¡Abran las ventanillas, por favor!

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Los checos no son muy amigos de ventilar sus hogares y, debido a ello, es muy difícil que los tranvías o autobuses del transporte colectivo viajen con sus ventanillas abiertas. ¿Cuál es la razón de este fenómeno? Aquí va una teoría.

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Al escuchar de soslayo una conversación entre cuatro estudiantes latinoamericanas de intercambio nació el tema para el capítulo de hoy. Ellas viajaban por Praga en un autobús e iban acaloradas y casi desfallecidas, ya que había poco aire para respirar, pero ningún pasajero se dignaba a abrir las ventanillas.

Las jóvenes empezaron a comentar lo reacios que eran los checos para ventilar los espacios públicos o privados. En sus países, argumentaban las chicas, era muy diferente, e incluso en invierno la gente necesitaba respirar aire fresco.

Para hablar del tema recurrimos a Teodoro, un argentino que vive hace nueve años en la capital checa y da clases de español, quien concuerda rotundamente con las estudiantes señaladas y lanza una hipótesis.

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“Ahora se me ocurrió que la checa es una cultura de conservación del calor y de los olores. En invierno, cuando hace mucho frío, no sé, cuando la temperatura es de diez o quince grados bajo cero, funciona, hay que conservar el calor, pero en verano, no”, afirma.

Otra razón que explica el porqué a los checos les cuesta tanto abrir las ventanillas es el viento, al que le temen y rehúyen, ya que piensan que podrían contraer un resfrío. E incluso están los vanidosos, aquéllos que tienen mucho calor, pero se niegan a abrir las ventanillas, ya que el viento les podría arruinar el peinado. Esos prefieren sufrir el calor que verse mal.

Teodoro lanza un comentario: debido al encierro y el calor, el aire se envicia y todo comienza a oler mal. Pero eso de los olores da para otro capítulo de este Mundo de las diferencias.

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