defensa se pasaron por alto, o mejor dicho, se redujo la importancia de estos factores en favor del humanitario. Por desgracia, después de 25 años, nos encontramos en una situación completamente diferente. Debemos prepararnos junto a nuestros aliados para defendernos de una posible agresión rusa”.

Un explosivo con la peor de las reputaciones

Pavel Gruber, director de la oficina checa de Amnistía Internacional, se mostró completamente en contra de dar ese paso, que Chequia dio en 1999.

Pavel Gruber | Foto: Kateřina Cibulka,  Český rozhlas

“Con su retirada del acuerdo, Chequia sacrificaría el enorme éxito que alcanzamos en el derecho internacional humanitario en favor de un arma obsoleta, ineficaz, poco disponible y que mata principalmente a civiles. Así que lo único que lograríamos al retirarnos de la Convención de Ottawa sería reducir la protección de los civiles sin obtener ninguna ventaja militar significativa”.

Según el director de Amnistía Internacional en Chequia, el 82% de las víctimas de las minas antipersona son civiles.

Para Jan Jireš, sin embargo, este argumento ya no es válido porque también las minas han cambiado con el tiempo. Ya no se trata de esas armas que podían explotar décadas después de terminado el conflicto y que no distinguen militares de civiles o incluso adultos de niños.

“Las minas que se producen y desarrollan hoy son tecnológicamente mucho más avanzadas que hace 30 años. Y, por ejemplo, incorporan numerosas soluciones tecnológicas que minimizan el impacto en la población civil. Lo que valía en los años 60, 70 u 80 ya no vale hoy, las minas modernas, por ejemplo, cuentan con desactivación automática o autodestrucción. Contienen tecnología que permite su detección; lo que significa que se puede saber dónde están, no se quedarían enterradas durante décadas. Si se decide su destrucción, esas minas pueden detonarse para que no sean un peligro para la población civil”.

Reparación de los daños causados por los drones rusos en Polonia | Foto:  Rafal Niedzielski,  ČTK / AP

Jireš también señala que las bombas de racimo, cuyo acuerdo sobre su prohibición también se plantea Chequia abandonar, es parecido. Se puede controlar que las bombas no explotadas en su momento, sean desactivadas al terminar el conflicto.

En cuanto al hecho de que estas dos armas no sean efectivas a día de hoy en el campo de batalla para evitar el avance de un ejército invasor, también está en desacuerdo. Pero sobre todo, se trata de disuadir para que el ataque no se llegue a producir, subraya el analista.

“El desarrollo actual de los conflictos armados demuestra que sí son efectivas. Ambos medios militares, tanto las minas terrestres como las bombas de racimo, son altamente efectivas y pueden ayudar significativamente a frenar al agresor y, especialmente, a la disuasión. Quiero recordar que el objetivo principal de la política de defensa de la República Checa y la OTAN sigue siendo evitar cualquier guerra. Y evitarla aumentando la eficacia y credibilidad de la disuasión hasta tal punto que un eventual agresor no se atreva a atacarnos”.

Si hasta Finlandia lo hace, por algo será…

Rusia, por cierto, nunca firmó el Tratado de Ottawa de 1997, y nunca ha dejado de usar minas antipersona. También es uno de sus mayores productores, junto con Estados Unidos y China.

Para Jireš, que se salga del Tratado de Ottawa Finlandia, un país que siempre permaneció neutral y que ahora incluso ha decidido cambiar su ancho de vía, que hasta la fecha es el mismo de Rusia, para introducir el estándar ferroviario europeo, es muy sintomático.

“El mero hecho de que países como Estonia, Lituania, Letonia, Polonia y Finlandia —países que durante décadas se han creado una cuidada reputación como defensores de los derechos humanos y los principios humanitarios del derecho internacional— se retiren del Tratado de Ottawa es algo revelador. Las minas terrestres pueden desempeñar un papel fundamental en la defensa estática del territorio de un Estado. ¿Por qué se retiran estos países de la Convención? Porque están construyendo fortificaciones fronterizas contra ataques rusos. Precisamente porque se encuentran en la línea de contacto”.

Pero Chequia no tiene frontera con Rusia

Muchos se preguntan por qué entonces Chequia tendría que salirse de este acuerdo si no comparte frontera con Rusia.

Foto: Barbora Navrátilová,  Radio Prague International

“Ese argumento surge del desconocimiento de cómo funciona la política de defensa de la República Checa y la OTAN. Chequia no tiene frontera con Rusia, pero es que Chequia no se protege a sí misma de una eventual agresión rusa, sino que forma parte integral del sistema de defensa colectiva de la OTAN. Chequia se desplegaría en la frontera oriental de la Alianza como parte de una operación de defensa colectiva de la OTAN y participaría en la defensa del territorio de la Alianza contra cualquier agresión. El argumento de la distancia geográfica es completamente irrelevante”.

Curiosamente, Ucrania, que vio como Rusia se anexionaba ilegalmente Crimea en 2014 y que desde febrero de 2022 sufre la invasión a gran escala de su territorio continental, no aprobó su salida del Tratado de Ottawa hasta este mismo verano.

Autores: Karolína Koubová , Daniel Ordóñez | Fuente: Český rozhlas Plus
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