5. “De pronto me di cuenta de que no estaba solo”
En este episodio recorremos la expansión de Radio Praga tras la Segunda Guerra Mundial: sus emisiones en árabe, suajili y guaraní, los insólitos regalos enviados por los oyentes —incluida una piel de tigre— y el sorprendente auge de los clubes de oyentes, capaces incluso de organizar un partido de fútbol contra seguidores de Radio Berlín. Un verdadero tesoro de anécdotas que revela, hasta hoy, la profunda presencia de la radio en la vida de su audiencia.
“Cuando entré a trabajar en las emisiones al extranjero, circulaba un chiste según el cual aquí trabajaban varias decenas de personas para que pudiera escuchar únicamente un campesino griego que se levantaba a las cinco de la mañana. Pero la verdad que era solo un chiste, porque las cartas que llegaban no hacían más que confirmar que las personas necesitan escucharse las unas a las otras y confrontar su vida con la de gente de otros países.”
De esa forma rememoraba su trabajo en las emisiones para el extranjero de la Radio Checoslovaca el escritor Arnošt Lustig, de cuyo nacimiento se cumple este año nada menos que un centenario. Incluso ya desde el comienzo, en 1936, la voz de Praga encontró de inmediato a sus oyentes y las primeras reacciones no tardaron en llegar. Venían de China, de África e incluso de Australia, tal como recordara el por entonces redactor Josef Cincibus.
“Ya después del primer mes de prueba de las emisiones, nuestra radio recibió cientos de cartas de todos los continentes, aunque la mayoría llegaba desde Estados Unidos. Por eso, un tiempo después, nuestra emisión en onda corta se amplió con una tercera banda dirigida al Lejano Oriente. De esa forma fue que nos incorporamos a este moderno invento de las telecomunicaciones, uniéndolos a ustedes, nuestros compatriotas, a su antigua patria, a través de las ondas.“
Regalos de radio
Entre la emisora y los oyentes se creó pronto un vínculo tan fuerte que a la redacción comenzaron a llegar entusiastas cartas y, de vez en cuando, también pequeños obsequios como un par de dólares para la cerveza o los cigarrillos y, si había un poco de suerte, incluso alguna caja de extraordinarios puros cubanos. El por entonces redactor František Kamil Zeman recuerda que una vez llegó un obsequio realmente curioso para la locutora Zdeňka Walló.
“Una vez llegó a su nombre, al edificio de la Radio Checoslovaca, una gran caja. Era como una caja fuerte, revestida de metal y adentro había una piel de tigre preciosa: curtida, suave y de colores magníficos. Era de verdad una piel de tigre. Y la carta de un oyente compatriota, de algún lugar como Bengala o quizás Australia, ya no lo recuerdo. Escribía con mucho afecto y le agradecía a Walló toda la alegría que le generaba su voz desde la Vieja Patria”.
Las reacciones de los oyentes iban creciendo a toda velocidad y no se trataba solo de compatriotas. Cuando, después de la Segunda Guerra Mundial, Radio Praga volvió al aire, aumentó considerablemente el número de idiomas con los que se dirigía al mundo. Los oyentes podían escuchar las emisiones no solo en inglés, alemán o francés, sino también en sueco y en sorabo lusaciano. A medida que Radio Praga se orientaba cada vez más hacia los oyentes de los países del Tercer Mundo, se añadieron el árabe y el suajili. Durante un tiempo incluso el guaraní. Semejante expansión idiomática empezó a generar un fervor casi incontrolable que, en 1975, llevó a Vladimír Vipler, por entonces director de las emisiones al extranjero, a realizar una curiosa predicción.
“Tenemos millones de oyentes en todos los continentes. Las encuestas realizadas hasta ahora nos han mostrado que la mayoría de ellos son personas de hasta unos treinta años. Es decir, gente cuya generación, en los próximos años, influirá de manera significativa en la historia de la humanidad”.
Vencedores vencidos
Los oyentes eran muchos y Radio Praga les prestaba toda su atención: sus cartas eran incluidas en los programas y, de vez en cuando, sobre todo en el marco de algún aniversario importante, se organizaban concursos radiofónicos con premios más que interesantes.
