Homenaje a la inolvidable cantante de ópera checa Soňa Červená: “Podrán quitarme todo, menos mi lengua”
Con motivo del centenario de nacimiento de la cantante de ópera checa, Soňa Červená, fallecida hace dos años, el Museo Checo de la Música, de Praga, inaugura este miércoles una muestra dedicada a la destacada artista.
El Museo de la Música Checa rinde homenaje a la mezzosoprano checa Soňa Červená, fallecida hace dos años, con una exposición que rememora sus actuaciones en las salas de ópera mundiales, los comienzos de su carrera profesional en Checoslovaquia, los años en la emigración y sus éxitos en el mundo de la ópera, así como su regreso a su país natal después de la Revolución de Terciopelo de 1989. La muestra, inaugurada este miércoles, se realiza con motivo del centenario de nacimiento de la diva. A la vez sale a la venta un nuevo CD con la grabación del primer recital de Červená, que ha sido realizado en base a las grabaciones del archivo de la Radio Checa.
El autor de esta recopilación, el publicista musical Jan Králík, confesó su admiración por Červená y destacó para la Radio Checa que son muy pocas las cantantes de ópera con una voz como la de ella.
“Ella tenía un gran don, ya que era capaz de interpretar las más diversas disciplinas del teatro. Actuó en dramas, musicales, óperas, melodramas, además de trabajar igualmente de traductora e incluso fue escritora. Y eso fue lo que me fascinaba y sigue fascinando en ella”.
Červená tenía realmente una voz inconfundible. Nació en Praga el 9 septiembre de 1925, pero su familia provenía de Hradec Králové, ciudad a la que la cantante solía regresar con frecuencia, considerándola su verdadero hogar, tal como lo dijo hace unos años a la Radio Checa.
“Siempre que llego a Hradec Králové y me bajo del coche o del tren, respiro profundamente el aire local, y es cuando llego a sentir que aquí realmente estoy en casa. Y es porque aquí tengo mis raíces, aquí vivió mi bisabuelo, al que incluso menciona en sus memorias el destacado escritor checo Alois Jirásek: ‘En Hradec veía de vez en cuando al famoso propietario de la fábrica para instrumentos de viento Václav František Červený, quien de verdad era un patriota de primera de nuestra época’, dijo el escritor. Y a mí eso me enorgullece mucho”.
A su vez, el abuelo de Červená, Josef Červený, fue escritor y fundador del popular cabaret praguense “Červená sedma”. Soňa Červená inició su carrera profesional en Praga, en el mítico Teatro Liberado de Jiří Voskovec y Jan Werich, pero posteriormente decidió dedicarse a la ópera. En el mundo de la ópera se impuso sobre todo con sus interpretaciones de obras del compositor checo Leoš Janáček.
Desde 1952 cantaba en el Teatro Estatal de Brno y a partir de 1958 en la ópera Unter Den Linden, de Berlín. Červená alcanzó fama internacional con la interpretación del rol de Carmen, en la escenificación del director de orquesta Herbert Kegel.
En 1962, bajo dramáticas circunstancias, la cantente emigró a Alemania Occidental, ya que el régimen comunista checoslovaco le obstaculizaba actuar en el extranjero, en lo que las autoridades denominaban el “mundo capitalista”. La artista actuó en Colonia, Viena, Barcelona y San Francisco. Dos veces fue galardonada con el título honorario de cantante de ópera, otorgado en Alemania y Austria.
Después de la revolución de Terciopelo en Checoslovaquia en 1989, Červená regresó a su país de origen tras unos 30 años de haber vivido en el exilio, y actuó en escenarios nacionales, incluido el Teatro Nacional de Praga, teniendo más de 90 años, sin perder su entusiasmo y su amor por el canto. Por entonces, Červená se refirió a su regreso a Chequia en entrevista para la Radio Checa.
“El año 1989 fue para mí como un sueño, porque como emigrante vivía con la idea de que nunca más podría regresar a mi país. Lo que más añoraba en el extranjero era el río Moldava, así como Praga y Hradec Králové, pero me prohibí extrañar mi patria. En el exilio vi a tantas personas a las que ese anhelo de volver a casa las destruyó por completo que me dije: ’No, yo no me dejaré destrozar’. Conservé el idioma checo, porque me dije: ‘podrán quitarme todo, pero no mi lengua materna’. Así que cuando regresé acá, hablaba un checo perfecto, no decía ‘voy a hacer shopping’ y otros anglicismos, porque el idioma checo siempre lo he apreciado y amado mucho”.
La fama de Červená incluso ha llegado al espacio, ya que el asteroide número 26897, descubierto por la astrónoma Lenka Kotková en agosto de 1995, lleva su nombre. Mientras tanto, en este planeta y especialmente en su querida tierra natal, se le siguen realizando merecidos homenajes, como el de esta semana.
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