František Uher: de diputado a morir en la miseria, la caída que Praga convirtió en leyenda

La película 'El abogado de los pobres', 1941, inspirada en la vida de František Uher (Otomar Korbelář en el papel de un bondadoso secretario judicial)

Una exitosa obra de teatro, la novela El golem de Meyrink y la mejor película muda checa tienen algo en común: el personaje icónico de un abogado que, tras descubrir la infidelidad de su esposa, cae en el alcoholismo y termina asesorando gratuitamente a los pobres hasta morir en la miseria. Lo sorprendente es que esa figura, convertida en mito praguense, tuvo un modelo real. El historiador Jan Jungmann revela quién fue en verdad el misterioso doctor František Uher, nacido hace dos siglos.

Entre las muchas historias satelitales que van conformando la atmosféra tan peculiar de El golem de Gustav Meyrink, hay una que no solo ocupa mucho más espacio que las demás, sino que además suele quedar grabada en la memoria de los lectores: la del doctor Hulbert, quien, movido por el afán de ayudar y proteger a un joven estudiante huérfano, lo lleva a su casa y, pocos días después, en pleno aniversario de su matrimonio, lo sorprende en la cama con su esposa.

El historiador Jan Jungmann

El golpe es tan devastador que esa misma noche inicia un descenso a los infiernos del alcohol en un bar de mala muerte del barrio judío, donde terminará muriendo en la miseria más absoluta, no sin antes asesorar legalmente y en forma gratuita a la gente más humilde. Parte del atractivo de ese relato reside en que está inspirado en una historia real: la del doctor František Uher, aunque, claro, muy condimentada. En Radio Praga convocamos al historiador Jan Jungmann, destacado investigador y curador del Museo de la Ciudad de Praga para que nos ayude a entender quién era en realidad ese enigmático doctor, y él enseguida nos remite al nombre de otro escritor: Ignát Herrmann, quien a raíz de un encuentro fortuito con el propio Uher en 1869, llevó a cabo una investigación obsesiva y logró reconstruir con precisión los datos fundamentales de su tortuosa vida.

“Una vez el escritor Ignát Herrmann iba caminando con su hermano por la calle Celetná y, de repente, se les acercó un mendigo, que les habló en latín”.

“Una vez el escritor Ignát Herrmann iba caminando con su hermano por la calle Celetná y, de repente, se les acercó un mendigo, que les habló en latín. Y su hermano, que era abogado, le dio una monedita de plata a aquel mendigo. Ese fue su primer encuentro”.

Un mendigo que hablaba latín

Herrmann, en ese momento, tenía quince años y aquel hombre que tanto le llamó la atención por su rostro hinchado, su sombrero roto, sus pantalones llenos de barro seco que le colgaban como si los agitara el viento pero que aún así hablaba latín debía tener más de cuarenta años. Su asombro se hizo aún mayor cuando su hermano le contó que ese misterioso hombre se llamaba František Uher y no solo era doctor en derecho sino también ex diputado. La sorpresa fue tan grande que cuando escribió su libro de recuerdos durante la Primera Guerra Mundial (primero en periódicos y luego en un libro) decidió dedicarle todo un capítulo a ese tan extraño y educado vagabundo.

Registro de nacimiento | Foto: Wikimedia Commons,  public domain

“Ignát Herrmann reunió tanto documentos de archivo como noticias de la prensa de la época y también testimonios de los propios testigos porque mucha gente le escribía contándole lo que sabía del asunto. Y de eso se desprende que el doctor Uher nació en 1825 y murió en 1870, es decir, muy joven. Y no era de Praga, sino del campo”.

En las antípodas de la historia romántica que Gustav Meyrink le atribuía al doctor Hulbert, Herrmann trató de ceñirse a los propios hechos sin caer en la tentación de añadir nada de propia cosecha.

“Confirmó que estudió Derecho, obtuvo un doctorado, aunque no ejerció como abogado. Trabajó simplemente en algunas oficinas jurídicas. Incluso fue elegido diputado del sněm (la Asamblea territorial checa), de donde lo expulsaron en 1864 porque no asistía a las sesiones. Pero en realidad esa era la justificación oficial, el maršálek, o presidente de la asamblea, no quería humillarlo, así que lo justificó diciendo que no iba a las reuniones. La verdadera razón, según descubrió Herrmann, es que él se presentaba allí borracho”.