“Y ahora permítannos realizar aquello que todos esperan con tanta impaciencia: el sorteo del concurso de las emisiones para el exterior de la Radio Checoslovaca con motivo del decimoquinto aniversario de la liberación de Checoslovaquia. Le pedimos a Silva Daníčková que haga girar el bombo; ya lo ha hecho y ha sacado el primer número. Permítanme anunciar ahora al primer ganador. El primer premio, que es un viaje a Checoslovaquia, lo obtiene Karl Steiger de Sankt Georgen, Selva Negra, República Federal de Alemania“.
Entre esos ganadores hay uno al que recordaban muy bien Mufid Jazairi, quien trabajó durante 20 años en la emisión en árabe, y su esposa, Pavla Jazairiová, quien, en aquella época trabajaba en la redacción francesa de la radio fue la encargada de acompañar a ese ganador del concurso durante varios días por Praga.
“Una vez recibimos a un chico joven de Guinea que se llamaba Djaloma Madukone, me acuerdo bien. Fuimos a buscarlo al aeropuerto y él nos decía que lo que llevaba puesto, una de esas camisas largas típicas de África Occidental, se llamaba sassilu bubu gron o sassilu bubu pti, es decir, había un bubu grande y también un bubu pequeño. Lo llevamos luego al Hradčany, la zona del castillo, y él no lo podía entender lo que estaba viendo en Praga y decía: ‘tantas casas viejas… ¿por qué no las derriban?’ En aquel entonces trabajaba como maestro de escuela”.
Defendiendo los colores de Radio Praga
A todo esto, el contacto con los oyentes no dejaba de implicar una forma de influencia ideológica. Sobre todo después de que, en parte de manera espontánea y en parte organizada, empezaran a surgir clubes de oyentes de Radio Praga, activos, sobre todo, en países africanos, asiáticos y latinoamericanos, tal como explica el historiador y director del archivo de la radio, Tomáš Pánek.
“Esos clubes surgen aproximadamente entre finales de los años cincuenta y comienzos de la década del sesenta, y es algo que está relacionado con el proceso de descolonización, cuando los nuevos Estados comenzaban a formarse, a orientarse en el escenario internacional y a reflexionar sobre su contenido ideológico y su desarrollo futuro. Entonces empezaron a mirar con bastante interés al socialismo. Y, precisamente, la escucha de las emisiones al exterior les ofrecía algunas ideas de cómo construir el socialismo y cuáles debían ser sus valores. Así, poco a poco, empezaron a organizarse en distintos clubes. Realmente surgieron decenas de ellos en todo el mundo, en general con nombres muy fáciles de recordar. Por ejemplo, en el de Cuba se llamaba Lidice vive y el de Egipto Nefertiti. Pero no se limitaban solo a escuchar la radio: algunos empezaron a poner por escrito lo que oían en diversos boletines que luego difundían por sus propios países. Intentaban así generar una suerte de difusión de las ideas del socialismo, aunque en este caso captadas a través de la emisión checoslovaca, que para ellos se había convertido en un país modelo, y eso querían transmitirlo a sus propias naciones”.
En los años sesenta y también en la década del setenta había en el mundo unos 600 clubes de oyentes de Radio Praga. La emisora enviaba cada año 200 mil paquetes con distintos materiales de propaganda. Así informaban sobre los clubes de Radio Praga los periódicos radiofónicos en 1976.
“A través de las ondas, la voz de Radio Praga llega a los cinco continentes del mundo en diez idiomas distintos. 36 horas de emisión diaria, que, según las encuestas, sigue una comunidad de oyentes de varios millones de personas. Es alentador que se trate, sobre todo, de oyentes jóvenes. Un rasgo característico y simpático de nuestra emisión al exterior son, por ejemplo, los clubes de oyentes, que fueron surgiendo paulatinamente, sobre todo, en los países en desarrollo. El primero se fundó en Cuba hace casi 20 años y, desde entonces, ya funcionan cientos de ellos en los cinco continentes. Este hecho, al igual que los miles de cartas que llegan cada día a las distintas redacciones (solo el año pasado fueron casi 130 mil), son una prueba fehaciente de la popularidad y autoridad de las emisiones al exterior”.
En el marco de una entrevista, la subdirectora Jana Špíšková reveló que en el año 1978 llegaban a la redacción una cantidad impresionante de hasta 150 mil cartas al año, provenientes de casi todo el mundo.
