Besos robados: la antigua costumbre checa de darse picos entre conocidos

Mientras algunas costumbres sociales pierden fuerza con el paso de los años y otras persisten sobre todo en zonas rurales, dos mujeres checas comparten sus experiencias y explican cómo la sociedad empieza a cuestionar ciertos gestos heredados que antes se consideraban naturales.

“Me acuerdo de que si había más confianza o si los familiares estaban alegres o tomando alcohol, era muy común hacer algo que, ya de pequeña, me parecía muy humillante: a la hora de besarte, te daban dos pellizcos en las mejillas”.

Lenka Malinová

Es posible que algún turista extranjero, durante un viaje en tranvía o tomando un café en Praga, haya visto algo más desconcertante que los santos del Puente de Carlos o la complejidad del reloj astronómico: un adulto dándole un beso en la boca a un niño. La hispanista Lenka Malínová, que vivió en Granada y conoce bien ambas culturas, explica que en la actualidad se trata de algo casi excepcional. Según ella, los padres son cada vez más conscientes de no obligar a sus hijos a dar besos a familiares ni conocidos. Sin embargo, recuerda que en otros tiempos esta costumbre era mucho más habitual de lo que hoy suele recordarse.

Foto ilustrativa: Olga Smolina,  Westend61 / Profimedia

“Yo, de pequeña, me acuerdo perfectamente de que era obligatorio, incluso con tíos, tías que acababas de conocer en una fiesta familiar, o que no conocías de nada y muchas veces eran besos no en la mejilla, sino realmente como un pico corto en la boca, sí. Y también me acuerdo de que si había más confianza o si los familiares estaban alegres o tomando alcohol, era muy común hacer algo que, ya de pequeña, me parecía muy humillante: a la hora de besarte, te daban dos pellizcos en las mejillas, en ambas mejillas, en checo se llama štípaná, y es como un beso pellizcándote. O sea, te estiraban las mejillas y era quizás no doloroso, pero sí, desde luego, muy desagradable. Yo de pequeña lo odiaba y había familiares que lo hacían. Supongo que eso ahora ya no se ve, pero también está presente y yo de pequeña lo odiaba. Como que te estiran la cara: lo hacía mucho mi abuelo y yo lo toleraba porque lo hacía él y yo lo quería mucho, pero de vez en cuando te lo hacía también un familiar que no era tan cercano y era muy desagradable, era humillante”.

La mala educación 

Lenka agrega que, en su opinión, el objetivo de esa extraña costumbre era, aunque hoy resulte inverosímil, demostrar la buena educación del niño o niña.

Lenka Malinová | Foto: archivo personal de Lenka Malinová

“Es como que obligas al niño a demostrar afecto, como para que el adulto no se sienta rechazado. Es una cosa que incluso yo llegué a vivir con mis amigas porque algunas lo siguen haciendo: ‘dale un beso a la tía’. Además, aquí es muy común que a quienes son sus conocidos, tus padres te obliguen a llamarlos ‘tía o tío’, aunque no sea tu familiar, o se trate, incluso, de una persona a la que tú, como niño, acabas de conocer porque es, no sé, algún compañero de trabajo de tu padre. Entonces, se obliga un poco a darle un beso al adulto, como para demostrar que el niño está bien educado y que es cariñoso”.

Como existe una gran brecha generacional entre lo que ocurría antes, cuando esta costumbre era mucho más frecuente, y lo que sucede hoy, Lenka explica que ahora incluso hay foros donde se aconseja cómo decirles a las personas mayores que no se está de acuerdo con que un niño bese a un desconocido. Aun así, señala que todavía quedan padres jóvenes que lo siguen exigiendo.

Foto ilustrativa: Bicanski,  Pixnio,  CC0

“A mí me ha pasado: ‘bésale, dale un besito a tu tía’. Y yo diciendo: ‘yo no soy su tía porque acaba de conocerme, y si no quieres, no me beses porque es algo extraño’. Pero sigue presente en la cultura. No es en absoluto algo sexual. Es como que los niños dan besitos y son besucones, entonces voy a enseñar que mi niño es cariñoso y buena persona, ¿no? Pero cada vez hay más conciencia de que eso es realmente agresión, agredir la integridad de un niño obligándole a hacer algo que no le gusta. O incluso puede pasar que justo en el momento en que lo besan, de repente se da cuenta de que no es algo que le resulta agradable, ¿no? Entonces, se trata de un debate generacional, va cambiando poco a poco, pero todavía hay muchas preguntas acerca de cómo comunicárselo, por ejemplo, a mi suegro de manera respetuosa porque yo no obligo a mi niño que lo bese si no quiere. O sea es algo que, de algún modo, sigue presente”.

Esquivando besos

Foto ilustrativa: Pixabay,  Pixabay License

Lenka vive en un pueblo cerca de Havlíčkův Brod y habla también desde su experiencia. Tiene una hija pequeña y, desde el principio, supo que no permitiría que pasara lo que ella misma había sufrido de niña.

