“Havel era, antes que nada, un caballero”: el sentido recuerdo de su amiga y traductora Monika Zgustová
En el 90.º aniversario del nacimiento de Václav Havel, Monika Zgustová rememora los encuentros que compartió con una personalidad política y artística que trascendió fronteras y mantuvo, incluso como presidente, su espíritu rebelde y su pasión por las palabras.
Sensible como pocos al peso de las palabras y a los matices del lenguaje, Václav Havel cultivó una relación muy especial con cada uno de sus traductores. A días del 90.º aniversario de su nacimiento, la escritora y traductora Monika Zgustová confirma que esa puede ser, en efecto, una buena vía para acercarse a su entrañable y, a la vez, compleja figura.
“Bueno, pues a mí me tocó ser su traductora del checo al castellano. Traduje toda su obra, sobre todo la que iba escribiendo como presidente y después; pero antes, y sin que me lo pidiera él, pues había traducido, por ejemplo, sus obras de teatro. No todas, pero sí como el 75% de ellas. Y, entonces, se publicó una antología en castellano que se llama "Largo Desolato y otras obras", con un largo prólogo mío. Y, bueno, pues sí, las Cartas a Olga y todo eso lo hice antes de conocerlo a él. Y además, pues iba publicando sus artículos o partes de sus ensayos en la prensa de España. Y nos conocimos un poquito a raíz de todo eso”.
Intérprete y traductora
Aunque Monika aclara que ser traductora e intérprete son oficios completamente distintos, cuenta que, después de negarse varias veces, en una ocasión en el Ayuntamiento de Barcelona le pidieron casi de rodillas que hiciera de intérprete de Václav Havel. Como en aquella época había muy pocas personas capaces de hacerlo, no le quedó más remedio que aceptar. Con la perspectiva que da el tiempo, reconoce que no se arrepiente en absoluto: gracias a ese episodio tuvo la oportunidad de conocer personalmente a Havel.
“Sí, aquella fue la primera vez, en el año 1991. Y entonces, bueno, pues me presentaron como su intérprete, pero básicamente como su traductora. Y el por entonces alcalde de Barcelona Pasqual Maragall me presentó a Havel como traductora porque él mismo había visto las traducciones de las Cartas a Olga, que él escribió desde la cárcel. Y en ese momento, Havel se paró en seco y empezó a hablar conmigo en checo, y a interesarse por todos los problemas que podía haber en esa traducción, que en verdad fueron muchos porque yo tuve que hacer muchísimas consultas con distintas personas sobre esas cartas. La razón es que no se entendían del todo porque, claro, desde una cárcel totalitaria, Havel tenía que disimular algunos de los sentidos de sus frases y tal. Y bueno, pues sobre esto se interesaba él muchísimo y empezamos a hablar en checo y allí estaba, pues, medio ayuntamiento de Barcelona parado mirando qué pasaba. Y bueno, pues Havel ni se dio cuenta porque estaba demasiado adentrado en todo ese debate”.
En otras palabras, podría decirse que, en aquel momento, le afloró su faceta de escritor, eclipsando quizá la del político que estaba representando. Lo cierto es que Monika recuerda incluso una pregunta muy concreta que él le hizo entonces.
“Hasta cierto punto, él echaba de menos sus tiempos de disidente. Yo diría que era un presidente un poco disidente”.
“¿Cómo pudiste traducir esas frases que en checo están a medias? Porque sabía que mi mujer las entendería. Pero es que esto un lector español no lo puede entender, ¿no? Y, claro, entonces yo le dije que había hecho consultas con el canadiense Paul Wilson, su traductor del checo al inglés. Y, además, con el filósofo y escritor checo Jan Lopatka, que hizo la edición de la versión checa, esas fueron las dos personas a las que consulté todas las dudas que tenía, y eso se lo dije a Havel”.
Presidente disidente
En consonancia con semejante irrupción, Zgustová afirma que el rol de presidente en algún punto incomodaba a Havel.
“A mí me lo dijo muy claramente y no solo una vez porque un poquito se desahogaba conmigo a veces y supongo que con otras personas también, con las personas que sentía como cercanas y que podían entenderle, él se desahogaba un poco. Y entonces me decía que el papel de presidente no estaba hecho del todo para él, sí en el sentido de que podía ayudar a su país y a veces incluso a más de un país, cuando daba sus charlas, por ejemplo, por radio a otros países. Entonces, sí, para ayudar muy bien. Pero, claro, él era siempre rebelde y siempre una persona que protestaba, le gustaba protestar contra cualquier detalle con el que no estaba de acuerdo. Y como presidente muchas veces no podía hacer eso, ¿no? Entonces, hasta cierto punto, echaba de menos sus tiempos de cuando estaba en el papel de disidente, ¿no? Yo diría que era un presidente un poco disidente”.
La paradoja, sin embargo, es que quizá fue justamente ese doble rol lo que terminó por volverlo tan célebre a nivel mundial.
“Es gracias a Havel que el Café Slavia se ha conservado”.
