“Tenemos que aceptar y entender a nuestros adictos. Y dejarlos morir”
Pepa Lubojacki es una joven cineasta y documentalista praguense que acaba de ganar dos premios en la Berlinale: mejor documental y premio Caligari. Su película se titula ‘Si las palomas se convirtieran en oro’, es su opera prima y trata sobre adicciones y la transmisión intergeneracional del trauma.
‘Si las palomas se convirtieran en oro’ (If Pigeons Turned to Gold en inglés; Kdyby se holubi proměnili ve zlato, en checo), es un documental biográfico que narra en primera persona cinco años de la vida de Pepa Lubojacki y su especial relación con su hermano mayor y sus dos primos más cercanos, los tres adictos a las drogas y el alcohol y en precariedad habitacional, sin techo, digamos.
La película acaba de ganar dos galardones en el prestigioso Festival Internacional de Cine de Berlín, todo un hito en la cinematografía checa: el premio al mejor documental y el premio Caligari, que valoró las innovaciones técnicas de este proyecto.
Toda la obra de Pepa Lubojacki está marcada por los traumas de la adicción y los conflictos generacionales que conlleva. La transmisión intergeneracional del trauma, lo llama ella, por experiencia propia.
La suya es una película íntima de bajo coste, rodada con un iPhone, y que flirtea con la Inteligencia Artificial también, pero con una fuerte carga personal y emocional, como explica la propia Pepa Lubojacki en entrevista con la Radio Checa.
“Esto ha sido un proceso largo. Y una combinación de varias razones que me habían estado rondando la cabeza durante mucho tiempo. Lo primero es que creo que la adicción es un gran problema: está presente en muchas familias, pero hay mucha vergüenza al respecto. La gente no quiere hablar de ello, así que aísla a las familias o a las personas. Yo también estaba experimentando este aislamiento y quería ayudar a romper el estigma en torno a la adicción o incluso a vivir en la calle. Creo que es hora de dejar de sentir vergüenza, de verlo como un fracaso, y empezar a ver la adicción y la vida en la calle desde una perspectiva que tenga en cuenta el trauma. Además, sentía rabia hacia el sistema. Mi primo perdió ambas piernas porque no recibió atención oportuna en el hospital. También fui testigo de la violencia policial contra la gente de la calle, contra mi hermano. Necesitaba desahogarme de alguna manera, pero nunca imaginé que sería una película tan importante ni ganar estos premios”.
Al ser un documental que es crónica personal de sus relaciones familiares más íntimas, Pepa Lubojacki no quiso poner límites al momento de grabar, pero sí los puso en la sala de edición.
“Solo puse límites en la sala de edición porque al principio tuve problemas para filmar a mis familiares y la autocensura me estaba estorbando, así que tuve que dejar la autocensura para la sala de edición. Durante los cinco años que estuve filmando, leí mucha literatura sobre ética cinematográfica, psicología, adicciones y otros temas; me ayudó mucho. Pero para mí era muy importante que mis familiares siempre tuvieran derecho a veto, que si no querían algo, lo eliminaran. Ciertamente no incluí el material más duro, pero al mismo tiempo la adicción en sí es muy dura, así que no quería suavizarlo por completo. Hay muchas cosas que creo que resultarán impactantes para algunos, pero lo importante para mí es que mi hermano y mis familiares vean la película y la acepten. Sin embargo, presentar la adicción como algo refinado no funcionaría porque no reflejaría la realidad que muchas familias viven y sufren a diario”.
Agrega Pepa Lubojacki que su hermano sí ha visto el documental finalizado y aunque al principio le costaba asimilar lo que pasaba en pantalla, de a poco se fue acostumbrando.
“Mi hermano vio el documental completo y fue difícil para él. Intenté mostrarle varios clips a lo largo de los años y no lo soportaba. Siempre cambiaba de tema, simplemente se alejaba o se burlaba. No le fue fácil soportarlo. Pero lo vio completo, estaba completamente sobrio, lo cual fue muy importante para mí y fue muy emotivo para él. Pero, en realidad, lo que más me impactó fue que estaba orgulloso de sí mismo, lo cual fue muy emotivo. Porque cuando vives en la calle o con una adicción, tienes mucha vergüenza dentro. Aunque no la demuestres o la muestres más a través de la agresión, la ira o la decepción, la vergüenza está ahí. Estas personas están muy marginadas en la sociedad; definitivamente, no suelen estar orgullosas de sí mismas. Y el hecho de que se viera a través de mis ojos después de tanto tiempo y que sintiera que sí importaba, fue muy emotivo. Lo vimos juntos y fue una experiencia difícil, pero muy transformadora para mí. Y que él lo viera y su opinión al respecto fue lo que me confirmó por primera vez que estaba haciendo algo bueno”.
Pepa Lubojacki ha invertido muchos años de su vida en este documental. Ya hablaba de él en el año 2024, cuando se presentó en el Festival Internacional de Cine Documental de Tesalónica, en un foro sobre la próxima generación del cine checo: Meet the Future.
“Esta película sigue tres años de mi vida y la vida de mi hermano mayor y de mis dos primos más cercanos, todos ellos adictos y sin casa desde hace una década, por lo menos. La idea se gestó en mí cuando visité a mi primo David en el hospital después que le amputaran sus dos piernas debido a complicaciones derivadas del abuso de drogas. Y me empecé a cuestionar: ¿por qué ellos y no yo? ¿Cuál es la diferencia entre nosotros? ¿Qué marca la diferencia? ¿Y cómo romper este ciclo de trauma que ellos no pudieron superar?”.
El documental está además, de alguna manera, conectado con la figura de su padre, que también era un adicto y a quien no pudo salvar ya que murió debido a sus adicciones.
“Mi padre murió víctima de sus adicciones así que yo decido salvar a mi hermano y a mis dos primos, para compensar esa pérdida. Y la pregunta que surge ahora es: ¿qué significa salvar a alguien? ¿Es posible hacerlo sin comprometer tu propia integridad y salud mental? La respuesta es no, no es posible. Pero quizás el meollo de todo esto radique en aceptar al adicto, aceptarlos tal como son, quererlos y apoyarlos en ese complicado momento de sus vidas, sin juzgar, sin prejuicios, y quizás también significa dejarlos morir, pero sin abandonarlos”.
En el documental, Pepa Lubojacki conecta el pasado con el presente y lo hace haciendo uso de fotos animadas y habladas creadas gracias a la inteligencia artificial. En relación al uso de la IA, Pepa Lubojacki dice que ella se adelantó a toda la polémica que impera hoy en día respecto al tema y que quizás lo haría diferente si tuviera que hacerlo de nuevo.
“Me gustaría mencionar que usar inteligencia artificial es algo muy extraño para mí, porque empecé a usarla hace años, cuando internet no estaba inundado de vídeos divertidos de IA y aún no se abordaban la ética ni el impacto ambiental. No era un tema problemático entonces, ni polémico, así que recordarlo ahora es muy extraño. Si tuviera que investigarlo ahora, pensaría más en cómo y en qué medida utilizaría la IA, pero no era un tema en ese momento”.
Pepa Lubojacki trabaja también, hace tiempo, en un guion de ficción que sigue fiel a sus temas más recurrentes: la adicción, los traumas que genera y su traspaso intergeneracional. Y ahora, gracias a estos dos premios en la Berlinale, seguramente tendrá más facilidades a la hora de la financiación. Ojalá que así sea.








