Una vida entre Perú y Chequia: ¿de dónde es una persona que ha pasado el mismo tiempo en dos países?

Daniel Gutiérrez en los estudios de Radio Praga Internacional

Daniel Gutiérrez vivió 19 años en Perú y está por cumplir 19 viviendo en Chequia. Aquí estudió, encontró el amor y se convirtió en padre. ¿Cómo se convive con las ganas de volver? ¿Qué consejos tiene para quienes quieren emigrar desde América Latina? ¿Y qué le diría a su yo de 19 años, antes de tomar el avión que le cambiaría la vida?

Cuando Daniel Gutiérrez dice “mi país”, se refiere a Perú. Al menos, la mayoría de las veces. Con 19 años vividos en Lima y 18 en distintas partes de República Checa, “allá” y “acá” se han convertido en palabras confusas.

Oriundo del barrio de Lince (Lima), hoy reside en Pardubice, a poco más de 100 kilómetros de Praga. Pero también ha vivido en la capital checa, en Brno y en Poděbrady. Aparecen las preguntas obvias: cómo, por qué.

Por suerte, semejante recorrido tiene una explicación: Pavel Nedvěd.

“Estaba en la escuela secundaria y siempre había tenido el anhelo de viajar al extranjero y estudiar en otro país. Nosotros somos tres hermanos y la educación privada en Lima es súper cara. Iba a ser complicado que nos pagaran una educación privada a los tres. Entonces busqué opciones en el extranjero. En esa época, República Checa era muy buena en fútbol, fue la generación de Milan Baroš, de Pavel Nedvěd, de esos grandes jugadores, y yo miraba mucho fútbol. Me gusta mucho el fútbol. Y ahí es que me interesé por República Checa y comencé a indagar qué opciones había para venir acá, cómo funciona la educación. Y encontré unas becas que el Gobierno checo daba en esa época a países de Latinoamérica. Me postulé y me la concedieron. Así es como logré venir aquí a República Checa”.

Una pasión que no se quedó en Perú | Foto: archivo personal

Algo que no se especifica en los términos y condiciones para obtener este beneficio educativo es que lo que comienza como una beca puede terminar de cualquier manera. En el caso de Daniel, la apuesta finalizó con: dos títulos universitarios, múltiples ofertas de trabajo, el aprendizaje del idioma checo, amistades, una historia de amor, un hijo, viajes entre continentes, partidos de tenis y una lista que podría continuar por casi dos décadas.

Así dan ganas de animarse a cambiar de vida. Pero lo que hoy parece evidente, no lo fue en sus comienzos.

Un comienzo difícil

“Los primeros días, sinceramente, quería volver a mi país, porque esto era muy diferente: la gente, la comida, incluso los olores, me acuerdo que era todo muy diferente a lo que yo estaba acostumbrado y me quería volver.

Me acuerdo de que llamé a mi padre y le dije: ‘Bueno, pruebo una semana más y a ver qué tal, porque no siento que sea lo mío’. Aparte, yo llegué a una ciudad que se llama Poděbrady, que es una ciudad superchiquita, donde la gente que vive ahí es, digamos, mayor. Y ahí la gente no hablaba ni inglés; aparte, mi inglés era muy malo, entonces no tenía forma de comunicarme con nadie. Pero luego me adapté. Tuve la suerte de que tuve alrededor mío amigos de Latinoamérica, de otros países. Y bueno, todos unidos, en los momentos de soledad, cuando era Navidad o Año Nuevo, por ejemplo. Y decidí realmente dedicarme al checo, a estudiarlo, a adaptarme. Y también el apoyo familiar fue muy importante para mí”.

Daniel Gutiérrez en sus primeros años en Chequia  | Foto: archivo personal

En República Checa, se estima que al menos el 10% de la población es de origen extranjero. Sin embargo, ese número creció significativamente recién en la última década. Hace 18 años, cuando Daniel comenzó a estudiar economía y tecnologías de la información (IT) en la Universidad Técnica de Brno, la situación era muy diferente.

“Cuando comencé la universidad, en mi curso había solo dos extranjeros: una chica de Azerbaiyán, que hablaba ruso, y su checo se le entendía; y el otro extranjero era yo, que estaba perdido: mi nivel de checo era muy básico. Pero tuve mucho apoyo de la universidad. Aunque mis compañeros me preguntaban: ‘¿Qué haces acá, por qué has venido?’. Se sorprendían bastante. Pero tuve mucho apoyo. Incluso tuve oportunidades de dar un examen en español o en inglés, porque los profesores decían: ‘Pobre, este chico que casi no habla checo, lo vamos a ayudar’. En Brno tengo muy buenos recuerdos, justamente de esa época en la universidad, porque recibí mucho apoyo. Dentro de la universidad me tenían mucho aprecio.

Sonrisa de satisfacción. La recompensa de estudiar en Chequia | Foto: archivo personal

Todo eso creo que ayudó realmente a sentirme apreciado, valorado y que la gente me tratara de ayudar para que pudiera culminar la universidad exitosamente. También tuve compañeros de otros países, no solamente checos, porque yo vivía en una residencia estudiantil con con chicos que venían por Erasmus acá, o sea, gente de Portugal, de España, de Francia, entonces tenía mucha interacción con gente de muchos países, y creo que eso todo me ayudó también a formarme como persona, a ver diferentes puntos de vista de la vida y de todo”.

