La noche en que la aurora boreal opacó la luz de Praga: un fenómeno excepcional en Chequia
Un inusual estallido de actividad solar hizo posible que la aurora boreal se apreciara a simple vista incluso en la capital, donde normalmente solo se detecta con cámaras. Meteorólogos calificaron el episodio como extraordinario por su intensidad y alcance.
La noche del lunes dio paso a una madrugada marcada por una sorpresa inusual en el cielo checo: una aurora boreal excepcionalmente intensa se hizo visible en gran parte del país y, a diferencia de lo que suele ocurrir en estos casos, no hizo falta ningún equipo especial para apreciarla. Quizás la mayor sorpresa fue que incluso en Praga, donde la contaminación lumínica suele arruinar cualquier intento de observación, el fenómeno se distinguió claramente.
Como suele ocurrir en tiempos de redes sociales, los usuarios fueron compartiendo en tiempo real imágenes y crónicas de lo sucedido. Entre ellos, por ejemplo, la periodista de la Radio Checa Kamila Štichová describió cómo primero solo lograba captar los colores con la cámara del móvil, hasta que la niebla se disipó y la aurora se volvió visible a simple vista, superando incluso la capacidad del propio teléfono para registrarla.
Por su parte, los meteorólogos del ČHMÚ confirmaron durante la noche que la aurora era inusualmente fuerte. Cerca de las 23:00 insistieron en que seguía siendo visible desde zonas urbanas, algo que subraya lo extraordinario del episodio.
El fenómeno, explican los especialistas, se originó en una alta actividad solar: partículas del viento solar, impulsadas por fuertes erupciones, chocaron con la atmósfera terrestre y fueron guiadas por el campo magnético hacia los polos. Los magníficos colores del espectáculo natural —del rojo al verde, pasando por tonos rosados y violáceos— dependen de la altura a la que reaccionan los átomos de oxígeno y nitrógeno.
Aunque en Chequia las auroras suelen ser tenues y muchas veces solo detectables mediante instrumentos especiales, esta vez el cielo se iluminó con una claridad que sorprendió incluso a observadores experimentados. Una noche breve y fría, que se extendió en forma inesperada gracias a la fascinación compartida de mirar, al menos por un rato, hacia arriba.








