Telc

La ciudad de Telc es una de las más hermosas localidades en Moravia del Sur. Su casco antiguo fue incluido en el año 1992 en el Patrimonio Cultural de la Humanidad de la UNESCO.

Según dice una leyenda, la ciudad de Telc enraizó en el territorio checo en el año 1099. En aquél entonces, el margrave moravo Otta II hizo construir una capilla de la Virgen María, en el suburbio de la ciudad de hoy, como una acción de gracias por haber derrotado en un duelo al príncipe Bretislav.

Así es la leyenda, no obstante, los primeros testimonios escritos sobre la ciudad es posible encontrarlos en las postrimerías del siglo 13, éstos indican que en esta zona se encontraba un pueblo eslavo, situado cerca del vado del arroyo de Telc.

En el año 1530, un fuerte incendio destruyó gran parte de la plaza mayor, lo que provocó una renovación de la ciudad en estilo renacentista. En las bases góticas crecieron casas de dos pisos con fachadas redondeadas y arcadas, que son muy típicas para las ciudades de Bohemia y Moravia del Sur. Las reconstrucciones afectaron también a los edificios cristianos, las iglesias del Espíritu Santo o la de Madre de Dios, entre otras.

En el siglo 14, Oldrich III de la ciudad de Hradec adquirió esta localidad del entonces rey checo, Juan Luxemburgo. Este suceso fue muy importante para el posterior desarrollo de dicha localidad que unos años más tarde obtuvo el fuero de ciudad. Los nuevos dueños construyeron murallas de piedra, fundaron estanques que rodeaban toda la localidad, y, sobre todo, abandonaron la fortaleza antigua e hicieron edificar un castillo gótico.

Bohumil Norek, administrador del palacio de Telc, señaló, que las más importantes reconstrucciones del antiguo castillo se realizaron en el siglo 16.

"La renovación fundamental del palacio se llevó a cabo en el año 1554 bajo el dominio de Zacarías de Hradec que hizo reconstruir el castillo gótico en estilo renacentista. El palacio, así como toda la ciudad en general, conservaron su aspecto de aquella época hasta el presente, lo que es algo muy especial."

El mencionado Zacarías de Hradec, había heredado la ciudad a mediados del siglo 16 y poco después emprendió un viaje a Italia. Al volver, impresionado por la arquitectura renacentista, decidió reconstruir el castillo. Por este motivo invitó a maestros de la construcción italianos para que éstos le ayudaran a llevar a cabo su propósito.

Así nació un lujoso palacio, rico en adornos y con una composición muy esmerada, que en la actualidad es una de las mayores joyas de la arquitectura checa. Bohumil Norek, castellano del palacio de Telc, mencionó que durante la visita a este palacio es posible elegir a un guía en inglés o alemán, y que los visitantes tienen a su disposición un texto sobre la historia también en español.

"Existen tres rutas de visita. La primera incluye el interior y el equipamiento del palacio en general. La segunda vuelta incluye el piso de los últimos propietarios que vivieron en el palacio hasta el año 1945. Y, por último, los visitantes pueden pasar por la Galería de Jan Zrzavý, un pintor contemporáneo checo, donde está expuesta su obra."

Los ciudadanos de Telc dicen que en el palacio, situado en la plaza mayor, aparece por las noches una dama blanca. Bohumil Norek, que trabaja de castellano en el palacio ya nueve años, lamenta no haberla visto todavía.

"El palacio, naturalmente, es vigilado por una dama blanca, porque se dice que ésta yerra por las noches en todas las residencias de la dinastía de los Rozmbrek. Sin embargo, yo en persona hasta el momento no la he visto y espero que un día me encuentre con ella."

Según parece, en el pasado los ciudadanos no dudaban sobre la existencia de este ser supernatural, ya que hay varias leyendas sobre la dama blanca.

Una de éstas cuenta que la señora Perchta de Rozmberk introdujo en sus tiempos una costumbre de servir a los pobres paté dulce siempre el Jueves Verde, cuando los cristianos recuerdan la última cena de Jesucristo. El año 1645, durante la Guerra de los Treinta Años, la ciudad de Telc fue ocupada por los suecos que primero habían prohibido que se mantuviera esa costumbre, pero cambiaron de opinión cuando apareció la enfurecida dama blanca, Perchta de Rozmberk.

Otra mujer que pasó a la historia de la ciudad fue Francisca, baronesa de Meggau. Ésta fue a mediados del siglo 17 intendenta del futuro rey y emperador, Leopoldo I., y a la vez gran protectora del arte. La baronesa fundó el colegio de jesuitas que desde aquel entonces empezó a ocupar un puesto relevante en la vida religiosa y cultural de la ciudad.

La mencionada baronesa hizo traer las reliquias de Santa Margarita, que pasó a ser patrona de la ciudad.

La ciudad de Telc tenía su ayuntamiento ya en el siglo 15, a diferencia de otras localidades en Moravia. En las crónicas podemos leer que ésta fue destruida en el año 1499 por una explosión.

Los historiadores tienen sus explicaciones, pero los ciudadanos saben que los consejeros del ayuntamiento organizaron un banquete en homenaje del recién nacido vástago de la dinastía de los Rozmberk. Con este motivo prepararon también fuegos artificiales y el polvorín explosivo lo almacenaron en el sótano de la alcaldía.

Empezó la fiesta, el vino y la cerveza corrían a borbotones y cuando éstos se acabaron un sirviente fue a la bodega para volver a llenar los jarrones. Bajó con una antorcha que puso por descuido encima del barril con la pólvora. A partir de aquel entonces, nunca ha sido posible volver a ver en la ciudad de Telc una función de fuegos artificiales tan enorme.

En los alrededores de la localidad de Telc un peregrino podía topar en los tiempos remotos con varios fantasmas. Según se dice, en la colina de Mrákotín andaba una cabeza de caballo con patas de pollo hasta que fuera salvada por un muchacho. Otro espectro, con el que hay que tener cuidado, es un campesino tacaño que, después de su muerte, vigila su campo, porque tiene miedo de que alguien le robe la cosecha.

A unos 8 kilómetros al norte de la ciudad se encuentra en los bosques profundos el castillo de Rostýn, empotrado en enormes rocas, de un aspecto espantoso. No es de extrañar que los habitantes creyeran que el edificio había sido construido por una fuerza supernatural.

Se dice que un hidalgo ofreció su alma al mismísimo diablo, si éste le construía un castillo durante una noche antes de que cantara el gallo. El demonio infernal puso las manos en la obra y pronto le faltaba colocar una sola piedra para terminar el edificio.

El hidalgo veía que estaba a punto de perder su alma y cantó en vez del gallo con tanta habilidad que ni el diablo se dio cuenta de que había sido engañado y desapareció. El hidalgo puso la última piedra en su lugar y vivió en el castillo felizmente hasta su muerte.

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