“Dirigir una orquesta es un diálogo, no un ejercicio de ego”, dice conductor checo que ganó el ‘Oscar de la música clásica’
El director de orquesta checo Jakub Hrůša es la estrella ascendente de la música clásica internacional y esta semana recibió en una misma ceremonia dos premios importantes que lo acreditan como tal: el conocido como ‘Oscar de la música clásica’ y la Orden del Mérito de Baviera.
El director de orquesta checo Jakub Hrůša es uno de los conductores más buscados y ocupados del momento. Y uno de los más premiados también. Con un pie en Bamberg, donde todavía dirige la Orquesta Sinfónica de esa ciudad. Otro en Londres, donde es el director musical del Royal Opera House. Y con la mirada puesta en Praga, donde será director titular de la Orquesta Filarmónica Checa desde la temporada 2028. Trabajo no le falta. Y premios y distinciones tampoco. Una estrella de la música clásica, vamos.
Los dos últimos galardones le fueron entregados en una ceremonia celebrada el miércoles por la noche en Bamberg, Alemania, donde Hrůša, nacido en Brno en 1981, recibió el premio internacional Artista del Año (que es conocido como el Oscar de la música clásica) y la Orden del Mérito de Baviera.
Pero tantos premios no nublan su juicio y le ayudan a mantenerse enfocado en su misión, como el propio Jakub Hrůša decía en una entrevista reciente para la Radio Checa, a raíz de este importante premio.
“Intento, en la manera de lo posible, no hacer una distinción entre los premios. Para mí se trata de un incentivo maravilloso. Lo digo siempre y es la santa verdad, porque cuando luchas por algo durante tanto tiempo, sientes que lo haces a tu manera, auténticamente, pero quizás no estás seguro si lo que haces le llega a la gente, si tiene eco. Y los premios son la mejor manera de asegurarte de que sí. Los premios te hacen tomar conciencia. Transmiten la idea de que el credo del trabajo en equipo con las orquestas consiste en ensayar arduamente primero, para luego relajarse en los conciertos y presentaciones. Y esto resuena tanto en los jurados profesionales como en el público que aplaude en las salas y teatros. Y el público no es menos importante”.
Respecto a dirigir distintas orquestas, como lo hace él, Londres, Bamberg, Praga o de donde lo llamen, dice que la clave está en saber escuchar.
“Sin duda los principios son los mismos, pero cada orquesta, como cada persona, necesita algo distinto. Y creo que ese enfoque personal hacia el colectivo es absolutamente esencial para el éxito del director. Y no solo eso. No solo se prepara algo para la orquesta A, B o C, sino que también se deja un amplio margen para lo que la orquesta más necesita cada día, en cada repertorio, en cada concierto. Siempre digo: cien por cien de preparación, y luego, por decirlo suavemente, cincuenta por ciento de voluntad. En el cincuenta por ciento restante, hay que escuchar atentamente lo que la gente necesita, lo que aportan, lo que inspira. Hay que responder a ello, de modo que sea un diálogo, de modo que no sea la imposición del ego y la voluntad absoluta, sino una inspiración mutua”.
Y Jakub Hrůša dice que siempre está abierto al diálogo, no como algunos de sus colegas que viven ensimismados y obnubilados por su propio ego.
“A menudo he envidiado a algunos colegas cuyo ego está tan inflado que solo ven o sienten sus propios intereses. Y eso, a la larga, no me beneficia en nada. No es que no sepa qué decirles o que dirija según las indicaciones de la orquesta. Por supuesto que no. Pero he experimentado muchas veces la situación en la que la orquesta realmente quiere tocar según mi estilo y según su propia esencia, en un equilibrio perfecto, y eso es tan valioso para mí que cualquier otra opción, como imponer algo a la orquesta o, por el contrario, que les deje hacer lo que quieran, me resulta completamente inaceptable. De hecho, esa es una de las cosas que siempre busco: el equilibrio adecuado entre la inspiración mutua, teniendo el control absoluto, y siempre que sea posible y por el bien de la orquesta, dejar que se exprese y toque con libertad. Esa es entonces la combinación correcta”.
Y si una partitura de música clásica nunca cambia, siempre es la misma, ¿qué puede aportar un director? Pues mucho, indica Hrůša.
“Las obras de Shakespeare tampoco cambian, son siempre las mismas. ¿Y qué puede hacer un actor recitando un monólogo de Shakespeare o un director guiando a los actores en el concepto general de la obra? Las reglas del fútbol tampoco cambian, así que: ¿qué puede hacer un entrenador o el capitán del equipo? Siempre hay algo nuevo. La clave está en la vitalidad, en que no se trata de una pieza de museo del pasado, escrita una sola vez y expuesta en una vitrina, sino de una obra atemporal con valores imperecederos que se renueva y actualiza constantemente”.
El jurado que le otorgó el premio a artista del año, el Oscar de la música clásica, valoró especialmente la capacidad de Hrůša para combinar un profundo conocimiento del texto musical con una intensa expresividad y una clara visión artística, que aplica tanto en el repertorio sinfónico como en el operístico.
Y mientras sigue acaparando premios y reparte su tiempo entre Londres y Bamberg, se prepara también para tomar las riendas de la Orquesta Filarmónica Checa, la más importante del país, de la que pasará a ser director titular a partir de la temporada 2028.
“Un hermoso desafío y una meta maravillosa también para mí, ya estamos trabajando en ello”, anuncia Jakub Hrůša, la estrella ascendente de la música clásica internacional.