“Desde 1959, año en que se creó el primer club en Cuba de manera espontánea, gracias a un grupo de jóvenes que comenzó a comentar lo que venía de oír en torno a un receptor de radio, empezaron a surgir numerosos clubes en países de África, América Latina, el mundo árabe y Asia. La mayoría se encuentra, precisamente, en África: Zaire, Argelia, Túnez, Ghana; luego India y, por supuesto, Cuba, donde los clubes son muy activos, e incluso algunos más en América Latina. Los clubes nos envían regularmente cartas compartiendo sus actividades y opiniones sobre nuestros programas, que escuchan y luego debaten. Plantean preguntas, solicitan materiales sobre distintos temas, organizan exposiciones. Su actividad es muy variada; incluso juegan al fútbol defendiendo nuestros colores. A Damasco, por ejemplo, les enviamos nuestras camisetas con la inscripción Radio Praga y nos escribieron diciendo que eran estupendas. Y hasta jugaron un partido de fútbol contra otro club que escucha Radio Berlin International; pero lamentablemente no recuerdo si ganaron”.
La propia Radio Checoslovaca solía hacer, con frecuencia, un resumen de algunas de las cartas de sus oyentes.
“V. S., Colombia. En 1957 encontré, de repente, una emisora que hablaba un lenguaje político completamente distinto del que yo conocía. Desde entonces me enamoré no solo de Radio Praga, sino también de Checoslovaquia”.
“G. T., Italia. Una vez, mientras escuchaba su emisión, de pronto me di cuenta de que no estaba solo”.
Los clubes de Radio Praga solían ser muy activos: publicaban sus propios boletines, organizaban numerosas actividades, realizaban debates y discusiones. Y sobre su labor informaban regularmente a la redacción de Radio Praga, tal como explica la subdirectora Jana Špíšková.
“Últimamente, por ejemplo, nos llegó desde la India un informe en el que nos comunican que, durante el mes de febrero, uno de esos clubs se estuvo dedicando al tema de los derechos humanos, es decir, la mayoría de los miembros del club participó en un debate sobre ese asunto y todos expresaron sus opiniones sobre la situación en los países africanos y también en Chile. Solo el socialismo puede mostrar el camino para garantizar los derechos humanos y esta es una pequeña muestra”.
Distintas dosis ideológicas
Por supuesto, no todos los oyentes escuchaban solo sobre temas políticos. En especial, la emisión dirigida a Europa Occidental tenía que ser ideológicamente un poco más moderada y presentaba las noticias sobre la construcción del socialismo de una forma algo más digerible. Así lo explica Antonio Casado, quien trabajó durante los años setenta y ochenta en la redacción en español.
“Muchos españoles trabajaban en el extranjero. Principalmente en Alemania Occidental. Luego en Francia, en Suiza y también en Italia. Así que diría que la mayoría de los oyentes procedía de esos países. Teníamos un programa, un espacio musical en el que emitíamos música española, la típica: flamenco y ese tipo de cosas. A eso reaccionaban muchísimo y escribían. Pedían escuchar tal canción o tal intérprete. Ese era el mayor eco. Transmitíamos tres veces: por la tarde, creo que a las seis, luego a las siete y media y, después, alrededor de la medianoche. Pero el programa con más respuesta era ese musical que un poco más neutral y la política no se metía tanto ahí”.
Un aporte interesante en ese sentido es el que hace también Ivana Vonderková, quien ingresó a la redacción para América Latina en 1980.
“La mayoría de los oyentes tendía a estar a favor de nuestro sistema, así que en eso no había problema. Pero había algunos que discutían con nosotros sobre lo que ellos pensaban que era lo correcto. Y creían que aquí vivíamos bajo una vigilancia policial constante, cada uno de nosotros. Lo cual, en parte, era cierto, ¿no? Por parte de la StB y demás. Pero, en realidad, no tenían ninguna idea de cómo se vivía aquí. Por eso hablábamos también de los aspectos positivos: que la gente aquí está muy en contacto con la cultura, que se dedica a ella, que practica deporte y que aquí es muy popular ir a las casas de campo. Emitíamos incluso cosas sobre la recolección de setas y eso les interesaba mucho. Y, sobre todo, les interesaban nuestros castillos y palacios. Nuestro programa Radioviajes despertaba un enorme interés entre los oyentes. Así que, más que nuestra política, creo que lo que les atraía era la cultura, la historia y la vida cotidiana de la gente en nuestro país.”
