Pavel opina que los planes expansivos de Rusia persistirán incluso después de Putin

El presidente checo, Petr Pavel, advirtió que la estrategia de expansión de Rusia no desaparecería con el fin del mandato de Vladimir Putin, y que el conflicto con el mundo democrático continuaría incluso si se alcanzara la paz en Ucrania. Las declaraciones se produjeron esta semana durante una discusión pública del presidente con habitantes de Praga, según reportó la agencia ČTK. Pavel sostuvo que Rusia conduce “una guerra con la democracia y el mundo democrático” que no terminará con un acuerdo en Ucrania, porque, según su opinión, Moscú buscaría otros métodos e incluso nuevos conflictos si lo considera ventajoso.

El presidente describió la estrategia rusa como una política de conflicto continuo que se adapta pero no desaparece, con herramientas que van desde enfrentamientos militares convencionales hasta espionaje, ciberataques y operaciones híbridas. Pavel añadió que este enfoque se remonta a épocas anteriores y se mantiene hasta hoy, reflejado en la estructura del poder y la lealtad dentro del régimen ruso, incluido el papel de la Guardia Nacional rusa en la preservación interna del sistema.

Pavel también abordó las relaciones transatlánticas, señalando que aunque no es admirador del presidente estadounidense Donald Trump, existen numerosos actores en Estados Unidos que comprenden la importancia de la alianza con Europa y las democracias globales. Destacó que mantener el diálogo con esos sectores estadounidenses es fundamental para afrontar los retos de seguridad compartidos.

En relación con la política de defensa interna, el presidente criticó la reducción de los gastos en materia militar en el proyecto presupuestario actual, y calificó como irresponsable la disminución de fondos en un momento de elevada tensión internacional. El comité de Defensa de la cámara baja recomendó un presupuesto menor al propuesto inicialmente por el gobierno anterior, y Pavel dijo que buscará discutir estos ajustes con la ministra de Finanzas Alena Schillerová y el primer ministro Andrej Babiš.

Autor: Juan Muttoni