Amiga con derecho a roce: la española que vive del striptease y OnlyFans en Praga

OnlyFans

Entre luces rojas y pantallas azules, Margaret se abre camino en Praga como stripper e influencer. Esta es la historia de una joven española, osada, madura y autoreflexiva, que transformó la exposición en elección y el deseo ajeno en la llave de su independencia. 

Aunque su nombre real es otro, esta joven stripper española se presenta en redes como Marga o Margaret, “la de los tattoos”. Fascinada por la estética dark, su cuerpo es un lienzo que acumula más tinta que años, y cada tatuaje parece contar una historia en proceso de escritura.

“En un strip club no voy a conocer a alguien que me atraiga, lo voy a conocer en una biblioteca, en un museo, en sitios a los que me gusta ir, un hombre de strip club no me llena”.

Margaret

“Mi mejor tatuaje es el de la espalda. Es un tatuaje lésbico que tengo en toda la espalda y los glúteos, tengo como para meter los dedos de la tijera y la tijera en sí, y luego hay una boca. O sea, es un tatuaje lésbico total que me lo hizo un chico, un hombre, cuyas palabras fueron: ‘Te voy a hacer un tatuaje para ti, algo que te describa a ti’. Y yo en ese momento aún no era stripper. Y cuando lo vi, era un pedazo de tatuaje lésbico, bollero total. Dije: ‘¿perdona?’ Y cuando empecé a trabajar en el strip club no hubo problemas, pero todas las chicas me decían: ‘¿pero tu eres lesbiana?’. Porque me miran la espalda y piensan: ‘esta es más tortilla que el pan’, pero no, pero es el tatuaje más loco que tengo y encima es un pedazo de tatuaje: estuve 18 horas aguantando el dolor en Francia, en Lyon, en una convención de tatuajes, le hice de modelo. Es una fascinante pieza y aún falta por acabar, él dice que faltan un par de retoquitos y tal, pero yo no voy a entrar más en la camilla esa porque es una tortura”.

Cuentas claras

En todo caso, lo de mantener claras las fronteras entre su nombre real y su nombre de guerra es una de las cuestiones básicas que Margaret jamás pierde de vista ni tampoco está dispuesta a ceder ni negociar.

Margaret,  una stripper española en Praga | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

“Considero que se tiene que tener un poquito de privacidad en estos mundos, incluso para separar tu vida personal de tu personaje porque son caracteres totalmente diferentes. O sea, considero que no puedes adoptar tu personalidad normal dentro de un club porque puedes generarte problemas cuando llegues a casa si no sabes separar. Si tienes un problema en el trabajo, no lo puedes arrastrar, y si el nombre llega a ser el mismo, se vuelve un poquito más difícil, a veces, separar y decir: ‘vale, ahora ya está, ya he cerrado el trabajo y ahora vuelvo pues a mi ser, a mi casa, a mis normas, a mi todo’".

El riesgo, en su opinión, no es solo llevar el trabajo a la casa sino también al revés porque cuenta que, a veces, no puede evitar mostrar en el horario laboral su verdadero estado de ánimo, lo cual termina limitando un poco las fantasías que genera en sus clientes, ese gran objetivo que, tal como ella misma aclara, la impulsa a hacer cosas que no haría, por lo general, en su vida privada.

“En mi vida normal, yo cuando me voy a tomar un café no le doy esa importancia al tío que está al lado tomándose un café conmigo, y no lo voy a escuchar así, ¿no? Sabe muy mal, pero no. Entonces, en el trabajo soy otra persona, soy mucho más laxa, soy mucho más flexible, soy sexy, soy erótica. Claro, yo no me voy a tomar un café y voy seduciendo al camarero. No, o sea, trabajo de eso, pero no late en mí todo el día”.

“Hay clientes que se ponen mi pie en la boca y hacen gárgaras con él”.

Margaret

Por otra parte, Margaret desmiente de plano una fantasía recurrente en estos casos: jamás se sintió atraída por un cliente, e incluso duda mucho de que eso le pueda ocurrir alguna vez.

“No: ¡anestesia y pared! Yo considero que las personas que van a un strip club y recurren bastante a él no son de mi estándar. Yo me estoy forjando como una mujerona y sé que un hombrecito de estos, pues no va a ser el hombre de mi vida. O sea en un strip club no te voy a conocer, te voy a conocer en una biblioteca, te voy a conocer en un museo, en sitios a los que me gusta ir, pero en un strip club te aseguro yo que no porque la mentalidad que carga un hombre cuando llega allá es muy limitante para mí, que me considero una mujer bastante fuerte y un hombre de strip club no me llena”.