“Y, por ejemplo, mi madre le da un besito con el dedo en la mejilla, o se saludan mucho chocando la mano. Si quiere, obviamente puede besar a mis padres, pero nadie la obliga. Y con los desconocidos no lo hacía y tampoco dejaba que ellos la besasen porque, además, mi hija se limpia muy dramáticamente la saliva, como que no le gusta y lo hace notar mucho. Incluso si la beso yo en la mejilla, como que no le gusta. Entonces yo desde chiquita le enseño que su cuerpo es su cuerpo y que nadie lo puede tocar sin su permiso, ni siquiera besando, ¿no? Entonces, yo misma le digo: ‘¿te puedo dar un besito?’ Y mis padres igual. Así que en mi familia no pasa”.

Jana Mastná | Foto: archivo personal de Jana Mastná

La que no puede decir exactamente lo mismo es la joven doctoranda en literatura hispanoamericana y biología experimental Jana Mastná, que nació en Havířov, pero vive y estudia en Olomouc. Ella no sufre en carne propia los efectos de esta tradición, aunque la ve con bastante frecuencia en las reuniones de cumpleaños y en las celebraciones de bautismo, aniversarios o navidades que organiza la familia de la actual pareja de su madre.

“O sea ellos te dan la bienvenida, pero en lugar de darte un beso en la mejilla, he notado que, entre ellos, se dan un beso en la boca, pero me parece que solo se hace entre hombres y mujeres que son familiares o familiares políticos porque están casados con uno de los miembros y veo esa dinámica ahí. No obstante, a mí eso no me gusta y cuando soy yo la que me acerco a ellos me pongo de tal forma que no me pueden dar un beso en la boca, sino solo en las mejillas. Entonces eso es una cosa que me parece interesante, que lo respetan: cuando eres de afuera y no estás acostumbrado a eso no te dan un beso forzado en la boca. Pero también me he fijado que, precisamente, esas personas que, en su momento, eran de afuera pero se casaron con alguno de los miembros, ya están en ese círculo y también lo hacen”.

También entre adultos

“Yo tengo amigos que, para saludarme, me dan un beso con un pico corto, pero creo que ahí incluso entramos en el tema del patriarcado porque, de acuerdo a mi experiencia personal, lo hacen mucho los hombres que un poco se aprovechan de la situación, disfrazándolo de algo inocente aunque no lo es tanto”.

Lenka Malinová

Pero lo que relata Jana deja claro que esta curiosa costumbre de dar besos en la boca a familiares o conocidos no se restringe a los niños, sino que también se da entre adultos. Y, para sorpresa de muchos hispanos, Lenka lo confirma.

“Entre adultos también puede pasar: yo tengo amigos que, para saludarme, me dan un beso con un pico corto, pero yo creo que ahí incluso entramos en el tema del patriarcado porque, de acuerdo a mi experiencia personal, lo hacen mucho los hombres que un poco se aprovechan de la situación, disfrazándolo de algo inocente que no lo es tanto. Nunca me ha pasado, por ejemplo, que una mujer me quisiera besar en la boca como para saludarme, pero con algunos amigos que tengo que sí suelen hacerlo a mí no me resulta nada cómodo, no me gusta, pero hay personas a las que sí. Y creo que también puede pasar como de manera totalmente inocente, pero no sé: aquí en el pueblo donde vivo lo hacen algunos amigos míos, pero siempre solo con mujeres, con hombres no. Y me parece que es un poco disfrazarlo de algo educado, pero yo no lo veo tan educado”.

Foto ilustrativa: Pixabay,  Pixabay License

Ante esas situaciones incómodas o incluso desagradables, Lenka suele expresar su desacuerdo de manera verbal o, como contaba Jana, simplemente esquivando el beso. En cualquier caso, lo que también llama la atención es el contraste entre una cultura poco demostrativa en lo físico y esos besos que parecen atribuirse más permisos de los que cabría esperar.

Foto ilustrativa: Henglein and Steets,  ImageSource / Profimedia

“Los adultos aquí no se tocan nada. De hecho, a mis amigos españoles les chocaba mucho. Yo, a veces, cuando veo a mis padres ni siquiera los abrazo, es como muy natural decir: ‘hola, ¿qué tal?’ y ni tocarse, ¿no? Y, sobre todo, si los veo cada semana, pues no hay ningún ritual de bienvenida. Es simplemente decir ‘hola’ y ya. Incluso en España llegaron a preguntarme si me pasaba algo o tenía algún problema porque no les daba dos besos al verlos. Y yo tuve que explicarles que era algo cultural: que, simplemente, cuando me relajo se me olvida muchas veces daros dos besos porque, en mi cultura, eso no se hace con amigos. Y era muy chocante para ellos. De hecho, una amiga llamó a otros amigos para tranquilizarlos: ‘no es rara, es checa’. Porque a ellos les parecía muy raro eso de verse después de una semana y no tocarse, pero para mí era tan natural que se me olvidaba”.

