Chequia esquiva el gran golpe arancelario de EE.UU., pero queda tocada

El reciente pacto económico entre Washington y Bruselas rebajó las tarifas estadounidenses a un 15%, pero no evita del todo su efecto sobre la economía checa. La automoción, el acero y la industria farmacéutica sienten la presión de un comercio más caro y de un dólar fortalecido que amenaza con encarecer aún más la energía y las materias primas.

Fue el pasado 27 de julio cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, oficializaban un acuerdo para establecer un arancel del 15% a la mayoría de las importaciones procedentes del “viejo continente”. El próximo 7 de agosto, y aunque representa un alivio frente a las amenazas iniciales de gravar con hasta un 50% los productos europeos, no deja de ser un golpe para las cadenas de suministro y para países industrializados como la Chequia.

Es por eso que hoy, en vísperas de que los temidos y polémicos aranceles pasen a ser ya una realidad que promete reconfigurar el tablero económico mundial, realizamos un pequeño repaso para saber qué supone esto en clave checa y su impacto en el país.

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Empezando por la industria del automóvil, que supone cerca del 10% del PIB y un cuarto de sus exportaciones, los aranceles tendrán sus claras consecuencias. Aunque el país no vende directamente coches terminados a Estados Unidos, sí es un suministrador clave de componentes para fabricantes alemanes cuyas ventas en el mercado norteamericano podrían resentirse. Una caída en las exportaciones de vehículos europeos a EE.UU., señalan los analistas, podría empujar a las grandes marcas a desplazar parte de su producción hacia plantas en suelo estadounidense, reduciendo la demanda de piezas fabricadas en la República Checa y poniendo en riesgo miles de empleos en regiones industriales.

Sin embargo, al menos esta situación no refleja los primeros escenarios más extremos, con aranceles del 20% o más, que habrían supuesto también un freno notable para la economía checa, con el crecimiento del PIB reducido de forma drástica. Con el 15%, el panorama resulta algo menos sombrío, pero no desaparecen los riesgos: la ralentización de las exportaciones indirectas hacia Estados Unidos sigue siendo una amenaza real.

En el plano monetario, la situación es ambivalente. La disminución de la tensión comercial ofrece algo de oxígeno a las divisas de Europa Central, incluida la corona checa, pero la fortaleza del dólar tras acuerdos tan ventajosos para Washington limita cualquier beneficio inmediato. Las importaciones de energía y materias primas seguirán encarecidas, afectando así a la balanza de costes de la industria.

Donald Trump | Foto: Julia Demaree Nikhinson,  ČTK/AP

El nuevo arancel afectará a un abanico amplio de productos, pero ciertos sectores lo sufrirán de forma más intensa: la farmacéutica, el acero y el aluminio mantendrán un gravamen del 50%. Para la República Checa, estas partidas tienen un peso importante, especialmente en su tejido industrial y exportador, y dibuja un nuevo escenario marcado por unas condiciones muy duras para acceder al mercado estadounidense.

Más allá de los números, el acuerdo revela un patrón claro: Estados Unidos consolida su posición obligando a la UE a “ceder”, y es que el pacto incluye compromisos europeos de gran calado: compras de energía estadounidense por 750.000 millones de dólares, inversiones en suelo norteamericano por 600.000 millones y un refuerzo en la adquisición de material militar fabricado en EE.UU. A cambio, Washington reduce las tarifas a un nivel intermedio que, aun así, reconfigura la balanza comercial a su favor.

Mientras, Chequia parece esquivar el golpe más duro, pero afronta un escenario incómodo. El comercio con EE.UU. será más caro y complejo, y la posición de su industria en la cadena global de suministros dependerá de cómo evolucionen las tensiones entre Bruselas y la Casa Blanca.