La caída de la casa de Uher

En definitiva, todo ese mito de que fue el primer abogado de los pobres, que ayudaba y daba consejos en forma gratuita, a raíz de que él mismo cayó en desgracia tras conocer la infidelidad de su esposa, también venía a adornar un único hecho: su adicción al alcohol que, probablemente, se originó por problemas en su matrimonio, pero no precisamente por una infidelidad.

La película 'El abogado de los pobres',  1941 inspirada en la vida de František Uher  (Otomar Korbelář en el papel de un bondadoso secretario judicial) | Foto: Slavia Film

“Y, por ejemplo, el señor Uher le pidió una vez a un empleado del Parlamento: ‘por favor, un vaso de agua’, pero cuando otra persona probó de casualidad ese vaso se dio cuenta de que se trataba, en realidad, de licor de comino (kmínka). Entonces, insisto, oficialmente lo expulsaron porque no asistía a las sesiones, pero Herrmann escribe que mucha gente tampoco iba y no fueron expulsados. El problema principal estaba en el matrimonio: él se casó con Anna, una joven veinte años menor que nació en 1845 y murió en Viena en 1897, sobreviviéndolo 27 años. Cuando se casaron solo tenía 16 años y andaba con un novio al que quería, pero sus padres la forzaron a casarse con ese doctor porque era un mejor partido. Y resultó que el matrimonio no funcionaba: la diferencia de edad era muy grande y ella no sabía cocinar, algo que en ese entonces se exigía de las mujeres. Y, evidentemente, no lo quería. Él trataba su tristeza con alcohol: Herrmann cuenta, por ejemplo, que una vez estaban en un baile y él desapareció de repente. Volvió dos días después porque se iba a beber. Una vez —son cosas que ya rozan el chisme, reconoce el propio Herrmann— durante una inundación, el doctor Uher alojó en su casa a una mujer con sus hijos porque el agua había destrozado su vivienda. Se quedaron unos días, y él hablaba todo el tiempo con la mujer, jugaba con los niños, les daba juguetes. Y su esposa le dijo: ‘pero normalmente no te comportas así’. Y él le responde: ‘y tú tampoco’. En resumen, fue una tragedia, un matrimonio que funcionó muy mal”.

Muerte mísera, entierro pomposo

El hospital Na Františku | Foto: Michaela Danelová,  Český rozhlas

Agrega Jungmann que probablemente Uher se casó con Anna porque venía de una familia de dinero y una vez hizo enviar a su esposa de vuelta con su madre para que aprendiera a cocinar, pero ella aprovechó la oportunidad y decidió abandonarlo. Entonces, prosigue Jungmann como buen historiador, ahí la historia se divide en dos líneas: la del doctor Uher y la de Anna, su esposa; y la verdad es que ninguna de las dos termina muy bien.

“Murió en el hospital de František en Praga 1 y algo muy curioso es que desde ahí lo trasladaron en procesión hasta el cementerio de Olšany”.

“Él fue decayendo cada vez más hasta que lo internaron en el hospital de Újezd bajo la colina de Petřín, que atendían las Hermanas de la Caridad. Luego le dieron de alta, y sus colegas abogados, que sentían compasión por él, reunieron trescientos florines, una suma enorme en aquella época, para colocarlo en un famoso asilo para enfermos de la Ciudad Nueva. Como él no era de Praga, no tenía derecho a una atención gratuita en ese establecimiento, así que ellos se la pagaron. Pero aun así, cuando le compraban ropa nueva, él enseguida la vendía y se lo bebía todo. Incluso un conocido quiso darle una oportunidad y emplearlo en su oficina judicial, pero nada funcionaba con él. La historia siguió así hasta que murió en el hospital de František, atendido por los Hermanos de la Caridad y que sigue estando a orillas del Moldava mirando a Letná en Praga 1. Y algo muy curioso es que desde ahí lo trasladaron en procesión hasta el cementerio de Olšany”.