A partir de esta experiencia en Brno, parece, podría escribirse la antítesis de La ciudad y los perros. Y Daniel aún no ha terminado.

“Existe ese mito de que el checo es muy frío, que no expresa mucho sus emociones. Yo diría que el checo se toma su tiempo para abrirse a las personas, o sea, al inicio te puede parecer como que es muy serio, muy frío, pero si le caes bien como persona, si ve que eres una buena persona, es muy bondadoso, son personas que realmente te quieren ayudar en todo, en todo el sentido de la palabra. Y yo en estos 18 años que he tenido acá, la verdad que mis experiencias con los checos, en ese aspecto, han sido siempre muy positivas”.

País de oportunidades

Según la experiencia de Daniel, el país mantiene una tendencia constante hacia la apertura al resto del mundo.

“Ha habido muchos cambios. En estos 18 años República Checa es un país que se ha abierto mucho más al mundo, está mucho más integrado a Europa. También su población creo que ahora habla más idiomas. El inglés, claramente, en la gente joven, creo que la mayoría habla inglés y otros idiomas, como el español, entonces no es una sorpresa encontrar chicos checos que hablan muchos idiomas y creo que todo eso ha ayudado para que vengan más extranjeros, que se sientan más integrados, más bienvenidos, quizás, en la sociedad checa”.

Sueños de recién llegado | Foto: archivo personal

Sin embargo, con la amabilidad no se come. A todos, extranjeros y checos por igual, les llega el momento de buscar trabajo. Daniel se vio en este punto antes de lo que hubiera preferido, pero, al final, se llevó una muy grata sorpresa. O, mejor dicho, cinco.

“Yo había estudiado la carrera de IT y economía, había terminado lo que era el bachiller y mi plan era continuar con el máster en esa ciudad en Brno. Pero ese año el puntaje para alcanzar un cupo en la universidad, en el máster, subió bastante y no alcancé con mi puntaje. Fue una experiencia grande para mí, pero bueno, me cambió bastante la vida porque me obligó a buscar trabajo, que yo no lo tenía pensado. De hecho ese año yo dije, ‘Bueno, voy a irme a Perú tres meses de descanso’. Tenía todo planificado, me acuerdo, pero cambió de improviso.

Busqué en internet varios trabajos. Acá hay un sitio que se llama Jobs.cz. Me acuerdo de que mandé currículums a todos lados en verano.

Y tuve la fortuna de tener cinco ofertas de trabajo. Durante julio, que era verano acá, hice las entrevistas y tuve esas cinco ofertas en la mano. O sea, tuve que elegir.

En Perú es impensable para alguien que recién está terminando la universidad que tenga múltiples ofertas en con un salario, digamos, que era, en ese momento, algo bueno en República Checa. Al final me decidí por una empresa que se llamaba PPG, PPG, en Brno, y entré en el área de finanzas. Así pasé de ser estudiante a comenzar a trabajar, pero luego seguí estudiando y me vine a Praga a continuar con el máster y también cambié de trabajo”.

Su primer acercamiento a República Checa vino a través del fútbol | Foto: archivo personal

El recorrido académico continuó (y terminó) en la Universidad Metropolitana de Praga. ¿Cómo se sintió aquel joven profesional al alcanzar el objetivo del máster, luego de haberse planteado, algunos años atrás y con muchas ganas de dar la vuelta, “tratar de aguantar una semana más”?

“Me sentía muy realizado, o sea, dentro de mí sentía que el objetivo estaba cumplido, porque para eso vine. De hecho, inicialmente mi plan era estudiar acá y volver a Perú. No tenía pensado quedarme acá tantos años. Fue un momento de mucha satisfacción y también orgullo para mí y para mi familia. Pero como te digo, estaba trabajando, entonces me acuerdo que tuve la ceremonia, creo que un miércoles, y el jueves seguía trabajando, entonces como que no tuve mucho tiempo para festejar”.

Llegar solo de Perú y regresar con un hijo

Si los títulos universitarios son tan importantes que hasta pueden impulsar a alguien a emigrar, cómo calificar la llegada de un hijo. Aunque Sebastián no llegó a ver jugar a Pavel Nedvěd, también es un apasionado del fútbol, como su padre, y vive con el mismo entusiasmo los viajes a Perú.

Una pasión que se pasa de generación en generación | Foto: archivo personal

“Él nació acá, es mitad checo, mitad peruano. A su mamá la conocí en mi primer trabajo en Brno. Con ella nos mudamos a Praga después. Pero la verdad que siempre extraño, a pesar de estar muchos años acá, extraño bastante el Perú, mi familia, las amistades. Todo. Y sí, trato de volver una vez al año, dos veces al año, ha habido ocasiones donde he vuelto tres veces también. Generalmente cuando hace mucho frío acá, justamente mi cumpleaños es en febrero, aprovecho para volver a casa”.

