La fascinante historia del Cine Cosmos: la sala que volvió famoso al cine checo en Latinoamérica
El Cine Cosmos de Buenos Aires fue, durante décadas, una de las principales puertas de entrada al cine checo en Argentina. Parte de una red de salas culturales que se extendió por toda América Latina, el histórico espacio porteño formó a varias generaciones de espectadores y consolidó el gran prestigio de la cinematografía checa. Su actual director y programador, Gabriel Guralnik, reconstruye con lujo de detalles esa gran herencia.
Aunque hace ya más de una década que se convirtió en su director, Gabriel Guralnik asegura que, debido a continuas interrupciones que incluyen la pandemia, recién ahora está empezando a ver los frutos de cómo logró reconstruir el mítico Cine Cosmos de Buenos Aires; una ventana privilegiada a través de la cual el cine checo logró ganar prestigio en Latinoamérica y cuya historia, según cuenta, se remonta a los años de la Segunda Guerra Mundial.
“Todo el cine soviético tenía muy poca llegada, digamos, a Occidente antes de ese momento. Tenía llegada en Europa, pero mucho menos en Estados Unidos y en América Latina. Y en 1941, cuando entra Estados Unidos en la guerra y pasa a ser aliado de la Unión Soviética, se abre un poco también la participación del cine soviético en Estados Unidos. En ese contexto, se crea una distribuidora de cine ruso llamada Artkino. Se crea en Estados Unidos y se crea después también la filial de América Latina, en ese momento, en la Segunda Guerra Mundial”.
Un cine legendario
Aclara Gabriel Guralnik que esa distribuidora que, de hecho, sigue existiendo era manejada, en aquel momento, por personas muy vinculadas a la actividad rusa que llevaron a cabo la creación de una gran cantidad de cines Cosmos en América Latina (y quizás también en otras partes del mundo) que tenían una estética y armado muy a tono con la Unión Soviética.
“Por supuesto, después de la Segunda Guerra, como hay un montón de países que quedan bajo la órbita del Grupo Oriental, Checoslovaquia entre ellos, las películas que se producen en Checoslovaquia, llegan también a la Argentina por la distribuidora Artkino. En 1966 se abre el Cine Cosmos como tal, antes pasaban las películas en ese mismo lugar pero con el nombre Cataluña, y, a partir de ahí, el Cine Cosmos se convirtió en el lugar donde se pasaban, primero, las películas rusas y de Europa Oriental, después películas también suecas, mucho de Bergman, japonesas y, finalmente, cine de autor.”
A lo largo de cada una de esas etapas, el cine se mantuvo siempre en el mismo sitio: en la céntrica Avenida Corrientes al 2046 de la Ciudad de Buenos Aires, en un emblemático edificio art decó del arquitecto belga Albert Bourdon que se inaguró en 1929. Entre las películas checas estrenadas en el Cine Cosmos, una de las más exitosas fue Trenes rigurosamente vigilados (1966) de Menzel sobre el libro de Bohumil Hrabal, que ganó nada menos que un Oscar a mejor película extranjera.
“Después de esa película, que ya lo vuelve un tipo muy importante, Jiří Menzel filma Alondras en un hilo en 1969, que es una película extremadamente crítica del régimen comunista en Checoslovaquia, y no se la dejan proyectar. Y tampoco viene al Cosmos hasta muchísimo tiempo después, hasta los 80. Yo la proyecté, de hecho, la repuse en un momento y se llenó de gente la sala. Es una comedia negra, muy crítica de aquel momento”.
El gran punto de partida checo
Es decir que, aunque de a poco, se empezaron a incorporar películas sutilmente críticas, en el Cosmos se proyectaban contenidos que, originalmente, tenían que ver con la Unión Soviética, aunque con una salvedad para nada menor.
“Lo curioso del Cosmos es que, en realidad, nace con una película checoslovaca que es es La tienda de la calle mayor, que es otra película que tuvo un éxito gigante en todo el mundo. El cine abre en 1966 con La tienda de la calle mayor y esa película está en cartel 23 semanas, fijate el éxito que tuvo”.
Agrega Guralnik que él también repuso esa película en 2019, justo antes de la pandemia, y el cine volvió a llenarse. Pero subraya que, cuando se estrenó en 1966, el cine era una industria mucho más popular que hoy; aun así, el éxito acumulado que tuvo en aquel momento fue algo verdaderamente insólito.
