Václav Špála, 140 años del nacimiento de un maestro del modernismo checo
El pintor Václav Špála, cuya obra se distinguió por el uso audaz del color y por su apego a la naturaleza de Bohemia, nació hace 140 años. Aunque fuera de Chequia sigue siendo poco conocido, se le considera una de las figuras más relevantes del arte centroeuropeo del siglo XX.
Václav Špála nació el 24 de agosto de 1885 en una pequeña aldea de Bohemia. De origen humilde, logró ingresar en la Academia de Bellas Artes de Praga, aunque su paso por la institución fue breve: fue expulsado por sus “objetivos artísticos desviados”. Lejos de significar un obstáculo, este episodio confirmó su deseo de crear con independencia y sin someterse a normas rígidas.
En su camino artístico absorbió las influencias de Cézanne, Picasso, Munch y van Gogh. Se aproximó al expresionismo y al fauvismo antes de adentrarse en el cubismo. Tras un viaje a París en 1911, su obra se transformó: la geometría y la intensidad cromática lo situaron entre los principales representantes checos del movimiento cubista.
Colores que marcan épocas
Aunque residía en Praga, Špála sentía predilección por el campo. Pintó paisajes, estanques, escenas rurales y figuras femeninas en plena labor agrícola. Con el paso del tiempo desarrolló sus célebres “períodos de color”, en los que utilizaba una sola tonalidad dominante —como el verde o el azul— para expresar estados de ánimo y profundidad plástica.
En sus últimos años se concentró en bodegones y ramos de flores, obras que todavía hoy impresionan por su vitalidad y carga emocional. Durante la ocupación nazi, su estilo libre fue objeto de críticas, pero en 1945 recibió el título de artista nacional. Falleció al año siguiente.
Un legado vivo en la cultura checa
Actualmente, las pinturas de Špála alcanzan precios millonarios en subastas. Su nombre da título a una reconocida galería en el centro de Praga, mientras que su villa en el barrio residencial de Ořechovka ha sido declarada patrimonio cultural.
Aunque su fama internacional es limitada, Špála dejó un testimonio artístico que refleja el espíritu del modernismo checo y una sensibilidad que trasciende fronteras.