Además de las ganas propias de visitar su país, Daniel recibe una (positiva) presión que lo impulsa a seguir haciendo el esfuerzo de cruzar el océano al menos una vez al año.

“Viene de ambas partes: primero de la parte de mi familia, que quieren ver a Sebastián cada cierto tiempo, y también de parte de Sebas, porque él quiere ir ahí a visitar a su familia. Entonces tengo presión de ambos lados. Y se me complica porque también trabajo, entonces, con el tema de las vacaciones, tengo que adaptarlo un poco para siempre llevarlo allá. En Navidad, en diciembre, estuvimos con él por allá casi un mes. La pasamos muy bonito con la familia”.

El bichito de volver

El vínculo con su familia es tan fuerte que nunca ha podido descartar la idea de, algún día, regresar a Perú.

“Siempre tengo ese bichito en la cabeza. Uno está muy cómodo, tiene muchas oportunidades en todo aspecto de la vida, pero al final siempre está la tierra de uno ¿no? La familia como que jala. Pero algo que yo me pongo muy claro y tengo muy presente es que yo estoy bien acá y estoy bien allá. Entonces, el momento en que estoy acá como que trato de disfrutarlo, trato de ser muy feliz acá y también cuando estoy allá lo mismo. Me pasa que cuando estoy acá extraño cosas de mi país, de Perú, pero también cuando estoy en Perú extraño también cosas de República Checa, entonces creo que he alcanzado, digamos, ese equilibrio donde siento que ambos países, digamos, como que son mis países. Como que pertenezco allá y también pertenezco acá y tengo una conexión muy fuerte con el país”.

Con su hijo Sebastián | Foto: archivo personal

Sus ganas de volver no siempre fueron solo un deseo. Durante distintas etapas, Daniel buscó la manera de regresar a Perú con un proyecto profesional. Pero la realidad le mostró otro camino.

“Me acuerdo de que, cuando terminé el bachiller y el máster, sí quería volver, se me pasaba muchas veces por la cabeza. Incluso busqué hasta maneras de trabajar en la embajada checa en Lima. Cuando estaba en la en la universidad, busqué la opción de estudiar seis meses en Perú como estudiante de intercambio, o sea, siempre busqué opciones para volver, pero no se me dio y yo creo que esa etapa, digamos, de confusión, de tener muchas ansias de volver como que ya se han apaciguado, se han calmado y finalmente he encontrado ese equilibrio que creo que me da mucha tranquilidad”.

¿Alcanzar el equilibrio es una cuestión de tiempo? A juzgar por su experiencia, pareciera que sí.

“En Perú he vivido 19 años de mi vida y en República Checa, 18, o sea que todavía creo que he vivido un añito más en Perú, pero yo creo que en algún momento va a pasar que voy a vivir más tiempo que en mi país”.

Descubriendo Chequia | Foto: archivo personal

A pesar de que “el bichito de volver” por momentos pica con ganas, Daniel no deja de reconocer que Chequia le ha permitido alcanzar objetivos muy importantes. Entre ellos, nada menos, el de encontrar un lugar en el mundo en el que se siente feliz.

“Este país me ha dado oportunidades muy grandes, desde el punto de vista personal, vivencias, también laborales, oportunidades que mi país quizás las hubiera logrado, pero me hubiera tomado más tiempo o más sacrificio. Entonces, me siento muy valorado acá. Me gusta mucho estar aquí en República Checa y bueno, también cuando ya sé que tengo los pasajes para ir a Perú también me pone feliz y lo disfruto mucho”.

Para terminar, tres consejos

Para finalizar, Daniel deja algunos consejos. Dos son para los latinos que están pensando en mudarse a Chequia. Uno: escuchen, lean y sigan a Radio Praga Internacional en español como ha hecho él mismo desde su llegada al país. Dos:

Daniel Gutiérrez en su paso por la Radio Checa | Foto: Juan Muttoni,  Radio Prague International

A las personas que están allá en Latinoamérica, si tienen alguna oportunidad de venir aquí a República Checa, yo creo que no deberían pensárselo dos veces. Es un país con muchas oportunidades. Es un país que todavía tiene mucho por explotar, es un país en crecimiento. Si vemos las estadísticas, económicamente es un país que ha crecido mucho a lo largo de los últimos 10, 15 años. Y es un país que, yo pienso, abre sus puertas a las personas de Latinoamérica. El español está muy de moda acá. En los últimos años acá ahora hay cursos y también fiestas de salsa, de bachata, el tema de Bad Bunny también ha influenciado mucho, y se van a sentir muy a gusto por aquí en República Checa”.

El tercer consejo es para su yo de 19 años, pero puede hacerlo suyo quien haya llegado hasta el final de esta historia:

“Totalmente que tome ese avión y que venga a República Checa. Lo prepararía porque el inicio fue duro. No es fácil, es un proceso, es mucha adaptación. Hay que ser muy flexible. Pero definitivamente le diría: ‘Toma el avión y vete a República Checa’”.

Autor: Juan Muttoni
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