Donde manda marinero
Zdeňka Kuchyňová, quien desde finales de los años ochenta trabaja en la redacción checa de Radio Praga, da cuenta de un curioso grupo de oyentes que acompañaron a las emisiones internacionales casi desde el principio.
“Los marineros constituían un capítulo aparte porque cuando todavía existía la flota, la navegación checoslovaca, ellos prácticamente no tenían conexión con el mundo. Así que lo hacían de la siguiente manera: el radiotelegrafista captaba nuestras noticias, las pasaban a máquina y las colgaban en el tablón de anuncios, donde los marineros las leían.”
En ese sentido, el técnico Karel Koníček recordaba una carta que llegó a Radio Praga ya a finales de los años treinta.
“Llevo seis años navegando en el barco Legie. He visto una buena parte del mundo y he vivido muchos momentos emocionantes y hermosos. Uno de los más bellos lo experimenté cuando, en junio de este año, navegábamos de Amberes a Sudamérica. A unas cuatrocientas millas náuticas de las islas de Cabo Verde, de pronto escuché en mis auriculares una emisión en checo. No se pueden imaginar mi alegría. Reuní enseguida a la tripulación, compuesta en su mayoría por checos. En pocos minutos, se juntaron todos alrededor de mi cabina de radiotelegrafista. Fue un momento casi sagrado: en plena noche, en medio del vasto océano, estábamos escuchando música y lengua checas desde la lejana patria.”
Después de 1989, los clubes de oyentes desaparecieron y, a lo largo de los años noventa, también desaparecieron los marineros checoslovacos. Sin embargo, las cartas dirigidas a las emisiones internacionales seguían llegando y siguen llegando hasta hoy. Y no solo eso: muchos oyentes, gracias a Radio Praga, desarrollaron una relación afectuosa con la República Checa y, cuando visitan Praga, nunca dejan de pasar por la redacción, tal como decía Jozef Kubečka.
“Recuerdo cuando vino aquí un grupo en el marco de un viaje organizado desde Australia; serían unas 30 personas, no sé cuántas exactamente, y vinieron directamente a nuestra redacción. Allí, frente a la dirección, hay una antesala bastante grande. Pues bien, se colocaron allí y comenzaron a cantar: ‘Chequia, hermosa Chequia’. Y no porque alguien los hubiera obligado a hacerlo. Simplemente así lo sintieron.”
La máquina de coser
Lo cierto es que, con las emisiones internacionales, se ponen en contacto no solo los compatriotas checos, sino también varios extranjeros que, durante sus viajes a la República Checa, también visitan Radio Praga, como es el caso del señor Wolfgang Brodöhl de Múnich, quien empezó a escuchar las emisiones internacionales de la Radio Checoslovaca en 1968.
“He seguido muchas otras emisoras, pero con Radio Praga siento una conexión muy especial. Me gusta que ofrece noticias muy objetivas y no está vinculada a ningún partido, sino que es crítica. Sigo las noticias a diario. Fui profesor y hablaba mucho con mis alumnos sobre Chequia, o mejor dicho, por ese entonces aún sobre Checoslovaquia. Una tarde, por ejemplo, nos dedicamos a Lídice porque lo consideraba enormemente importante”.
Los oyentes no se olvidan de su radio ni siquiera después de muchos años. El jefe de la redacción en español, Daniel Ordoñez, describe cómo en 2025 llegó al correo un mensaje desde España.
“Desde Barcelona recibimos un muy amable correo electrónico de la hija de un señor que tiene más de 90 años y aún recuerda cómo ganó una máquina de coser de Radio Praga. Había un concurso, él se preparó durante mucho tiempo y así fue que ganó una máquina de coser y el año pasado, incluso, nos enviaron fotos de esa máquina. Fue muy bonito ver cómo formamos parte de la vida de tantas personas que siguen pensando en nosotros”.
Incluso en la actualidad siguen llegando montones de mensajes de los oyentes a las distintas redacciones de Radio Praga. Por ejemplo, en enero de 2026 llegó un e‑mail desde Egipto en el que el señor Mohamed Abdel Raheim felicitaba a Radio Praga por su 90.º aniversario y le deseaba muchos años más de éxitos.
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