Amigas son las amigas

En estos días puede verse en cines checos un documental llamado Virtuální přítelkyně (Amigas virtuales) de Barbora Chalupová, que presta atención al fenómeno global del OnlyFans. Margaret abrió su cuenta en esa plataforma hace ya cinco años; es decir, cuando tenía dieciocho, la edad mínima que se exige.

“Es una página erótica, una página para adultos con la que se pueden generar vídeos y enviar fotos, y también hacer lives eróticos exclusivamente y con contenido súper alternativo porque hay mujeres que hacen contenido, por ejemplo, fetichista, generando fotos y videos de pies o cualquier otro fetiche como orejas, ojos, enseñando tus dientes. Yo, por ejemplo, que tengo brackets pues genero bastantes vídeos pasándome la lengua por los hierros, sonriendo mucho. A la gente le gusta. Luego, hay otra cosa que son los toys, tienes tantas variaciones como quieras: puedes encontrar desde sexo convencional grabado hasta vídeos lésbicos, gays, heteros, a tener juguetes y grabarte con cualquier tipo de toy. Es que puedes hacer de todo en OnlyFans, aunque sí hay algunas restricciones como, por ejemplo, no hacer vídeos con animales ni con menores”.

En el caso de no cumplir con esas condiciones, que también prohíben la exposición de personas adultas sin cuenta OnlyFans y sin su expreso consentimiento, asegura Margaret que las autoridades enseguida proceden a la clausura de la cuenta del infractor. Ella opina que aún hay personas muy cerradas que no entienden hasta qué punto internet está cambiando el mundo y los vínculos. En su caso, la decisión de abrir una cuenta estuvo motivada por el deseo de monetizar una exposición que, tal como ella misma explica, ya ocurría de forma involuntaria y gratuita como consecuencia de distintas situaciones de acoso.

Margaret | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

“Yo que soy chica, por ejemplo, me tiré al OnlyFans porque cerré con mi expareja y me frustré un montón, encima estaba trabajando de camarera y siempre he tenido que aguantar, porque es algo que no me gusta, que me toquen un poco el culito y de gratis, por 1200 euros de mierda que te daban a fin de mes. Y un día, pues, bueno, yo cerré con mi pareja, con quien éramos sexualmente muy activos, y dije ¿Por qué no? Muchas chicas hablaban de esto y me causó intriga: cogí el DNI, me abrí la cuenta y empecé a hacer el tonto”.

Cuenta Margaret que lo primero que hizo al abrir la cuenta fue mandarle el link a su ex pareja, a quien también lleva tatuado. Y recuerda que uno de los primeros mensajes que le escribían los hombres era: “¿Quieres ser mi novia?”, a lo que ella respondía: “Bueno, pues ahora paga”.

Todo sobre mi madre

Margaret cuenta que, al principio, lo que ganaba apenas le alcanzaba para el tabaco y para pagar la luz. Más tarde, entendió que aquello no iba solo de mandar fotos o videos: se trataba de crear vínculos. Con el tiempo, empezó a conocer a sus clientes a fondo, tanto que podría contar sus vidas casi mejor que ellos mismos. De hecho, afirma que una parte esencial de su trabajo es saber escuchar, incluso grabar las conversaciones para no olvidar ningún detalle. Al mismo tiempo, tuvo que aprender a hacer oídos sordos a lo que se dice de ella en Olot, el pueblo a dos horas de Barcelona donde creció y se independizó muy pronto de sus padres: un hombre que tenía raíces gitanas y una mujer catalana.

Museo Nacional | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

“Siempre hemos tenido buena comunicación y he hecho lo que quiero porque, al fin y al cabo, siempre he hecho mi camino. Así que, al enterarse, se quedó pues sorprendida mi madre, pero también te digo que hace nada, cuando volví a mi pueblo, a Olot, me enseñó unas fotos medio eróticas que nos hacíamos cuando yo tenía doce añitos: de pechos, de crecimiento, como de mami e hija ¿Sabes? Y yo estaba con unos billetes de cien, de quinientos y tal. Y me dijo: ‘mira, lo que hacías de pequeña y mira a lo que te dedicas ahora’. O sea, estás siguiendo tu camino, estoy contenta por ti’. Y esa es la última conversación que he tenido yo con mi madre en septiembre, al volver a mi pueblo, y estoy súper contenta”.

Ay, Praga, Darling Praga

Gracias a ese universo en continua expansión que es internet y las redes sociales, Margaret descubrió y decidió instalarse en Praga, una ciudad a la que le vio la enorme virtud de contar con un buen caudal de turismo casi los doce meses del año.

