Eslovaquia gana la Eurocopa… de 1976
Casi 50 años después, la UEFA ha reconocido oficialmente a Eslovaquia como campeona de la Eurocopa 1976. Desde la separación de Checoslovaquia en 1993 hasta ahora, Chequia había sido considerada la única “heredera” de aquel título que pasó a la historia por el penalti de Panenka.
La UEFA ha anunciado que Eslovaquia pasa a ser oficialmente campeona de la Eurocopa de 1976, compartiendo el título con la República Checa. La decisión histórica y sin precedentes reconoce el peso fundamental del fútbol eslovaco en aquella gesta.
Ocho jugadores eslovacos en el once titular
Aquella final de Belgrado contra la República Federal Alemana pasó a la historia del fútbol mundial por el penalti “de autor” ideado por Antonín Panenka y con el que dio la victoria a Checoslovaquia.
Si bien Panenka, praguense, es el jugador más recordado de aquel equipo, especialmente por aquella genialidad que dejó sin respiración a un país entero hasta que comprobó que realmente el balón llegaba a las redes, lo cierto es que el grueso del equipo lo conformaba la generación de oro del fútbol eslovaco.
Quince de los veinte jugadores seleccionados provenían de Eslovaquia, y en el once titular la mayoría era aún más aplastante, con ocho representantes eslovacos. Aparte de Panenka, otra de las estrellas y piezas fundamentales de aquel equipo era el portero checo Ivo Víktor, de Olomouc. Al césped de la final de Belgrado saltó también el delantero Ondřej Nehoda, pero el núcleo de aquella selección —Karol Dobiaš, Anton Ondruš, Ján Pivarník, Jaroslav Pollák, Jozef Čapkovič, Koloman Gögh, Jozef Móder, Marián Masný, Ján Švehlík, Dušan Galis o Ladislav Jurkemik— eran jugadores del Slovan Bratislava, Spartak Trnava, Inter Bratislava o el VSS Košice.
También Jozef Vengloš, asistente del seleccionador Václav Ježek, era eslovaco. En 1993, de hecho, Vengloš se convertiría en el primer entrenador de la selección de Eslovaquia.
Un inesperado campeón (o dos)
Checoslovaquia no contaba en absoluto para hacerse con aquel título para el que, por aquel entonces, competían cuatro selecciones clasificadas para la fase final, que se disputaba en Yugoslavia.
Tras vencer con un contundente 3:1 la semifinal en Zágreb a la Holanda de Johan Cruyff y Neeskens, Checoslovaquia comenzó ganando también con goles de los, precisamente, eslovacos Dobiaš y Švehlík la final 2:0 a Alemania Occidental, que se había desecho de la local Yugoslavia en su semifinal.
Pero aquel temible equipo alemán con jugadores como Sepp Maier, Franz Beckenbauer, Berti Vogts, Rainer Bonhof o Dieter Müller, logró empatar en el último minuto del partido.
Tras una prórroga sin goles, gracias en gran parte a las buenas intervenciones de Víktor, se llegó a la tanda de penaltis. Los eslovacos Masný, Ondruš y Jurkemik no perdonaron, tampoco Nehoda. Uli Hoeneß, sin embargo, tiró por encima del larguero el cuarto lanzamiento alemán. Y entonces llegó ese momento mágico, esa parábola suave y centrada que hasta entonces nadie había podido imaginar a la hora de materializar un penalti. El portero Sepp Maier se fue al suelo y tardó décadas en perdonar (si es alguna vez lo hizo) lo que consideró una falta de respeto personal hacía él de Panenka. 50 años después, el único toque del fútbol con el apellido de su autor, sigue siendo emulado por los mejores jugadores de cada generación.
El resarcimiento eslovaco
El mérito eslovaco en la consecución del título más importante del fútbol checo, o checoslovaco, es indiscutible (Además, Checoslovaquia también logró dos subcampeonatos del mundo en 1934 en Italia y 1962 en Chile). Pero su éxito quedó invisibilizado tras la separación en 1993, ya que la UEFA, como es habitual, consideraba que los títulos y estadísticas históricas pertenecían a Chequia y solo a Chequia, y que el país independizado es el que tiene que empezar de cero en su palmarés.
¿Y Tayikistán puede ser también campeona de Europa?
Inevitable es pensar si este precedente histórico que Eslovaquia reclamaba desde hacía tiempo no abrirá ahora la caja de Pandora de la estadística y el palmarés. En los casos de la Unión Soviética y Yugoslavia, ¿cualquiera de las antiguas repúblicas que las conformaban pueden ahora reclamar éxitos comunes?
Croacia, que desde su independencia de Yugoslavia se ha proclamado incluso subcampeona del mundo de fútbol, podría ahora reclamar su peso en aquellos equipos yugoslavos siempre competitivos. Aunque Yugoslavia nunca ganó un título. Pero sí la Unión Soviética, campeona de Europa de 1960, con tres jugadores georgianos en su once titular.
En su comunicado, la UEFA reconoció explícitamente que el peso determinante de los jugadores eslovacos en el triunfo de 1976 justifica que el título figure también en el palmarés del país, que ahora es la selección número 11 que puede presumir de ser campeona de Europa.
En esa tabla oficial de la UEFA, sin embargo, aparece Rusia con un campeonato y tres subcampeonatos, todos ellos conseguidos durante la Unión Soviética, en la que históricamente también es indudable el peso, por ejemplo, del fútbol ucraniano. ¿Podría Georgia dirigirse ahora a la UEFA para pedir el campeonato de Europa del 60? A fin de cuentas, también eran tres los jugadores checos en el equipo checoslovaco del 76 y nadie cuestiona la legitimidad del título para Chequia.
Y si cambiamos de deporte, ¿cuántos de los muchos campeonatos que tiene la URSS en baloncesto habría conseguido sin basquetbolistas lituanos? ¿O Yugoslavia, cuyos éxitos ahora pertenecen a Serbia, sin jugadores croatas?
También Checoslovaquia ganó un campeonato y seis subcampeonatos europeos de básquet que, por el momento, siguen sin ser checos o eslovacos, solo checoslovacos.
