PRUEPA: el proyecto que reforma pueblos fantasmas de España y destruye prejuicios entre estudiantes

Markéta y Ondřej

Dos estudiantes checos del Instituto Bilingüe Hladnov participaron este verano en PRUEPA, un programa español que transforma pueblos abandonados en espacios educativos. Ondřej y Markéta vivieron una semana en Granadilla, Extremadura, donde ayudaron a reconstruir el pueblo y experimentaron de primera mano la cultura española.

Los estudiantes con la coordinadora | Foto: Kristina Kellnerová,  Radio Prague International

En el Instituto Bilingüe Hladnov de Ostrava, dos alumnos vivieron una experiencia única este verano al formar parte del programa PRUEPA, Programa de Recuperación y Utilización Educativa de Pueblos Abandonados. Durante una semana, los jóvenes checos Ondřej y Markéta ayudaron a reconstruir el pueblo fantasma de Granadilla, en Extremadura. El propio Ondřej describió el programa en entrevista con RPI.

“PRUEPA es un programa que transforma pueblos abandonados en zonas educativas. En este programa miles de estudiantes de toda España y decenas de extranjeros, incluyéndome a mí, participamos en una simulación de la vida y de un aldeano de forma educativa”.

Para llegar a Granadilla, pueblo desalojado a mediados del siglo XX debido a la construcción del embalse de Gabriel y Galán, que convirtió la villa en zona inundable, Ondřej y Markéta viajaron utilizando cuatro tipos de transporte diferentes. Tras comprobar que el pueblo no llegaba a inundarse ni siquiera con el embalse lleno, España decidió incluirlo en el programa en 1984. Desde entonces, el Instituto Hladnov ha participado tres veces, según cuenta Ivana Freitagová, coordinadora de la sección bilingüe.

Foto: Discasto,  Wikimedia Commons,  CC BY-SA 3.0 ES DEED

“Participamos, desde el año 2012, en total tres veces en este proyecto, que es del Ministerio de Educación español. La verdad es que no hay mucho interés entre los alumnos, principalmente por la preocupación de sus padres, porque estos pueblos están muy lejos y hay que coger avión, autobús o tren. Entonces, los padres se preocupan mucho”.

Además de la distancia, otro factor que desalienta a muchos padres es la condición de que los participantes no pueden ser mayores de 18 años, por lo que son pocos los que se atreven a enviar a sus hijos menores a otra punta de Europa. En esta última edición, en la que participaron Ondřej y Markéta, la escuela no tuvo que hacer un proceso de selección. A pesar del bajo interés, la coordinadora destaca el enorme valor de la experiencia.

“Es un proyecto que me parece súper interesante porque nuestros alumnos conocen España desde el punto de vista cultural, histórico, etcétera. Muchísimos de ellos han estado con sus padres, disfrutando del sol y demás, pero muy pocos han visto una zona montañosa o un lugar abandonado como lo son estos pueblos”.

Foto: Patrick,  Wikimedia Commons,  CC BY-SA 3.0

Además de Granadilla, el programa funciona también en Búbal y Umbralejo. Para entender mejor cómo funciona el programa, preguntamos a Ondřej sobre un día típico en Granadilla.

“Te levantabas a las 8 de la mañana, desayunabas, hacías tareas en el pueblo como cosechar, cuidar de los animales, limpiar la ciudad, etc. Por la tarde asistías a talleres donde te enseñaban alguna habilidad o aprendías algo nuevo. Luego, hacías alguna actividad deportiva como kayak o senderismo, y por la noche había alguna actividad”.

Justamente esas actividades eran las favoritas de Markéta, quien describe con entusiasmo su juego nocturno preferido.

“Mis actividades favoritas eran los juegos y las actividades nocturnas. Mi juego de noche favorito era La boda en la Iglesia, en el que todos compartíamos algunas costumbres y representábamos una pequeña obra de teatro sobre una boda en la iglesia”.

Para los alumnos checos, además de la experiencia cultural y social, el aprendizaje del español fue fundamental. Siendo los únicos estudiantes checos entre participantes de distintas regiones de España, el intercambio lingüístico supuso un desafío y una oportunidad única. Ambos afirmaron una mejora especialmente en la comprensión del idioma, aunque mencionaron una dificultad particular en la comunicación por un acento conocido por su complejidad.

“El acento más difícil de entender lo tenían, sin duda, los españoles del sur. No pronuncian las palabras completas y a veces omiten algunas letras. Eso era muy difícil para nosotros, sobre todo con palabras como juegos, huevos, huesos, etc.”.

Markéta y Ondřej | Foto: Kristina Kellnerová,  Radio Prague International

Durante la convivencia también surgieron curiosidades y estereotipos entre los estudiantes. Markéta recuerda que sus compañeros españoles tenían ciertas ideas preconcebidas sobre la República Checa y los checos, que se disiparon con el contacto directo.

“Ellos me preguntaban si tenemos piscinas en la República Checa, o tiendas como IKEA, y cosas así. Pero creo que les sorprendía que hablásemos porque pensaban que éramos muy introvertidos, como si fuéramos más del norte, pero no. Les sorprendió que no fuéramos como robots”.

Estas diferencias en la forma de ser y relacionarse también quedaron reflejadas en la percepción de Markéta sobre cómo podría funcionar un programa así en la República Checa.

“Creo que el programa no puede funcionar aquí como en España porque la gente no está tan preparada para participar en algunos juegos o socializar con otras personas. En España, la gente es más extrovertida, divertida y abierta que aquí en la República Checa”.

Foto: Discasto,  Wikimedia Commons,  CC BY-SA 3.0 ES DEED

Al preguntarle a los alumnos si creen que esa actitud más abierta y social es algo que les gustaría ver en su país, Markéta ofrece una reflexión sobre las diferencias culturales observadas durante la experiencia. Reconoce que, aunque la convivencia permitió conocer y entender mejor la forma de ser española, no busca que una cultura reemplace a la otra. Más bien, valora la diversidad y cree que cada sociedad tiene su propia identidad que merece ser respetada y preservada. Por su parte, Ondřej reconoce la importancia de unos buenos monitores que conecten a todos los participantes.

“Creo que todos somos diferentes y no podría decir que quiero que todos los checos tengan que ser como los españoles o los españoles como los checos. Creo que está bien como es ahora”.

Esta actitud muestra una apertura y un respeto genuino hacia la pluralidad cultural, uno de los grandes valores que programas como PRUEPA buscan fomentar entre los jóvenes participantes. Ambos estudiantes coinciden en que disfrutaron mucho la experiencia y están muy contentos de haber participado en el programa, valorando no solo el aprendizaje, sino también las amistades y recuerdos que se llevaron de Granadilla.