Cabaret | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

“Sí, la encontré por redes sociales. Yo soy influencer: mis redes sociales son @lamargarett_ y tengo tres cuentas más vinculadas haciendo vídeos y tal para generar tráfico para Only y supe de Praga a través de una chica de aquí que trabajaba en un club llamado Goldfingers y actualmente estoy en Darling, pero empecé en Goldfingers que es un lugar súper artístico y considero que para empezar es el mejor lugar porque tienen mucho orden, muchísima organización y buenos apartamentos. Es un sitio donde la gente va con tokens, no tocas dinero real y, al fin y al cabo, es como la prueba, el tester perfecto para saber si quieres continuar y luego meterte, por ejemplo, en Darling que ya huele a strip club, un puro strip club de toda la vida que treinta años atrás creo que era lo mismo que ahora. O sea, considero que está bien también porque es más familiar y no tan artístico. Pero, bueno, me enteré por una chica de aquí y, en el mes de abril, me dijo que ya era la temporada, que si quería probar ella hablaba con todos los managers y tal”.

Más allá de algunos pequeños viajes como el que hizo para ir de visita a su pueblo, desde entonces Margaret vive en Praga, trabajando sobre todo en ese club nocturno cuyo nombre inmortalizó Joaquín Sabina en la canción Cristales de Bohemia.

“Somos como chicas de compañía, pero somos strippers. Yo me considero muy stripper porque hago pole dance. Entonces no solo hago venta de champán, no me llevo las comisiones solo por las bebidas; o sea, yo bailo, me gusta esa escena de bailar, trabajo unas ocho, nueve, diez horas y en cada una de esas horas tienes un pase de unos seis minutos para lucirte. Yo lo veo así porque me encanta; o sea, soy súper erótica como te he dicho antes. También me dedico a hacer sodomizaciones, dominatrix y tal, pero el baile es mi pasión y cuando encontré los heels de pole dance que medían veinte centímetros y con los que podía bailar en una barra, bueno… O sea, yo vi mi luz, vi mi luz y dije: ‘Este es mi mundo’. Entonces, te luces, bailas, la gente te mira, luego te coge para ciertas cosas como lap dance, un baile con panty y si das propina a la chica puede que te haga un topless y es contigo; o sea, son cinco o diez minutitos, depende del club y de las normas y es un baile solo”.

Club nocturno praguense | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

Otra opción es el servicio de champagne room, cuya duración oscila entre diez minutos y una hora, y también consiste en una escena de seducción y baile, aunque en este caso más exclusivo, más fogoso y, en muchos casos, con desnudo total, sin que eso implique por supuesto un intercambio sexual. De hecho, asegura Margaret que lo que realmente puede hacerla enfadar es cuando algunos clientes se propasan justamente en ese sentido.

“Lo peor que yo considero es que me vengas, de buenas a primeras y me dejas: ‘vamos a follar, vamos a por sexo’. A mí eso me rompe encima, me causa un dolor de estómago, que si tengo una copa procuraré no tirártela por la cabeza porque considero que es una falta de respeto brutal, al estar yo matándome cada hora, unos diez, quince minutos de baile a full privados, para que me cojas así, de pam, pam. ¡Hostia! No sabes ni mi nombre, no me has dado tip, no sabes ni el nombre de mi madre y ya me quieres meter... No, cariño, considero que es una falta de respeto tanto si me pasa en la vida normal como si me pasa en el strip club. Entonces yo soy muy selectiva con mis clientes entonces intento que no me pase, pero pasa”.

Como su trabajo es tan exigente y sobre todo tan nocturno, Margaret aún no pudo disfrutar tanto de los encantos de Praga e incluso confiesa que, en su momento, pensaba que el famoso castillo era el Museo Nacional, que siempre veía al ir a su trabajo. Tampoco siente, por ahora, tanta conexión con la forma de ser checa.

“Son gente fría, yo en Praga no tengo amigos checos, aunque sé que cuando los checos beben y están de fiesta son los mejores, pero cuando los encuentras en tu vida normal, personal, yo no les veo un carácter que digas ¡hostia, podría ser tu amigo! No, son gente súper diferente, yo como española tengo otra sangre, tengo otro carácter, otro ser, aquí la gente ¡no es, no sonríe, no nada!”.

Lo que sí le gusta en general de los checos es que, si bien no sonríen tanto, muestran en su opinión mucho interés por lo dark, algo que ella casi no notó, por ejemplo, en Barcelona. Es decir que, en algunas cuestiones, Margaret percibe que la gente local es mucho más abierta.