Curiosidades de una cultura poco propensa al contacto físico 

Lenka cuenta que, cuando se mudó de Chequia a Andalucía, descubrió todo un mundo social. Acostumbrada a un entorno checo más reservado, donde el contacto es muy reducido, al principio la estresaba que la gente la abrazara o le diera palmaditas a cada rato. Con el tiempo, sin embargo, se adaptó tanto que, incluso al volver a Chequia, eran sus propios amigos checos quienes la miraban desconcertados por sus abrazos. De hecho, sugiere que, tal vez, en los países del norte, la cultura desarrolló menos contacto físico casi como una forma inconsciente de evitar contagios durantre los largos inviernos. Respecto a la costumbre de que los padres pidan a sus hijos que den picos a desconocidos, Lenka ofrece además una explicación interesante.

Foto ilustrativa: Ron Lach,  Pexels,  CC0

“Hay mucho control sobre los niños, mucho debate sobre que los niños no pertenecen al espacio público, que si no molestan en cafeterías, etc. Entonces yo creo que, a lo mejor, y es mi opinión personal, puede ser que eso de que en una cultura donde no nos tocamos, si no hay de por medio una relaciñon afectiva y, sobre todo, si somos familiares no nos tocamos mucho y obligamos a los niños a que lo hagan y que se dejan hacer, pues a lo mejor es como otra manera de dominarlos y de enseñar: ‘mira, mi niño está muy bien educado, se deja’, ¿no? Puede ser por ahí también, porque yo veo todavía que en la cultura checa se controla mucho a los niños y se juzga mucho a los padres respecto a cómo educaron a sus niños. No se toleran mucho, por ejemplo, las típicas rabietas que puede tener un niño en un supermercado. Luego se habla mal del padre que no lo controla. Entonces, a lo mejor va también por ahí, porque realmente es curioso que una cultura que no es muy propensa al contacto físico, luego obligue a los niños a que lo hagan”.

Foto ilustrativa: Leon israel,  CC BY-SA 4.0

Lenka recuerda que el nuevo Código Civil que entró en vigor este año prohíbe cualquier forma de agresión física contra los niños, aunque no queda claro cómo se implementará. Ella entiende que, entre las generaciones mayores, aún persiste la idea de que “un pequeño golpe no hace daño”, pese a las evidencias científicas que demuestran lo contrario. En su opinión, parte de esta resistencia tiene raíces históricas. Recuerda que, durante el comunismo, la educación infantil estaba marcada por un control extremo: los niños debían permanecer inmóviles, en silencio, con las manos detrás de la espalda, y aprender todos lo mismo al mismo ritmo. Ese modelo rígido, opina, no desaparece de un día para otro y todavía influye en cómo se perciben los derechos y la protección de la infancia.

Caerse de culo 

Por otro lado, estas tendencias no son exclusivas de Chequia y también aparecen en países vecinos como Polonia. En cuanto a los besos en la boca, suele recordarse aquel gesto político soviético que simbolizaba “hermandad socialista” y lealtad entre líderes, aunque Lenka descarta que eso haya influido en la cultura checa. En la vida cotidiana, explica, los besos entre adultos solo se dan entre hombres y mujeres. De hecho, asegura que es raro ver a dos hombres checos demostrarse afecto y afirma que ni siquiera en su propia familia vio nunca ningún abrazos entre ellos.

Beso legendario de Leonid Ilich Brézhnev y Erich Honecker en el Muro de Berlin | Foto: betexion,  Pixabay,  CC0 1.0 DEED

Lo cierto es que al recordar aquella época en que la obligaban a dar esos besos, Lenka siente arcadas y relaciona esa práctica —hoy casi extinta— con otra tradición polémica: los azotes que los hombres dan a las mujeres durante la Pascua con la famosa pomlázka. Aunque reconoce que aún puede verse en Praga, considera que es mucho más habitual en zonas rurales, donde ese tipo de costumbres perduran y la toma de conciencia se toma su tiempo en llegar.

Pomlázka | Foto:  Jihočeská centrála cestovního ruchu

“Sí, sí, sí. Sobre todo, imagínate las típicas fiestas familiares donde los adultos toman alcohol, luego les apesta el aliento y te tienes que despedir de ellos y darles a todos un beso; a mí me parecía horrible. Pero en esa época era algo tan normal que mis padres han evolucionado mucho, porque con sus nietas ni se les ocurre; las cosas cambian. Pero de pequeña era tan natural que, bueno, ni siquiera nadie me obligaba. Los adultos ya esperaban que les dieses un beso y ya. Así que yo tengo muy malos recuerdos. Y va todo unido con pomlázka, ¿no? Hay muy poco respeto hacia la integridad del cuerpo del otro y. sobre todo. si es una niña. Porque la cultura checa todavía sigue siendo machista, pero cuando yo era pequeña lo era mucho más. Había un dicho que en checo es: ‘Kde je vyšpulíno, tam je dovolíno’, que significa: ‘si tú estás agachada, por ejemplo, limpiando algo, cualquiera tiene derecho a darte una palmada en el culo’; o sea, es un dicho terrible. De hecho, mis padres el otro día lo reprodujeron y yo enseguida salté como diciendo: ‘no, no, no, este dicho no me gusta nada’, pero se toma como algo súper inocente. Mira, se te ve el culo, pues, se te da una palmada. Entre familia, ¿no? Se lo hace pasar como un dicho gracioso, pero no tiene nada de gracioso”.