El "efecto apagón" devuelve protagonismo al dinero en efectivo
Más del 60 % de los checos defiende el dinero físico como un "respaldo" en situaciones de emergencia. El llamado “efecto apagón” refuerza la percepción del efectivo como un seguro ante un mundo cada vez más dependiente de la tecnología.
No es ninguna novedad que las transferencias y pagos digitales avanzan a paso imparable tanto en Chequia como en toda Europa, algo que, incluso, lleva a muchos a pensar que la desaparición del dinero en efectivo es solo cuestión de tiempo.
Sin embargo, en los hechos, resulta indudable también que el efectivo sigue manteniendo un lugar central en la vida diaria de los ciudadanos. Si bien los checos utilizan cada vez más tarjetas, móviles o incluso relojes como formas de pago, no están dispuestos a renunciar del todo a los billetes y monedas de la corona.
El motivo principal es la seguridad que para ellos representa el efectivo. Sobre todo, ante posibles y tan diversos episodios como apagones, fallos eléctricos, inundaciones y ciberataques. Eso, al menos, expresan los datos obtenidos en una reciente encuesta realizada por la entidad Provident Financial, según la cual más del 60 % de los checos se declara a favor de seguir llevando efectivo consigo, a manera de prevención.
Según el estudio, el 65 % de los encuestados retira dinero en efectivo para realizar ciertos pagos en lugares como mercados, ferias o pequeños comercios, mientras que un porcentaje casi idéntico (el 64%) utiliza el dinero en efectivo al menos una vez a la semana.
En este sentido, resulta imposible no hablar de estos datos en relación a lo que algunos ya han bautizado como el 'Efecto apagón', una suerte de miedo colectivo avivado por un episodio que no solo se reduce a las fronteras checas.
Tanto es así que un 62 % de los encuestados considera que la función más importante del efectivo es precisamente servir como respaldo en situaciones de emergencia, tales como apagones, desastres naturales o ataques informáticos a las infraestructuras digitales, aunque este temor no es exclusivo de los checos.
En Rusia, por ejemplo, las recientes interrupciones en los sistemas de pago móviles provocaron retiradas masivas de efectivo con miles de millones de rublos saliendo de los cajeros automáticos del país en cuestión de días.
También, aunque en menor medida, se produjo un fenómeno similar en una España que vivió con su propio apagón, meses antes que en Chequia, la proliferación de voces que reivindicaban la importancia del propio efectivo ante la "amenaza" de un contexto similar.
Volviendo a Chequia, los datos también reflejan que existe incluso un amplio respaldo a la protección legal del efectivo. Según la encuesta, el 57 % de los checos desea que los comercios estén obligados a aceptar pagos en efectivo y casi el 80% de los mismos defiende poder elegir en cada momento el método de pago que le resulte más cómodo sin imposiciones comerciales ni tecnológicas.
Más allá de las cifras, expertos como el sociólogo Jiří Remr apuntan otros aspectos clave: por ejemplo, la "relación psicológica" con el dinero físico.
“A muchas personas les resulta más fácil trabajar con efectivo porque literalmente lo tienen ante sus ojos. Cada pago es tangible e inmediatamente visible, lo que facilita controlar cuánto queda”, explica el especialista. Según el Informe de Pagos Globales 2024 de Worldpay, el uso del efectivo en comercios ha descendido de forma drástica desde un 44 % en 2014 hasta el 15 % en el pasado 2024 en todo el mundo.