“Yo cuando empiezo las sesiones de dómina hago caminar a mis clientes como perros, les pongo en cuatro patas y les hago subir así las escaleras para el privado. Si quieren pagar tienen que ser como un perrito y quedarse sin hablar y cuando acaban las escaleras me besan los pies. Yo lo hablo, pero porque les gustan estas sumisiones. O sea, hay una parte que son gays, pero les gusta la dominación femenina. Entonces, se visten de mujer, pero a la vez buscan a una mujer que les domine, pero son gays y estos clientes son para mí los mejores; y en mis sesiones de dómina hay gente que se pone mi pie en la boca, se hacen gárgaras con mi pie y hasta han bebido champagne de mi pie haciendo gárgaras”.

Psicóloga con tacones

Contra lo que muchas veces suele pensarse en estos casos, el actual trabajo de Margaret le dio más confianza y hasta la ayudó a valorarse a sí misma a varios niveles.

“Yo antes de irme a dormir, incluso, me doy las gracias por como soy, por lo que estoy construyendo y por todo, y considero que para este negocio tengo el cuerpo, tengo la capacidad, tengo la mentalidad, la belleza y la noción de erotismo, de estar sexy. O sea, siempre he tenido esta energía sexual, me la he reprochado siempre y ahora me estoy aprovechando de ella, honestamente, porque yo antes iba siempre en chándal y en mi vida me ponía maquillaje. Yo me reprochaba mucho esta sexualidad y ahora que he aprendido a apreciarla, estoy generando tranquilamente y encima me siento a gusto conmigo misma”.

Tentada | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

No obstante, a pesar de estar muy contenta con lo que hace y el dinero que gana, Margaret reconoce también que su trabajo tiene algunas desventajas como las escasas horas de sueño y los permanentes cambios de horario, lo cual puede impactar en la salud. Por otro lado, reconoce que, desde aquella separación que motivó la creación de su cuenta OnlyFans, no tiene ganas de mantener una pareja ni tampoco relaciones sexuales.

“Tienes que ser fuerte cuando te metes en este trabajo o en este mundo. Yo creo que las chicas se tienen que concienciar un poquito de que la gente no les paga por guapas ni tampoco por putas, pero tienes que ser fuerte de cabeza porque no siempre es lo que tú quieres, cariño. No es que te vas a sentar en una mesa y te van a dar dos mil euros. No, ojalá. Hay que ser fuerte, hay que saber hablar y, sobre todo, yo considero que hay que saber vender, por eso digo que separar la realidad de lo que tú eres es súper importante porque lo que mi personaje dice no es lo que yo pienso. Yo te digo lo que tú quieres escuchar, entonces tienes que ser fuerte de cabeza y saber qué es lo que estás diciendo y qué es lo que estás haciendo y por qué, si no tienes esta mentalidad tan fuerte, no te metas en estos trabajos porque puedes acabar mal a nivel mental. Muchas chicas tienen problemas mentales por distintas razones y considero que es uno de los trabajos más mentales porque, claro, estás pendiente de cuatro mil personas al día. Yo, por noche, conozco a unos diez hombres con sus historias, que me hablan de sus mujeres, de tal, de no sé qué... En solo una noche diez hombres, imagínate en un mes, y es que yo trabajo de tres a seis meses seguidos, mientras que hay chicas que solo trabajan dos semanas y descansan un mes. A mí me gusta trabajar fuerte”.

“Soy una psicóloga con tacones”.
Margaret

A esa exigencia mental hay que sumarle, entonces, el desafío de aprender a lidiar muchas veces con una gran variedad de problemas ajenos.

“Eres un psicólogo pero con tacones. Eres una psicóloga con tacones y erótica. Y, encima, los hombres se sienten súper confortables porque alguien así les escucha. A mí hay muchos clientes que me han pagado muchos privados de horas y horas y horas solo por hablar conmigo”.

Con los pies en la tierra y feliz con su actual vida en Praga, Margaret no deja de pensar en el futuro.

“Mi futuro está en las redes sociales o vivir un poquito del real estate. Me gustaría también comprar un par de casas y vivir de la renta porque no voy a trabajar de stripper con 80 años ni voy a generar OnlyFans con 80 años, eso es súper obvio. Por eso tengo mis estudios, tengo mi máster, no he dejado de estudiar en ningún momento, eso también se tiene que recalcar un montón: aparte de ser influencer, que es un trabajo súper duro y súper constante, que ahora como estoy mucho de stripper me han bajado bastante todo lo que es redes y tráfico. O sea, es un trabajo que cuesta hacer, que no es fácil: generar Only Fans, generar Instagram, TikTok, todas las redes más trabajar de stripper. Ahora apechugo, pero en 10 años yo quiero solo vivir de redes sociales”.