El cementerio de Olšany | Foto: Hana Slavická,  Radio Prague International

Agrega Jungmann que la tumba se la pagaron los propios miembros de esa solemne comitiva fúnebre que encabezaba el superior del monasterio y siete religiosos de los Hermanos de la Caridad. Detrás de ellos marchaba una larga fila de abogados, médicos, burgueses y también gente pobre; mientras que el féretro de Uher llevaba el sombrero y la cadena doctoral, símbolos de la dignidad que aún se le reconocía. Aunque en su momento corrían rumores de que le había enviado flores, la que no asistió al entierro fue su mujer Anna.

“Ella empezó a vivir en su pueblo natal con un molinero. En aquella época convivir con alguien sin casarse era un escándalo total, una verdadera desgracia social. Y es interesante que ese molinero tampoco estaba contento con ella y también terminó bebiendo hasta morir. Es decir que ella era una especie de femme fatale de la época que, en cierto modo, hizo colapsar a dos hombres. Luego se mudó a Viena, donde se enganchó con un vendedor de billetes en la estación de tren. Se mudaron juntos a Viena, él se convirtió en profesor de educación física y ella murió allí en 1897. Y hacia el final de su vida, cuando algunos conocidos le preguntaban si recordaba al doctor Uher, ella decía: ‘Eso es pasado, déjenme en paz’. Así que así terminó todo. Creo que Ignát Herrmann trabajó el tema de un modo impecable”.

Una taberna de la peor calaña

Portada del libro de Kukla | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

Antes, sin embargo, de que el escritor Ignát Herrmann pusiera un poco de orden con su investigación e incluso de que Meyrink incrustara su historia en El Golem, la curiosa figura de Uher ya circulaba imparable en el universo de la ficción. Ya alrededor de 1895, el primero en abordar su figura había sido el actor, cantante, comediante y cabaretiér checo František Leopold Šmíd a través de una obra de teatro.

“La historia se volvió conocida y él fue el primero en inventar eso de que Uher había sido ‘el abogado de los pobres’. Luego se llevó al cine: en 1927 se hizo una película muda llamada Batallón, en la que actuó el gran cantautor Karel Hašler, que interpretó al doctor Uher. La segunda película, ya sonora, es de 1937, y el papel principal lo interpretó František Smolík”.

El lugar donde se encontraba la antigua taberna Batallón

A eso hay que sumar también un relato de Karel Ladislav Kukla y lo cierto es que, además de estar un poco influidas por el expresionismo alemán, todas esas adaptaciones tienen un elemento en común y es la importancia que le dan a un sitio que frecuentaba el doctor Uher para despuntar su vicio: una taberna cuya mala reputación recuerda un poco a otro famoso antro de Praga: La cabaña del veneno.

“Originalmente el nombre venía de un grupo de amigos que se reunía allí y se ponían distintos nombres, ellos eligieron Batallón. Más tarde, el nombre pasó a designar toda la taberna. Y, en efecto, era una taberna de mala fama, un local de la peor calaña. Estaba en el sitio donde hoy se encuentra el edificio del Ayuntamiento de Praga, la Nueva Alcaldía, enfrente de la casa U zelené žáby, justo en la esquina de la calle Platnéřská, que fue demolida en 1908”.

Afiche de la película muda de 1927 | Foto: ČSFD

Una historia bastante banal

Lo cierto es que esa fama póstuma que ha romantizado la tremenda caída del doctor František Uher —atribuyéndole, entre otras cosas, una empatía hacia los pobres que, en realidad, proviene de las ficciones basadas en su vida—, es indudable que la historia de este doctor en derecho y diputado, que terminó muriendo en la peor miseria, llamó profundamente la atención de la Praga de su época.

“Praga en aquel entonces era una ciudad pequeña y la gente se interesaba por este tipo de escándalos”.

“Y eso que es una historia bastante banal, ¿no? Pero Praga en aquel entonces era una ciudad pequeña, no como hoy. Y la gente se interesaba por este tipo de escándalos, sucesos, chismes. Así que en esa época esta historia despertó una enorme atención, muchísima. Aunque seguramente no era un caso único. Lo interesante es que él, pese a estar completamente hundido, conservó cierto estatus social: le organizaron un funeral solemne y digno, los abogados lo seguían considerando un colega. Y eso a mí me llama mucho la atención”.

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