“La tienda de la calle mayor es una película muy sensible, trata el tema del Holocausto, la ocupación nazi y demás, pero en un tono de comedia negra, tal como son los checos. Y es una película muy propicia para que la vea el público argentino que, por ahí, no conoce tanto de ese cine, es algo que la gente de acá la puede ver y la puede apreciar. Yo creo que por eso fue la elección, ¿no? O sea, con toda la filmografía que había, se eligió esa película para inaugurar el Cosmos”.
De hecho, este año se cumplen sesenta años de aquel estreno. Desde el año 2009, el Cine Cosmos pertenece a la Universidad de Buenos Aires. Hasta entonces, había sido un cine privado. En 2014, lo convocaron a Gabriel Guralnik como director programador, pero como el lugar no estaba en condiciones, pidió una serie de reformas y el cine permaneció cerrado hasta 2016. Durante ese tiempo, en el que también se reunió con el hijo del primer propietario, el empresario Isaac Argentino Vainikoff, el espacio fue completamente renovado. Ya antes se había reducido su capacidad original de 1100 butacas, dando lugar a dos salas más pequeñas.
“En la década del 80, los cines en todo el mundo decayeron, estuvieron en crisis y una gran cantidad de ellos cerró porque vino la televisión por cable, la televisión en video, el VHS, bueno, un montón de cosas que hicieron que la gente se quedara en la casa. Se tuvo que reinventar el cine después, pero en ese momento hubo un montón que cerraron y el Cosmos cerró en aquel momento, en el año 87. Y cuando volvió a abrir ya habían hecho esas dos salitas chiquitas y abajo habían dejado todo un lugar abierto que lo alquilaron los dueños, tenían que vivir de algo. El cine lo dejaron abierto como algo lírico, o sea, por amor al cine... no porque fuera ningún negocio. Y, después, lo mantuvieron con aperturas y cierres un tiempo más hasta que, finalmente, en 2009, decidieron venderlo”.
Tan lejos y tan cerca
Otro detalle interesante es que, en sus inicios, el nombre oficial era Cine Cosmos 70. Aunque el formato habitual de proyección era de 35 mm, en los años cincuenta se empezó a experimentar con el doble de ancho para lograr mayor definición y pantallas más amplias. Así surgió el CinemaScope, que requería proyectores especiales y permitió filmar varias producciones famosas en Estados Unidos y también en la Unión Soviética. Y al nacer en Buenos Aires, el Cine Cosmos adquirió proyectores compatibles tanto con 35 mm como 70 mm, y según Guralnik, si no fue la primera sala del país en contar con tecnología de 70 mm, estuvo seguro entre las primeras. De ahí, su nombre.
“Gran parte de la gente creía, y yo incluido porque era chico, que como era el año 1966, le habían puesto Cosmos 70 porque, en esa época, siempre se hablaba del futuro. Entonces: un cine que es del año 70, en el sentido que es del futuro, como si luego le hubieran puesto Cosmos 2000”.
Breve historia del cine checo en Argentina
Afirma Gabriel Guralnik que, hace poco, revisó el catálogo de películas checoslovacas y checas que llegaron a la Argentina y asegura que casi todas pasaron en su momento por el Cosmos. De hecho, él distingue dos grandes etapas en lo que hace al recorrido del cine checo en esa sala mítica.
“Tenés la época cuando aún estaba la Unión Soviética, en la que los directores tenían que irse del país, como fue el caso de Miloš Forman, que emigró directamente, o meter en la película algún mensaje subrepticio donde te mostraba la opresión del régimen, que el caso así, yo te diría, hay dos casos así como paradigmáticos, que son el propio František Vláčil y Otakar Vávra, que vivió más de cien años, y vos ves las películas y te das cuenta de la crítica, ¿no? También está Karel Kachyňa con La oreja (1970), o sea, hay varios. Pero si vos te pones a revisar el cine checo de la época del dominio soviético, en el Cosmos se pasaban esas películas y podías ver un contenido manifiesto de la película, que era excelente, o si querías ver la crítica, la veías también”.
