Organillo checo: el antepasado de Spotify vuelve a sonar en Praga con fines solidarios

Jiří Mašek y su compañero

Una iniciativa comunitaria (Malé radosti) recupera el histórico organillo en las calles de Praga para ofrecer oportunidades de inclusión a personas en situación vulnerable. Según cuenta Jiří Mašek, la canción más pedida por el público es Penas de amor (Škoda lásky), que trascendió las fronteras checas y se volvió famosa en todo el mundo.

Jiří Mašek con su histórico órgano a manivela | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

Desde hace algunas semanas, locales y turistas pueden llegar a toparse, en distintos puntos emblemáticos de Praga como Florenc, Anděl y la Plaza de Wenceslao, con melodías muy, pero muy pegadizas que fluyen del movimiento tan mecánico como natural del órgano a manivela, un tipo de instrumento característico del siglo XIX que, sin embargo, se fue modernizando hasta hoy, tal como cuenta uno de sus intérpretes, Jiří Mašek.

“Tiene el aspecto de un instrumento antiguo, pero por dentro ya es moderno y electrónico. Antes funcionaba de otra manera: eran instrumentos completamente mecánicos que utilizaban un cilindro con clavos o púas que accionaban los tubos. Más tarde se incorporaron también tarjetas de papel con un código perforado, a través del cual se reproducía la composición.”

Música programada

Info de la organización | Foto: Malé radosti

En realidad, Jirka trabaja con Malé radosti (pequeñas alegrías), un proyecto social checo que nació hace apenas unos meses y se propone la reinserción laboral de personas sin hogar, en riesgo de exclusión o con situaciones personales complicadas. Uno de sus programas más importantes es precisamente este, en el que les enseñan a tocar el organillo tradicional checo para que puedan generar ingresos dignos y recuperar, de a poco, su estabilidad y autoestima. Muy contento con la iniciativa, Jirka cuenta que se sumó a esta iniciativa hace apenas un mes.

“La música está programada: las composiciones ya vienen incorporadas en el instrumento. Hay un listado de piezas y el organillo las reproduce según ese orden, aunque yo puedo seleccionar la que quiera”.

Un emblema musical de Praga

“Aquí en Chequia el órgano a manivela tuvo una fuerte tradición, sobre todo en la época de la Primera República.”
Jiří Mašek

Por otro lado, cuenta que, desde hacía ya muchos años le daba curiosidad ese instrumento, y gracias a la propuesta de Malé radosti se le presentó una inmejorable ocasión de revivir una hermosa tradición asociada, sobre todo, a Chequia, Alemania y Austria, un instrumento callejero histórico que es, a al vez, un elemento entrañable de la ciudad de Praga.

“En toda Europa se usaba, en toda Europa se tocaba: aquí en Chequia también tuvo su tradición, sobre todo en la época de la Primera República, en la primera mitad del siglo XX, en aquella época se tocaba mucho. Después lo fueron desplazando los medios modernos: la radio, el radiodifusor, la televisión y, con el tiempo, fue decayendo”.

Quizás esa misma nostalgia explique que, cada vez que Jiří y sus colegas empiezan a tocar, la gente enseguida se reúne a su alrededor para grabar videos, escuchar las melodías y apoyarlos con comentarios como: “¡esto es mucho mejor que Spotify!”.

“La reacción de la gente es muy positiva: tocamos en ferias, en mercados y en fiestas populares. O, simplemente, en la calle, como ahora, a veces también en la ribera, donde hay siempre mercados. Nos vamos turnando con nuestros colegas y tocamos todos los días: unos por la mañana, otros por la tarde. Somos tres personas y nos vamos turnando”.

Barrilito de cerveza

Foto: Supraphon

A cambio de veintinco coronas, Jirka y sus colegas hacen sonar sus canciones y, entre las más populares, menciona, No hace falta (Není nutno), que se hizo conocida, sobre todo, por una escena de la película Tres veteranos (Tři veteráni , 1983) en la que se ve a un grupo de personas bailar y cantar al ritmo de uno de esos órganos a manivela. Sin embargo, asegura que la más pedida de todas es, sin lugar a dudas, Penas de amor (Škoda lásky) del compositor Jaromír Vejvoda, un tema que trascendió las fronteras checas hasta hacerse famosa en países tan lejanos como Argentina, donde se volvió un emblema, por ejemplo, de la popular comedia Esperando la carroza.

“Él escribió esa pieza antes de la Segunda Guerra Mundial, en 1927. Originalmente se llamaba La polca de Modřany y más tarde pasó a conocerse como Škoda lásky. Durante la guerra, la versión con letra de Václav Zeman llegó a Estados Unidos y allí la melodía se hizo muy popular. Las tropas aliadas la cantaban con una letra distinta, bajo el título Beer Barrel Polka. En Alemania se la conoce como Rosamunde y en otros países fue rebautizada como Barrilito de cerveza”.

“La canción Barrilito de cerveza nació en Zbraslav, justamente de donde yo vengo porque ese compositor es de ahí, así que conozco a toda la familia Vejvoda, una familia de compositores, actores y artistas”.
Jiří Mašek

Casualmente, él propio Jirka señala una cercanía muy personal con esa canción que asegura hacer sonar en su órgano a manivela varias veces al día para complacer al público.

“La canción nació en Zbraslav, justamente de donde yo vengo porque ese compositor es de ahí, así que yo conozco incluso a su familia, a la familia Vejvoda: toda una familia de compositores, actores y artistas. Y uno de los descendientes, Josef Vejvoda, tiene una orquesta completa. Yo sigo viviendo en Zbraslav, aunque antes era un municipio independiente y ahora está integrado a Praga, al suroeste de la ciudad. ¡Vamos a tocar, entonces, esa canción!”