“En España la recepción es excepcional, yo diría. Como en toda Europa y también en Estados Unidos, Canadá y en gran parte del mundo occidental, donde es muy conocido, sus ideas son muy conocidas, la gente se interesa muchísimo, lo echa de menos, han leído sus obras, han visto sus obras de teatro y siempre cuando sale algún artículo, suyo o alguna mención a él, yo creo que la gente reacciona bastante. Como, por ejemplo, cuando Mark Carney hizo un comentario sobre Havel en su discurso de hace unos meses. Entonces allí lo citaron todos la verdad, citaron justo lo que dijo sobre Havel, y eso que dijo muchísimas más cosas, pero esa frase llegó a todo el mundo”.
El salvador del Slavia
La relación de Havel con Praga merece un capítulo aparte. No por casualidad, la organización Open House prepara una conferencia del historiador de la arquitectura Zdeněk Lukeš sobre los lugares que el escritor y presidente solía frecuentar en la capital checa. Entre ellos destacan, por supuesto, algunos bares notables, tal como recuerda Monika Zgustová.
“En un momento dado, se decía que el histórico Café Slavia pasaría a manos de una empresa que quería convertirlo en oficinas o en un hotel de lujo, y entonces fue Havel, ya presidente, quien realmente hizo todo lo posible para luchar contra ese proyecto. Y es gracias a él que el Café Slavia se ha conservado como está, es decir, como un café histórico donde iban muchos personajes de la cultura checa tanto en el siglo XX como en el XXI. Entre ellos el propio Havel porque él se formó allí, entre todos aquellos intelectuales. Y como es un café privilegiado, con unas vistas magníficas sobre el río y el castillo, pues empezó a llenarse de turistas, y entonces cuando pasó esto, pues Havel ya dejó de ir porque le reconocían fácilmente, y bueno, le pedían autógrafos y cosas así, y entonces él empezó a ir al Café Louvre porque su oficina, después de ser presidente, estaba justo al lado. O sea que muchas veces iba allí a tomarse un café, o cuando tenía que quedar con alguien, quedaba siempre allí, también comía allí muchas veces. También ese es un café histórico en el que se encontraba Kafka con sus amigos; y Havel allí se sentía muy a gusto, pues sentía las vibraciones de todos aquellos intelectuales que allí se tomaban su café y hacían pues una larga tertulia”.
El último encuentro
Monika recuerda también perfectamente su último encuentro con Václav Havel, ocurrido con motivo de su 75.º cumpleaños, en 2011.
"Havel era muy amigo del director y propietario de la Galería de Arte Contemporáneo DOX de Praga, que es preciosa, y entonces allí organizó la fiesta de su 75 cumpleaños, a la cual yo también fui invitada, y donde realmente se reunieron muchos de sus amigos, la gran mayoría de sus amigos, algunos vinieron incluso del extranjero. Nadie de nosotros sabía que sería el último encuentro con Havel, pero fue así, y yo tuve también la gran suerte de poder hablar con él. Como estaba sentada cerca de la entrada, fui la primera persona a la que él vio al llegar y me dijo: bueno, pues voy a tomar una copa o un par de copas antes de empezar a saludar a la gente. Y mientras lo hacía, pudimos hablar un poco más de sus opiniones sobre el mundo. Yo, a su vez, también le conté cómo iba con la traducción de su última obra de teatro, que él la había escrito tras dejar de ser presidente, y la verdad es que fue muy cordial, fue muy agradable todo. Luego tuve que ir ya a su funeral, dos o tres meses más tarde, también viajando desde Barcelona y fue algo muy emocionante… durante el funeral recordé mucho nuestra última conversación en la Galería DOX".
Agrega Monika que fue un gran acierto hacer la fiesta de cumpleaños en ese lugar porque había capacidad suficiente para toda esa gente, pero el espacio a la vez permitía que algunas personas pudieran estar más apartadas, como era el caso, recuerda, del escritor Ivan Klíma, que habló con muy pocas personas en toda la noche.
Hablando bajo la lluvia
Tal como retratan casi todos los testimonios y películas que se hicieron sobre Havel, cuenta Monika Zgustová que su afición y adicción al cigarrillo era algo extremo que hoy parecería, incluso, de otra época.
“Y cuando no podía fumar, pues, no se sentía él. Y también te voy a decir una cosa muy bonita que recuerdo con gran cariño: yo fui invitada a su viaje por Gran Bretaña a finales de los 90, y entonces estuvimos también en Irlanda, donde nos reunimos con los políticos que ya habían bebido bastante porque el mal tiempo invita a eso. Y, luego, cuando salimos, llovía a cántaros, y Havel se me acercó para dejarme su paraguas. Pero entonces él se mojaba, y yo protesté, pero él era antes que nada un gentleman, y entonces, fuimos así bajando la escalera del palacio donde nos habíamos reunido con aquellos políticos, y, bueno, Havel totalmente mojado, pero de buen humor, hablaba de todos ellos y de su gusto por la bebida”.
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Con más de cuatro décadas de experiencia como pianista profesional, actualmente Aladár Lašanský engalana las noches de la cafetería Slavia con un amplio repertorio.