La segunda etapa, que es la que empieza en 1989 con la caída del comunismo y, luego, el Divorcio de terciopelo, en realidad empezó tarde debido a que el Cine Cosmos cerró un poco antes, en 1987, para abrir recién en 1997, y luego volver a cerrar. Así que, en esa época, se produjo un hiato muy grande. Él entiende que un poco la frontera entre esas dos etapas, la marca una de las últimas películas checas famosas en llegar a Argentina que fue Mi dulce pueblecito (1985), también de Jiří Menzel, que se estrenó poco antes de que el Cine Cosmos cerrara por primera vez.
El gran prestigio del cine checo en Argentina
Aunque al principio se hizo famoso por pasar cine de varios países de Europa Central y Oriental, y luego incluso de otras latitudes como, por ejemplo, Suecia o Japón, lo indudable es que el Cine Cosmos marcó a fuego la relación del público argentino con el cine checo.
“Mi generación, los que no teníamos acceso, sí, llegamos por ahí. No tenías otra manera de llegar. Aparte, en Argentina hubo potencialmente mucha censura frente al cine de la Unión Soviética o de Europa Oriental, incluso durante el primer peronismo de 1950, que no era muy amigable con la Unión Soviética ni con el comunismo, ese peronismo que termina su primer ciclo en 1955. Después vienen una serie de dictaduras que son todavía más anticomunistas. Entonces, cuando el Cine Cosmos abre en 1966, justo empieza la dictadura de Onganía. Es curioso que haya sobrevivido a pesar de eso, pero siempre estaban con la idea de que los iban a cerrar y algunas que otra vez lo clausuraron, siempre estaban con que podían clausurarlo en cualquier momento... Y el resto de los cines comerciales ni se arriesgaba a pasar una película del otro lado de la Cortina de Hierro”.
Y si bien aclara Guralnik que tampoco es que podían pasar cualquier cosa, lo curioso, en todo caso, es que, entre tantos países de la región, las películas que más se impusieron fueron, precisamente, las checas.
“Fue muy valorado acá, en Argentina, el cine checo. Sí, efectivamente. Fue muy valorado por mucha gente. Porque lo que pasa es que era bueno, básicamente. Checoslovaquia te diría que fue el más prolífico incluso, sin contar la Unión Soviética, probablemente fue el país más prolífico en cuanto a la cantidad de películas que vinieron acá a la Argentina. Yo nombré solo algunas, pero vinieron unas 800.000 que la gente pudo ver en diferentes momentos de la historia. En segundo lugar, probablemente viene Polonia, pero viene lejos, igual, ¿eh? en cantidad de películas cuando vos contás la producción que llegó. Yo no sé la que generaron en el país, pero lo que llegó de Polonia fue mucho menos. Y no es muy sorprendente porque, en realidad, Checoslovaquia era el país más industrializado de la región”.
En la variedad está el gusto
La diferencia era realmente notable: mientras en Argentina apenas se conocía, con suerte, una sola película de muchos países de Europa Central y Oriental —como el caso paradigmático de Cuerno de cabra (1972), de Bulgaria, que según Guralnik la gente veía hasta unas 18 veces—, el cine checo ofrecía en cambio toda una galería de cineastas verdaderamente diversos.
“Vos sabés que hubo una comedia importante de Milos Forman antes de que se fuera de Checoslovaquia: ¡Al fuego, bomberos! Me estoy acordando ahora, que también se estrenó en el Cosmos. Luego había algunas de terror que te generaban impacto y una que a mí me resultó imposible volver a ver es Un martillo para las brujas (1970), que también se pasó varias veces en el Cosmos, de Otakar Vávra y está basada en el Malleus maleficarum, que es un libro de la Inquisición sobre cómo torturar a las mujeres acusadas de brujas... es tremenda la película, la verdad es que es terrible y, cuando la ves con cuidado, te das cuenta que también es una crítica al régimen”.
Gabriel Guralnik agrega que su apellido tiene, justamente, origen eslavo. Su familia paterna proviene de Rivne, una ciudad que hoy pertenece a Ucrania, pero que durante mucho tiempo formó parte de Polonia. Como director del actual Cine Cosmos UBA, está a cargo de la programación de las dos salas, cada una con cuatro funciones diarias, lo que lo obliga a elegir muy bien dentro de un catálogo amplísimo. Y aunque reconoce que, en el último tiempo, no ha proyectado muchas películas checas, la idea siempre vuelve. Sobre todo por la influencia decisiva que tuvo el cine checo en Argentina y Latinoamérica en general, gracias a esa ventana al otro mundo que ofreció, precisamente, el legendario Cine Cosmos.








